La lista de reformas para una Unión Europea más ágil e influyente
La reunión del Consejo Europeo culmina una semana clave para el futuro de la UE. En un contexto geopolítico incierto, ¿deberían las instituciones europeas agilizar su toma de decisiones para responder con mayor rapidez? Agenda Pública lo analiza con el profesor Alberto Alemanno, la catedrática Paz Andrés y el corresponsal en Bruselas Bernardo de Miguel.
La defensa de Ucrania ha reavivado el debate sobre la necesidad de que las instituciones de la UE agilicen su toma de decisiones. | Ukraine Presidency/Ukrainian Pre / Zuma Press / ContactoPhoto
"Hoy ha quedado claro que el mundo libre necesita un nuevo líder. Nos corresponde a los europeos asumir este desafío", declaró la alta representante Kallas, marcando un rumbo para la defensa de Ucrania. Estas declaraciones llegaron tras una escena inquietante en el Despacho Oval, donde el presidente Trump y el vicepresidente Vance hostigaron al presidente Zelenski. Un episodio que algunos comentaristas ven como la posible señal del colapso del orden occidental de posguerra.
El contexto internacional ha colocado repentinamente a Europa en una posición en la que debe decidir: continuar con su enfoque deliberativo y basado en el consenso o reformar sus instituciones para actuar con mayor rapidez en un mundo en constante cambio. En las últimas semanas, se han sucedido rondas de conversaciones críticas —primero en París, luego en Londres y hoy, 6 de marzo, culminando en Bruselas— en lo que se describe como "una semana crucial para el futuro de Europa". Uno de los pocos consensos claros surgidos de estas reuniones es el reconocimiento de que Europa debe aumentar significativamente su gasto militar para compensar el apoyo menguante de Estados Unidos. En este sentido Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha propuesto un plan para invertir 800.000 millones de euros en el rearme de la Unión.
Ukraine is Europe! We stand by Ukraine.
We will step up our support to Ukraine so that they can continue to fight back the agressor.
Today, it became clear that the free world needs a new leader. It’s up to us, Europeans, to take this challenge.
El dilema institucional: democracia frente a rapidez
En el centro del desafío europeo yace una tensión fundamental. "Esta lentitud es una consecuencia de tener un sistema democrático", explica Bernardo de Miguel, corresponsal en Bruselas desde hace veinticinco años. La UE está compuesta por veintisiete países, cada uno con su propio Gobierno —muchos formados por coaliciones complejas—, sus propios parlamentos y opiniones públicas ante los que deben responder —y, por supuesto, ser reelegidos—. Europa no puede reaccionar con la misma velocidad que Estados Unidos, y mucho menos que autocracias como Rusia o China.
Esto genera lo que Alberto Alemanno, profesor de Derecho de la UE en HEC París, identifica como un problema de liderazgo: "En última instancia, ningún líder político nacional en la UE rinde cuentas a ciudadanos más allá de las fronteras de su país".
"Los líderes europeos han abrazado un método de toma de decisiones intergubernamental más lento y disfuncional"
La deliberación institucional que caracteriza la toma de decisiones de la UE es, en principio, una característica propia del sistema más que un defecto. Sin embargo, ha sido explotada repetidamente por movimientos populistas y simpatizantes de autocracias —desde los partidarios del Brexit hasta Viktor Orbán y, más recientemente, el vicepresidente Vance— para socavar la legitimidad y eficacia de la Unión, algo en los que la ironía no tiene desperdicio.
"El rumbo lo marca el Consejo Europeo, que decide hasta dónde está dispuesto a llegar", explica De Miguel. Pero el día a día otorga un poder considerable a la Comisión, que, con sus 32.000 funcionarios encargados de gestionar el presupuesto, es técnicamente el organismo más "poderoso". Esta división de responsabilidades a menudo conduce a respuestas fragmentadas y lentas.
Alemanno adopta una visión crítica del enfoque actual: "La UE lleva tiempo renunciando a su método de toma de decisiones más eficiente, en el que la Comisión lideraba y los Estados miembros negociaban con un Parlamento elegido democráticamente. En su lugar, los líderes europeos han abrazado un método intergubernamental más lento y disfuncional".
Ejemplos recientes subrayan esta falta de funcionalidad. "Macron ha personificado esta tendencia al visitar recientemente a Trump en solitario, sin la compañía de ningún alto dirigente de la UE, ni Von der Leyen ni Costa ni Kallas", señala Alemanno. Algo que la catedrática de Derecho internacional público en la Universidad de Oviedo Paz Andrés también diagnostica: "En ambos casos, la imagen de la Unión Europea se ha visto desdibujada por la acción unilateral del presidente de la República Francesa, por mucho que Macron haya mantenido contactos con representantes de otros Estados. El avance positivo para Europa como actor geopolítico habría sido que los protagonistas fueran los representantes institucionales de la Unión".
"El avance positivo para Europa como actor geopolítico habría sido que los protagonistas fueran los representantes institucionales de la Unión"
La urgencia de reformar los procesos de decisión de la UE no podría ser mayor. Bloomberg argumenta que "bastaría con 20.000 millones de dólares distribuidos en la UE para ayudar a Kiev a defenderse de los ataques rusos y resistir en mejores condiciones". Sin embargo, movilizar incluso esta cantidad relativamente modesta (para el mayor bloque económico del mundo, con un PIB combinado de 18,5 billones de dólares en el 2023) ha resultado complicado.
Politico informó que ciertos países participantes en la reunión del domingo estarían dispuestos a unirse a la iniciativa liderada por Francia y Reino Unido para crear una fuerza de paz europea en Ucrania, aunque aún no está claro cuáles. Queda de manifiesto cómo los complejos procesos de toma de decisiones de la UE retrasan incluso los anuncios de intención.
Bloomberg Economics estima que, si los cinco países europeos más grandes aumentaran el gasto en defensa hasta el 4% del PIB, el coste ascendería a unos 270.000 millones de dólares anuales durante la próxima década. Según el medio, la idea de que el mayor bloque económico del mundo no puede permitirse tales gastos es "absurda". Por tanto, este es el momento en el que se debe plantear si una reforma del funcionamiento de las instituciones bruselenses contribuirían a lograr los objetivos de la Unión. Posibles reformas para agilizar la toma de decisiones
Alberto Alemanno advierte sobre un diagnóstico erróneo del problema: "El recurso de la UE a leyes ómnibus limita aún más su capacidad de ejercer una de sus funciones más exitosas y legítimas: regular su economía y su sociedad para garantizar prosperidad y seguridad a sus ciudadanos, como sigue prometiendo la presidenta de la Comisión".
Sin embargo, el consenso sobre la necesidad de reformas está creciendo. "Hay acuerdo en la necesidad de reformas para agilizar la toma de decisiones", sostiene la catedrática Andrés. "También hay consenso en eliminar el requisito de unanimidad y extender la mayoría cualificada, ajustando incluso sus requisitos".
Se han propuesto varias reformas específicas:
Reducir los umbrales de mayoría en ciertas decisiones, limitando el derecho de veto en áreas como política exterior y fiscalidad. Actualmente, los veintisiete países tienen poder de veto, lo que "no siempre se ejerce por interés nacional, sino a veces como arma negociadora y, en muchos casos, incluso como simple chantaje para obtener otras concesiones", según De Miguel.
Permitir avances por grupos de países con voluntad común, un método ya aplicado en la eurozona y Schengen, y que ahora España apoya para los mercados financieros y bursátiles. Este enfoque de "Europa a varias velocidades" podría permitir actuar incluso cuando el acuerdo unánime sea imposible.
Reforzar el papel político del Consejo Europeo. António Costa, presidente del Consejo Europeo, está demostrando "una capacidad efectiva de impulso", según la profesora Andrés, citando la cumbre extraordinaria sobre Ucrania y defensa europea que tiene lugar el 6 de marzo en Bruselas. Costa busca transformar el Consejo Europeo en un organismo que realmente guíe la Unión.
Implementar estas reformas supone superar grandes obstáculos en el panorama político actual. "Hace no tanto, el Consejo estaba dominado por gobiernos populares y socialistas. Ahora está compuesto por partidos, algunos claramente euroescépticos, incluso eurófobos, como Hungría o Italia. También Países Bajos tiene un Gobierno marcadamente euroescéptico, y en Eslovaquia y Bélgica la situación es compleja", explica De Miguel.
Alemanno advierte que esta dinámica "pone en riesgo la capacidad de la UE para garantizar seguridad a sus ciudadanos, dentro y fuera de sus fronteras, y socava su autoridad futura".
Razones para un optimismo cauto
A pesar de los desafíos, hay motivos para el optimismo sobre la capacidad de reforma de la UE. "Todos los países, incluso los más reticentes, saben que, por sí solos, están mucho más indefensos", argumenta De Miguel.
"El motor franco-alemán, con el apoyo de España y de Italia, genera una masa crítica difícil de contener"
La historia muestra que, con un eje franco-alemán fuerte, la UE ha superado obstáculos aparentemente insalvables. Ambos países han mostrado signos prometedores de salir de su estancamiento político, aunque persiste la preocupación por sus resultados económicos. "Ese motor, con el apoyo de España y, en ciertos ámbitos, incluso de la Italia de Meloni, genera una masa crítica difícil de contener", explica De Miguel.
Europa, ante desafíos sin precedentes, debe decidir si puede reformar sus instituciones antes de que los acontecimientos le obliguen a hacerlo. El tiempo para una renovación institucional meditada es limitado. Europa debería abordar estas cuestiones estructurales mientras pueda hacerlo con sus propias condiciones.