Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

Trump y el negocio del poder: 1.400 millones de dólares de beneficio

En un crudo editorial, 'The New York Times' acusó al presidente estadounidense de haberse enriquecido descomunalmente vía prácticas corruptas. El rotativo habla de, por lo menos, 1.400 millones de dólares. Pero no es el único medio que denuncia a Trump por utilizar el poder como plataforma para enriquecerse. En ese contexto, el periodista Mauricio Hdez. Cervantes, cuenta cómo las calles neoyorquinas, de Mineápolis y de Los Ángeles se han convertido en el epicentro de la resistencia al movimiento MAGA.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 29 de enero de 2026
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El presidente Donald Trump habla a la prensa antes de subir a bordo del Air Force One | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente Donald Trump habla a la prensa antes de subir a bordo del Air Force One | Casa Blanca / Daniel Torok
Donald Trump fue rico desde siempre: heredó emporios y fortunas, quebró empresas y levantó torres homónimas como si fuesen monumentos. Pero lo que ha expuesto recientemente The New York Times es otra cosa: no se trata de millones heredados o de ostentación aprendida, sino la desmesura convertida en billones por un magnate que transformó a la Casa Blanca en una caja registradora personal. El editorial del rotativo neoyorquino habla de, por lo menos, 1.400 millones de dólares ganados en un año. Y lo que está detrás de esa cifra no es ingenio empresarial ni azar del mercado: es, sencillamente, el uso del poder público como negocio privado, es —como así lo llamarían en otras latitudes— corrupción, y, sobre todo, es la confirmación de que Trump no gobierna un país, sino que administra una "franquicia".

El punto es que el texto que publicó el consejo editorial del diario antes mencionado no escatimó en crudeza; fue directo a la yugular y lo tituló: "How Trump Has Pocketed $1,408,500,000" (cómo Trump se ha embolsado 1.408.500.000 dólares). De acuerdo con esta investigación, buena parte de esas ganancias tienen un origen en criptomonedas vinculadas a su familia (aproximadamente 867 millones de dólares), además de proyectos internacionales (cifrados en algo cercano a los veintitrés millones), acuerdos mediáticos como el documental dedicado a Melania Trump (veintiocho millones), así como un jet de lujo financiado por Qatar (estimado en cuatrocientos millones). Cabe destacar que el Times subraya que esos números no son otra cosa que una estimación, pues muchas de esas operaciones permanecen ocultas, y, como así lo sostienen: "se trata de una explotación de la presidencia sin precedentes".

"Mientras las familias estadounidenses sufren cada día por un alza de precios desmesurada, además de recortes en sectores esenciales como el sanitario, la familia Trump gana fortunas"
A esta denuncia se han sumado otras investigaciones. Organizaciones y medios digitales como
Common Dreams tampoco han escatimado en dureza contra el actual Gobierno: en septiembre del año pasado, denunciaron que mientras las familias estadounidenses sufren cada día por un alza de precios desmesurada, además de recortes en sectores esenciales como el sanitario, la familia Trump ganaba fortunas. Siguiendo la misma línea, el periodista Jake Johnson denunció que añadieron cinco mil millones de dólares a la fortuna familiar gracias a una criptomoneda llamada World Liberty Financial (WLFI). Al respecto, organizaciones como Public Citizen han tildado a esta Administración de la más corrupta en toda la historia presidencial de ese país. Y, aunado a eso, Nicholas Kristof, columnista en The New York Times, sostuvo en una pieza de opinión, en septiembre de 2025, que lejos de "drenar el pantano", como así lo había prometido Donald Trump durante su campaña, hoy, gracias a él, el problema se ha agravado y lo ha convertido en "el pantano más fétido" de la política estadounidense. En pocas palabras, la denuncia y la crítica no son que Trump sea rico, sino que ahora lo es (y aún más) a costa de la institucionalidad. 

¿Cómo están respondiendo Nueva York y Los Ángeles a las operaciones del ICE?

La dureza del editorial ha hecho mucho ruido, pero los gritos de indignación nacen en las calles. Son voces que surgen desde Nueva York, Mineápolis y Los Ángeles. 

A principios de este año, miles de personas se lanzaron a la famosa Quinta Avenida de Manhattan, para manifestarse contra la crudeza de las políticas migratorias, además del enriquecimiento ilícito que tanto ha señalado el Times. En Mineápolis, los sindicatos y las organizaciones comunitarias convocaron recientemente a un paro económico bajo el lema "ICE OUT!". El asesinato de Renée Good, una estadounidense de 37 años a la que un agente de ICE le disparó tres veces mientras ella iba en su coche, convirtió a esa ciudad en el epicentro de la resistencia contra la que está considerada como la administración más polémica de Estados Unidos. Y la indignación no se ha limitado a los caracteres de las piezas periodísticas, también se ha hecho presente en las calles, donde miles de estadounidenses han dicho basta a la corrupción institucional y a los escándalos gubernamentales que se convierten en algo cada vez más cotidiano y común. 

"Dentro de la política interna de ese país, la injustificada violencia de los agentes del ICE ha despertado la rabia y la indignación en buena parte de los estadounidenses"
Porque mientras que los indignados neoyorquinos apuestan por la pancarta y el megáfono, los ciudadanos de Mineápolis se han decantado por el silencio. El paro económico organizado en esa urbe el 23 de enero causó el cierre masivo de restaurantes, oficinas, librerías, museos y cafeterías y tantos otros negocios. ¿El motivo? La inmisericordia de las actuaciones de la policía federal para efectuar las deportaciones masivas de la operación
Metro Surge. Si bien el tema migratorio es uno de los puntos calientes, y de los temas con más retos, dentro de la política interna de ese país, la injustificada violencia de los agentes del ICE ha despertado la rabia y la indignación en buena parte de los estadounidenses. 

Precisamente, sobre indignación y rabia, en Los Ángeles lo saben bien. Allí, la protesta contra Trump se parece más a un mural que se mueve: las avenidas se llenan de cuerpos que avanzan como brochazos y pancartas que se mezclan en inglés y español. Las consignas suenan a mantras: "fuera ICE, aquí no cabes", "undocumented, unafraid" (indocumentados y sin miedo), "somos trabajadores, no criminales", "Alexa, abolish ICE" (Alexa, abole a los ICE), "deport ICE" (deportad a los ICE), etcétera. Desde que se dio la orden ejecutiva desde la Casa Blanca para efectuar deportaciones masivas, la ciudad —esa megamancha urbana de diez millones de habitantes, en la que la mitad son de origen latinoamericano, y más de un millón de ellos viven sin papeles— se ha convertido en un escenario de miedo. Barrios como Boyle Heights y Pico-Unión laten como un tambor: quienes viven allí saben que las redadas no son una metáfora; son un miedo cotidiano

Esa ciudad ahora funge como la cara de la moneda a la que no favoreció la suerte: mientras la familia Trump sigue multiplicando su fortuna, sin límite, sin control, más de un millón de personas en Los Ángeles duermen cobijadas por la incertidumbre.

"El resto del país vive bajo el miedo por la manga ancha que tienen los agentes federales para interrogar, detener, deportar, y, por lo visto, asesinar a inmigrantes y a ciudadanos legalmente establecidos en ese país"
Y esa urbe se ha transformado en una crónica viva: la de un lugar donde los millonarios incrementan sus fortunas, mientras que la fuerza laboral teme, no por su futuro, sino por su presente. Allí, no hacen falta editoriales para saber que la realidad que se vive en sus calles es, prácticamente, la de otro país, la de otro mundo, de lo que se vive en Oklahoma, Virginia Occidental, o Alabama, donde el voto pro-Trump es casi hegemónico.


Por lo pronto, Mineápolis sigue llorando a Renée Good y a Alex Pretti (el enfermero de cuidados intensivos que también murió asesinado por un agente de ICE, que también era estadounidense y tenía 37 años), y el resto del país vive bajo el miedo por la manga ancha que tienen los agentes federales para interrogar, detener, deportar, y, por lo visto, asesinar a inmigrantes (indocumentados o no) y a ciudadanos legalmente establecidos en ese país.  

¿Está importando el Gobierno británico las tácticas policiales del ICE estadounidense?

Antes de ahondar en este tema, cabe destacar que el Reino Unido no es Estados Unidos. En Europa, las políticas migratorias son mucho más estrictas. La normativa laboral, estrechamente ligada a la tributaria y a los requisitos de residencia, define, en gran medida, las enormes diferencias entre ambos países acerca de los fenómenos de desplazamiento transfronterizo. Concretamente, en Estados Unidos es posible trabajar sin papeles (se estima que allí viven ocho millones de trabajadores indocumentados, lo que representa el 5% del total de la fuerza laboral. Aproximadamente, uno de cada veinte trabajadores no tiene papeles. Aportan miles de millones de dólares vía las retenciones de la nómina —aun sin documentos—, consumo, y alquileres. Los hay en todos los estratos socioeconómicos). Por el contrario, en el Reino Unido, trabajar de indocumentado, es mucho más difícil, pues la salida laboral bajo esa condición se limita a empleos informales y de gran precariedad. Allí, se estima que entre 500.000 y un millón de personas están en esa situación. 

No obstante, el Gobierno británico decidió importar la brutalidad del ICE como si fuera un modelo de eficiencia: redadas en barrios obreros, detenciones en estaciones de tren, familias con miedo a quedar partidas, etcétera. Sobre eso ha escrito la columnista Nersrine Malik, en el diario británico The Guardian. Para ella, lo mismo que sucede ahora mismo en Estados Unidos, respecto al uso de la fuerza desmedida y a la instauración de políticas del miedo para afianzar las normas antimigratorias, podría pasar en el Reino Unido, solo que, como ella misma lo sostiene, "con menos armas". 

"El punto aquí no es debatir concretamente sobre las políticas migratorias, sino reflexionar sobre el impacto global que está teniendo la Administración Trump respecto al autoritarismo"
Pero no solo a "la gran isla" llegan los ecos de la furia trumpista. En Italia, Giorgia Meloni ha celebrado las deportaciones como "logros históricos". En Hungría, Viktor Orbán es un sinónimo de lo inamovibles que pueden llegar a ser las fronteras cuando la política de Estado considera a los migrantes como enemigos. Y la Francia de Macron, contraria sus históricas políticas de recepción, endureció las leyes de residencia y expulsó a cientos de solicitantes de asilo político


El punto aquí no es debatir concretamente sobre las políticas migratorias, sino reflexionar sobre el impacto global que está teniendo la Administración Trump respecto al autoritarismo y a la impunidad con la que lo ejerce. No hablamos solo de redadas para deportar a personas indocumentadas, hablamos del uso excesivo de la fuerza policial que ya se ha cobrado vidas de ciudadanos inocentes. Hablamos también de discursos de proteccionismo ultranacionalista, mientras que el gran despacho de la Casa Blanca está acusado de ser el centro neurálgico de la corrupción institucional.

Hablamos, por último, de que Donald Trump ha cambiado el orden geopolítico en solo un año al frente de su segundo mandato, instaurado en una superioridad moral sin precedentes, mientras que las calles en las grandes ciudades de su propio país arden. Trump y el negocio del poder, parece ser, tienen dos principales aliados: el autoritarismo y la impunidad.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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