

"A las oposiciones las une el rechazo a Meloni, pero esto no basta para ganar, pues falta una estructura coalicional, un programa común de gobierno y un líder"En principio, el Gobierno de las derechas lo tiene mejor que la oposición, no solo porque estar en el poder siempre es un plus, sino porque FdI es mucho más fuerte que la Lega y FI, mientras que en la posible coalición progresista la distancia entre el primer partido (PD) y el segundo (M5S) es bastante menor, todo ello por no dejar de considerar la ambigüedad de los centristas. A las oposiciones las une el rechazo a Meloni, pero esto no basta para ganar, pues falta una estructura coalicional, un programa común de gobierno y un líder que encabece la alternativa. Y esos tres objetivos no son nada fáciles de concretar. En principio, los partidos de la oposición son conscientes de que para derrotar a Meloni deben buscar inevitablemente fórmulas de entendimiento (el campo largo, es decir, el campo ancho), siendo las claves las negociaciones entre el PD y el M5S como principales formaciones, y lo cierto es que las relaciones entre ambos partidos son complicadas y oscilan entre la colaboración táctica y la competencia. Giuseppe Conte (M5S) afirma que en primer lugar debe establecerse el programa, puesto que hay diferencias en política exterior y económica no menores entre el M5S y el PD, y solo después habría que acordar el nombre del líder de la coalición. Además, de momento no hay consenso sobre la fórmula de elección (¿primarias abiertas?, ¿acuerdo entre cúpulas partidistas?). Unas primarias abiertas posiblemente darían más oportunidades a Conte frente a Elly Schlein (PD), a la que el M5S no desea ver como líder de la eventual coalición. Pese a las dificultades, se han ensayado a nivel regional acuerdos entre ambos partidos que han funcionado (en Cerdeña, por ejemplo), aunque es sabido que las dinámicas territoriales son diferentes de las nacionales.
"El PD no parece tener claro a quién quiere representar y hoy sus bases están en sectores urbanos medio-altos"La principal responsabilidad de una posible alternativa a Meloni recae sobre el PD, un partido que arrastra carencias y debilidades históricas en forma y fondo hasta el punto de que ha sido calificado por algunos analistas como partido inadecuado o incluso equivocado. En efecto: 1) el PD es un partido que superpone elementos muy diferentes (excomunistas y exdemocristianos), siendo muy heterogéneo y altamente corrientista; 2) se ha estructurado como partido profesional-electoral con bajo enraizamiento social y territorial; 3) pese a estar formalmente en el Partido de los Socialistas Europeos, el PD no es un partido socialdemócrata coherente, y 4) algunas de sus políticas son muy contradictorias y, a veces, contrarias a la tradición histórica de la izquierda avanzada. De un lado, hay un predominio conservador en el aparato y en la mayoría de los cuadros intermedios, y de otro, haber abandonado las fábricas y los barrios ha hecho del PD un partido casi inútil para los trabajadores y las clases populares. Llama la atención la insensibilidad laboral y social de tantos cuadros del PD que han interiorizado recetas neoliberales con discursos de superficial "modernización". Por ello, el PD se ha configurado como un partido solo vagamente de centroizquierda y, aunque recibe "voto útil", tiene un electorado bastante volátil por sus incoherencias. De hecho, el PD no parece tener claro a quién quiere representar y hoy sus bases están en sectores urbanos medio-altos, con perfiles cualificados en el sector servicios y con predominio de titulados, un electorado progresista en derechos civiles, pero conservador en asuntos socioeconómicos, es decir, no especialmente favorable a la regulación del mercado y a elevar los impuestos a los bienestantes.
"El PD no ha resuelto su contradicción interna entre dos sensibilidades que, de hecho, encarnan dos líneas estratégicas"En Italia, las izquierdas no pueden ganar si no captan a la mayoría de los centristas y esto tiene pros y contras: con ellos se pueden vencer unas elecciones, pero después se hace difícil impulsar agendas socioeconómicas muy avanzadas. El PD no ha resuelto su contradicción interna entre dos sensibilidades que, de hecho, encarnan dos líneas estratégicas: optar por privilegiar el acuerdo con los populistas (M5S) y la izquierda (AVS) o bien entenderse con los centristas (IV y AZ) para alejarse de los primeros. El desafío de Schlein es mantener la cohesión de ambas corrientes e intentar impulsar un proyecto globalmente progresista pese a las resistencias del sector moderado. Este grupo es reacio a entenderse con el M5S y AVS y es claramente favorable a IV y AZ, pues se opone al "giro a la izquierda" de Schlein, algo que —a su juicio— estaría llevando al PD a la marginación y a hacer imposible la alternancia. Para los moderados del PD, Schlein estaría cambiando las bases originales del PD y su naturaleza como partido de centroizquierda para escorarlo exclusivamente a la izquierda. Es decir, Schlein es considerada como demasiado "radical" por el sector moderado del PD por sus propuestas económicas y sociales, europeas e internacionales, y culturales, así como por sus alianzas. En cambio, el sector que apoya a Schlein afirma que ir a remolque de los centristas y distanciarse del M5S y de AVS implica ir a la irrelevancia y a decepcionar a los desfavorecidos.

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