El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia llega a su fin. Todas las reformas e inversiones incluidas en él deben estar terminadas el 30 de junio de 2026 y el último desembolso ha de presentarse antes de diciembre. Son los plazos fijados desde el inicio y no cambiarán. La mayoría de los proyectos financiados con los fondos Next Generation
han de estar finalizados en junio y la aplicación de los hitos
concluye el 31 de agosto, por lo que las empresas y administraciones deben acelerar al máximo para cerrar las inversiones en plazo.
Nos jugamos mucho y queda camino por recorrer: proyectos por ejecutar, obras por finalizar y resoluciones por publicar.
Finaliza un periodo excepcional. Desde la aprobación del Plan en 2021, España ha vivido una situación extraordinaria, caracterizada por una disponibilidad inédita de fondos para invertir y desplegar políticas públicas, no solo en infraestructuras de transporte, donde tradicionalmente se han concentrado los fondos europeos. La UE ha puesto a disposición de España 80.000 millones de euros en transferencias y una cantidad equivalente en préstamos, si bien el volumen de créditos finalmente ejecutados rondará los 22.000 millones.
"Los cinco años con los que han contado las diferentes administraciones para diseñar y desplegar los fondos han forzado una aceleración sin precedentes"
Además de la magnitud, la velocidad de ejecución ha sido otro rasgo distintivo de este periodo. Los cinco años, en el mejor de los casos, con los que han contado las diferentes administraciones para diseñar y desplegar los fondos han forzado una aceleración sin precedentes en los ritmos habituales de funcionamiento del sector público.
Los matices del final de los Next Generation
El Plan se acaba, pero con matices relevantes que a menudo pasan desapercibidos. Las 112 reformas y 101 inversiones articuladas en 412 hitos y objetivos se diseñaron para incrementar el potencial de crecimiento de la economía. Por tanto, los efectos del esfuerzo realizado se notarán en los próximos años en forma de mayor crecimiento y de una economía más diversificada.
Además, un número significativo de hitos, especialmente vinculados a los grandes proyectos energéticos e industriales, exige que los fondos estén concedidos el 31 de agosto a las empresas beneficiarias, pero no que los proyectos estén finalizados. Lo mismo ocurre con los recursos canalizados a través de los diferentes instrumentos financieros del tramo de préstamos: deben estar comprometidos en su totalidad al destinatario final o a fondos intermedios, pero no ejecutados en su totalidad. Esto implica que, en los próximos años, y especialmente en 2027 y 2028, continuará la ejecución de un volumen muy relevante de proyectos financiados con el Next Generation, lo que prolongará su impacto sobre el crecimiento y el empleo.
"El objetivo explícito del fondo soberano España Crece es mantener el impulso de los Next Generation y consolidar el actual crecimiento económico"
A ello se suma que el Gobierno ha creado el fondo España Crece con una dotación de 13.300 millones de euros, "de los que 10.500 millones son préstamos del Plan de Recuperación". Su objetivo explícito es mantener el impulso de los Next Generation y consolidar el actual
crecimiento económico. El hito definido con la Comisión obliga a
inyectar 3.637 millones de euros adicionales de fondos europeos al ICO y 2.800 millones en transferencias para apoyar inversiones mediante avales, instrumentos financieros híbridos y otras fórmulas que combinen subvención y préstamo para mejorar su atractivo e impacto.
La necesidad de evitar la travesía del desierto
Los Next Generation seguirán impulsando la inversión en los próximos años, pero
el final del Plan en agosto de 2026 es un punto de inflexión en la disponibilidad de recursos para aplicar políticas públicas con el alto nivel de ambición de los últimos años. Los fondos MRR se han concentrado en un 39% en la transición verde y en un 28%
en la digital, pero
se han desplegado en sectores económicos que no reciben habitualmente inversiones con vocación transformadora y poco acostumbrados a recibir una atención pública tan intensa. Una de sus prioridades ha sido la innovación y la I+D que, de acuerdo con el análisis de la Fundación Cotec, ha concentrado el 37% de los recursos. Este ha sido uno de los factores que
ha permitido que España reinicie su convergencia con la UE en I+D tras la drástica caída de la inversión durante la crisis financiera de la pasada década.
"El final del Plan puede poner en riesgo esa senda de convergencia en I+D e inversión pública con Europa, así como otras muchas misiones"
Sin medidas adicionales, el final del Plan puede poner en riesgo esa senda de convergencia en I+D e inversión pública con Europa, así como otras muchas misiones de país incluidas en el Plan: el refuerzo del autoconsumo energético, la potenciación de la formación profesional, la digitalización del tejido económico y el tercer sector, la consolidación de una reindustrialización descarbonizada o la apuesta por la medicina personalizada, entre otros muchos.
El primer riesgo es centrarse en reducir el déficit y la deuda pública a costa de no recuperar la inversión y concentrarla en los sectores tradicionales como las grandes infraestructuras de transporte o las ayudas a la automoción. La inercia y la presión para drenar fondos serán intensas y la capacidad política para resistir la presión, menor en el tramo final de la legislatura. El segundo riesgo es que el incremento del gasto en defensa se concentre en crear campeones nacionales sin abordar el reto de fondo: ensanchar el sector y convertir las políticas de innovación y contratación en seguridad y defensa en mecanismos de creación de capacidades tecnológicas e industriales, que acaben por mejorar la calidad de vida del conjunto de la población.
La clave está en abrir un modelo hoy concentrado y cerrado a la innovación del resto del tejido innovador ya existente y fomentar el que pueda surgir. Existen iniciativas en marcha, pero el margen de mejora continúa siendo amplio.
Sin embargo, no es solo una cuestión de recursos. Los fondos MRR han activado múltiples iniciativas novedosas que han generado dinámicas transformadoras en distintos ecosistemas productivos y territoriales. Los próximos años son claves para no desaprovechar el esfuerzo realizado y dar continuidad a las grandes y pequeñas transformaciones iniciadas al rebufo del Plan. Las administraciones deben seguir acompañando estos procesos, mantener el compromiso y tejer alianzas con otros niveles administrativos y con el sector privado para sacar el máximo partido a las inversiones realizadas.
Lo que queda por hacer no es el business as usual. Las administraciones, además, llegan exhaustas tras la ejecución del Plan y centradas en los exigentes procesos de verificación del gasto.
Precisamente por eso, es necesario definir una estrategia clara en cada una de las verticales incluidas en el Plan. La ausencia de presupuestos y el contexto político no ayudan, pero es necesario darle continuidad al impulso del Plan por otras vías e identificar y consolidar los aprendizajes, que no son pocos.