Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

¿Una nueva etapa diplomática entre México y España? Las claves de la visita de Sheinbaum a Barcelona

La visita de Claudia Sheinbaum a la IV Cumbre por la Defensa de la Democracia, en Barcelona, supuso un gesto diplomático de acercamiento con el Gobierno español, tras ocho años de 'rispidez' y de distanciamiento en la relación bilateral. "Además, el gesto supone un contrapeso en los bloques de poder geopolítico, pues coincidió con la visita de María Corina Machado —aliada incondicional de Donald Trump— a Madrid con los líderes del Partido Popular", escribe el periodista Mauricio Hdez. Cervantes, sobre un tema que supone una nueva etapa en las relaciones entre México y España.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 21 de abril de 2026
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La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se saluda con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Alberto Paredes / Europa Press
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se saluda con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Alberto Paredes / Europa Press

El objetivo siempre estuvo claro: armar un contrapeso contra la marejada global ultraconservadora y ultraliberal —comandada y promovida por Donald Trump— que lleva ya varios años azotando como un tsunami descontrolado. Así se propuso y así se celebró la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, en Barcelona, que organizó Pedro Sánchez y a la que asistió, pese a todo pronóstico, Claudia Sheinbaum.

La escena parecía algo menor: una cumbre progresista en la ciudad condal, buenas intenciones traducidas en discursos, fotos, abrazos, protocolo, medios de comunicación. ¿Nombres? Luiz Inácio Lula da Silva, Gabriel Boric, Gustavo Petro, Yamandú Orsi, además de ministros y otros cargos relevantes de la política internacional. Pero detrás de la liturgia política se jugaba algo más profundo: México (la segunda economía más potente de América Latina, solo por detrás de Brasil) se volvía a acercar a España, después de ocho años de gestos ásperos, de tensiones desgastantes, de cartas y palabras que se convirtieron en muros y no en puentes. En pocas palabras, el viaje de la presidenta mexicana al acto del presidente del Gobierno español fue más que una señal diplomática; fue una acción determinante que abre nuevos caminos en una de las relaciones más particulares e importantes entre Europa y América.

"Que Sheinbaum se sentara en Barcelona junto a Pedro Sánchez es un gesto que vale más que cien discursos"
Como se ha dicho siempre —Carlos Fuentes (Premio Cervantes en 1987) fue un gran impulsor de esta idea—, la historia de México no puede ser entendida sin España, así como la de España tampoco sin la de México. Y, al margen de argumentos históricos, hoy, para Sheinbaum, España es la puerta de entrada a Europa. Más, en un mundo tan polarizado, en el que la geopolítica se recompone todos los días —sobre todo después de cada exabrupto o acción improvisada de Donald Trump—. Por lo tanto, que Sheinbaum se sentara en Barcelona junto a Pedro Sánchez es un gesto que vale más que cien discursos: es, en pocas palabras, una muestra de la voluntad conjunta de dos gobiernos para recomponer los puentes diplomáticos, abrir una vía para el diálogo y establecer que las diferencias ideológicas no pueden seguir emblandeciendo los cimientos de un vínculo histórico, político y comercial tan fuerte como el que une a México y a España.

Porque todo sucedió en un momento clave: la cumbre coincidió con la visita de María Corina Machado a Madrid, en la que se reunió con Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Es decir, por una parte, en la capital española, los líderes del Partido Popular abrazaron y condecoraron a la lideresa de la oposición al régimen madurista venezolano, mientras que Pedro Sánchez recibía a Claudia Sheinbaum en Barcelona. No hace falta ahondar en explicaciones ante esas dos escenas, esas dos fotografías, que lo dicen todo. La polarización, en estos días, es el pan de cada día.

El desaire de María Corina Machado hacia el Gobierno español es algo que no puede ni debe pasarse por alto. Por supuesto, no es la única aliada de Donald Trump que se atreve a tanto: basta con repasar las incontables injurias y descortesías de Javier Milei. Es decir, desde ese punto de vista, no sorprende. No tan agresiva, ni mucho menos excéntrica como el mandatario argentino, pero la lideresa venezolana fue muy clara: "Lo ocurrido en la Cumbre de Barcelona evidencia por qué mi reunión con Pedro Sánchez no era conveniente", sentenció. Sin duda alguna, no lo era. Razón no le faltó jamás a Machado. ¿Cómo imaginar que ella iba a reunirse con el presidente del Gobierno español —tomando en cuenta que es una aliada incondicional de Donald Trump, a quien le regaló el Premio Nobel de la Paz—? Imposible.

"¿Cómo imaginar que ella iba a reunirse con el presidente del Gobierno español —tomando en cuenta que es una aliada incondicional de Donald Trump, a quien le regaló el Premio Nobel de la Paz—?"
Ahora bien, ¿qué tiene eso que ver con la participación de la presidenta mexicana en la cumbre de Barcelona? Sencillamente, que México, finalmente, se ha alineado con los países que se asumen como un contrapeso a la fuerza impositiva y autoritaria que se ejerce en el mundo desde Washington. Ese gesto, y los quince minutos del discurso de Sheinbaum, representan mucho más que una participación en una cumbre de líderes mundiales bajo una misma causa, bandera o ideología; ese gesto define ya la posición de México en el escenario global, uno que, hasta hace muy poco, seguía siendo incierto.

Se especuló mucho sobre cuáles eran las líneas ideológicas o cuál era el marco de posición política del Gobierno mexicano: algunas voces (como la de Isabel Díaz Ayuso) la tildaron de comunista; otras, de socialista o, incluso, de "Estado fallido". Pero lo cierto es que Sheinbaum, al haber hablado de "resistencia" durante su intervención en la cumbre, lo hizo sobre la forma en la que su país, su pueblo y sus ingentes dimensiones económicas han sabido buscar las formas de no rendirse a las imposiciones de EE. UU. Por supuesto, a las imposiciones económicas, políticas y sociales que se dictan y no admiten cuestionamiento alguno desde la Casa Blanca.

Entonces, ¿qué significa para México y para España la participación de Sheinbaum en un acto promovido por Pedro Sánchez? Esta interrogante, amén de cualquier respuesta, aparece como una pregunta obligada después de los ocho años de tensiones y distanciamiento entre ambos países, pues la llegada de Andrés Manuel López Obrador al Gobierno mexicano en 2018 supuso un impasse en el largo historial de solidaridad, cofradía y hermanamiento político en la relación bilateral. Al grano: ¿ha sido esta reunión la piedra angular de un nuevo sendero diplomático?

La recomposición de una relación histórica tras ocho años de rispidez

En el terreno diplomático, las relaciones entre España y México gozan de incontables particularidades. Ahondar en ellas merecería un texto de dimensiones enciclopédicas, pues los puntos de hermandad y desencuentro son tantos —y obligan a la reflexión de las respectivas causas—. No obstante, hay dos nombres que merecen una especial mención, debido a que sus palabras y discursos rebasaron lo cultural y alcanzaron lo diplomático, lo filosófico y lo humano. Esos nombres son Carlos Fuentes y Octavio Paz. Ambos, ganadores del máximo galardón de las letras en español, es decir, el Premio Cervantes.

Tanto Fuentes como Paz profirieron sendos discursos en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Paz, en 1981; Fuentes, en 1987), que dieron una dimensión nueva al vínculo existente entre México y España hasta entonces. Grosso modo, Fuentes advirtió que México no podía renunciar a España sin perder parte de sí mismo; Paz, más crítico, veía en esa relación un espejo incómodo pero inevitable e indivisible.

"El carácter ideológico del mito de Cortés, es evidente, fue el arma de combate de un partido. Pero esas luchas pertenecen al pasado, hoy el mito pelea contra fantasmas"
Octavio Paz
En la década de los ochenta, Octavio Paz (cinco años antes de ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1990) publicó en el diario ABC una pieza titulada Hernán Cortés: exorcismo o liberación, y en ella desmenuzaba, con una profundidad sublime, el mito del primer conquistador de lo que hoy llamamos México. Una de las citas más potentes de aquella publicación es: "El carácter ideológico del mito de Cortés, es evidente, fue el arma de combate de un partido. Pero esas luchas pertenecen al pasado, hoy el mito pelea contra fantasmas. Aparte de su irrealidad, el mito es nocivo porque, en lugar de unir divide a las conciencias. Su función es contraria a la del Cid, que fue un mito fundado en un personaje histórico, no menos dudoso que Cortés. Pero en tanto que el Cid unió a los españoles, Cortés divide a los mexicanos, envenena las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos". Y el cierre es demoledor: "El odio a Cortés no es odio a España es odio a nosotros mismos".

Dos años más tarde, Carlos Fuentes (que, además de haber sido un laureado escritor y de haber dedicado buena parte de su obra literaria a ahondar en el contacto intercultural entre lo mexicano y lo español, fue diplomático), al recibir el Cervantes, sostuvo que la liga más fuerte entre "nuestra comunidad probable" es la lengua. Es decir, para él, ese puente que nos sigue uniendo y nos hace cada día más fuertes entre ambos pueblos es, sin duda alguna, la lengua castellana. Son muchas las citas inolvidables que se desprenden de tan fulgente discurso, y entre ellas destacan: "A España le concierne lo que ocurre en Hispanoamérica y en Hispanoamérica nos concierne lo que ocurre en España. Solo necesitándonos entre nosotros, el mundo nos necesitará también… Mi país le abrió los brazos a la España peregrina que en México encontró refugio para restañar las heridas de una guerra dolorosa…".

No obstante, tres décadas más tarde, es decir, en 2018, Andrés Manuel López Obrador dio un carpetazo al camino de hermandad que habían vivido España y México desde 1977 (cuando se restablecieron las relaciones, una vez que Francisco Franco había muerto). Para él, ni siquiera el estrecho hermanamiento entre ambas naciones, nacido desde la labor humanitaria que el presidente mexicano Lázaro Cárdenas tuvo con el exilio de la Segunda República española, mereció su atención. Su gobierno fue una retahíla de ataques, distanciamiento y rifirrafes hacia España. Para él, es como si obras icónicas de las identidades mexicana y española, como El espejo enterrado (de Carlos Fuentes), El naranjo o los círculos del tiempo (de Fuentes), o la enternecedora historia de Dolores y Lorenzo —el hijo de un millonario mexicano que deja sus privilegios y a su país para unirse a la causa perdida de la Segunda República de España en la guerra civil, y muere defendiendo a su amada, una miliciana republicana— en La muerte de Artemio Cruz (de Fuentes), o El laberinto de la soledad (de Paz), jamás hubieran existido.

"Hoy damos por superadas las diferencias, y abrimos una nueva etapa entre México y España"
Pedro Sánchez
Pero ahora ya todo parece haber entrado en una nueva etapa; una de recomposición en el hermanamiento histórico. Claudia Sheinbaum, durante su intervención en la cumbre de Barcelona, dijo: "No hay una crisis diplomática con España, nunca la ha habido". Ella, siguiendo su línea conciliadora, lanzó esa frase para "apagar" cualquier "fuego" que pudiera arder respecto a las tensiones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el predecesor de la primera presidenta mexicana. Por otra parte, el presidente español, con un tono lapidario, dijo: "Hoy damos por superadas las diferencias, y abrimos una nueva etapa entre México y España".

Quizá aún sea pronto para hacer vaticinio alguno acerca de esta relación. Aun así, es innegable que el gesto de ambos mandatarios sí que supone una nueva oportunidad no solo para la relación bilateral, sino para la consolidación de alianzas que formen un muro de contención ante la escalada de la ultraderecha a nivel global.

Además, Sheinbaum no se limitó a asistir a la cumbre, sino que aprovechó su paso por Barcelona para visitar el Barcelona Supercomputing Center, con el que colabora para la elaboración de una futura supercomputadora mexicana. Y lo hizo acompañada del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y la ministra Diana Morant.

Tomando en cuenta todo lo anterior, ¿estamos ante el inicio de un "idilio" en la relación? Quizá sea pronto para sostener tanto optimismo, pero, sin duda alguna, no se le puede negar la razón a Sánchez cuando dijo aquello de que las diferencias quedaron superadas. Y la asistencia de Sheinbaum a la cumbre de Barcelona lo ha demostrado.

Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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