

"El éxito del euro y la integración financiera a la que nos ha conducido, aun cuando todavía no es plena, ha dejado sin razón de ser al Eurogrupo"En 1998, y tras la aprobación del Consejo Europeo a finales del año previo, se creó formalmente el Eurogrupo como órgano informal de debate de los ministros de economía o finanzas de los Estados miembros que se encaminaban a adoptar el euro. Entonces, aún no existía la moneda única, pero tampoco contábamos con un marco regulatorio en el ámbito de las finanzas medianamente uniforme. Con todo, se vislumbraba que la entrada en circulación del euro obligaría a nuevos hitos en la integración europea, que exigiría un mayor grado de armonización de la regulación bancaria, seguros y mercados de capitales, así como una coordinación de las políticas tributarias y fiscales nacionales. Tenía sentido, pues, disponer de un foro de debate de representación de los Estados que adoptasen el euro para discutir sobre esas materias.
"El próximo 1 de enero de 2026, Bulgaria se incorporará al euro. Esto significa que todos los Estados de la Unión usarán la moneda única, a excepción de Chequia, Suecia, Hungría, Polonia, Rumanía y Dinamarca"Tras la crisis financiera y fiscal de 2008-10, la Unión se ha dotado de una unión bancaria, en torno al euro, un supervisor único, un marco de resolución también único y un fondo de resolución para afrontar crisis bancarias. El conjunto de la regulación bancaria ha dado un salto extraordinario en su integración, así como en el marco de supervisión general, también en mercados de capitales y seguros. Y todo ello se ha hecho también a través del ECOFIN en negociación permanente con el Parlamento. Aún queda, sin duda, trabajo por hacer en esa integración de ahorros e inversiones, pero ese esfuerzo adicional no exige de una institución como el Eurogrupo que, por otra parte, se ha tornado más en un obstáculo que en un dinamizador de tales debates. En estos momentos, su naturaleza intergubernamental, alejada del método de trabajo comunitario, está bloqueando avances adicionales, prisioneros de un sistema de toma de decisiones basado en el mínimo común denominador, sin espacio, dado su diseño institucional, para la ambición que la situación requiere.
"Todavía queda mucho por hacer para la integración económica de la eurozona y de la Unión, que ya son casi lo mismo, pero el Eurogrupo se ha transformado en un obstáculo que debe ser eliminado para lograr tal objetivo"En 2021, escribí en mi libro ‘Volver a las raíces’ (editorial Clave Intelectual): "El Eurogrupo está restando poder a la institución comunitaria para la definición de la política económica y financiera por parte del Consejo, el ECOFIN, y lo está haciendo sin una rendición de cuentas transparente. Y, en la medida en que los países que aún no han adoptado el euro transiten rápidamente por esa vía, el Eurogrupo debería disolverse en el propio ECOFIN". He de reconocer que la candidatura del ministro español de Economía, Carlos Cuerpo, a la presidencia del Eurogrupo representaba la última esperanza para reordenar el trabajo de tal institución, que ha ido languideciendo por el propio éxito de la moneda única, la funcionalidad de la negociación entre el ECOFIN y el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento, y el autobloqueo del propio Eurogrupo por su diseño institucional. Ahora ya puedo afirmar con más convencimiento aún que no hay mejor opción a que disolver el Eurogrupo.

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