Si el conocimiento pudiera transmitirse como un virus, pasar unas horas en el despacho de Erik Jones sería una de las formas más sencillas de contagiarse. El director del Robert Schuman Centre for Advanced Studies del Instituto Universitario Europeo (IUE) recibe a
Agenda Pública en Florencia para hablar del complejo contexto en el que se desenvuelve Europa. Con un tono pedagógico pero certero y un fuerte acento estadounidense, ofrece un análisis de cómo es (y cómo debería evolucionar) el tablero de juego para el continente.
Doctor en Relaciones Internacionales y reputado académico, el profesor Jones no se muestra especialmente preocupado por la adhesión de Ucrania a la UE (
"se va a hacer"), pero sí expresa dudas sobre el presupuesto europeo y sobre el gasto que debe dedicarse al proceso de ampliación, que incluye hasta doce países candidatos.
"¿Cómo se va a incorporar esa ampliación al presupuesto?", se pregunta.
En la conversación, celebrada durante
el 50.º aniversario del IUE, del que
Agenda Pública fue
partner mediático, hubo tiempo para hablar largo y tendido sobre la relación entre Europa y Estados Unidos. Jones ha escrito sobre un concepto sugerente, la Europa posatlántica, y a este respecto insiste en que
"no se trata solo de que los europeos tengan que darse cuenta de que la situación ha cambiado. Tienen que darse cuenta ahora y actuar ahora".
Tras ojear algunas portadas de sus libros y varias condecoraciones —ucranianas, indonesias o eslovacas—, el profesor reconoce que no tiene demasiados libros sobre política española, aunque al terminar la entrevista destacó
su enorme interés por la proyección exterior del país.
Una parte de la biblioteca de Jones, con diversas condecoraciones y recuerdos de su trayectoria académica. Foto: Agenda Pública / Jorge de Diego
Mi primera pregunta es sobre un tema muy actual: el marco financiero plurianual de la Unión Europea. Hay una discusión importante sobre esta cuestión y que también se ha abordado hoy aquí, en el cincuenta aniversario del IUE. Quería preguntarle cuáles son sus expectativas sobre este MFP y en qué medida el resultado de esas negociaciones indicará el futuro de Europa o el foco de las instituciones europeas.
Hay tres cosas importantes que conviene tener en cuenta sobre el próximo marco financiero plurianual.
La primera es que, como en cualquier MFP, hay una gran cuestión sobre cómo se va a distribuir el dinero entre las distintas categorías de gasto en las que participa la Unión Europea. Si asumimos que se mantendrá el mismo nivel de gasto en proporción a la renta nacional bruta, habrá movimientos de una partida a otra.
Y sabemos que esos movimientos van a producirse porque hay un enorme aumento de las necesidades de gasto en defensa, en política industrial y en infraestructuras. Además, la UE sigue intentando financiar la transición digital y verde. Todo eso obliga a barajar de nuevo las cartas.
"Todo se está volviendo cada vez más caro: la seguridad, lo digital, lo verde, las infraestructuras y la política industrial son ahora mucho más importantes"
Ese reajuste siempre es difícil, porque hay sectores y grupos de interés —los agricultores, por ejemplo— que reciben dinero de los presupuestos europeos tal y como están diseñados ahora y que perderán recursos si esos presupuestos cambian. Hasta aquí, todo es bastante normal, salvo porque todo lo que hemos mencionado se está volviendo cada vez más caro: la seguridad, lo digital, lo verde, las infraestructuras y la política industrial son ahora mucho más importantes.
Pero hay otras dos cuestiones que complican todavía más el panorama. Una es que se necesitan recursos propios adicionales para devolver los préstamos del Next Generation. La Comisión lo ha incluido en su propuesta inicial, pero eso hace que la proporción sobre la renta nacional bruta aumente de forma significativa, alrededor de un cuarto de punto porcentual, solo para atender y amortizar la deuda de Next Generation EU.
Los Estados miembros miran eso y dicen: "Un momento, nosotros también tenemos restricciones presupuestarias y ahora nos está pidiendo más dinero". La respuesta es: no estamos pidiendo más, necesitamos devolver el dinero que ya hemos tomado prestado. Sin embargo, esto no es fácil de vender políticamente.
La tercera cuestión es que hay doce países que quieren entrar en la Unión Europea. ¿Cómo se va a pagar eso? ¿Cómo se va a incorporar esa ampliación al presupuesto? ¿Dónde se va a retorcer o ampliar el presupuesto para acomodar las necesidades de Ucrania, Moldavia o los países de los Balcanes Occidentales? ¿Vamos a abandonar a Turquía? Porque cualquier cosa que se haga en el presupuesto enviará una señal clara a los políticos de ese país. Si no se hace ninguna previsión financiera, todo el mundo en Turquía entenderá que Turquía ya no está realmente en la carrera. En realidad, ya lo saben, pero la dimensión simbólica es muy importante.
"Si no se asigna dinero a la ampliación en este MFP, la credibilidad del proceso de ampliación ante los países candidatos desaparecerá de la noche a la mañana"
Si no se asigna dinero a la ampliación en este MFP, la credibilidad del proceso de ampliación ante los países candidatos desaparecerá de la noche a la mañana. Verán que no hay dinero para acomodar la ampliación y concluirán que no se está planificando.
Hablando de la ampliación, me gustaría hablar de Ucrania, porque ahora mismo es una cuestión especialmente sensible. ¿Cree que puede ocurrir pronto una adhesión? ¿Cómo se integraría con la OTAN?
La Unión Europea necesita apoyar a Ucrania porque no puede permitir que Ucrania caiga ante Rusia. Y la Unión Europea tiene que asegurarse de que Ucrania sea reconstruida. También tiene que asegurarse de que Rusia no vuelva después de la reconstrucción y lo destruya todo de nuevo.
Solo hay una forma de hacer todo eso: formalizar de algún modo la relación entre Europa, la Unión Europea y Ucrania. Podemos llamarlo adhesión o ampliación, pero no tenemos por qué hacerlo. Podemos llamarlo como queramos. El problema es que será igual de caro. La gente suele pensar en la ampliación como el momento en que un país se convierte en Estado miembro, pero no hay que verlo así. La entrada como Estado miembro es el final del proceso.
Hay que pensar en las personas y en las empresas. Millones de ucranianos viven en la Unión Europea. Los ucranianos dependen de la Unión Europea y del acceso a la Unión Europea para su supervivencia diaria y las empresas ucranianas están reorientando toda su actividad hacia el bloque. Al mismo tiempo, las empresas de la Unión Europea se están integrando en cadenas de valor en Ucrania, incluso en el contexto de esta guerra.
De una forma curiosa, aunque no pensemos en Ucrania como un Estado miembro oficial, Ucrania se está integrando con Europa más rápido que cualquier país de su tamaño en el pasado. Más rápido incluso que el Reino Unido en los años sesenta y setenta.
Ese tipo de ampliación crea enormes vulnerabilidades. Pero la vulnerabilidad derivada de que Ucrania caiga en manos de Rusia sería todavía peor. La cuestión, entonces, es cómo abordar estas vulnerabilidades que se van a generar al integrar Ucrania en la economía europea.
La respuesta más sencilla es construir capacidad en el Gobierno ucraniano. ¿Cómo se construye esa capacidad? A través del proceso de adhesión. El enfoque meritocrático de la ampliación consiste precisamente en construir capacidades: se demuestra mérito demostrando capacidad. Eso es exactamente lo que es el proceso de ampliación.
¿Este proceso va a hacer que Ucrania sea Estado miembro el 1 de enero de 2027? No. ¿Va a hacer que Ucrania sea Estado miembro el 1 de enero de 2029? No lo sé. Pero lo que sí puedo decir es que el proceso se mueve mucho más rápido de lo que pensábamos.
Si se piensa en el periodo que va desde los objetivos principales de la cumbre de Helsinki, en diciembre de 1999, hasta la decisión sobre quién entraría, en diciembre de 2002, estamos hablando de dos o tres años. Países que ni siquiera habían empezado el proceso de adhesión, como Eslovaquia, fueron admitidos en tres años. Bulgaria y Rumanía fueron informadas de que podrían entrar en 2007, en cuatro años.
"A medida que esos bloques se desbloqueen, Ucrania avanzará con rapidez. Habrá problemas, sin duda. Habrá turbulencias. Pero en algún momento se incorporará"
Cuando se mira ese calendario, ¿cuánto tiempo llevamos trabajando en el proceso de adhesión de Ucrania? Ya llevamos un par de años. Se va a hacer. Las negociaciones se abrirán este año. Los bloques de negociación empezarán a desbloquearse en junio, siempre que el Gobierno húngaro haga lo que debe. Y, a medida que esos bloques se desbloqueen, Ucrania avanzará con rapidez. Habrá problemas, sin duda. Habrá turbulencias. Pero en algún momento se incorporará.
Las vistas desde el balcón donde tuvo lugar la conversación, en Fiesole. Foto: Agenda Pública / Jorge de Diego
Es interesante, porque esperaba que hablara de Estados Unidos cuando le pregunté por Ucrania y no lo hizo. Así que hablemos de lo que define como "Europa posatlántica". Las cosas parecen bastante claras, pero tengo la sensación de que algunos Estados de la UE actúan como si, una vez que Trump se vaya, todo fuera a volver a ser como antes.
Lo esencial es recordar que los europeos han vivido toda su vida con Estados Unidos como un socio no solo fiable, sino admirable. Y eso es difícil de abandonar. También es difícil abandonarlo dentro de Estados Unidos.
Hace poco estuve en Washington hablando con gente, especialmente del lado demócrata, y decían: "Cuando ganemos las elecciones de mitad de mandato, la relación transatlántica volverá a ser como antes" Y yo les decía que eso no va a pasar. También decían: "Si ganamos la presidencia en 2028, todo volverá a ser como antes". Pero no volvió a ser como antes con Biden, y Biden es muy proatlántico.
"Estados Unidos siempre ha dicho que Europa necesita gastar más en su seguridad. Pero también ha dicho siempre que los europeos no deberían invertir en duplicar activos que Estados Unidos ya aporta"
Aquí está el punto clave. Durante todo el tiempo que ha existido esta relación transatlántica, Estados Unidos siempre ha dicho que Europa necesita gastar más en su seguridad. Pero también ha dicho siempre que los europeos no deberían invertir en duplicar activos que Estados Unidos ya aporta: grandes activos costosos como inteligencia satelital, mando, control y comunicaciones, transporte estratégico o grupos de portaaviones.
Estados Unidos decía: "Compren unidades blindadas ligeras que puedan moverse por el terreno y, si necesitamos proyectar fuerza, nosotros enviaremos el transporte estratégico para llevar esas unidades a otro lugar, como Afganistán".
Eso ya no es creíble. Los europeos se preguntan cuánto tiempo llevará desarrollar transporte estratégico. La respuesta es: mucho tiempo. Y si va a llevar mucho tiempo y existe la posibilidad —no la certeza, pero sí la posibilidad— de que Estados Unidos prive a los europeos del acceso a ese transporte estratégico, no queda otra opción. Hay que empezar ahora.
A quien diga que Trump es solo una anomalía, le diría: Trump I fue una anomalía. Trump II fue la voz del pueblo estadounidense diciendo que, pese a lo ocurrido el 6 de enero, pese a lo ocurrido durante la primera Administración Trump y pese a todo lo que sabemos sobre su relación con las mujeres, sigue queriendo que sea presidente. Cuando el pueblo estadounidense dice lo que realmente quiere, hay que creerle.
"No se trata solo de que los europeos tengan que darse cuenta de que la situación ha cambiado. Tienen que darse cuenta ahora y actuar ahora"
Por tanto, no se trata solo de que los europeos tengan que darse cuenta de que la situación ha cambiado. Tienen que darse cuenta ahora y actuar ahora. Y cuando se dice eso a europeos que aman a Estados Unidos y quieren que Estados Unidos esté siempre ahí, resulta muy difícil de aceptar.
Pero el argumento está calando porque no pueden permitirse esperar. Y no se trata solo del transporte estratégico. También se trata de grandes servidores de datos, de granjas de datos. Necesitamos un lugar donde alojar nuestros propios datos. Se trata también de la infraestructura de telecomunicaciones financieras y de las actividades posteriores a la negociación. Necesitamos capacidad para gestionar nuestras propias finanzas sin pasar por el dólar y sin depender de instituciones a las que Estados Unidos pueda acceder o bloquear.
Creo que los europeos están llegando a esa conclusión con mucha reticencia, con bastante malestar y sin hacerlo todos al mismo ritmo. Es lamentable, pero están llegando.
Eso no significa que la relación transatlántica vaya a terminar. Siempre habrá enormes inversiones estadounidenses en Europa y enormes inversiones europeas en Estados Unidos. Siempre habrá personas que hayan tenido grandes experiencias a ambos lados del Atlántico y quieran repetirlas.
Pero sí significa que la relación será muy diferente. Y si los europeos discrepan sobre cómo será esa diferencia, no me sorprende. Lo diferente es diferente. Cada uno tiene que experimentarlo a su manera antes de entenderlo y aceptarlo.
Usted ha explicado qué necesita Europa para afrontar este futuro sin Estados Unidos: defensa, autonomía estratégica, etc. Si tuviera que elegir una sola reforma para que la Unión Europea pueda navegar los próximos diez años, ¿cuál sería la más importante?
Si solo pudiera hacer una cosa, como alguien que estudia política, reescribiría el presupuesto. Porque si reescribiera el presupuesto, eso lo cambiaría todo. Así funciona la política: por un lado, la gente discute; por el otro, fluye el dinero. Mientras la gente discute, si me permiten decidir hacia dónde va el dinero, haría eso.
¿Y qué haría, concretamente?
Lo interesante de hacer que el dinero fluya de otra manera es que hay ciertas cosas que tenemos que hacer sí o sí. Y va a ser doloroso. Una de ellas es redirigir una parte importante de la financiación que hoy va al apoyo agrícola. Eso no significa dejar a los agricultores a su suerte. Significa reinterpretar la forma en que diseñamos el apoyo a las comunidades rurales, alejándolo de la agricultura como negocio.
Porque la agricultura es un negocio. Hay personas muy productivas en la agricultura, y tendremos que apoyarnos en eso. Pero también tenemos que encontrar una forma de amortiguar el golpe para todas esas sociedades rurales que se verán afectadas.
"Cuando Ucrania entre en la Unión Europea, traerá a un enorme número de agricultores muy productivos"
Esto es lo mismo que hablamos en el contexto de Ucrania. Cuando Ucrania entre en la Unión Europea, traerá a un enorme número de agricultores muy productivos. Y muchos otros agricultores menos productivos sufrirán las consecuencias. Tenemos que ayudarles ya a dejar de hacer cosas que hacen de forma poco productiva. Eso no quiere decir sacarlos de la agricultura, sino hacerlos más productivos de otras maneras, integrarlos en la comunidad rural de otra forma y apoyar esas comunidades. Porque, seamos honestos: buena parte del trabajo que usted y yo hacemos podríamos hacerlo desde una comunidad rural. Pero las comunidades rurales no están diseñadas para acogernos. Quizá deberíamos repensar eso.
Muchas gracias.