Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

¿Por quién doblan las campanas en Kiev?

Estados Unidos propone un nuevo acuerdo de veintiocho puntos para encarrilar la paz en Ucrania. Antonio Legaz, experto en defensa e inteligencia, alerta de que con esta propuesta "Moscú obtiene reconocimiento territorial, Washington asegura retorno financiero e influencia y Europa paga la reconstrucción sin poder de decisión". Para Legaz, el plan de la Casa Blanca establece el precedente de que una "agresión militar territorial produce resultados favorables".

Antonio Legaz Antonio Legaz 23 de noviembre de 2025
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El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en su última visita a España. | La Moncloa / Gobierno de España
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en su última visita a España. | La Moncloa / Gobierno de España
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Así escribía el poeta inglés John Donne en sus Devotions del siglo XVII. La reflexión del escritor sobre la interconexión humana cobra urgencia particular en noviembre de 2025, cuando Washington y Moscú avanzan en negociaciones sobre Ucrania que buscan redefinir la arquitectura de seguridad europea. El destino de Kiev no es asunto ucraniano exclusivamente. Es un trozo del continente europeo cuya suerte determina la de todos los demás pedazos que lo conforman. Cuando las grandes potencias negocian sobre el futuro de un país vecino, están negociando implícitamente sobre el futuro de todos.

El objeto de la negociación

"Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia".

El 20 de noviembre, se hizo público un plan de veintiocho puntos redactado por Steve Witkoff, enviado especial estadounidense, y Kirill Dmitriev, representante ruso. El documento exige que Ucrania reconozca el control ruso sobre cinco regiones anexionadas: Crimea, Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Además, establece una zona desmilitarizada en territorios actualmente bajo control ucraniano.

"El documento, redactado por Rusia y EE. UU., exige que Ucrania reconozca el control ruso sobre cinco regiones anexionadas y establece una zona desmilitarizada en territorios bajo control ucraniano"
En términos militares, el plan requiere que Kiev reduzca sus fuerzas armadas a 600.000 efectivos —menos de la mitad del tamaño actual— y renuncie a sistemas de armamento de largo alcance. Estos armamentos han demostrado la capacidad operativa para alcanzar objetivos en territorio ruso, por lo que su eliminación reconfigura las capacidades defensivas ucranianas de manera fundamental. Un país sin capacidad de proyectar fuerza más allá de sus fronteras inmediatas enfrenta vulnerabilidades estratégicas permanentes frente a un agresor potencial que sí posee esa capacidad.


Financieramente, la propuesta contempla utilizar 100.000 millones de dólares en activos rusos congelados para reconstrucción, con reparto del 50% de beneficios a Estados Unidos. Europa aportaría otros 100.000 millones adicionales. Los activos rusos restantes se invertirían en un vehículo conjunto Estados Unidos-Rusia para proyectos en inteligencia artificial, minería de tierras raras en el Ártico y energía. Esta estructura crea una asociación económica entre Washington y Moscú, precisamente en sectores de importancia estratégica global, mientras que Europa financia la reconstrucción de un territorio que ha estado en disputa.

Las garantías de seguridad ofrecidas establecen que ataques armados significativos, deliberados y sostenidos de Rusia serían considerados amenaza a la seguridad transatlántica. Sin embargo, a diferencia del artículo 5 de la OTAN, esto no conlleva obligación automática de respuesta militar, solo consultas. La diferencia es sustancial: mientras que la OTAN establece que un ataque contra uno es un ataque contra todos, la propuesta estadounidense deja abierta la interpretación de qué constituye una amenaza suficiente y qué medidas serían tomadas en respuesta.

¿Por qué ahora?

"Ninguna persona es una isla. La muerte de cualquiera me afecta".

La situación militar presenta un equilibrio precario para ambos contendientes. Pokrovsk enfrenta presión rusa intensificada, pero Rusia ha incurrido en más de 790.000 bajas entre muertos y heridos desde el inicio de la invasión, mientras Ucrania contabiliza 400.000. Los avances rusos en octubre-noviembre (aproximadamente 585 kilómetros cuadrados en Donetsk) se han conseguido a un costo extraordinario que erosiona la capacidad operativa rusa a largo plazo.

Ucrania ha desarrollado capacidades asimétricas significativas. En septiembre de 2025, Kiev desplegó su primer sistema de misiles de largo alcance de producción nacional con alcance superior a 700 kilómetros, demostrando capacidad para alcanzar objetivos estratégicos en territorio ruso. Esta capacidad ha alterado los cálculos estratégicos del Kremlin, que enfrenta vulnerabilidad real en su retaguardia.

"El desarrollo de un sistema de misiles de largo alcance ucraniano ha alterado los cálculos estratégicos del Kremlin, que enfrenta vulnerabilidad real en su retaguardia"
La situación económica rusa añade presión adicional. La economía del país enfrenta una contracción del 2,3% en 2025, con inflación cercana al 18% y depreciación del rublo del 35% respecto al dólar. El presupuesto militar consume ya el 7,2% del PIB ruso, un dato insostenible a medio plazo. Las sanciones occidentales sobre tecnología dual han erosionado la capacidad de reposición de armamento sofisticado. Rusia ha perdido aproximadamente 3.200 tanques y 5.800 vehículos blindados, cifras que requieren años para reponer bajo las restricciones de producción actuales.


Por su parte, Ucrania enfrenta desafíos estructurales propios. Este mes emergió un escándalo de corrupción en Energoatom que debilitó legitimidad política interna. La fatiga de combate, sumada al agotamiento demográfico, limitan capacidad de movilización. Además, Kiev depende de equipamiento occidental continuo para mantener operaciones defensivas, reduciendo su margen de maniobra política.

En este contexto, emerge la propuesta actual, basada parcialmente en el intercambio durante la cumbre Trump-Putin del 15 de agosto en Anchorage, Alaska —que estableció los principios para resolver Ucrania y restaurar relaciones Estados Unidos-Rusia—. Tanto Moscú como Kiev encaran presiones internas para mostrar resultados. Putin necesita demostrar cumplimiento de objetivos y normalización económica internacional. Zelenski depende de generar unas garantías de seguridad creíbles que justifiquen tres años de resistencia devastadora. Witkoff capitaliza esta doble vulnerabilidad para construir un marco de negociación que ambas partes, aunque reacias, puedan considerar.

Europa ante el espejo securitario

"Porque me encuentro unido a toda la humanidad". 

El plan implica redefinir la arquitectura de seguridad europea. Si se implementa, establece un precedente fundamental: que la agresión militar territorial produce resultados favorables a través de la negociación internacional cuando el agresor mantiene suficiente capacidad de presión. Ucrania renunció en 1994 al tercer arsenal nuclear mundial bajo el Memorándum de Budapest, a cambio de garantías de seguridad de Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. La erosión actual de esas garantías afecta la confiabilidad de compromisos similares futuros. ¿Por qué cualquier nación renunciaría a armamento nuclear bajo garantías occidentales cuando esas garantías pueden evaporarse bajo presión?

"Europa, que vuelve a ser excluida de negociaciones que determinan su orden de seguridad, enfrenta una crisis de autonomía estratégica"
Europa, excluida de negociaciones que determinan su orden de seguridad, enfrenta una crisis de autonomía estratégica. A pesar de décadas de retórica sobre Política Común de Seguridad y Defensa, Europa descubre que carece de capacidad para defender sus vecinos inmediatos sin respaldo estadounidense. El comisario europeo de Defensa indicó recientemente que Europa requiere garantías múltiples más allá del artículo 5 de la OTAN. El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, sobre defensa mutua, se percibe como menos creíble que el artículo 5 de la OTAN, por ausencia de estructura de mando integrada y respaldo militar estadounidense comparable.


Estados Unidos podría beneficiarse directamente de la mitad de activos rusos descongelados, mientras la estructura de una relación económica con Rusia en sectores estratégicos, que es exactamente lo que Moscú ha buscado para romper aislamiento económico prolongado. Europa absorbe costos de reconstrucción sin participación significativa en diseño del acuerdo. La ecuación de beneficiarios es nítida: Moscú obtiene reconocimiento territorial y reintegración económica, Washington asegura retorno financiero e influencia sobre Rusia y Europa paga la reconstrucción sin poder de decisión.

Zelenski ha adoptado un lenguaje deliberadamente cuidadoso. Reconoció que "el lado estadounidense ha presentado puntos de un plan para terminar la guerra" en los que ambos equipos trabajarían. Simultáneamente, enfatizó que Ucrania necesita "paz digna" no quebrantada por nuevas invasiones. La posición refleja una restricción estructural: rechazar abiertamente el plan arriesgaría la pérdida de apoyo militar estadounidense, pero aceptar condiciones completas garantizaría una vulnerabilidad permanente. No hay tercera opción.

La reacción europea fue inmediata, si bien limitada. Ursula von der Leyen reiteró que "nada sobre Ucrania sin Ucrania". Kaja Kallas fue más directa: "En este conflicto hay un agresor claro y una víctima". Funcionarios en Berlín, París y Bruselas coordinaron reuniones de urgencia el mismo día que se conoció el plan. Sin embargo, la ausencia de Europa de la mesa de negociaciones reduce cualquier capacidad de influencia directa sobre los términos finales.

Kiev enfrenta apagones de ocho a once horas diarias por ataques rusos contra infraestructura energética. El invierno 2025 se proyecta como el más desafiante operativamente para capacidades defensivas ucranianas. La combinación de desgaste militar, vulnerabilidad política interna, presión estadounidense y aislamiento europeo crea un contexto donde las opciones disponibles se reducen a aceptar términos desfavorables o arriesgar el colapso completo del apoyo occidental.

Un continente reducido

El plan de veintiocho puntos representa una propuesta donde cada actor negocia desde la debilidad. Rusia necesita legitimidad internacional y recuperación económica, pero reconocer derrota es políticamente imposible. Ucrania necesita seguridad garantizada, pero aceptar pérdidas permanentes es comprometer su legitimidad interna. Estados Unidos busca estabilización global y relación con Moscú, pero abandonar a un aliado erosiona la credibilidad transatlántica. Europa observa cómo se redefine su seguridad sin su participación, descubriendo que la autonomía estratégica sigue siendo una aspiración más que una realidad.

"Lo verdaderamente inquietante es que este plan, aunque temporal, puede consolidarse como permanente. Las fronteras congeladas raramente se descongelan"
Lo verdaderamente inquietante es que este plan, aunque temporal, puede consolidarse como permanente. Las fronteras congeladas raramente se descongelan. Los compromisos hechos bajo presión se normalizan con el tiempo. Si sale adelante el acuerdo, Europa financiará la reconstrucción en un territorio cuyo estatus político permanecerá disputado. Kiev vivirá bajo amenaza permanente con garantías tímidas. Moscú integrará ganancias territoriales como logro existencial. Y Washington obtendrá su pivote estratégico hacia Rusia mientras la OTAN contempla un futuro donde las garantías colectivas son negociables.


La pregunta que debería obsesionar a cada capital europea es esta: si Ucrania cede hoy bajo presión militar y política, ¿qué garantiza que otros vecinos no enfrenten presión similar mañana? No existe respuesta técnica a esa pregunta. Solo existe la realidad de que cada trozo de tierra cedido, cada garantía erosionada, cada alianza subordinada a negociaciones bipolares, reduce el perímetro del continente que podemos defender.

Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti, Europa.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación