El plan del Govern para Bruselas: "Queremos que haya más catalanes en la maquinaria europea"
En el 40.º aniversario de la entrada de España en la Unión Europea y ante el 9 de mayo, Día de Europa, Jaume Duch, 'conseller' de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat de Catalunya, defiende que "Catalunya es hoy más proeuropea". En su conversación con el director y editor de ‘Agenda Pública’, Marc López Plana, en la Delegación del Govern de la Generalitat ante la Unión Europea en Bruselas, Duch subraya que “la ciudadanía quiere respuestas” y advierte de que el europeísmo solo se sostiene si la Unión Europea demuestra que es capaz de ayudar a resolver problemas concretos.
El 'conseller' de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat de Catalunya, Jaume Duch, conversa con el director y editor de 'Agenda Pública', Marc López Plana. | Bru Agency
Bruselas no se mira igual desde un Estado centralizado que desde un territorio con competencias propias y vocación exterior. Por ello, Jaume Duch sitúa a Catalunya como un actor con voluntad de influencia en la Unión Europea: defiende que el país ha construido una imagen de "país serio, profundamente europeo" y alerta de que el próximo presupuesto comunitario puede reabrir una cuestión de especial relevancia: qué papel tendrán las regiones en una Unión que tiende a organizar algunos instrumentos "de una manera más centralizada que antes".
La conversación, enmarcada en el 40.º aniversario de la adhesión española a la Unión Europea y en la celebración del 9 de mayo, día de Europa, aborda también el nuevo escenario geopolítico, la relación con China, la aceleración tecnológica y la necesidad de completar la construcción europea. El conseller de Unión Europea y Acción Exterior de la Generalitat sostiene que la UE debe adaptarse a un contexto más hostil "sin renunciar a sus valores básicos" y acelerar su toma de decisiones, porque "si el mundo se está acelerando, nosotros también deberíamos ser capaces de acelerar".
¿Cómo valora la aportación de Catalunya y España a la construcción europea durante estos cuarenta años?
Catalunya, en general, ha tenido una aportación importante y positiva durante estos cuarenta años. Seguramente podríamos decir lo mismo del resto de España, pero, poniendo el foco en Catalunya, somos una comunidad, un país, una región desde el punto de vista del vocabulario europeo, particularmente activa en diferentes instituciones, empezando por el Comité de las Regiones.
Catalunya ha liderado y sigue liderando muchos proyectos. Es una región a la que siempre se recurre cuando otras regiones de diferentes países quieren poner en marcha iniciativas para representar intereses concretos en Bruselas, ya sea en temas de medio ambiente, de digitalización o cuando se discute el futuro de los presupuestos de la Unión Europea. Siempre surge la pregunta de dónde está Catalunya, qué puede hacer o cómo puede ayudar.
Recientemente, nos han pedido que asumamos un cierto liderazgo a la hora de discutir una normativa europea muy importante, como es la relacionada con la aceleración de la política industrial de la Unión Europea.
"Catalunya tiene una imagen de país serio, profundamente europeo, que sabe moverse y que ahora sabe buscar alianzas a diferentes niveles"
Esto quiere decir que Catalunya tiene una imagen de país serio, profundamente europeo, que sabe moverse y que, al menos en la etapa de la que yo puedo hablar, la de nuestro gobierno, sabe buscar alianzas a diferentes niveles: en horizontal y también en vertical cuando conviene. Además, sabe utilizar primero sus propias herramientas y después aquellas que puedan poner a su disposición tanto las instituciones europeas como, por ejemplo, los servicios diplomáticos españoles, que en muchas cuestiones, lógicamente, también tienen que ayudarnos.
¿Cómo se construye Europa durante cuarenta años con un Estado compuesto?
Es más complejo que si fuera un Estado centralizado, pero al mismo tiempo es mucho más rico y, sobre todo, mucho más eficaz, porque permite acercarse mucho más a las necesidades reales de la gente.
Si hablamos de las dos fases típicas de influencia en la política europea, en la política comunitaria, tenemos la fase ascendente y la fase descendente.
En la fase ascendente, lo importante es qué herramientas consigues de tu propio Estado para influir a la hora de fijar la posición que ese Estado defenderá ante las instituciones europeas, fundamentalmente ante el Consejo de Ministros de la Unión Europea.
Eso está bastante bien regulado y permite, por ejemplo, que consellers y conselleras de la Generalitat participen en determinados momentos en reuniones del Consejo de Ministros de la Unión Europea representando la posición de las comunidades autónomas y, por tanto, también la posición específica de Catalunya.
Es algo mejorable y, de hecho, uno de los objetivos que tenemos desde el inicio de esta legislatura es aumentar la presencia de Catalunya en esas delegaciones del Consejo de Ministros, en paralelo a otras medidas que ya hemos impulsado, como recuperar una presencia mucho más dinámica en el Comité de las Regiones, la institución que permite vehicular precisamente esas sensibilidades subestatales o, en algunos países, subnacionales.
Después está la fase descendente, es decir, el momento de aplicar las leyes comunitarias o de ejecutar programas de la propia Unión Europea.
Durante estos cuarenta años, la Unión Europea ha funcionado de una manera que ha permitido que todo esto se haga de forma muy descentralizada. La ejecución de los fondos regionales, en una parte muy importante, se realiza directamente entre Bruselas y el Departamento de Economía de la Generalitat en Barcelona, sin pasar por Madrid ni por otros lugares.
En muchos proyectos y programas relacionados con la investigación, la educación, la protección del medio ambiente y otros ámbitos, la gestión también se hace directamente entre la Comisión Europea y el Gobierno de la Generalitat.
"La Generalitat es quien tiene las competencias. España es, efectivamente, un país casi federal"
La razón es sencilla: la Generalitat es quien tiene las competencias. España es, efectivamente, un país casi federal y, por tanto, una parte muy importante de las competencias que aquí gestiona la Comisión Europea allí las tiene la Generalitat. Por eso es lógico que exista un diálogo constructivo y una relación que espero que podamos mantener y profundizar en los próximos años entre instituciones europeas como la Comisión y Catalunya.
En definitiva, es un sistema más complejo, pero también mucho más próximo al territorio y, por tanto, mucho más eficaz.
Jaume Duch ahonda en el papel de Catalunya dentro de un Estado compuesto y en su relación con las instituciones europeas. Foto: Bru Agency
Es un tema que nos ocupa mucho y en el que tenemos que estar muy atentos y ser muy activos. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo desde el primer día, desde que se publicó el primer documento.
La Comisión Europea está organizando la ejecución del presupuesto plurianual y, por tanto, también de los presupuestos anuales de la propia Unión Europea de una manera más centralizada que antes, mediante un sistema de planes nacionales y regionales.
Al principio solo se hablaba de planes nacionales. Después conseguimos, gracias a la presión de las regiones, que se incluyera también la necesidad de desarrollar planes regionales vinculados a esos planes nacionales.
Aun así, ahora existe una discusión, fundamentalmente en el Parlamento Europeo, sobre todos los proyectos de ejecución de los diferentes programas que se utilizan para movilizar el gasto de la Unión Europea. Y ahí tenemos que asegurarnos de que la letra pequeña no acabe provocando una recentralización en la toma de decisiones.
Creo que el mensaje político ha llegado alto y claro, y por muchas vías. Los Estados con una estructura federal o autonómica, como Alemania, Austria, España o, en cierta medida, Italia, tienen muy claro que una recentralización provocaría problemas políticos internos.
La propia Comisión Europea también considera que algunas soluciones no deben decidirse desde Bruselas, sino a nivel de cada Estado miembro. Es decir, será cada Estado quien tendrá que decidir cómo encajar el plan nacional con los planes regionales.
"Tenemos que estar muy presentes tanto en el debate en Bruselas como en las discusiones que puedan producirse en las capitales de cada país"
En cualquier caso, tenemos que estar muy presentes tanto en el debate en Bruselas como en las discusiones que puedan producirse en las capitales de cada país; en nuestro caso, especialmente en Madrid. El objetivo es garantizar, primero, que no se produzca una concentración de competencias y, sobre todo, evitar que un cambio en el funcionamiento de la Comisión Europea termine alterando el equilibrio competencial de países como el nuestro, donde la distribución de responsabilidades forma parte de los equilibrios internos del Estado.
Ayer se presentó una encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió sobre cómo valora la ciudadanía de Catalunya su relación con Europa, que deja algunos elementos interesantes. ¿Qué valoración hace de estos resultados?
Es una encuesta importante elaborada por el CEO, con la colaboración de la Oficina del Parlamento Europeo en Barcelona, y nosotros también hemos participado aportando algunas reflexiones sobre qué elementos podían extraerse de ella.
En general, los datos son positivos, aunque lógicamente no todos lo son ni todos responden al escenario ideal que nos gustaría ver.
La primera conclusión, en cualquier caso, es clara: Catalunya es hoy más proeuropea que hace unos años.
La segunda, y muy importante, es que las generaciones más jóvenes son las más proeuropeas o las que se sienten más europeístas. Y ese es seguramente uno de los elementos más positivos de la encuesta, porque todos vemos cuál está siendo la evolución del voto joven en muchos países, también en España. Sin embargo, cuando se pregunta a los jóvenes si se sienten europeos o europeístas, los menores de treinta años se sitúan por encima de la media catalana en sentimiento europeísta.
También es cierto que siguen existiendo lagunas. La gente no conoce bien cómo funciona la Unión Europea ni sus instituciones, y muchos ciudadanos sienten que no tienen voz en Europa.
Es una percepción que cambia mucho según el momento en que se formule la pregunta. Tres meses antes de unas elecciones europeas, las respuestas suelen ser más positivas; dos años después, empeoran porque la ciudadanía desconecta de aquel momento en que decidió quién sería diputado o diputada europea.
Todo esto demuestra que todavía queda mucho trabajo por hacer: más pedagogía, más iniciativas vinculadas a Europa, más trabajo con los medios de comunicación y, sobre todo, una mejor conexión entre las instituciones europeas y la ciudadanía.
Gobiernos como el de Catalunya tienen una responsabilidad y una función muy importantes. Son gobiernos más próximos al territorio y a la ciudadanía y, por tanto, pueden hacer una labor de conexión entre la Unión Europea y la gente mucho más directa de la que puede hacer un Estado de mayor dimensión.
Además, creo que también necesitamos una mayor implicación de los entes locales, de los municipios, de las ciudades y de los pueblos.
Hay un tercer elemento de la encuesta que para nosotros también es fundamental: la ciudadanía quiere respuestas.
La gente puede sentirse muy europeísta, pero al mismo tiempo espera que la Unión Europea le ayude a resolver sus problemas. Si eso no ocurre, ese europeísmo más emocional acaba debilitándose.
Esto significa que la ciudadanía quiere que la Unión Europea ayude a resolver problemas como la falta de vivienda —en este caso, en Catalunya, aunque es una realidad que se repite en muchos lugares de Europa—; que garantice la seguridad y la defensa; o que actúe frente a cuestiones como el cambio climático, la gestión de la inmigración, las políticas sociales o la lucha contra la pobreza.
Hace unos años, por ejemplo, la seguridad y la defensa difícilmente habrían aparecido entre las principales prioridades de la ciudadanía. Hoy sí lo hacen.
"La ciudadanía sigue apostando por la Unión Europea y por el europeísmo, pero exige resultados concretos"
En definitiva, la ciudadanía sigue apostando por la Unión Europea y por el europeísmo, pero exige resultados concretos. Quiere comprobar que Europa es útil y que contribuye a mejorar la sociedad en la que vive y su vida como ciudadano europeo
Marc López Plana pregunta al conseller por el europeísmo de la ciudadanía catalana y los desafíos de la Unión Europea. Foto: Bru Agency
Me conformaría con saber cómo serán los próximos cuatro o cinco años. Hablar de los próximos cuarenta entra ya en el terreno de la futurología.
Pero si comparamos los cuarenta años que han pasado con los cuarenta que vienen, creo que los últimos cuarenta han sido los mejores de nuestra historia. Hay muchísimas razones para afirmarlo y, además, los datos lo demuestran de manera incontestable. La gran cuestión es si los próximos cuarenta años seguirán siendo los mejores años de nuestras vidas y, en este caso, de Europa. Y ahí aparece una gran incógnita que depende de muchos factores.
El primero es qué va a pasar en el mundo. Y no lo sabemos porque, en menos de dos años, hemos visto cambios que antes tardaban décadas en producirse.
El mundo se está acelerando y los cambios también se aceleran: políticamente, con una nueva Administración estadounidense; geopolíticamente, con una República Popular China mucho más potente; y también con una Rusia que ha roto completamente con el respeto a los derechos más básicos y ha provocado una guerra de anexión territorial en Europa, algo que no habíamos visto desde hacía mucho tiempo.
También estamos viendo reequilibrios entre países y regiones del mundo y un debilitamiento del multilateralismo, es decir, del papel que desempeñan Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y otros organismos internacionales. Todo esto cambia las reglas del juego.
La Unión Europea se había adaptado bien al funcionamiento del mundo durante las últimas décadas, pero ahora tiene que ser capaz de adaptarse a un contexto completamente distinto sin renunciar a sus valores básicos, a la defensa de los derechos ni a lo que significa sentirse europeo.
Al mismo tiempo, habrá que defender esos valores más que nunca, porque vivimos en un mundo más complejo y, en buena medida, más hostil. Un mundo en el que nuestra forma de organizar la sociedad —democrática, plural y respetuosa con los derechos humanos— está siendo cuestionada y atacada, algo que hace unos años no ocurría.
La gran pregunta es si sabremos adaptarnos a estos nuevos tiempos, si seremos capaces de reforzar la Unión Europea y, en realidad, de completarla, porque la construcción europea sigue siendo un proyecto inacabado.
Todavía quedan muchas cosas por hacer: una auténtica política exterior y de seguridad común, una política fiscal europea o una unión bancaria que permita gestionar la política económica y financiera de otra manera. Hay avances y existe voluntad política, pero los procesos siguen siendo demasiado lentos. Y si el mundo se está acelerando, nosotros también deberíamos ser capaces de acelerar la manera en que tomamos decisiones.
Eso implica, por ejemplo, reducir el número de cuestiones que requieren unanimidad o agilizar los procesos legislativos de la Unión Europea.
El caso de la inteligencia artificial es muy ilustrativo. La Unión Europea aprobó hace un par de años la primera ley del mundo para regular la inteligencia artificial. Pero entre el momento en que empiezas a redactar una norma y el momento en que entra en vigor, la tecnología ya ha cambiado por completo.
Ahora probablemente nos encontramos con una legislación que ya necesitaría actualizarse. Pero si tardamos otros dos años en revisarla, volveremos a estar exactamente en la misma situación.
"La cuestión de fondo es si tenemos la voluntad política, si somos capaces de dotarnos de los instrumentos necesarios"
Por eso, la cuestión de fondo es si tenemos la voluntad política, si somos capaces de dotarnos de los instrumentos necesarios para convertir esa voluntad en acciones concretas y, finalmente, si contamos con los recursos económicos necesarios para hacer todo lo que hay que hacer.
¿Existe alguna estrategia para promover que más catalanes lleguen a puestos importantes de decisión en la Comisión, el Parlamento o las instituciones europeas?
Es una de nuestras prioridades, no solo en relación con la Unión Europea, sino también con organismos internacionales como Naciones Unidas. Hemos puesto en marcha un programa para facilitar que jóvenes catalanes accedan a becas de prácticas en instituciones europeas y organismos internacionales.
También hemos impulsado un programa para que funcionarios de la Generalitat de Catalunya puedan trabajar temporalmente en servicios de la Comisión Europea o de otras instituciones durante periodos de entre cuatro meses y dos años. El objetivo es que se integren en la maquinaria europea y que, cuando regresen a Catalunya, lo hagan con un conocimiento directo de cómo funcionan realmente las instituciones.
Además, contamos con las becas Francesc Vendrell, específicamente dirigidas a que jóvenes puedan realizar prácticas en diferentes organismos e instituciones.
"Vamos a poner en marcha un sistema de cincuenta becas anuales para que estudiantes universitarios puedan colaborar con nosotros dentro del marco de sus estudios"
Pronto vamos a poner en marcha un sistema de cincuenta becas anuales para que estudiantes universitarios puedan colaborar con nosotros dentro del marco de sus estudios, ya sea en el departamento en Barcelona o en alguna de las veintiuna delegaciones que actualmente tiene la Generalitat en distintos países del mundo.
Y, por último, las becas impulsadas a través de Catalunya International para cursar posgrados en universidades europeas de prestigio, como Sciences Po en París, y especialmente las diez becas destinadas al Colegio de Europa de Brujas, que es, en cierto modo, la gran escuela donde se forman, aunque sea de manera oficiosa, muchos de los futuros funcionarios y profesionales vinculados a las instituciones europeas. Hemos multiplicado prácticamente por tres el número de becas existentes.
El conjunto de todas estas medidas refleja una voluntad clara: queremos que haya más catalanes en la maquinaria europea y en los organismos internacionales, que se impliquen y que, además, nos ayuden a comprender mejor cómo funcionan estas estructuras y a acompañar el trabajo que también tenemos que desarrollar como gobierno.
El conseller Jaume Duch explica los mecanismos con los que Catalunya busca influir en los debates legislativos europeos. Foto: Bru Agency
Ha mencionado antes un tema especialmente interesante: el liderazgo que se os ha pedido asumir en torno a la Industrial Accelerator Act, una de las iniciativas más relevantes en estos momentos y que acaba de entrar en el Parlamento Europeo. ¿Cómo puede un gobierno regional como el de Catalunya liderar un debate de este alcance y utilizar los mecanismos que ofrecen las instituciones europeas para influir en un proceso legislativo de estas características?
Cuando hablamos de legislación europea —o de futura legislación—, el primer paso es participar en los procesos de consulta que abre la Comisión Europea y que permiten aportar opiniones incluso antes de que empiece a redactarse el primer borrador.
Y eso es importante porque muchas leyes pasan previamente por libros verdes, libros blancos y distintos estudios en los que se solicita la experiencia de actores vinculados a los ámbitos profesionales o territoriales afectados por esa futura normativa.
En Catalunya, cada vez que hay un tema que consideramos especialmente relevante, participamos en ese proceso.
Después, el Comité de las Regiones elabora también un dictamen sobre la propuesta legislativa y ahí existe la posibilidad de intervenir, presentar enmiendas y asegurarse de que el texto final refleje tus posiciones e intereses. Muchas veces esos intereses coinciden con los de otras regiones, aunque no siempre. En ámbitos como la política mediterránea o la política pesquera, por ejemplo, no todas las regiones defienden las mismas prioridades.
En este caso concreto, además, nos encontramos ya en una segunda fase de trabajo ante el Comité de las Regiones y la Comisión Europea, centrada no tanto en el concepto general como en el texto específico que hay actualmente sobre la mesa.
Y aquí estamos trabajando en dos direcciones. Por un lado, aportando nuestra posición con la colaboración de los distintos departamentos de la Generalitat implicados en la cuestión. Por otro, coordinándonos con otras regiones que comparten planteamientos similares para construir posiciones comunes.
Paralelamente, hay también un trabajo fundamental en el Parlamento Europeo, a través de los diputados y diputadas a los que puedas tener acceso: representantes catalanes, españoles o de otros países de la Unión Europea que compartan tu visión y que puedan contribuir a que las enmiendas y el proceso legislativo avancen en una dirección alineada con tus intereses.
Y el tercer gran ámbito de trabajo es el propio Estado. Es fundamental asegurarse de que la Representación Permanente de España ante la Unión Europea tenga en cuenta tus necesidades en la preparación de los trabajos del Coreper y, posteriormente, del Consejo de Ministros.
Al final, tienes que ser capaz de actuar simultáneamente en tres espacios: el de las regiones y el Comité de las Regiones; el de la Comisión y el Parlamento Europeo; y el de los Estados y el Consejo de Ministros.
Ha viajado a China recientemente y ha estado muy activo en el desarrollo de esa relación institucional. Antes hablaba de un mundo cada vez más complejo y China es, sin duda, una de las grandes potencias que están configurando este nuevo escenario internacional. ¿Qué impresión se ha llevado de esa visita? ¿Qué tipo de relación quiere establecer el Govern de Catalunya con China? ¿Cómo se gestiona una relación estratégica con un país tan relevante y, al mismo tiempo, tan complejo como China?
China es un país particular, pero basta con ir allí —o incluso observarlo desde fuera— para darse cuenta de que estamos ante una de las grandes potencias mundiales. En algunos ámbitos probablemente ya es la primera potencia, o lo será en muy poco tiempo. Y esa es una realidad que hay que asumir.
A partir de ahí, también hay que entender que, en el mundo actual, necesitamos mantener relaciones estables con distintos países y regiones del mundo.
Nos sentimos mucho más próximos al resto de Europa y también a Estados Unidos. Pero la relación transatlántica atraviesa en estos momentos una etapa compleja. Cada pocos días hay anuncios sobre aranceles, sobre quién garantizará la defensa de Europa o sobre posibles represalias vinculadas a determinadas posiciones políticas o militares.
Y eso significa que Europa también tiene que mirar hacia otras regiones del mundo. Hacia Mercosur, por ejemplo, con el que acabamos de aprobar un acuerdo de cooperación y asociación; hacia India, con la que también se ha alcanzado recientemente un acuerdo; o hacia Australia, con la que la Unión Europea está a punto de cerrar otro. Y, naturalmente, también hacia China.
La relación con China es más compleja que con otros países, pero eso no significa que no deba existir. Lo importante es entender que se desarrolla en distintos niveles y que cada uno requiere una aproximación diferente: el plano económico y comercial, el ámbito cultural o el intercambio social, por ejemplo.
Como catalanes, debemos actuar siempre alineados con la estrategia general de la Unión Europea. Aunque también es cierto que dentro de Europa existen matices en la manera de relacionarse con China.
Históricamente, países como Alemania han mantenido una relación especialmente intensa con China, muy vinculada a sectores como la automoción, aunque ahora también se percibe cierta revisión de esa estrategia.
Otros países, como España, han desarrollado igualmente una relación positiva, pero siempre dentro del marco general que define la Unión Europea en su relación con China.
Y hay que tener claro que existen ámbitos en los que la cooperación es sencilla, otros en los que hace falta más prudencia y otros en los que probablemente es mejor mantener ciertas distancias. Esa es, en el fondo, la tarea de los gobiernos. Las relaciones internacionales nunca son sencillas, pero siempre es necesario encontrar espacios de relación y diálogo con el resto del mundo.
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