

La ciudad de Barcelona se ha convertido esta semana en el epicentro del debate político, económico e institucional del continente europeo. Fuera de los tradicionales pasillos del poder en Bruselas, París o Berlín, la capital catalana ha sido el escenario elegido para acoger una cumbre trascendental donde analistas internacionales, jefes de gobierno, comisarios de la UE y líderes empresariales se han congregado para abordar una realidad cada vez más incómoda para los defensores del orden internacional tradicional.
El marco de este encuentro sin precedentes es el European Pulse Forum 2026, una ambiciosa iniciativa impulsada conjuntamente por el medio de comunicación global POLITICO y la firma de incidencia pública beBartlet que dirigen Adrian Jofre y Nacho Corredor. Celebrado en las instalaciones del CosmoCaixa, este foro ha nacido con un enfoque disruptivo: utilizar los datos de la opinión pública europea como brújula para estructurar los debates al más alto nivel sobre seguridad, energía, movilidad y competitividad. Y ha sido precisamente el último sondeo de POLITICO Pulse el que ha provocado un auténtico seísmo en las sesiones, obligando a replantear las bases de la estrategia del Viejo Continente.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el 'European Pulse Forum 2026'. Foto: POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
La premisa central que ha dominado las mesas redondas y las discusiones a puerta cerrada en el marco del European Pulse Forum es tan clara como preocupante. Según los datos de la macroencuesta elaborada por Cluster17, los ciudadanos de seis de los principales países de la Unión Europea han modificado drásticamente su percepción del riesgo global. Por primera vez en la historia reciente, una mayoría significativa de la opinión pública europea considera que EE. UU. representa una amenaza mayor para su estabilidad a corto plazo que China.
"Los europeos están perdiendo la fe en el histórico «paraguas de seguridad» estadounidense, y esta desconfianza está permeando todas las áreas de la política europea"Aunque Rusia sigue ocupando indiscutiblemente el primer puesto como la amenaza existencial y militar más inminente —especialmente tras la inestabilidad crónica en el frente oriental—, el ascenso de Washington al segundo lugar en este índice de percepción de riesgo ha generado gran preocupación. Los expertos congregados por POLITICO y beBartlet han subrayado que no es una tendencia pasajera ni una moda. En este sentido, debe hablarse de un cambio de paradigma y de las raíces del vínculo atlántico. Los europeos están perdiendo la fe en el histórico "paraguas de seguridad" estadounidense, y esta desconfianza está permeando todas las áreas de la política europea.
El encuentro ha logrado reunir a quienes realmente tienen la capacidad de ejecutar este cambio de rumbo. Durante las dos jornadas del 9 y 10 de abril, el foro ha acogido a voces de primera línea.
Esta primera edición ha sido inaugurada con potentes reflexiones sobre el proyecto europeo, contando con la presencia de figuras históricas como la exministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio y altos representantes actuales. Entre los ponentes más destacados que se han dado cita para debatir las consecuencias de este sondeo y el futuro del bloque se encuentran Teresa Ribera (vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva), Stéphane Séjourné (vicepresidente ejecutivo de la Comisión para la Prosperidad y la Estrategia Industrial), así como líderes de la política nacional y regional como el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo; el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa; y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
Con este cartel las discusiones sobre geopolítica se han entrelazado inmediatamente con los retos tangibles del continente: desde la transición hacia vehículos autónomos hasta la necesidad imperiosa de una reindustrialización que blinde a Europa frente a coacciones externas.
El líder de la oposición y presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el 'European Pulse Forum 2026'. Foto: POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
Durante las sesiones, los ponentes han desgranado los factores que han conducido a esta fractura transatlántica revelada por las encuestas, apuntando directamente a las políticas recientes de la Casa Blanca. El punto de inflexión, según han coincidido múltiples analistas económicos y líderes empresariales presentes, se encuentra en la escalada de coerción económica ejercida por Washington contra sus propios aliados occidentales.
"Esta militarización del comercio ha calado en la psique del ciudadano europeo, que ahora ve en las decisiones de Washington una fuente de inestabilidad directa"Los datos reflejan un enfado mayúsculo derivado de la imposición de aranceles punitivos a productos europeos, una medida que la ciudadanía ha percibido como un castigo político. La chispa que encendió este fuego arancelario fue la negativa de los países de la UE a respaldar el controvertido plan de EE. UU. para adquirir o anexionarse Groenlandia. En los debates del foro, diplomáticos y estrategas han expresado su estupefacción ante el hecho de que un aliado histórico utilice la asfixia económica como represalia territorial. Esta militarización del comercio ha calado en la psique del ciudadano europeo, que ahora ve en las decisiones de Washington una fuente de inestabilidad directa.
Sin embargo, el aspecto que más ha tensado los nervios en las conferencias sobre seguridad y defensa del European Pulse Forum 2026 ha sido la dimensión puramente militar. Las tendencias de la opinión pública están estrechamente vinculadas al pánico generado por las recientes declaraciones de la diplomacia estadounidense. La sugerencia por parte de figuras clave en Washington de que EE. UU. podría "revisar su necesidad de pertenecer a la OTAN" una vez resueltos sus intereses en Oriente Medio ha sido el elefante en la habitación.
"La prosperidad industrial y la transición ecológica que defiende Europa son imposibles si la arquitectura de seguridad continental pende del hilo de los caprichos electorales al otro lado del océano"La ciudadanía europea rechaza frontalmente la presión para verse arrastrada a conflictos en Oriente Medio que no responden a los intereses estratégicos vitales del continente. Para el europeo de a pie, la actual política exterior estadounidense es percibida como una fuerza errática que amenaza con involucrar a Europa en guerras lejanas, condicionando al mismo tiempo su compromiso de defensa mutua. Como señalaron varios líderes durante la primera jornada, la prosperidad industrial y la transición ecológica que defiende Europa son imposibles si la arquitectura de seguridad continental pende del hilo de los caprichos electorales al otro lado del océano.
Jamil Anderlini, director regional de 'POLITICO' Europe, en la inauguración del encuentro. Foto: POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
Las comparaciones con China han protagonizado muchas conversaciones. ¿Cómo es posible que la población europea tema más a EE. UU. que al gigante asiático? La respuesta analizada en el foro reside en la inmediatez y la imprevisibilidad del riesgo.
Mientras que China es percibida como un desafío a largo plazo, un competidor económico formidable y un rival en el ámbito de los valores democráticos (un tema clave abordado por la Comisión para la Prosperidad y la Estrategia Industrial), su amenaza no se siente como inminente en el día a día. Pekín no amenaza con desmantelar la OTAN mañana, ni interfiere de manera tan condicionante en la política de defensa continental. En marcado contraste, los bandazos políticos de Washington y sus represalias comerciales generan una ansiedad inmediata en los mercados. La inmensa vulnerabilidad de Europa ante las decisiones unilaterales de su principal aliado ha quedado crudamente expuesta.
De izquierda a derecha: Jaume Collboni, Adrian Jofre Bosch, Pedro Sánchez, Jamil Anderlini y Nacho Corredor. Foto: POLITICO / Tsun Ho y Rocío Curia
Ante este panorama desafiante, el European Pulse Forum 2026, lejos de ser un espacio donde encontrar lamentaciones comunes, ha funcionado como un laboratorio de ideas, impulsado por POLITICO y beBartlet, para trazar el futuro del continente. A lo largo de las dos jornadas, ha ido tomando forma lo que muchos ya bautizan como el "Consenso de Barcelona".
"Europa no puede seguir externalizando su seguridad ni depender de cadenas de suministro vulnerables a chantajes geopolíticos"Este concepto emergente aboga por acelerar drásticamente la "autonomía estratégica europea". En las conclusiones que se extraen de este foro, queda claro que Europa no puede seguir externalizando su seguridad ni depender de cadenas de suministro vulnerables a chantajes geopolíticos. El Consenso de Barcelona exige la creación de una arquitectura de defensa europea fortalecida, el impulso sin precedentes a la industria tecnológica y energética propia y el desarrollo de una política exterior proactiva y cohesionada.
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