Martes, 28 de julio de 2026
AUTONOMÍA ESTRATÉGICA

Corea del Sur ha conquistado silenciosamente la industria de defensa europea

Europa quiere rearmarse, pero su industria no avanza al ritmo de su urgencia estratégica. Aunque la UE "ha puesto el dinero encima de la mesa", Antonio Legaz señala que Corea del Sur y Japón están introduciendo nuevas dependencias en la defensa europea. El analista de defensa y seguridad considera que comprar armamento asiático no es el problema; ceder sin debate partes críticas de la cadena de valor, sí.

Antonio Legaz Antonio Legaz 4 de mayo de 2026
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Exhibición de defensa del Ejército surcoreano con cazas de fabricación propia que vende a países como Polonia. | Ryu Seung-Il / Zuma Press / Europa Press
Exhibición de defensa del Ejército surcoreano con cazas de fabricación propia que vende a países como Polonia. | Ryu Seung-Il / Zuma Press / Europa Press
El pasado 21 de abril, Japón eliminó ochenta años de restricciones a la exportación de armamento letal. Tres semanas antes, Corea del Sur publicaba sus cifras de ventas de defensa para 2025: 15.400 millones de dólares, cuarta potencia exportadora mundial. Europa, en pleno proceso de rearme histórico, está comprando. Aquí la cuestión no es si los sistemas asiáticos son buenos, porque lo son. Lo importante es saber qué paga Europa, en términos estructurales, por cada contrato que firma con Seúl o Tokio en lugar de construir la capacidad propia que lleva décadas prometiendo.

La industria de defensa surcoreana no es un fenómeno emergente. Es el resultado de una estrategia de dos décadas que ha transformado a un país sin tradición exportadora en la cuarta potencia del mercado global de armas, por delante de Alemania y del Reino Unido. En 2020, Corea del Sur exportaba 2.000 millones de dólares en equipamiento militar. En 2024, superó los 20.000 millones. Las proyecciones del Korea Eximbank para 2026 apuntan a 24.000-27.000 millones, lo que situaría a Seúl como el segundo mayor exportador de armas no estadounidense del mundo, superando a Francia.

El éxito del modelo (bautizado ya en los círculos de análisis defensivo como K-Defense) no reside en la superioridad tecnológica de sus sistemas, que es real pero no extraordinaria, sino en la arquitectura contractual con la que los vende. Cuando Polonia firmó en 2022 los contratos para 980 tanques K2 Black Panther de Hyundai Rotem, 648 obuses K9 Thunder de Hanwha y 48 cazas FA-50 de Korea Aerospace Industries, adquirió tanto hardware como la capacidad de fabricarlo en su propio territorio. En el último lote de tanques K2 adjudicado, 61 de las 64 unidades serán producidas en plantas polacas bajo licencia coreana. Es decir, el K-Defense no exporta productos; exporta cadenas de valor.

"Mientras la Comisión Europea debate durante meses la elegibilidad de un sistema para el programa SAFE, Seúl cierra el contrato en una llamada ministerial"
La financiación lo hace posible. El Korea Eximbank estructura créditos con plazos y condiciones que ningún fondo europeo de defensa puede replicar con la misma agilidad: tipos preferentes, largos periodos de carencia y vinculación directa al compromiso de compra. Mientras la Comisión Europea debate durante meses la elegibilidad de un sistema para el programa SAFE, Seúl cierra el contrato en una llamada ministerial. El resultado es que Rumanía (que firmó en 2026 la instalación de una planta de Hanwha Aerospace en Dâmbovița con una inversión comprometida de 1.300 millones de euros y un impacto económico proyectado de 14.000 millones) recibe en años lo que Bruselas promete en décadas. Polonia, Estonia, Noruega y España (donde el K9 está en evaluación para la modernización de la artillería del Ejército de Tierra) forman ya el mapa de una penetración que hace unos años era anecdótica, pero va camino de ser estructural.

La trampa detrás del 'hardware'

Que el modelo sea eficaz no significa que sea inocente. Europa está cometiendo con Asia Oriental el mismo error que cometió en el pasado con Estados Unidos: resolver la urgencia de capacidades mediante la compra externa, posponer indefinidamente la construcción de una base industrial propia y llamar a ese aplazamiento "pragmatismo".

"Corea del Sur no exporta armas por lógica comercial pura. Cada contrato firmado con un aliado europeo es un lazo político calculado"
El primer problema es la interoperabilidad. La OTAN opera bajo el principio de que los sistemas de sus miembros deben poder comunicarse, coordinarse y abastecerse mutuamente en un escenario de conflicto real. Cada país que incorpora un K2, un K9 o un Chunmoo introduce en el ecosistema aliado una plataforma cuyo software de gestión de combate, cuya cadena logística de mantenimiento y cuya munición de precisión no son nativos del perímetro industrial de la OTAN. Con una Polonia dotada de artillería coreana, una Rumanía con vehículos Hanwha y una Estonia con lanzacohetes Chunmoo, la fragmentación logística de la Alianza comienza a erosionarse de forma silenciosa pero acumulativa.

El segundo problema es geopolítico. Corea del Sur no exporta armas por lógica comercial pura. Cada contrato firmado con un aliado europeo es un lazo político calculado: cuantos más países de la OTAN dependan del mantenimiento, la modernización y la munición coreana, mayor es la presión implícita sobre Europa para sostener una posición favorable en el Indopacífico ante cualquier escenario de tensión en el estrecho de Taiwán. La dependencia armamentística como instrumento de alineamiento estratégico. Europa, que lleva meses debatiendo su autonomía estratégica respecto a Washington, está construyendo una nueva dependencia relativa a ciertas capacidades respecto a Seúl sin haber tenido esa conversación en ningún foro relevante.

"¿Es un obús K9 fabricado en Rumanía con tecnología coreana, por una empresa coreana con capital coreano, un producto «europeo» a efectos de los fondos de rearme comunitarios?"
El tercer problema es el que más directamente afecta a España. El programa SAFE de la UE moviliza hasta 150.000 millones de euros en créditos preferentes para países que adquieran soluciones de fabricación europea. Hanwha ha obtenido ya la elegibilidad de su planta rumana bajo los criterios SAFE. Esto plantea la pregunta jurídico-estratégica más relevante de la política industrial de defensa europea en este momento: ¿es un obús K9 fabricado en Rumanía con tecnología coreana, por una empresa coreana con capital coreano, un producto "europeo" a efectos de los fondos de rearme comunitarios? Si la respuesta es sí, Seúl habrá logrado algo extraordinario: acceder a la financiación preferente del rearme europeo para vender armamento coreano.

Comprar coreano, ceder europeo

Resulta paradójico que Europa esté utilizando el rearme de urgencia (justificado, necesario, inaplazable) como excusa para no tomar la decisión política más difícil: cuánto está dispuesta a pagar por construir su propia capacidad industrial de defensa. Europa ha puesto el dinero encima de la mesa (150.000 millones de euros en el SAFE, 82.000 millones alemanes, rearmes nacionales en cascada), pero movilizar capital no es lo mismo que tener fábricas, ingenieros y cadenas de suministro operativas. Por consiguiente, el dinero llega antes que la capacidad, y en ese intervalo, Corea del Sur vende.

En este contexto, Japón aparece como una pieza más del engranaje. La reforma del 21 de abril libera a Tokio para vender cazas, misiles y destructores a sus diecisiete países aliados. Pero, sobre todo, convierte a Japón en competidor directo de los grandes exportadores europeos en segmentos de alta tecnología donde Francia, Alemania y el Reino Unido no tienen rivales asiáticos. El programa GCAP (el caza de sexta generación que Japón codesarrolla con Italia y el Reino Unido) es en sí mismo el primer gran vector de integración tecnológica de defensa entre Asia y Europa, aunque ninguno de los análisis europeos lo haya enmarcado así. Cuando el GCAP entre en servicio, Japón será un productor integrado en el ecosistema industrial del continente.

"Navantia, Indra y Santa Bárbara Sistemas compiten directamente con los sistemas coreanos en varios de los segmentos que el SAFE está financiando"
En este tablero, España tiene una posición específica que no está aprovechando. Navantia, Indra y Santa Bárbara Sistemas compiten directamente con los sistemas coreanos en varios de los segmentos que el SAFE está financiando. La decisión sobre el K9 para el Ejército de Tierra no es solo una elección de artillería, es una decisión sobre qué tipo de relación industrial quiere España con el mercado de defensa asiático y qué base industrial quiere preservar para cuando los fondos europeos exijan fabricación local.

El mercado global de armas está viviendo su mayor transformación desde 1991. Asia Oriental (con dos actores que operan con lógicas distintas pero efectos convergentes) está reconfigurando quién fabrica, quién vende y, sobre todo, quién depende de quién. En este tablero, Europa se muestra atrapada entre la urgencia del rearme y la lentitud de su integración industrial, y está optando por la solución eficiente a corto plazo sin calcular el coste estratégico a largo plazo. Comprar el obús coreano no es el problema. Comprarlo sin decidir antes qué parte de la cadena de valor quieres controlar tú y cuál estás dispuesto a ceder sí lo es.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación