"La forma es esencia". Esa es una antiquísima frase aristotélica que, en no pocas ocasiones, nos ayuda a comprender el intríngulis de ciertos movimientos políticos. En este caso, la forma tiene un nombre: Isabel Díaz Ayuso. Y la esencia radica en un lugar: Mar-a-Lago.
Sucede que, la semana pasada, la presidenta de la Comunidad de Madrid, en un vídeo compartido desde las redes sociales de la autonomía madrileña, lanzó varios dardos. Uno de ellos fue dirigido hacia México.
Dijo que ese país es un narcoestado (una hipótesis muy trabajada por distintos medios y algunos académicos. Sin embargo, hacer esa aseveración desde un gobierno autonómico no corresponde a las buenas formas ni a las praxis diplomáticas). También
sugirió que el Gobierno de Claudia Sheinbaum es de ultraizquierda; es decir, una pieza más en el tablero de
Cuba, Nicaragua y la
Venezuela madurista.
Y, entonces, llegó la pregunta: ¿por qué Díaz Ayuso hizo esa declaración, si, el 26 de enero —tres semanas antes del polémico vídeo—, ella misma recibió en la Real Casa de Correos, en Madrid, a Mauricio Kuri González, el gobernador del estado mexicano de Querétaro? Todavía no hay una respuesta clara. Es cierto que ambos gobiernos son locales, regionales. Ambos pertenecen a formaciones de oposición a los actuales gobiernos de España y México. También es cierto que el PAN (Partido de Acción Nacional), al que pertenece Kuri, es una organización política afín —por el ideario político, filosófico, y el perfil de los votantes y militantes— al Partido Popular. Y también es cierto que, en esa reunión, los mandatarios abordaron temas de inversión entre ambas regiones, de puentes y lazos entre la comunidad hispanomexicana y, por supuesto, de la importancia comercial que tendrá la nueva ruta aérea que conectará a Querétaro con Madrid. Pero la duda sigue en el aire.
"Ayuso insistió, como ya lo había hecho en varias ocasiones, en que Madrid recibe a todos aquellos que quieren huir de los totalitarismos latinoamericanos"
Ahora bien, las polémicas sentencias de Ayuso fueron dichas en el marco de la Hispanic Prosperity Gala:
un foro de la derecha internacional, un espacio diseñado para afianzar alianzas políticas y económicas entre sectores conservadores de distintas latitudes. ¿El sitio? Nada más y nada menos que Mar-a-Lago: el club de golf privado y residencia de Donald Trump al que solo se tiene acceso vía membresías muy costosas. Si algo vertebró el discurso de la presidenta madrileña fue l
a defensa de la libertad y la importancia de España en la herencia cultural de los países americanos, amén de comunicar que su comunidad le otorga a Estados Unidos la Medalla Internacional de Madrid
"por ser el principal faro del mundo libre". Insistió, como ya lo había hecho en varias ocasiones, en que Madrid recibe a todos aquellos que quieren huir de los totalitarismos latinoamericanos.
Y fue entonces que equiparó a México con Cuba y Venezuela, poniendo en el mismo saco a países y economías que no son, en absoluto, comparables.
Para sostener la idea anterior, basta con mostrar los siguientes datos: de acuerdo con los reportes del Fondo Monetario Internacional (FMI), México, desde hace diez años, se encuentra entre las quince economías más grandes del mundo. Actualmente está en la posición decimoquinta, pero ha llegado a estar en la decimosegunda, lo mismo que España (que, en el mismo periodo, se ha movido entre la decimocuarta y la decimotercera posición).
En contraste, Cuba, debido a la falta de transparencia y a que el gobierno cubano nunca publica datos completos o que puedan ser verificados, no ha publicado datos concluyentes sobre el PIB nominal del año pasado. Hay una discordancia entre la realidad económica proyectada por el Ministerio de Economía y Planificación de Cuba (MEP), que preveía un crecimiento de 1% para 2025 (basándose en la recuperación parcial del turismo y exportaciones), con, por ejemplo, los reportes de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), que sostienen que el país vivió una contracción de –1,1%. Peores son los datos del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC): ellos estimaron que el PIB de la isla el año pasado tuvo una contracción de –5%.
Respecto a la realidad económica venezolana, no hace falta ahondar tanto: la devastación de su economía, tras años de crisis pronunciadas y de ser uno de los casos de hiperinflación crónica más extremos del mundo, deja al país fuera de las cincuenta economías más grandes a nivel global.
Una respuesta serena de Claudia Sheinbaum
La presidenta mexicana respondió sin estridencias a los dardos de Isabel Díaz Ayuso. Tras escuchar el rugido desde Florida, se manifestó con la calma de quien sabe que el ruido no cambia la tierra que pisa.
Directamente, Claudia Sheinbaum negó los juicios hechos por la presidenta madrileña. Fue contundente y seria. Dijo que México es un país con elecciones libres, con voces diversas, con una democracia que se sostiene en la voluntad de millones de personas. No levantó la voz y, de la misma forma que ha hecho ante los ataques de Donald Trump, convirtió su serenidad en una forma de resistencia diplomática.
"Su voz calma, una que solo daba respuestas, que no respondía con ataques similares, demostró que la realidad mexicana es mucho más compleja que los eslóganes espetados en Mar-a-Lago"
Además, puso dos palabras de alto impacto sobre la mesa: "propaganda" y "calumnia". Señaló que su Gobierno no es copia de otros, que es un proyecto propio, nacido desde la historia y las heridas de México. Como no podía ser de otra manera, dio cifras alentadoras de su Gobierno y remarcó que su país es uno que intenta —aun con todas sus fallas estructurales y retos por resolver— no rendirse ante el crimen organizado. Su voz calma, una que solo daba respuestas, que no respondía con ataques similares, demostró que la realidad mexicana es mucho más compleja que los eslóganes espetados en Mar-a-Lago. Su respuesta fue la muestra de que México, aun con todas sus imperfecciones, sigue siendo un país libre y uno de los más prósperos económicamente.
Aunado a lo anterior, cabe destacar que, según el Índice de Oportunidad Global 2025, del Milken Institute, México se colocó como el cuarto país más atractivo de América Latina para la inversión extranjera. Solo están por delante Uruguay, Chile y Costa Rica. Durante el primer trimestre de 2025, México alcanzó un récord histórico en inversión extranjera directa: fueron 21,4 mil millones de dólares lo que captó el país en ese breve periodo. Y, por si fuera poco, el año pasado se consolidó como el sexto país más visitado del mundo; recibió a 45 millones de turistas (y además en 2026 será una de las sedes del mundial de fútbol de la FIFA).
Los ecos de una antigua dictadura maquillada
No obstante, la palabra dictadura, en México, sigue siendo una herida abierta. A continuación, los motivos.
Sucedió durante el encuentro cultural La experiencia de la libertad, en 1990. Octavio Paz, que había ganado el Premio Nobel de Literatura ese mismo año, organizaba aquel evento en el marco de las celebraciones de su prestigiosa revista Vuelta. Los debates fueron transmitidos por Televisa (considerada entonces como la televisora líder en producción y distribución de contenidos en español), y, cuando nadie lo esperaba, Mario Vargas Llosa lanzó la frase que abriría, durante décadas, incontables debates sobre la realidad democrática de México. Fue tan certera como incómoda: "México es la dictadura perfecta".
"Las discusiones sobre el funcionamiento de la democracia en el país continúan; prueba de ello es el 'dardo' de Ayuso dirigido al Gobierno de Claudia Sheinbaum"
Paz se molestó, y Vargas Llosa no tardó en abandonar México. Porque si las puntiagudas palabras del escritor peruano causaron tanto revuelo, fue debido a que difícilmente podían ser cuestionadas. Quizá, también, porque siempre duele que sea alguien de fuera el que vea (y denuncie) las incómodas realidades internas. A casi cuarenta años de ese evento y de haber vivido dieciocho años en la alternancia partidista, las discusiones sobre el funcionamiento de la democracia en el país continúan; prueba de ello es el dardo de Ayuso dirigido al Gobierno de Claudia Sheinbaum.
Una dictadura; y perfecta. Lo primero: la polémica frase aludía a que México llevaba gobernado por un único partido político; aunque, más que como una organización política, el antiguo PRI (Partido Revolucionario Institucional) funcionaba como un régimen, una institución inamovible, una realidad incuestionable. Lo segundo: la idea de perfección radicaba en que, a pesar de que el país estuvo gobernado desde 1929 (y hasta el año 2000) bajo un mismo partido, sí que se celebraban elecciones presidenciales cada seis años, había participación en ellas de otras formaciones, pero, curiosamente, tras cada cita en las urnas, el PRI ganaba siempre. Quedaba claro entonces que ese sistema era mucho más que el gobierno de una institución política; era, sin lugar a dudas, un régimen, nunca mejor dicho, que operaba a la perfección. No era una organización con una ideología tradicional marcada, es decir, no era de derechas ni de izquierdas: era un híbrido ideológico autoritario, institucional, y que tenía mecanismos como tentáculos que lo tocaban todo en la vida pública (y privada). Recordemos que, en su día, Emilio Azcárraga, el padre del actual propietario de Televisa, espetó: "Yo soy un soldado del PRI").
Y no fue sino hasta el año 2000 que otro partido político ganó —legítimamente— en las urnas. Era el PAN, comandado por Vicente Fox Quezada, un hombre que abanderaba al neoliberalismo en su más pura expresión. Después le siguió Felipe Calderón (del mismo partido) y luego Enrique Peña Nieto (que regresó al PRI a la silla presidencial).
Pero cuando Andrés Manuel López Obrador llegó al poder en 2018, con su partido político de reciente creación, Morena, reabrió la herida de la vuelta de otra dictadura perfecta. Es decir, una versión 2.0 del antiguo PRI que gobernó durante setenta años, aunque con distintos presidentes. La fórmula pretende ser la misma: un partido que funciona más como un sistema que como una fracción, que todo lo toca, que todo lo controla.
"En las elecciones presidenciales mexicanas de 2024, Claudia Sheinbaum ganó con más del 60% de los votos, y fue la elección de ese país con más participación de su historia en democracia"
Evidentemente, el Gobierno de Sheinbaum es una continuación del proyecto tan polémico como transformador de López Obrador, pero la sentencia de Ayuso no sentó bien al sur del río Bravo. Sobre todo, porque en las elecciones presidenciales mexicanas de 2024, Claudia Sheinbaum ganó con más del 60% de los votos, y fue la elección de ese país con más participación de su historia en democracia.
En todo caso, la pregunta sería: ¿qué está haciendo la oposición mexicana para reforzar los cimientos democráticos? Por supuesto, cabe también reflexionar sobre si Morena (el partido de Claudia Sheinbaum y de López Obrador) está funcionando de la misma manera que lo hizo el PRI durante setenta años. Por lo pronto, van solo ocho años de los gobiernos morenistas. En consecuencia, solo quedan más preguntas que respuestas. Quizá sea demasiado rápido para decir que México vive gobernado bajo una "dictadura de ultraizquierda". Quizá sea una imprudencia aseverar —sin argumento alguno— que México es un narcoestado (más cuando España lleva un par de años viviendo una meteórica presencia de cárteles latinoamericanos en sus costas y en sus ciudades).