El posicionamiento en materia de defensa del Gobierno español ha conseguido poner de acuerdo a Donald Trump y a algunos de los principales países de Europa. Desde la Casa Blanca y desde una parte de Bruselas coinciden en que España invierte por debajo de sus posibilidades en seguridad.
"El presidente de Estados Unidos ha apuntado a España en varias ocasiones, llegando a plantear a otros aliados que debían echar a España de la alianza"
Una pieza reciente en POLITICO recoge algunos
aspectos clave de los puntos de choque de varios gobiernos europeos con el ejecutivo español. En este texto, que sitúa a España como el díscolo de la alianza atlántica, se recogen declaraciones anónimas de varios diplomáticos de distintos países. Aquí sus voces se alinean con la del presidente estadounidense, que en las últimas semanas ha apuntado varias veces a España. En una de estas declaraciones, junto al presidente finlandés, Alexander Stubb, el líder republicano le dijo a su homólogo que "quizá deberíais [vosotros] echarles de la OTAN, sinceramente".
Este episodio no es nuevo, en tanto que fue durante la pasada cumbre de la OTAN en La Haya donde comenzaron a escalar las tensiones. La correspondencia entre Mark Rutte, secretario general de la organización, y Pedro Sánchez, pareció abrir una especie de caja de pandora: España no aceptaba el objetivo del 5% de gasto —o el intermedio del 3,5%— impuesto por EE. UU. y consentido por la OTAN. Desde entonces, Trump ha dedicado varios momentos a España y a Pedro Sánchez, pero esta
es la primera ocasión en que desde Europa se compra el discurso de Washington.
En medio de los envites de Trump, la política nacional también se ha ajustado al nuevo escenario. Juan Bravo, una de las voces importantes del PP en el ámbito económico, hacía énfasis en que Sánchez firmó el compromiso del 5%. Además, Bravo afirma que el PP se haría cargo de alcanzar el compromiso sin hacer recortes sociales, pues se atajaría el gasto político superfluo, que
desde Génova estiman "como mínimo" en el 2% del PIB.
Todo indicaba que la tormenta internacional amainaba un poco cuando el saludo en Egipto entre Trump y Sánchez fue cordial y amistoso —juegos de poder aparte—. Ahora se sabe que durante esa cumbre por el proceso de paz en Palestina, Estados Unidos intentó
coordinar a varios pesos pesados europeos con el fin de presionar a España en la reunión del Consejo Europeo del pasado jueves en Bruselas.
Las afinidades europeas se tensan
El escenario resulta sorprendente por dos motivos. El primero es que Pedro Sánchez se había granjeado varias amistades en la agenda internacional, llegando incluso a preferir hablar de cualquier tema global antes que centrarse en lo doméstico. Su posición de influencia en Bruselas —matizada por proyectos fallidos como el de la oficialidad del catalán— y en especial con Ursula von der Leyen, parece desvanecerse. El segundo motivo es que,
en realidad, las cifras de inversión y su planteamiento no acaban de quitarle la razón a España.
"Mark Rutte también insiste en que desde la alianza están convencidos de que España solo podrá cumplir los objetivos pactados con el 3,5% de gasto"
El centro del debate es este: España no acepta el objetivo de gasto en defensa del 5% del PIB para 2035, ni la subida escalonada hasta el 3,5%. Como ha reiterado el presidente en varias ocasiones, se considera que para lograr los objetivos diseñados por la OTAN, España tendrá que destinar alrededor del 2 o el 2,1% del PIB. Aquí cabe añadir que España ya ha dado un salto cuantitativo importante, pues en las cuentas de la OTAN el país está en ese 2% que hace poco tiempo era muy lejano. No obstante, Mark Rutte también insiste en que desde la alianza están convencidos de que España solo podrá cumplir los objetivos pactados —que por motivos evidentes son secretos— con el 3,5% de gasto.
El terreno de juego en términos de PIB está de la siguiente manera:
Es cierto que España está por detrás de la mayoría de países de su entorno en esta variable. Históricamente, el compromiso de llegar al 2% se trataba un horizonte irrealizable para el país por diferentes motivos. Hoy esa meta se ha alcanzado, pero la apuesta del resto de aliados se ha multiplicado. No obstante, hay que intentar comprender la inversión en defensa desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, con el porcentaje que representan de los presupuestos de cada país.
En este caso el resultado está igualado y se desvela una razón más. Como explica el politólogo Pablo Simón en la citada pieza de POLITICO, el Gobierno en minoría de Pedro Sánchez no podría comprometerse con la alianza a un gasto superior aunque quisiese, pues no cuenta con la mayoría parlamentaria para aprobar un nuevo presupuesto que incluya más inversión en defensa.
Otro de los ataques de Trump que se suscribe desde Europa es que España tendría que pagar más porque su macroeconomía está mejorando. Y esto es cierto: la economía española crece más y de forma más estable que la del resto de países de la eurozona. Aunque queda la tarea pendiente —como dijo en este medio el ministro de Economía, Carlos Cuerpo— de hacer que esos datos macroeconómicos acaben repercutiendo positivamente en el día a día de los ciudadanos. Sin embargo, los países del centro y el norte de Europa prefieren presionar, quizá pensando también en el fuerte desembolso que se realizó con los fondos Next Generation, que también están ayudando a ver un crecimiento prolongando de la economía española.
Este tratamiento de la imagen desde una perspectiva más amplia de "España debería aportar más porque ingresa más" es muy útil si se quiere ver el gasto total del país en defensa. Aplicando esta filosofía, la realidad ya es muy distinta.
Por supuesto que España escala puestos: es la cuarta economía de la UE y uno de los motores del crecimiento europeo. Sin embargo, parece que cuando se ahonda en materia de seguridad, este hecho se olvida. Los compromisos deben ir en consecuencia a la magnitud y las capacidades de cada país, sin duda, pero tampoco debe hacerse creer que España es un free rider en defensa: desde 2022, el aumento militar del país es equivalente a 4.300 millones de dólares. Una falsa proclama de estas características debe ser resuelta
comprendiendo el marco adoptado por Sánchez.
Gastar un porcentaje del producto interior bruto de un país en defensa, sanidad, transporte o cualquier otra partida es relativamente común a nivel europeo o en determinadas organizaciones. No obstante, en ningún caso —al menos que repercuta a España— se han alcanzado compromisos de gasto tan altos como el 5% del PIB. Además, un mayor gasto per se no tiene por qué implicar una mejora si no existen avances en los objetivos que se plantean. Con el presupuesto actual, España tendría que incluir
una partida de defensa de unos 79.500 millones de euros, incrementando el gasto en una cifra cercana a los 60.000 millones. Es decir,
uno de cada cinco euros del presupuesto se destinaría a defensa. Si bien esta ratio bajaría
en el improbable caso de que se renueven los presupuestos del año 2023, se seguiría hablando de un esfuerzo mayúsculo.
"El debate, por tanto, no se debe centrar la atención tanto en qué se gasta —siendo el de la OTAN un compromiso incomparable a cualquier otro del ámbito internacional—, sino en el cómo y el porqué"
El debate, por tanto, no se debe centrar la atención tanto en qué se gasta —siendo el de la OTAN un compromiso incomparable a cualquier otro del ámbito internacional—, sino en el cómo y el porqué. España es de los pocos países que sigue promoviendo la idea de eliminar dependencias en seguridad y de crear un ejército europeo, aunque no existe una reflexión real sobre cómo plasmar estas ideas en un proyecto definido. Por otro lado,
tampoco es cierto que Madrid no apueste por la seguridad: la última medida son
los cerca de 7 billones de euros que Indra, entre otros, aprovechará para reactivar la industria de defensa.
A esta línea de crédito se suma uno de los movimientos más recientes del Gobierno español: a las puertas del mencionado Consejo Europeo, el presidente confirmó que España se sumaba al programa de compra de armas —estadounidenses— para enviar a Ucrania. "España es un país comprometido con la alianza atlántica",
incidió Sánchez en lo que es un intento de quitarse la presión de la Casa Blanca. Una presión que, como indican fuentes consultadas por
Agenda Pública, podría aliviarse con la compra de cazas F-35. De fabricación estadounidense, este tipo de aviones militares son prácticamente el estándar europeo,
por lo que España resolvería dos frentes con una misma jugada.
Por un lado, hablar de España como socio díscolo sería más caro para Trump en el caso de que se ponga sobre la mesa la adquisición de este costoso material militar norteamericano. Por otro lado, la compra de F-35 —que se rechazó en agosto— podría aliviar
una carencia que España viene arrastrando desde hace algo de tiempo: los cazas españoles. Es cierto que el Gobierno ha impulsado la renovación de una parte de la flota, con veinticinco nuevos cazas, pero siguen siendo Eurofighter. Este caza, si bien es igual de moderno, no está —a pesar de su nombre—
tan presente en las flotas aéreas de los aliados europeos como el F-35. Además, para los portaaviones españoles, los cazas estadounidenses son de despegue vertical, una característica clave que ahora mismo tienen los Harrier AV-8B. El problema con estos cazas es que está prevista su salida de la flota entre 2030 y 2032 debido al fin de su vida útil. Por ello,
pueden existir razones de peso importantes para la inversión en este tipo de cazas también desde una visión estratégica.
¿Era necesaria esta tesitura?
Desde una perspectiva más amplia, existe una crítica de fondo a la estrategia de Pedro Sánchez. Al menos en términos políticos. Es probable que el hecho de señalarse como único aliado no dispuesto a aportar el 3,5% para el año 2029 haya debilitado a España. Si se quería tomar esta postura, quizá hubiese sido provechoso contar con otros aliados que sean también escépticos o reacios con este compromiso. O, como alternativa, se podía haber firmado el compromiso y al no ser vinculante se hubiese llegado a una situación muy parecida a la que había cuando España no cumplía el objetivo del 2%. De cualquiera de las dos maneras, Sánchez hubiese logrado alejar el foco de España sin arriesgar su capital político, como está pasando ahora.
Con todo ello, es probable que el movimiento de diferenciación jugase también un rol en la política interna, como apunta el experto en seguridad y colaborador de este medio, Alberto Bueno. El ser un verso suelto en un momento que se plasmaba como una ocasión para la unidad ha terminado por poner en la diana de la OTAN y de la Casa Blanca al país.
Después de analizar tres formas distintas de ver el gasto en defensa, está claro uno de los problemas principales está en el presupuesto. Si se plantea desde el lado político, estos presupuestos son de nuevo los presupuestos el principal escollo. En consecuencia, quizá habría que plantear alguna alternativa.
Algunos de los vecinos europeos, como Alemania o Polonia, han desarrollado mecanismos legales específicos que de algún modo desvinculan la inversión en defensa de los presupuestos del país per se. Estos fondos nacen con la intención de garantizar una flexibilidad —basada en un compromiso político mayoritario— para poder desarrollar políticas de seguridad que se ajusten a las necesidades del presente. Alemania lo ha planteado a través de la eliminación del famoso freno de deuda para la inversión en defensa. Los polacos, por su parte, aprobaron la Ley en Defensa de la Patria, gracias a la cual se abren diferentes alternativas para financiar la defensa, como por ejemplo los fondos Next Gen. Quizá la solución pase por desarrollar un modelo propio de financiación de la defensa que combine realismo presupuestario y compromiso político, pero antes habría que saber si existe tal compromiso.