Lunes, 17 de agosto de 2026
A PLUMA Y ESPADA

Barcelona encarna "la nueva diplomacia española"

El inicio de la 90ª Vuelta Ciclista a España estuvo marcado por protestas contra el equipo Israel Premier-Tech y coincidió con el veto de Netanyahu a Jaume Collboni. "El verbo de la semana pasada ha sido excluir", afirma Víctor Guillot en su columna semanal. Para el periodista, Barcelona encarna hoy la "nueva diplomacia española", donde el alcalde actúa como puente entre lo local y lo global, siguiendo la vieja receta de pensar global, actuar local.

Víctor Guillot Víctor Guillot 25 de agosto de 2025
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Jaume Collboni, alcalde de Barcelona. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Jaume Collboni, alcalde de Barcelona. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
El pasado sábado comenzó la 90ª edición de una Vuelta Ciclista a España cargada de polémica por la participación del equipo Israel Premier-Tech. Desde hace años, la política se ha convertido en una crónica deportiva del mismo modo que el deporte ha sido permeado con el discurso político internacional. La política y el deporte están contagiados por verbos que invitan a forzar las reglas del juego desde la acción. Marinetti, autor del manifiesto futurista, afirmaba que el fascismo era movimiento, acción.

"Israel denegó la entrada al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en su primer viaje oficial al Próximo Oriente"
En 2024, cuando las metas de las etapas se llenaron de banderas palestinas, la competición comenzó a ser llamativa por las protestas contra el equipo Israel Premier-Tech. Este año lo volverá a ser. La plataforma política Contigo-Zurekin Navarra, (integrada por Podemos Navarra, Izquierda Unida de Navarra, Batzarre, Alianza Verde y Verdes Equo) lanzó un comunicado el pasado día 20 exigiendo la "exclusión" del equipo que patrocina Israel de la Vuelta 2025. El verbo de la semana pasada ha sido "excluir". Tres días después de aquella petición, Israel denegó la entrada al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en su primer viaje oficial al Próximo Oriente. El primer edil debía aterrizar en Tel Aviv el pasado viernes por la noche, invitado por los alcaldes de Belén y Ramala, pero a última hora el Gobierno de Benjamin Netanyahu notificó la revocación de su permiso para poder entrar en el país.


Barcelona, ciudad global. El viaje fallido de Collboni otorga un sentido local a "la nueva diplomacia española". Ya no se trata sólo de que el gobierno de Pedro Sánchez denuncie el genocidio en Gaza o que su Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, proclame la independencia del Estado Palestino arrastrando a Francia. La política internacional de los Estados ha creado un hilo de oro que comunica entre sí a las ciudades globales con la misma intensidad que los grandes acontecimientos deportivos. 

Para ser una ciudad global, es necesario que la política internacional se incorpore a la agenda de los alcaldes. La capitalidad que reclaman o reivindican algunas ciudades es un concepto difuso por el que transitan con la misma intensidad tanto las grandes capitales como las grandes ideas. Unos y otros se proyectan hacia todos los demás con distinta intensidad. Mientras Madrid mira a EE. UU. y Latinoamérica, el Madrid de los 10 millones de habitantes que reclama Fernando Caballero, Barcelona habla de la ciudad habitable de los 5 millones, se conecta a Bruselas y busca espacios en Oriente, bien a través de los organismos regionales de las instituciones comunitarias en el primer caso, bien a través del contacto recurrente con China o expresando su compromiso con los derechos humanos en Gaza, en el segundo.


"Mientras Madrid mira a EE. UU. y Latinoamérica, el Madrid de los 10 millones de habitantes que reclama Fernando Caballero, Barcelona habla de la ciudad habitable de los 5 millones, se conecta a Bruselas y busca espacios en Oriente"
La figura de Jaume Collboni me recuerda al entrañable e hiperactivo alcalde de Gijón y presidente socialista asturiano Tini Areces, quizá porque dos de las referencias geográficas que el viejo profesor de matemáticas tuvo siempre en cuenta para transformar Gijón fueron las ciudades de Vitoria y de Barcelona. Ciudades globales o, mejor dicho, glocales, tal como defendió Juan Cueto, el mago catódico que inspiró gran parte del proyecto arecista en los 24 años que duró su período político más importante en Asturias. Pensar en lo global para actuar en lo local. Y efectivamente, Gijón se convirtió en la capital económica y cultural de Asturias, cristalizando en una ciudad rápidamente digitalizada, cubriéndola con todos los equipamientos públicos necesarios que exigía la convivencia en cada barrio. Hablamos de un proyecto con una enorme preeminencia de lo público en el saneamiento y limpieza de los barrios, de centros de salud, piscinas municipales, equipamientos deportivos, espacios verdes, bibliotecas y un servicio administrativo descentralizado y presente en cada distrito. Todo ello permitió afirmar que Gijón era una ciudad que pulsaba el futuro de un modo habitable, socialmente justo y sostenible. 


Una partitura similar y actualizada, cuarenta años después, se puede interpretar en Barcelona a partir de la visión que muestra recurrentemente Collboni de su ciudad cuando se reivindica como el alcalde de todos los barceloneses y todas las barcelonesas, cuando se erige como el alcalde de todos sus barrios, cuando exige más competencias, más poder o más influencia, por ejemplo, en el devenir de su puerto, uno de los polos económicos fundamentales del Mediterráneo o en la gestión del aeropuerto donde Illa tiene y, a buen seguro lo hará, un compromiso que cumplir. 


Barcelona nunca ha renunciado a su tiempo. Ha sido un factor fundamental en el devenir político de España. Así en el auge y caída de la I República como en su participación en la fundación en 1931 y su posterior declive de la Segunda tras el pronunciamiento de 1934 de un Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Barcelona es clave para entender las protestas pacíficas durante la recta final del franquismo, de la que surgió un fuerte movimiento autonomista que Adolfo Suárez tuvo que interpretar para comprender y sostener la consolidación de la democracia española que eclosionó con el regreso y aclamación popular de Tarradellas en el año 1977. La modernidad del 92 con Pasqual Maragall y los Juegos Olímpicos trajeron consigo la ciudad que se pensó a sí misma. Con el aterrizaje de José Luis Rodríguez Zapatero, Barcelona y Catalunya se convirtieron en una frase gramaticalmente intransitiva que trataba de declinar un sustantivo: el Estatut. Ser catalán ya no era estar ni hacer sino un "ser" que condujo finalmente hacia el procés y el valor de la democracia como un imposible que orilló los problemas sociales que la ciudad y la comunidad arrastraban desde la época en que los convergentes de Trías tomaron el poder local. Ni siquiera los comunes de Ada Colau lograron paliar los serios problemas que el turismo o la vivienda estaban acarreando hasta la irrupción de Jaume Collboni en 2023, sostenido con los votos de su partido, el PSC, los comunes y. atención, el PP. Creo que no observamos suficientemente la complejidad del tablero de ajedrez local que es España, donde Barcelona siempre ofrece alguna novedad.

"Barcelona se ha convertido en una ciudad conectada al Estado, capaz de asumir compromisos internacionales con Gaza pero también con la economía del corredor ferroviario europeo y el tráfico marítimo del Mediterráneo, junto a Valencia y Algeciras"
El voto de confianza del PP a Collboni es la respuesta cosmopolita a la elección de Silvia Orriols como alcaldesa de Ripoll por Aliança Catalana, la versión trumpista de la Catalunya interior. España es en estos momentos uno de los países europeos con mayor crecimiento demográfico. Según Eurostat, mientras España sumó más de 1,1 millones de habitantes en 2024, Alemania apenas incrementó su población en 207.000 habitantes, Francia en 440.000, mientras Italia perdió más de 40.000 personas. Barcelona es la región metropolitana de cinco millones de habitantes más Vilanova, los Valleses y el Maresme. Barcelona no aspira a los 10 millones de habitantes de Madrid ni a ser un distrito federal, a la manera de Fernando Caballero en su ensayo. Barcelona y toda la España oriental crece demográficamente, a diferencia de las tres comunidades que conforman la Ruta de la Plata, Asturias, Castilla y León y Extremadura. En ese contexto, Barcelona se ha convertido en una ciudad conectada al Estado, capaz de asumir compromisos internacionales con Gaza pero también con la economía del corredor ferroviario europeo y el tráfico marítimo del Mediterráneo, junto a Valencia y Algeciras. 


En el proceso de las nuevas migraciones, no se entiende el fuerte crecimiento económico de los últimos años de España sin tener en cuenta el aumento regulado de su inmigración. El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, afirmaba hace un par de semanas, a cuenta de los sucesos acaecidos en Torre Pacheco, que el 40% de la clase trabajadora en el sector primario estaba conformada por personas inmigrantes. La España plurinacional de las grandes ciudades acoge no sólo la agenda política internacional sino las tareas económicas que la justifican en un marco histórico global

"La Barcelona de Collboni es la respuesta política a una Aliança Catalana creciente, en fase de expansión, que puede ser un serio problema para Junts en las municipales de 2027 y para Sánchez en las próximas generales"
La Barcelona de Collboni es coherente con el pulso internacional de la sociedad española y catalana. Es la respuesta política a una Aliança Catalana creciente, en fase de expansión, que puede ser un serio problema para Junts en las municipales de 2027 y para Sánchez en las próximas generales. Sin lugar a dudas, si hay una fórmula Illa para Catalunya, hay una fórmula Collboni para la política municipal española contra Aliança, en primer término, y contra Vox, fuera de Barcelona. Junts deberá tomar nota de lo que sucede en el corredor Vic-Ripoll-Olot-Figueres. 

Adenda 

La encuesta de la revista geopolítica Le Grand Continent señalaba a finales del año pasado que España era el país más europeísta de la Unión. El 80% de los españoles quieren pertenecer a la UE y el 72% considera que su permanencia ha fortalecido al país. Somos 49 millones de personas y subiendo. Pronto 50 millones. Cada vez somos más. Y no sólo españoles o catalanes. La receta Areces, la receta Collboni parece que funciona. Pensar en global y actuar en local. 

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Periodista y analista político
Periodista y analista político, colaborador en el programa de radio 'Julia en la onda' de Onda Cero. También ha sido director adjunto del diario Nortes. Ha dirigido durante 12 años el Centro de Interpretación del Cine en Asturias y ha publicado, en 2019, el ensayo 'Ceniza a las cenizas, David Bowie y la revolución visual de la cultura pop'.
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