Martes, 28 de julio de 2026

Europa debe ayudar a África a romper el ciclo de la deuda

En este artículo de 'Project Syndicate', que 'Agenda Pública' comparte en España en exclusiva, el expresidente de Ghana Nana Akufo-Addo y el economista Ulrich Volz alertan de que África está atrapada en un "círculo vicioso de deuda, clima y desarrollo" alimentado por cargas financieras insostenibles y un sistema internacional "estructuralmente injusto". Reclaman a Europa que utilice su influencia para impulsar una reforma profunda del sistema financiero global y un alivio de la deuda "ambicioso y equitativo", recordando que "cuando África se libere por fin de la carga de la deuda, Europa —y el mundo— se levantarán con ella".

Nana Akufo-AddoUlrich Volz
Nana Akufo-Addo, Ulrich Volz 9 de diciembre de 2025
Añadir AgendaPública en Google
La sede de la Unión Africana en Addis Abeba, Etiopía.  | Unsplash / Solen Feyissa
La sede de la Unión Africana en Addis Abeba, Etiopía. | Unsplash / Solen Feyissa
Los días 24 y 25 de noviembre, líderes africanos y europeos se reunirán en Luanda, Angola, para celebrar la Cumbre Unión Europea-Unión Africana. Con motivo de los veinticinco años de la asociación entre la UE y la UA, la reunión no es solo una celebración, sino también un momento para definir lo que significará el próximo cuarto de siglo para las relaciones entre los dos continentes.

Un continente atrapado entre la deuda y el clima

Para África, lo que está en juego no puede ser más importante. Muchos países africanos cargan con niveles insostenibles de deuda soberana que impiden su capacidad para invertir en infraestructura resiliente y desarrollo sostenible. La deuda externa pública se ha más que triplicado desde 2008, con un fuerte aumento de las obligaciones con los tenedores de bonos privados. 

Estas cargas de deuda se han visto agravadas por el aumento de los costos de endeudamiento y la depreciación de las monedas africanas frente al dólar estadounidense. Los prestatarios africanos hoy enfrentan tasas de interés entre dos y tres veces superiores a las de los países más ricos, haciendo que los préstamos dejen de ser salvavidas para convertirse en grilletes.

"Solo en 2024, los países africanos pagaron 163.000 millones de dólares exclusivamente por el servicio de deudas existentes"
Esto no es economía sólida; es injusticia estructural. Solo en 2024, los países africanos pagaron 163.000 millones de dólares exclusivamente por el servicio de deudas existentes. Estos pagos aplastantes, combinados con los costes de endeudamiento exorbitantes, han agotado los recursos públicos y han encerrado a muchas economías en un círculo vicioso de deuda, clima y presiones sobre el desarrollo.

De los 39 países africanos evaluados en el marco del Análisis de Sostenibilidad de la Deuda para economías de bajos ingresos del Fondo Monetario Internacional (FMI), 21 ya se encuentran en situación de sobreendeudamiento o corren un alto riesgo de incurrir en él. Pero incluso este resultado sombrío desestima la verdadera magnitud del problema, ya que el marco del FMI subestima sistemáticamente las vulnerabilidades, en especial en los países vulnerables al clima. Con demasiada frecuencia, las clasificaciones oficiales van por detrás de la realidad, y solo pasan a "alto riesgo" o "en situación de sobreendeudamiento" después de que estallan las crisis, como se puso de manifiesto cuando Zambia, Ghana y Etiopía entraron en default.

El cambio climático ha agravado aún más un sistema que ya era desigual. A pesar de representar menos del 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, África soporta una parte desproporcionada de las consecuencias: sequías que destruyen las cosechas, inundaciones que desplazan a millones de personas y tormentas que devastan comunidades enteras. 

"A pesar de ser las más vulnerables a las crisis climáticas, las economías africanas siguen siendo las menos preparadas financieramente para responder a ellas"
A pesar de ser las más vulnerables a las crisis climáticas, las economías africanas siguen siendo las menos preparadas financieramente para responder a ellas. La evidencia es clara: cuanto más vulnerable al clima es un país, mayores son sus costos de endeudamiento. Esta "prima de riesgo climático" infla el costo del capital para los gobiernos africanos, erosionando el espacio fiscal y desplazando inversiones vitales en salud, educación e infraestructura. El resultado es una inversión insuficiente crónica que deja a los países aún más expuestos a las crisis climáticas.

Aunque el FMI ha señalado que los ratios de deuda se han estabilizado en promedio en toda África, esta visión pasa por alto la convergencia de las elevadas cargas de deuda, la grave vulnerabilidad climática y el estancamiento de los avances hacia la consecución de los objetivos de desarrollo. Considerar la deuda como "estable" e ignorar estas crisis interrelacionadas supone un punto ciego peligroso.

La respuesta inadecuada de la comunidad internacional ha minado aún más la confianza de los países africanos en sus socios occidentales. La credibilidad de Europa, en particular, se ha visto afectada debido al incumplimiento por parte de la UE de sus compromisos climáticos, la reducción de su ayuda al desarrollo y la percepción de un doble rasero en la respuesta a las crisis. Mientras que otras potencias —como China, Rusia, Turquía y varios estados árabes— han ampliado constantemente su presencia en el continente, las crisis de deuda sin resolver siguen amenazando con borrar décadas de progreso, desestabilizar gobiernos y alimentar la migración, en tanto los africanos buscan oportunidades en el extranjero.

"El cambio acelerado del panorama geopolítico actual hace que sea crucial establecer asociaciones económicas y políticas sólidas con los países africanos"
El cambio acelerado del panorama geopolítico actual hace que sea crucial establecer asociaciones económicas y políticas sólidas con los países africanos. Y dado que la prosperidad y la estabilidad de la UE están cada vez más ligadas a las de África, los responsables de las políticas no pueden quedarse de brazos cruzados mientras el continente se enfrenta a múltiples crisis. Los gobiernos europeos deben utilizar su considerable influencia dentro de las instituciones de Bretton Woods, el G20 y el G7 para reformar el sistema financiero internacional y orquestar una respuesta coordinada y global a la actual crisis de la deuda.

El Marco Común para el Tratamiento de la Deuda del G20, destinado a brindar alivio a los países en dificultades, ha sido promocionado como un gran avance. Sin embargo, en realidad, carece de normas vinculantes que garanticen un reparto equitativo de la carga entre todos los acreedores y no aborda las causas estructurales de la acumulación de deuda. Pero un respiro no es una resolución. Como dejó en claro la Declaración de Lomé, emitida en la Conferencia sobre la Deuda de la UA celebrada en mayo, debe exigírseles a todos los acreedores —privados, bilaterales y multilaterales— que participen en condiciones comparables. 

Sin Europa no habrá solución duradera

Aprovechando ese impulso, los países africanos han articulado una Posición Común Africana sobre la Deuda, un hito en la diplomacia económica del continente. Europa ahora debería comprometerse sobre esa base y ayudar a traducir esta visión en avances tangibles. Dado que la presidencia sudafricana del G20 sitúa la sostenibilidad de la deuda en el centro de su agenda, se abre una estrecha ventana de oportunidad que no debe desaprovecharse. África y Europa deben trabajar mancomunadamente para garantizar que la reforma de la deuda siga siendo una prioridad absoluta para el G20, el G7, el FMI, el Banco Mundial y las Naciones Unidas.

En lugar de soluciones a corto plazo, África necesita una nueva iniciativa global de alivio de la deuda que sea ambiciosa y equitativa, y que se adapte a las realidades únicas del continente. Los beneficios potenciales son inmensos: el alivio de la deuda puede restaurar la estabilidad económica, liberar espacio fiscal para la inversión en servicios esenciales y abrir nuevas vías para el comercio y el crecimiento

Y lo que es más importante, el impacto iría mucho más allá de África. El alivio genuino de la deuda contribuye a reducir la pobreza, ampliar el acceso a la educación y fortalecer los sistemas de salud, lo que protege al mundo contra futuras pandemias y crisis humanitarias, reduce las presiones migratorias y mitiga las amenazas a la seguridad.

Sin duda, las crecientes tensiones entre las principales potencias mundiales plantean serios obstáculos para el alivio de la deuda. Ahora bien, si Europa apoya esta iniciativa con todo su peso, se pueden lograr avances significativos. El coste sería mucho menor que el de otra década perdida de subdesarrollo e inestabilidad. Cuando África se libere por fin de la carga de la deuda, Europa —y el mundo— se levantarán con ella.

© Project Syndicate, 2025. 
En colaboración con la Fundación "la Caixa"
Nana Akufo-Addo
Nana Akufo-Addo
Expresidente de Ghana
Nana Akufo-Addo fue presidente de Ghana y miembro de la Iniciativa para el Alivio de la Deuda de los Líderes Africanos.
Ulrich Volz
Ulrich Volz
Director del Centro de Finanzas Sostenibles de la SOAS, Universidad de Londres
Ulrich Volz es profesor de Economía y director del Centro de Finanzas Sostenibles de la SOAS, Universidad de Londres, es copresidente del Proyecto de Alivio de la Deuda para una Recuperación Verde e Inclusiva.
Participación