El capitalismo al estilo occidental está cambiando, acercándose al modelo chino, el llamado "capitalismo de Estado". Los fondos soberanos, o "fondos soberanos de riqueza" (SWF, en inglés), bajo una u otra forma, al igual que las intervenciones y la participación de los Estados en la vida económica —con objetivos muy dispares—, están proliferando. Estamos pasando de un Estado que subvenciona a un Estado que participa e invierte en empresas, públicas y privadas, y en parte define las líneas a seguir. Un Estado accionista y accionante.
Hace un cuarto de siglo, a finales del XX, eran escasos los fondos soberanos. Según el Global SWF Data Platform, que analiza estos inversores estatales,
hoy hay unos 180 fondos soberanos que gestionan un total de más de catorce billones (españoles, trillones anglosajones)
de dólares en activos, frente a un billón cinco lustros atrás. Esta cifra suma a todos los inversores estatales, incluidos bancos centrales, fondos soberanos propiamente dichos y fondos públicos de pensiones. El crecimiento de fondos y participaciones públicas deriva de los petrodólares y otros ingresos, sí, pero más recientemente deriva también
de los impulsos nacionales para políticas industriales, que habían caído en desuso con el neoliberalismo. Responde también a
la búsqueda de la soberanía —incluso de la superioridad—
tecnológica, especialmente por parte de China y de EE. UU., pero
también de Europa. Es una competencia que define en buena parte el mundo actual. Los chips avanzados o el control de las tierras raras son dos ejemplos.
"Es una transformación cualitativa y cuantitativa de las colaboraciones público-privadas, donde el intervencionismo da paso al dirigismo desde el Estado"
Es parte de lo que algunos trumpistas llaman "patriotismo económico". Wall Street está expectante ante este cambio. Muchos otros países parecen estar cayendo también en este nuevo tipo de "patriotismo". Es una transformación cualitativa y cuantitativa de lo que se llamaba "colaboración público-privada". No es ya intervencionismo, sino dirigismo desde el Estado (que los anglosajones llaman government) y sus dirigentes.
Trump anunció que quería crear un gran fondo soberano en Estados Unidos —ya hay fondos públicos más limitados—, y nada más volver a entrar en la Casa Blanca ordenó, mediante decreto presidencial, la elaboración de un plan para ello. Hay que decir que
la Administración de su predecesor demócrata, Joe Biden, lo estudió, aunque no dio el paso. Para Trump es una manera de aumentar las inversiones públicas en empresas privadas, convirtiéndolas en algunos casos en acciones. Si el Estado compra tanto a algunas empresas —por ejemplo, en todo el complejo tecno-industrial-militar—, ¿por qué no convertirse en accionista en vez de en subvencionador?
El Estado de Trump va a pagar 8.900 millones de dólares por una participación del 10% en Intel, el fabricante de chips venido a menos ante la competencia de NVIDIA y otros. Tiene mucho que ver con lo de
la soberanía tecnológica mencionada. Podría comprar participaciones en grupos industriales como Lockheed Martin. Para
el secretario de Comercio, Howard Lutnick, proveniente de Wall Street, Lockheed
depende tanto de los contratos militares que es "básicamente un brazo del Gobierno estadounidense".
Los grandes señores de las tecnológicas no estaban en primera fila en la segunda toma de posesión de Trump por nada. Sí, son poderosos, pero dependen en gran parte de contratos con el Estado. El tecnofeudalismo sigue teniendo reyes, ¿o emperadores? "Dirigista en jefe", llama el Financial Times a Trump, en lo que ve como
un capitalismo dirigido por el Estado (
state run capitalism). No es el único. En nombre de la seguridad nacional,
algunos analistas lo llaman "capitalismo de Estado sin ley",
porque las decisiones no pasan por el Congreso.
"Puestos a intervenir, Trump ha anunciado que permitirá a NVIDIA y AMD ventas de chips a China a cambio de un 15% de los ingresos para el Estado"
En lo poco que lleva, la Administración Trump 2 ha dado luz verde a la adquisición de US Steel por parte de la japonesa Nippon Steel a cambio de una "acción de oro", de control, para el Gobierno. El Pentágono se ha convertido en el mayor accionista de MP Materials, operador de la única mina de tierras raras activa de Estados Unidos. Y puestos a intervenir, Trump ha anunciado que permitirá a NVIDIA y AMD ventas de chips a China a cambio de un 15% de los ingresos para el Estado —aunque China está ahora frenando estas compras para impulsar su producción nacional—.
Se habla incluso de crear un fondo soberano entre EE. UU. y Japón para invertir profusamente en tecnología e infraestructuras en suelo estadounidense. Quien lo ha propuesto, Masayoshi Son, fundador de SoftBank, piensa que es un modelo a seguir por otros países en sus relaciones con Washington. Atentos.
El papel de los fondos soberanos en la actualidad
El fondo soberano más ortodoxo, y el mayor del mundo hasta hace poco —el primer puesto lo ocupa ahora el Banco Popular de China—,
es el noruego, que se nutre de una parte de los ingresos derivados del gas y del petróleo. Y de los beneficios de las empresas en las que invierte en todo el mundo, si bien con algunos límites político-morales —ejemplo en los últimos tiempos ha sido el anuncio de
la retirada de inversiones de algunas empresas israelíes por la destrucción en Gaza—. Pero es un fondo autónomo, cuyas inversiones decide su consejo, aunque luego el empleo de beneficios lo decida el Parlamento noruego.
Los fondos soberanos clásicos se nutren de los ingresos de las materias primas. Los tienen también, claro, Arabia Saudí, y los países del Golfo. Su objetivo es generar ahorros y beneficios, e invertir en la transformación de sus economías monocultivo, lograr también autonomía tecnológica e influir en el mundo. El Fondo Nacional de Riqueza de Rusia equivale al 8–9% del PIB ruso (2024), aunque debido a las sanciones internacionales se ha alejado de inversiones en dólares, euros y libras para reorientarse hacia activos en yuanes, oro y rublos. Este fondo, controlado por el ministerio de Economía y el Banco Central, le ha servido a Rusia para financiar su economía de guerra. China tiene varios, además de empresas estatales.
Hay una profusión de fondos soberanos, grandes y pequeños, en países grandes y pequeños, generalistas o especializados. De hecho, la fiebre de los fondos soberanos se disparó tras la pandemia de la Covid-19, que supuso el regreso del Estado. El Reino Unido está montando uno nuevo, el NWF, cuyo objetivo no es tanto ganar dinero —tampoco perderlo— o apoyar objetivos financieros, sino invertir en la transformación tecnológica, con un lugar destacado de la energética, y el crecimiento económico. Se trata de apostar por los sectores estratégicos. En este sentido, será un "fondo estratégico" que apoyará la conversión a la energía limpia en Gran Bretaña y el crecimiento económico en general. Japón cuenta con el tercero del mundo en volumen.
El analista francés, Faÿçal Hafied observa cómo
se ha pasado de fondos con petrodólares especulativos a inversiones estratégicas de largo plazo: lo que llama la era del "capital paciente". Capital soberano, con la coinversión como nuevo instrumento estratégico del capital soberano.
"Ahora se trata de decisiones estratégicas, como en la industria de defensa, que se va a demostrar esencial en esta Europa: quien no apueste por ello, se quedará fuera del gran juego"
También desde España, aunque no se haya optado (¿aún?) por la figura de un fondo soberano, que sería más deseable, como hemos propuesto desde aquí.
Se tiende más a usar la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales), heredera del antiguo INI franquista. En aquella época
una cierta izquierda, en la clandestinidad, hablaba de "capitalismo monopolista de Estado". Ahora se trata de decisiones estratégicas, como en la industria de defensa, que se va a demostrar esencial en esta Europa y en este mundo. Quien no apueste por ello, se quedará fuera del gran juego. Ejemplo destacado en España es Indra —28% de capital de SEPI— con la absorción planteada de Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), lo que le aportaría tamaño y una pata más terrestre, impulsando así
un "campeón nacional" en el campo de la defensa, como ha explicado Hafied en Agenda Pública. O la creación fuera de la SEPI de la SETT (Sociedad Española para la Transformación Tecnológica), Entidad Pública Empresarial adscrita al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.
Contando con el dinero que viene y se espera que vendrá, aunque no es seguro, de Bruselas. De una Unión Europea que ha virado en sus prioridades, que ha pasado de la prioridad de una Europa verde y digital, a una Europa caqui, más incluso por la
presión del Washington de Trump que por las necesidades geopolíticas.
Y con un esencial componente nacional, más que europeo.
En cómo se financian los fondos soberanos también hay diferencias importantes. De recursos naturales —como el noruego—, del dinero recaudado de privatizaciones —como el Fondo para el Futuro australiano—. Con deuda (Francia, Italia, Bélgica) o impuestos (Irlanda).
El futuro con un capitalismo de Estado: ¿la victoria de China?
"El capitalismo de Estado globalizado", lo llama Ilias Alami en Le Grand Continent. Hace algunos años, en el seno de las reflexiones para el G20, se planteó la posibilidad de
cooperación entre fondos soberanos, aunque no se llegó a nada. Este capitalismo de Estado
, facilitaría las relaciones internacionales si llevara a inversiones recíprocas. Pero estos estados accionistas y accionantes
pueden chocar con unos con otros, no ya en la defensa de las empresas nacionales, sino de sus propias empresas participadas, y dirigidas. Trump, a través de la web TrumpRx,
también ha intervenido en la venta de medicamentos para obligar a bajar sus precios.
"Con Trump, la intervención puede llevar a grandes errores, como está cometiendo en ciencia al querer dictar las conclusiones de gran parte de la investigación"
Con Trump, la intervención puede llevar a grandes errores, como está cometiendo en ciencia. Como alerta Paul Krugman, Trump y sus seguidores "quieren dictar las conclusiones de gran parte de la investigación que queda por hacer.
Más vale que los científicos 'descubran' que el cambio climático no es real, que las vacunas no funcionan, etc.". Es como el fondo noruego, pero con otros valores. ¿Ignora Trump que los tres premios Nobel de Economía de este año, incluido el francés Phillippe Aghion, han hecho el grueso de sus investigaciones en el MIT?
Aunque su conclusión, que la innovación genera crecimiento, es la que impulsa este nuevo capitalismo de Estado.
Al cabo, más que China occidentalizándose en estos términos, Occidente se está achinando. El neoliberalismo también muere así. No era la forma esperada del final del llamado "consenso de Davos". Ni los horizontes que se abren tampoco.