Mientras el orden internacional se asoma a un cambio de era —
marcado por la volatilidad en Washington y la reconfiguración de las cadenas de valor—, Pedro Sánchez ha utilizado el estrado de la Universidad de Tsinghua para hablar de diplomacia, pero sobre todo para intentar proyectar a España como
el catalizador necesario de una Europa con voz propia.
En las capitales europeas,
la lectura de esta visita está siendo intensa. Sánchez
no querido ir a China como un actor secundario; ha querido demostrar que es un líder que entiende que, en un mundo de bloques enfrentados,
el verdadero poder reside en la capacidad de ser el puente.
Un giro estratégico en el 'Turning Point' global
La intervención del presidente —trabajada a varias manos según fuentes de Moncloa— en el corazón académico de Pekín ha sido
un ejercicio de audacia geopolítica. Marcando una distancia más que clara respecto a la tentación del aislamiento o la confrontación que sopla desde el otro lado del Atlántico, Sánchez ha defendido
un multilateralismo pragmático. La tesis es la misma desde hace varios años:
España no elige entre Europa y China, sino que utiliza su relación con Pekín para hacer más fuerte a Europa.
"España se postula como el contrapeso necesario, capaz de dialogar con la segunda economía del mundo sin renunciar a los valores europeos"
"Tal vez no logremos nunca estar de acuerdo, pero
la humanidad avanza cuando construimos sobre lo que nos une", afirmó el presidente. En un momento de máxima incertidumbre, como parece que son todos en los últimos años, España se postula como el contrapeso necesario, capaz de dialogar con la segunda economía del mundo
sin renunciar a los valores europeos.
El análisis de los expertos: realismo frente a ideología
Analistas
consultados por
Agenda Pública coinciden en que el acercamiento español
no es un "verso suelto", sino una respuesta racional a un sistema internacional en mutación. La clave reside en la estabilidad. Mientras otros países europeos parecen buscar incentivos electorales en su posicionamiento respecto al gigante asiático, la política española hacia China ha mantenido una continuidad que Pekín valora enormemente.
Los expertos señalan que España está logrando
institucionalizar su relación, pasando de la coyuntura a la estructura. En este marco,
lo que se logra es enviar un mensaje de estabilidad: en lugar de sumarse a una "Guerra Fría 2.0", Madrid prefiere una "competencia cooperativa". Los analistas subrayan que esta postura es, paradójicamente,
la que más ayuda a la UE a largo plazo, al evitar que se rompan definitivamente los canales de comunicación con el gigante asiático.
La mirada global: el espaldarazo de 'Sinica'
Esta semana, las palabras de Sánchez han sido estudiadas por analistas europeos, como es habitual,
pero también por analistas chinos. El escritor Kaiser Kuo, codirector del conocido pódcast sobre política china
Sinica, ha destacado la sofisticación de la oratoria de Sánchez en la Universidad de Tsinghua, calificándola como
un ejemplo de "diplomacia de equilibrio quirúrgico".
"Hay retos globales como la emergencia climática o la inteligencia artificial que son imposibles de gestionar de espaldas a Pekín"
En opinión de Kuo, Sánchez ha logrado navegar las aguas más turbulentas al evitar la confrontación, pero sin caer en la complacencia gratuita y logrando marcar distancias con el
decoupling radical. En esta línea,
Sánchez apunta a un objetivo claro, que es humanizar la relación política. Su propósito aspira a ir más allá de las cifras macroeconómicas porque, a juicio de Moncloa, hay retos globales como la emergencia climática o la inteligencia artificial que son imposibles de gestionar de espaldas a Pekín. Si bien es cierto que esta es una postura que puede encontrar argumentos a favor, si se mira al resto de capitales europeas, cabe preguntarse:
¿puede España marcar el paso de lo que podría ser la nueva política exterior europea?
¿Por qué Starmer, Macron y Merz sí, y España no?
Visto desde España y con una mirada de pocas luces largas,
también aparecen voces que se pronuncian en contra de la visita de Sánchez a China. No obstante, estos mismos opinadores encuentran de lo más normal que en los últimos meses haya sido
Keir Starmer quien haya querido relanzar la relación Reino Unido-China tras años de parálisis. Encuentran de lo más normal ver a
Emmanuel Macron insistir en la autonomía estratégica de Francia, defendiendo que Europa no debe ser un "seguidor" de las crisis ajenas. Incluso en Alemania, el canciller
Friedrich Merz, a pesar de su tono inicialmente más duro, ha entendido que no se puede dar la espalda al principal socio comercial de su industria. Si
Londres, París y Berlín entienden que el futuro pasa por una relación madura y pragmática, ¿por qué no habría de hacerlo España?
"Sánchez está rompiendo el complejo de «país periférico» que nos autoimponemos nosotros mismos"
Sánchez quiere romper el complejo de "país periférico" que nos autoimponemos nosotros mismos y
reclama el derecho a tratar directamente con las superpotencias para proteger su propio tejido productivo, desde el sector porcino hasta la vanguardia de las baterías eléctricas.
El dividendo económico: diecinueve acuerdos para una España tecnológica
Dejando a un lado la alta política, la visita ha cristalizado en
resultados tangibles. Por un lado, España y China han institucionalizado su relación con un
Mecanismo de Diálogo Estratégico Diplomático. Esto significa algo importante: pasan de contactos puntuales a
canales estables y regulares de coordinación de alto nivel. Por otro lado, la firma de diecinueve acuerdos bilaterales establece un plan definido para convertir a la península ibérica en el gran
hub de la economía verde:
Liderazgo en electromovilidad. Los acuerdos buscan que la inversión china suponga una
transferencia real de tecnología. España quiere ser el lugar donde se inventa y se fabrica el coche del futuro.
Apertura de mercados. La resolución de conflictos comerciales demuestra que el diálogo directo es
la herramienta más eficaz para proteger a nuestros exportadores.
Soberanía industrial. Atraer a gigantes tecnológicos chinos bajo el marco regulatorio europeo garantiza
empleos de calidad y estabilidad industrial a largo plazo.
¿Una España puente protagonista?
La conferencia en Pekín
marca un antes y un después. España ya no es solo un Estado miembro que sigue la corriente; quiere ser
un arquitecto de la nueva realidad internacional.
Sánchez ha regresado de Pekín con una
maleta llena de inversiones, pero parece que también con un nuevo estatus: el de
puente diplomático. El tiempo dirá si hablamos solo de un "efecto Tsinghua" o de una realidad: ¿es posible tener más China para que haya más y mejor Europa?