En un país marcado por la polarización y la desconfianza institucional, Europa sigue siendo el último refugio de estabilidad para los españoles. El Eurobarómetro de primavera de 2025, elaborado por el Parlamento Europeo, confirma que España es uno de los países más firmemente proeuropeos: más de ocho de cada diez ciudadanos creen que la pertenencia a la UE ha sido beneficiosa, y una mayoría piensa que las cosas van mal en el país, pero bien en Europa.
Esta distancia emocional se ha consolidado con los años: Bruselas simboliza la seriedad y la racionalidad que muchos no encuentran en Madrid. Europa funciona como un anclaje político y emocional para una sociedad que percibe sus instituciones nacionales desgastadas, pero sigue confiando en el proyecto comunitario como garantía de progreso y buen gobierno.
Un europeísmo resistente
La mayoría de los españoles apoya una Europa más activa y cohesionada, con más capacidad para afrontar los grandes desafíos del siglo XXI: el cambio climático, la energía, la defensa o la investigación. En un contexto de guerras, inflación y tensiones internacionales, la respuesta ciudadana no es el repliegue, sino más Europa.
Los españoles respaldan la financiación compartida de proyectos comunes y que el Parlamento Europeo tenga más poder de control y decisión. Además, ocho de cada diez defienden que la concesión de fondos europeos esté condicionada al respeto al Estado de derecho y los valores democráticos, uno de los niveles de apoyo más altos de la UE.
Es un europeísmo maduro y exigente: no se limita a los beneficios materiales, sino que confía en Europa como garante de estabilidad, derechos y buen gobierno. Lejos del euroescepticismo que crece en otros países, España mantiene una visión de la UE como espacio de orden frente a la crispación interna.
La Europa de valores que protege
El Eurobarómetro retrata un cambio profundo: los españoles ya no ven a la UE solo como un mercado, sino como una institución que protege. La palabra clave es “protección” y funciona frente a la inflación, los conflictos, las crisis energéticas o la desinformación. La ciudadanía demanda una Europa con capacidad de amparo y autonomía estratégica, más escudo que utopía. De ahí el amplio apoyo a nuevas fuentes de ingresos comunes (74%), como los impuestos sobre emisiones o beneficios empresariales.
El respaldo a la condicionalidad democrática —82% a favor— refuerza esta identidad, ya que España se alinea con una Europa social y garantista que prioriza la democracia, los derechos humanos, la igualdad y el Estado de derecho. No es casual: la memoria de la Transición y del franquismo sigue viva en la percepción de Europa como sinónimo de libertad y modernización.
El Parlamento Europeo: a favor de mayor delegación de competencias
La confianza en el Parlamento Europeo supera con holgura a la media de la UE.
Mientras el 62% de los europeos quiere que la Eurocámara tenga un papel más relevante, en España lo desea el 77%, con solo un 8% que preferiría reducirlo. Los españoles asocian la institución con transparencia, legitimidad y estabilidad, en contraste con la política nacional, marcada por la confrontación y el cortoplacismo.
"Para los ciudadanos, Bruselas representa la política que funciona: una administración seria y previsible que contrasta con el ruido doméstico"
Paradójicamente, esa confianza no siempre se apoya en un conocimiento profundo de sus competencias. En cierto modo, para los ciudadanos Bruselas representa la política que funciona, una administración seria y previsible que contrasta con el ruido doméstico. En el imaginario colectivo, Europa es lo que España podría ser si su política no se desgastara en el conflicto.
Una Europa que se siente
El 72% de los españoles percibe que las decisiones de la Unión Europea influyen en su vida cotidiana, una cifra idéntica a la media europea y en ascenso. Además, la mayoría valora ese impacto de forma positiva: un 50% lo considera favorable frente a solo un 18% que lo ve negativo. La pertenencia también se percibe como un éxito, pues el 76% cree que España se ha beneficiado de formar parte de la UE, especialmente por el crecimiento económico, las oportunidades laborales y la contribución a la paz y la seguridad.
Los españoles, más que idealistas, son pragmáticos: valoran a Europa porque mejora su vida diaria y ofrece estabilidad. Bruselas no se ve como una burocracia lejana, sino como una presencia concreta que protege y sostiene.
Una Europa social y democrática
El Eurobarómetro muestra una ciudadanía española social en sus prioridades y democrática en sus valores. Entre los temas que el Parlamento Europeo debería abordar con urgencia, destacan la inflación y el coste de la vida (42%), la sanidad pública (43%) y el empleo y la creación de oportunidades (38%). Le siguen la lucha contra la pobreza (35%) y la seguridad y defensa (22%). La agenda española es, ante todo, económica y social, centrada en el bienestar y la protección más que en la geopolítica.
En cuanto a los valores, los españoles sitúan en primer lugar la democracia (33%), la paz (38%) y los derechos humanos (22%), seguidos por la igualdad entre mujeres y hombres (19%) y el Estado de derecho (25%). El perfil que se dibuja es el de una Europa solidaria, igualitaria y garantista, en la que la justicia social y los derechos civiles pesan más que la identidad o la seguridad nacional.
Entre el pesimismo nacional y el optimismo europeo
Esta encuesta también confirma la brecha emocional entre España y Europa. Solo un 33% de los españoles cree que el país va por buen camino, frente a un 54% que considera lo contrario. Sin embargo, la percepción cambia al mirar hacia Bruselas: el 36% piensa que la UE avanza en la dirección correcta, casi el mismo porcentaje que la media europea.
"Con los datos vemos cómo la estabilidad, más que el progreso, se ha convertido en ese horizonte deseado"
Dicho contraste se refleja también en las expectativas personales, ya que uno de cada cinco españoles cree que su nivel de vida mejorará en los próximos cinco años, mientras que más de la mitad espera que se mantenga igual. La estabilidad, más que el progreso, se ha convertido en el horizonte deseado. Aun así, el 64% se declara optimista sobre el futuro de la Unión Europea, un dato que sitúa a España entre los países más confiados del continente.
Europa sigue siendo, incluso en tiempos inciertos, la proyección de esperanza frente a un presente nacional que se percibe inmóvil. En el imaginario colectivo español, Bruselas encarna lo que aún puede avanzar: el lugar donde la política conserva sentido, la palabra mantiene peso y el futuro sigue siendo una posibilidad.