Miércoles, 12 de agosto de 2026
UNIÓN EUROPEA

Europa invierte en defensa sin claridad estratégica

Con el regreso de Trump, una defensa europea autónoma es una necesidad, no una opción. Domènec Ruiz Devesa, investigador sénior del CIDOB y exeurodiputado, analiza las profundas carencias de capacidad, la ineficiencia del gasto actual por la fragmentación y la miríada de iniciativas inconexas, urgiendo a una estrategia clara y voluntad política basada en los Tratados de la UE.

Domènec Ruiz Devesa Domènec Ruiz Devesa 2 de junio de 2025
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La defensa de Europa recae por primera vez exclusivamente en los europeos. | Unsplash / Jannik
La defensa de Europa recae por primera vez exclusivamente en los europeos. | Unsplash / Jannik
Con la vuelta de Trump a la Casa Blanca, organizar una defensa europea ya no es una opción sino una necesidad. Europa no puede seguir dependiendo indefinidamente de Estados Unidos para su seguridad, aun cuando logre aplacar al presidente estadounidense con la promesa de gastar el cinco por ciento del PIB en defensa en el marco de la OTAN. Un enfoque de insumos, por otro lado, poco práctico, ya que ese porcentaje incluye también salarios y pensiones, y porque lo lógico es primero determinar las capacidades y luego calcular su coste. En cualquier caso, la simpatía de Trump por Putin, su política comercial, y su carácter errático e imprevisible no permiten confiar en el mantenimiento de ningún compromiso por su parte.

Necesidades y costes

En la actualidad los Estados miembros de la UE gastan en defensa un tercio de lo que gasta EE. UU., pero disponen del diez por ciento de sus capacidades, debido a la fragmentación en ejércitos nacionales, falta de un mercado interior de la defensa, la multiplicación de equipos y los consiguientes problemas de interoperabilidad, y la licitación nacional que aumenta los costes. 

Los ejércitos de los Estados miembros tienen una larga lista de carencias; inteligencia, vigilancia, y reconocimiento, en particular capacidad de análisis de señales, satélites, y aviones no tripulados; aviones de transporte pesado y aviones cisterna; defensa antiaérea y antimisiles; capacidad avanzada de comando y control de operaciones, y ciberdefensa. En estas áreas, Europa es especialmente dependiente de los Estados Unidos, a lo que hay que añadir la disuasión nuclear. En cuanto a tanques y aviones de combate, hay un problema de obsolescencia y falta de interoperabilidad, y una falta de capacidad en la producción de munición de artillería. 

En caso de agresión en suelo europeo, los ejércitos de la UE podrían movilizar un máximo de 200.000 soldados, junto a los 100.000 actualmente desplegados por EE. UU., para hacer frente a entre 300.000 y 500.000 soldados rusos. Sin el aporte americano, habría que movilizar unos 300.000 soldados adicionales para compensar por la fragmentación de nuestras fuerzas armadas y la falta de una cadena de mando europea.

El gasto total de los Estados miembros en defensa ascendió a 326.000 millones de euros en 2024. Si los Estados Unidos retiraran su paraguas de seguridad, se estima que los países de la UE tendrían que aumentar su gasto militar para compensar las capacidades perdidas en 250.000 millones de euros anuales. Otros estudios estiman una inversión de 950.000 millones de euros a lo largo de quince años. Y, aun así, con veintisiete ejércitos nacionales duplicando capacidades, sin interoperabilidad real ni una cadena de mando común, sería un gasto ineficiente.  Se estima que la fragmentación actual causa un despilfarro anual de entre un mínimo de 25.000 millones de euros a 125.000 millones de euros al año, según las dimensiones consideradas.

"Con un sistema de compras conjuntas, se podría ahorrar hasta un 30% en la adquisición de equipos militares, no digamos ya si al menos se integraran los ejércitos en una única cadena de mando"
Con un sistema de compras conjuntas, se podría ahorrar hasta un 30% en la adquisición de equipos militares, no digamos ya si al menos se integraran los ejércitos en una única cadena de mando. El problema, por tanto, no es solo de presupuesto, sino de arquitectura institucional y, sobre todo, de voluntad política.

El popurrí de las iniciativas en curso y otras propuestas

En este contexto, han proliferado initiatives y propuestas para avanzar en la construcción de una defensa europea. Sin embargo, lejos de converger, estos proyectos apuntan en múltiples direcciones. Algunos se centran solamente en las capacidades, ya sea sobre base nacional, comunitaria, o intergubernamental; otras son de carácter institucional, no obstante, se saltan ab initio las soluciones previstas en el Tratado de la UE. Falta una visión de conjunto, una estrategia clara, y un marco político común.

En primer lugar, se observa una tendencia al rearme nacional, con los problemas de ineficiencia que esto conlleva, y simbolizada por la casi cómica competición entre Alemania y Polonia para tener las fuerzas armadas más numerosas del continente. Pero también con la exención de la regla de déficit del Pacto de Estabilidad y Crecimiento por valor del uno coma cinco por ciento del PIB ofrecida por la Comisión Europea para gastos en defensa durante el período 2025-2029 sin vincularlo a proyectos europeos. Se espera movilizar hasta 650.000 millones de euros adicionales en defensa, pero claro, no todos los Estados utilizarán esta posibilidad por falta de margen fiscal.

En segundo lugar, la Comisión Europea quiere impulsar el desarrollo y compra conjunta de capacidades militares, con iniciativas ya existentes como el Fondo Europeo de la Defensa en el campo de la investigación y desarrollo colaborativa, y otras nuevas como EDIP y SAFE

SAFE en particular, ofrece a los Estados miembros préstamos por valor de 150.000 millones de euros destinados a financiar proyectos de adquisición conjunta en el ámbito de la defensa. Entre los requisitos se incluye que al menos el sesenta y cinco por ciento del valor del proyecto provenga de empresas establecidas en la UE, el Espacio Económico Europeo o Ucrania. Aunque este enfoque apunta en la buena dirección, hasta ahora tanto la Comisión, como la alta representante, como el Consejo y el Consejo Europeo se han abstenido clamorosamente de hacer propuesta alguna en cuanto a la dimensión política, estratégica, y operativa de la defensa común europea, a diferencia del Parlamento Europeo.

Asimismo, el Banco Europeo de Inversiones en marzo de 2025 ha ampliado su mandato para facilitar la financiación de proyectos vinculados a la defensa. Ya no se limita únicamente a usos duales (civil y militar), sino que ahora puede financiar infraestructuras, vehículos, radares, tecnologías cibernéticas y proyectos de I+D en defensa, siempre que no incluyan la producción de armas o municiones. Además, el BEI ha integrado la defensa como objetivo estratégico permanente, ha lanzado líneas de crédito para pymes del sector y ha reforzado su cooperación con la Agencia Europea de Defensa.

En tercer lugar, están las nuevas iniciativas intergubernamentales, de carácter armamentístico,  como el proyecto del European Sky Shield Initiative (escudo antimisiles) promovida por Alemania, que se añade a otras existentes, como el consorcio europeo del Eurofighter.

Más problemáticas, por su dimensión institucional, serían las propuestas de una Comunidad Europea de Defensa fuera del marco comunitario y siempre con la obsesión de la participación fundacional de los británicos, o la del Mecanismo Europeo de Defensa. Este Mecanismo actuaría como un "banco de rearme", emitiendo bonos para financiar adquisiciones conjuntas de armamento, con el objetivo de superar la fragmentación del mercado y reducir la dependencia de sistemas estadounidenses, e incluiría al Reino Unido y a Noruega. Esta propuesta busca evitar los "obstáculos políticos y jurídicos asociados a los tratados de la UE".

Esta tendencia anticomunitaria puede parecer pragmática a corto plazo, pero se corre el riesgo de fragmentar la Unión, generando múltiples círculos de integración en materia de defensa, y debilitando la legitimidad democrática de cualquier acción militar emprendida. Además, ¿cómo se articula una defensa común europea con actores extracomunitarios que no comparten ni el acervo normativo ni el marco institucional de la UE? 

Asimismo, un sistema de defensa común no se construye únicamente comprando tanques o aviones. Hace falta una doctrina estratégica común, una cadena de mando unificada y, sobre todo, un marco político que legitime el uso de la fuerza en nombre de Europa.

Conclusión

La defensa europea no puede limitarse ni al rearme, mucho menos sobre base nacional, ni a proyectos político-institucionales o coaliciones de voluntarios fuera del marco de la UE. 

"Mientras no se responda a esta pregunta [cuál debe ser el objetivo final], todas las demás discusiones serán parciales, técnicas o directamente irrelevantes"
El núcleo del problema es la falta de claridad estratégica. No hay un consenso político sobre cuál debe ser el objetivo final: ¿una Europa de la defensa intergubernamental, enfocada en el rearme y con estructuras mínimas de coordinación, o una verdadera unión de defensa con mando común, fuerzas integradas y control democrático europeo? Mientras no se responda a esta pregunta, todas las demás discusiones serán parciales, técnicas o directamente irrelevantes.

Es hora de volver a los fundamentos. La base jurídica para una defensa europea ya existe: está en el artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea. Allí se prevé expresamente la posibilidad de establecer una política común de defensa que conduzca, en última instancia, a una defensa común. Este artículo no es un simple deseo retórico: es un recurso político, pero que requiere la unanimidad del Consejo Europeo.

Mientras no se den las condiciones de consenso para desarrollar plenamente el artículo 42.2, el instrumento más adecuado es la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO, artículo 42.6 del TUE). La PESCO sigue siendo el marco jurídico comunitario de referencia para avanzar en proyectos de defensa integrados entre Estados miembros que compartan un mayor nivel de ambición. Pero para que la PESCO sea efectiva, debe dejar de ser una plataforma casi exclusivamente dedicada a la puesta en marcha de proyectos industriales dispersos, y convertirse en un embrión real de integración militar, con criterios estrictos de interoperabilidad, especialización, creación de un Estado Mayor, plan de defensa territorial, etcétera. 

Solo en el caso de que las distintas vías que ofrece el artículo 42 del TUE se demostraran impracticables, cabría plantear como ultima ratio a la firma de un tratado intergubernamental ad hoc.

En definitiva, avanzar hacia una defensa común requiere tres cosas: claridad estratégica, voluntad política y legitimidad democrática. Ninguna de las propuestas actuales incluye estos tres pilares. Sin una visión común de a dónde se quiere llegar, las iniciativas técnicas serán ineficaces. Sin un anclaje claro en los Tratados, cualquier cooperación ad hoc será frágil y reversible, y la UE no será el actor de referencia. Y sin una dimensión política europea, la defensa común carecerá de legitimidad ante los ciudadanos.
Domènec Ruiz Devesa
Domènec Ruiz Devesa
Investigador sénior del CIDOB y exeurodiputado
Participación