Es muy difícil entrar en el debate sobre si España debería apostar por el reforzamiento del pilar europeo de la OTAN o, en cambio, debería defender la creación de una defensa europea autónoma. Mi primera reacción como europeísta, y además he reflexionado sobre esto, sería apostar por decir que España debería impulsar un ejército europeo de la defensa. Ya solo falta que el presidente de los Estados Unidos afirme, como hizo el pasado viernes, que "ve bien retirar las bases de España y otros países de la OTAN que no colaboren en la seguridad de Ormuz" y entonces ya me queda aún más claro que la apuesta europea debe ser un modelo propio de defensa.
Recientemente me decía Josep Borrell que, en relación a la defensa europea, "si seguimos como hasta ahora, con una mezcla cada vez menos homogénea de países cada vez más distintos, será muy difícil hacer lo que todavía no hemos decidido hacer. Somos los que somos para hacer lo que hoy hacemos. La pregunta es si debemos seguir siendo exactamente los mismos para hacer lo que todavía no hemos decidido hacer". Una reflexión dura pero realista sobre lo que puede hacer la Unión Europea en materia de defensa.
"Hablar con un 'insider' de la política implica acceder a la lógica interna del poder, a sus matices, límites y contradicciones; aporta complejidad y revela los costes reales de cada decisión"
Este viernes, en el microespacio que organizó Agenda Pública sobre la industria de la defensa, tuve la ocasión de conversar con un insider de la OTAN, Javier Colomina. Se trata del español que tiene el cargo más alto en la alianza atlántica. Y uno se da cuenta de que hablar con un
insider de la política no es lo mismo que tener una opinión sobre un tema: lo primero implica acceder a la lógica interna del poder, a sus matices, límites y contradicciones, muchas veces invisibles en el debate público; el
insider aporta complejidad y revela los costes reales de cada decisión.
Siguen unas reflexiones sobre mis conversaciones con Javier Colomina en un escenario de seguridad global en el que Europa se enfrenta al entorno estratégico más difícil y complejo de las últimas décadas. Colomina, vicesecretario general adjunto de la OTAN y representante especial para la Vecindad Sur, afirma que los retos securitarios han alcanzado un nivel de simultaneidad sin precedentes: desde la guerra de invasión de Rusia en Ucrania y el conflicto en Gaza, hasta la inestabilidad en el Sahel, las amenazas híbridas de China y el impacto del cambio climático.
Ante este panorama,
la pregunta sobre si Europa debe potenciar su papel dentro de la OTAN o buscar una defensa propia no es solo retórica, sino una cuestión de supervivencia estratégica.
El fin del letargo y la dependencia norteamericana
Europa ha vivido un letargo estratégico del que ha sido despertada bruscamente. La realidad es que existe una dependencia estratégica de Estados Unidos que no es solo militar, sino también económica, comercial y política. Esta vulnerabilidad se manifiesta con crudeza en el conflicto ucraniano: el 90% de los misiles que utiliza Ucrania para defenderse provienen de suministros estadounidenses. No es una cuestión de falta de voluntad europea para comprar, sino de que los europeos simplemente no disponen de ese armamento en sus inventarios.
"La llegada de mensajes disruptivos desde Washington en los últimos años ha obligado a las cancillerías europeas a moverse a un ritmo que no es el suyo"
Esta situación ha puesto de relieve una "realidad muy tozuda" sobre el marco transatlántico. La llegada de mensajes disruptivos desde Washington en los últimos años ha obligado a las cancillerías europeas a moverse a un ritmo que no es el suyo, aceptando que la seguridad es demasiado importante como para no reaccionar.
El modelo de la OTAN frente a la alternativa europea
Para Javier Colomina, la respuesta al dilema entre la seguridad atlántica y la europea es nítida: la relación transatlántica constituye el marco fundamental que ha permitido a las sociedades europeas prosperar durante los últimos 76 años. Aunque la colaboración con Estados Unidos pueda resultar difícil o "cara" bajo determinadas administraciones, Colomina sostiene que trabajar en una alternativa es infinitamente más costoso y complejo.
El mantenimiento de este vínculo exige compromisos políticos de gran calado, como la decisión histórica alcanzada en la cumbre de La Haya en junio de 2025, donde se acordó que todos los aliados deben invertir un 5% en defensa. Dentro de esta cifra, el 3,5% se destina directamente a temas militares, mientras que el 1,5% restante se enfoca en otras áreas prioritarias. Colomina advierte que el coste de la autonomía total sería inasumible; si Europa decidiera operar fuera del marco de la OTAN, el gasto necesario para garantizar su seguridad podría dispararse fácilmente hasta el 6% o 7% del PIB.
"Si Europa decidiera operar fuera del marco de la OTAN, el gasto necesario para garantizar su seguridad podría dispararse fácilmente hasta el 6% o 7% del PIB"
La presencia física de Estados Unidos sigue siendo un pilar esencial para la estabilidad del continente, con el mantenimiento de 80.000 soldados en territorio europeo y bases militares compartidas en países clave, incluyendo dos en España. Sin el respaldo norteamericano, Europa se vería obligada a liderar debates que actualmente prefiere evitar por su extrema dificultad, como el liderazgo de la defensa nuclear.
Un alejamiento del marco transatlántico abriría un escenario nuclear muy complicado entre los socios europeos. Actualmente, la potencia nuclear de Estados Unidos evita riesgos de proliferación interna; sin ella, surgirían dilemas sobre si multiplicar la potencia nuclear propia o si países como Alemania, Italia o España deberían iniciar sus propios planes de proliferación, guardados desde hace décadas. Por ello, Colomina concluye que la mejor opción para Europa es el burden shifting: lograr una mayor autonomía y capacidad industrial, pero siempre dentro de la certidumbre que ofrece el marco transatlántico.
Prioridades estratégicas: De La Haya a Ankara
La hoja de ruta estratégica de la Alianza, trazada desde la cumbre de La Haya en junio de 2025 hasta la próxima cita en Ankara en julio de 2026, establece prioridades nítidas que Europa debe asumir con determinación si aspira a consolidarse como un socio relevante en el tablero global. En primer lugar, resulta imperativo implementar de manera efectiva el compromiso de inversión en defensa del 5%, una decisión política ya tomada que ahora requiere una ejecución rigurosa por parte de todos los aliados.
"Resulta imperativo implementar de manera efectiva el compromiso de inversión en defensa del 5%"
Esta movilización de recursos debe trasladarse directamente a la industria de defensa para convertir ese músculo financiero en equipamiento militar real y tangible, un área crítica donde se espera una acción mucho más decidida y sustancial por parte de la Unión Europea para transformar el capital en capacidades operativas.
De forma paralela, el apoyo a Ucrania se mantiene como una prioridad absoluta mientras el conflicto persista, lo que exige dar continuidad a la misión de coordinación del entrenamiento y asegurar la entrega constante de armamento esencial para su defensa. Finalmente, la agenda de la Alianza otorga una relevancia estratégica creciente a la denominada Dimensión Sur, enfocada en atender la inestabilidad en el Sahel, los conflictos en Oriente Medio y la seguridad general en la cuenca del Mediterráneo, aspectos que Javier Colomina identifica como fundamentales para la estabilidad de países como España y que marcarán el tono de la próxima cumbre en Turquía.
El reto industrial y la soberanía nacional
El problema fundamental de la defensa europea no es solo la falta de dinero, sino su fragmentación. Mientras Europa siga pensando en su industria de defensa como un tema puramente nacional vinculado a intereses electorales o de empleo local, no podrá cerrar la brecha con las grandes industrias globales.
"Mientras Europa siga pensando en su industria de defensa como un tema puramente nacional vinculado a intereses electorales o de empleo local, no podrá cerrar la brecha con las grandes industrias globales"
Actualmente, el 80% de lo que compra Europa se adquiere fuera del continente (incluyendo Estados Unidos, Reino Unido o Turquía). Para revertir esto, es necesario un "cambio en el proceso de toma de decisiones" y una reflexión profunda sobre los espacios de soberanía nacional que los Estados aún no han delegado en la Comisión Europea, específicamente en política exterior y defensa. Sin una concesión en la gobernanza, la industria europea difícilmente podrá competir con el mercado unitario norteamericano.
La visión de Javier Colomina sugiere que el camino para Europa no es la independencia, sino una autonomía reforzada dentro del marco transatlántico.
Europa debe despertar de su letargo y asumir el burden shifting (el reparto de cargas), incrementando sus capacidades y su producción industrial, pero siempre bajo el paraguas de la Alianza. La seguridad es una realidad cruda: si Europa no es capaz de dar respuesta al momento estratégico actual, seguirá dependiendo de otros actores —ya sea Estados Unidos, Rusia o China— para definir su destino.