Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

Sánchez, Sheinbaum y Carney contra los 'azotes' de Donald Trump

El 'modus operandi' de la Administración Trump ha sido y es "la amenaza contra los países que considera como "no alineados" con sus pilares: el expansionismo y la voracidad ultracapitalista". México es uno de los más afectados; lo mismo que Canadá y España. El periodista Mauricio Hdez. Cervantes cuenta cómo Claudia Sheinbaum, Mark Carney y Pedro Sánchez han convertido los embistes trumpistas en una defensa de la soberanía y la diplomacia.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 6 de febrero de 2026
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De izquierda a derecha: Mark Carney, Pedro Sánchez y Claudia Sheinbaum. | Oficina del primer ministro de Canadá y presidencias de España (Puig de la Bellacasa) y México (Eneas de Troya)
De izquierda a derecha: Mark Carney, Pedro Sánchez y Claudia Sheinbaum. | Oficina del primer ministro de Canadá y presidencias de España (Puig de la Bellacasa) y México (Eneas de Troya)
La virulencia antidiplomática con la que asumió Donald Trump su segundo mandato, sin duda, ha abierto muchos cuestionamientos sobre las fortalezas y debilidades de las democracias en Occidente. Sobre todo respecto a las debilidades.

En apenas un año al frente de la Casa Blanca, el magnate (que se convirtió en el primer presidente electo de Estados Unidos con una sentencia penal —por cargos de falsificación de registros comerciales—) alteró radicalmente el equilibrio de pesos y contrapesos globales. Dejó claro que su praxis de Estado se rige por un principio inalienable para él: la amenaza, porque "si no estás conmigo —aceptando, claro está, mis condiciones—, estás contra mí". Al final de cuentas, y de cara a sus férreos votantes, él hizo una promesa: hacer grande a América (solo a Estados Unidos) nuevamente. Y, territorialmente, está abocado a ello. Solo que dentro de todo el discurso institucional de Washington hay una enorme contradicción: si bien —desde hace décadas— el intervencionismo de ese país se justifica en "llevar la democracia a las naciones que no gozan de ella", el modus operandi de Trump no ha sido otra cosa que una oda a la antidemocracia.

"El presidente estadounidense ha demostrado que, con tal de lograr sus objetivos expansionistas e injerencistas, es capaz de, literalmente, cruzar cualquier frontera"
El derrocamiento del régimen madurista y la bravuconería con la que Trump ha insistido en hacerse con Groenlandia han marcado la pauta con la que se mueve la actual Administración de cara al exterior. Pero, por supuesto, esos no han sido los únicos casos en los que el presidente estadounidense ha demostrado que, con tal de lograr sus objetivos expansionistas e injerencistas, es capaz de, literalmente, cruzar cualquier frontera. México, Canadá y España han sufrido también los embistes del líder del movimiento MAGA.


En tan solo un año, Claudia Sheinbaum ha aprendido a lidiar con un vecino que ha roto con el statu quo diplomático; uno que amenaza, sin reparo alguno, con intervenir militarmente en su país. Desde diciembre, Trump ha insistido en que no tiene problema alguno en desplegar a sus comandos y tropas en territorio mexicano. ¿El argumento? "Capturar a los narcotraficantes". Como si los narcotraficantes fueran unos burdos hampones caricaturizados y extraídos de las ficciones de Netflix. Como si el concepto de soberanía fuese algo absolutamente ajeno y prescindible para la actual Administración estadounidense. Pero ella ha respondido a toda declaración al respecto con: "México siempre va a ser un país libre, independiente y soberano". Es decir, palabras tan breves como precisas que funcionan como un muro invisible contra las bravatas del vecino del norte.

Pero no es el único país azotado por la soberbia trumpista. Canadá también la ha sufrido. Al mismo tiempo que amenazaba a su vecino del sur, Donald Trump difundía en sus redes sociales imágenes creadas con inteligencia artificial en las que Canadá aparece como el estado número 51 de Estados Unidos. Una insinuación (o amenaza) de que con esa presunta anexión sucede lo mismo que con Groenlandia: es únicamente cuestión de tiempo. Ante tal agravio diplomático, Mark Carney, en un discurso de enaltecimiento de identidad nacional, replicó: "Canadá prospera porque somos canadienses", insistiendo en que la soberanía no se negocia ni se cuestiona con dibujos digitales.

"Pedro Sánchez ha calificado de injustas las afirmaciones de Donald Trump y ha insistido en que él, personalmente, puede explicarle encantado las cifras del gasto militar español"
El tercer caso es España. Pedro Sánchez ha sido amenazado con aranceles que van del 25% al 30% en productos clave para el comercio internacional. Y ha sido desdeñado por Trump: su exclusión en ciertos foros internacionales es una declaración silenciosa que no necesita explicaciones. Aun así, el presidente del Gobierno español se ha mantenido firme, calificándolas de injustificadas e insistiendo en que él, personalmente, puede explicarle encantado las cifras del gasto militar español. Jamás ha respondido con una virulencia recíproca y ha sostenido el compromiso de España con la Alianza Atlántica.


Este relato se ha armado como una crónica de embistes y respuestas: Trump amenaza, castiga y excluye; Sheinbaum, Carney y Pedro Sánchez responden con calma calculada, con gestos pequeños que en otro contexto pasarían desapercibidos, pero que, en el tablero geopolítico, han adquirido el significado de la resistencia. Sheinbaum convierte las amenazas en actos de reafirmación nacional. Carney traduce las fantasías trumpistas de anexión en un discurso de defensa de la soberanía. Y Sánchez convierte los castigos arancelarios en una defensa del libre comercio. Se trata de tres geografías distintas, pero de un mismo pulso narrativo: demostrar que frente a Estados Unidos, la soberanía no es un lujo sino la única manera de existir en el convulso mundo de hoy.

Los tres azotes contra México: Cuba, la inmigración descontrolada y la crisis de seguridad

México es el principal socio comercial de Estados Unidos. Lo es por encima de China y de la Unión Europea. La frontera que divide México y Estados Unidos es la línea geopolítica más transitada del mundo (más de un millón de personas la cruzan legalmente cada día), y es la que mueve mayor volumen de dinero (se estima que, a diario, circulan más de 2.200 millones de dólares en ese paso fronterizo). El comercio bilateral entre ambos batió récord en 2025: 802 mil millones de dólares. Pocas líneas en el mundo son tan intensas, comercial, diplomática y socialmente hablando.

Pero, a Donald Trump, esa realidad parece importarle menos que a su vecino del sur. Prueba de ello son los tres "azotes" que ha lanzado contra México.

El primer azote: Cuba. Tomando en cuenta la realidad antes mencionada, a Trump no le tiembla la voz para lanzar amenazas arancelarias, como si fueran un látigo inmisericorde. El mes pasado, amenazó con gravar al 100% a los países que "se atrevieran" a venderle petróleo a Cuba. En respuesta a esa declaración, desde Tijuana, Claudia Sheinbaum respondió con la calma de quien sabe que el ruido es parte del espectáculo: pidió conocer los aranceles del decreto y, sobre todo, advirtió que semejante medida "desencadenaría una crisis humanitaria en Cuba", donde el mayor impacto se sentiría en los hospitales de ese país. Los episodios históricos, cuando no se resuelven, se dice popularmente, tienden a repetirse: este episodio solo es un eco de lo que sucedió en 1960, cuando Estados Unidos impuso, en medio de la Guerra Fría, el histórico embargo económico a la isla. Entonces, como ahora, México se negó a cumplirlo.

"Uno de los primeros embistes de Trump contra Sheinbaum fue, precisamente, la acusación de que el Gobierno mexicano era cómplice de los flujos migratorios desbordados"
El segundo azote: la inmigración descontrolada. Las crisis humanitarias, especialmente las que tienen origen en Centroamérica, que generan los grandes flujos humanos que tienen como destino Estados Unidos, han sido desde hace décadas uno de los temas más candentes en la agenda bilateral entre Washington y la Ciudad de México. Y, en un contexto de tensión diplomática como el que se vive actualmente, este siempre será un arma para presionar a México. Uno de los primeros embistes de Trump contra Sheinbaum fue, precisamente, la acusación de que el Gobierno mexicano era cómplice de los flujos desbordados. ¿Qué respondió al respecto la presidenta? "No vamos a estar de acuerdo con la criminalización de migrantes". Lo dijo con un barniz de ironía, uno que convierte la obviedad en una forma de resistencia. ¿Por qué criminalizar a quienes huyen del hambre y de la violencia?, se preguntó. Además, señaló que la única vía para resolver de forma integral ese tema tan complejo es la de la cooperación para el desarrollo conjunto. Recordó que las políticas sociales mexicanas ya mostraban cifras optimistas respecto a la reducción de la presión migratoria, mientras que los discursos de Donald Trump seguían fabricando enemigos imaginarios.


El tercero de los azotes: el narcotráfico como comodín para vulnerar la soberanía. Este quizá sea el capítulo más áspero entre ambas administraciones. Las amenazas arancelarias sirven para presionar, y funcionan bajo plazos que nunca terminan de cumplirse. Pero esto, la movilización de tropas y convoyes de guerra más allá de las fronteras, no es un tema menor. Como venimos señalando constantemente en este medio, el narcotráfico es solo una de las veintidós actividades ilegales con las que el crimen organizado internacional se financia. Es decir, el hampa global no tiene patria. Y aunque, efectivamente, hay clanes y cárteles que nacen y operan en algunos países específicamente, el dinero que mueven y sus conexiones se encuentran por todo el mundo, incluido Estados Unidos. Dicho de otra manera, sostener que una intervención militar desde Estados Unidos hacia México resolverá el problema "del narcotráfico", es absolutamente injustificable. Sin embargo, los latigazos de Trump no han cesado.

Ante cada uno de ellos, Claudia Sheinbaum ha respondido con contundencia: "México siempre va a ser un país libre, independiente y soberano". Y no lo dijo emulando metáfora alguna; lo sostuvo con determinación: la dignidad de un país no se negocia, aunque exista la cooperación. No se conocen muchos detalles de las conversaciones que han sostenido el mandatario estadounidense con la presidenta mexicana, pero, pese a la tensión, se sabe que las relaciones y la cooperación se mantienen. Hay muchos intereses económicos de por medio. Se sabe que trataron temas de comercio y de seguridad, pero, como ha afirmado Sheinbaum en sus conferencias matutinas, la soberanía de su país es prioritaria y no es moneda de cambio en un juego de intereses.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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