Domingo, 2 de agosto de 2026
ENCUESTA

El gasto militar ya no es tabú en España: un análisis a partir de lo que dicen los datos

Una mayoría de españoles apoya invertir más en defensa, reflejando un cambio en la percepción de la seguridad nacional. Mónica Melle, profesora titular de Economía Financiera en la Universidad Complutense de Madrid, y Albert Borràs, codirector de Cassini España, analizan en 'Agenda Pública' el nuevo equilibrio entre el pacifismo europeo y la obligada necesidad de adaptarse a un contexto geopolítico desafiante. Nos jugamos el futuro de la Unión Europea.

Agenda Pública Agenda Pública 19 de marzo de 2025
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Un soldado del ejército español, durante la visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la Academia de Infantería de Toledo, a 3 de enero de 2025. | Juan Moreno / Europa Press / ContactoPhoto
Un soldado del ejército español, durante la visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la Academia de Infantería de Toledo, a 3 de enero de 2025. | Juan Moreno / Europa Press / ContactoPhoto

España, como el resto de Europa, se enfrenta a una creciente presión geopolítica en un mundo cada vez más inestable. Las señales que llegan desde Washington, Kiev o Moscú han disparado las alarmas, pero el debate sobre seguridad y defensa no se limita a las élites. La geopolítica moldea la sociedad desde sus cimientos, y una reciente encuesta de Cluster17 recogida por El Confidencial ofrece una instantánea reveladora: el 59% de los españoles respalda un aumento en el gasto en defensa, mientras que un 33% se opone y un 8% se mantiene indeciso.

Estas cifras, sin embargo, son solo la superficie de un debate más complejo. A medida que la Unión Europea busca redefinir su autonomía estratégica, crece la incertidumbre sobre si un mayor gasto militar se traducirá en mayor seguridad. Mónica Melle, profesora titular de Economía Financiera en la Universidad Complutense de Madrid, advierte que la clave está en la gradualidad: "Si el aumento es demasiado abrupto, no fortalecerá nuestra autonomía en defensa respecto a Estados Unidos".

"Si el aumento del gasto en defensa es demasiado abrupto, no fortalecerá nuestra autonomía en defensa respecto a Estados Unidos"
Mónica Melle - Profesora titular de Economía Financiera en la Universidad Complutense de Madrid
España sigue dependiendo en gran medida de tecnología militar estadounidense, desde sistemas de vigilancia hasta cazas de última generación. Un incremento precipitado del gasto podría terminar beneficiando a proveedores extranjeros en lugar de desarrollar capacidades propias.

El sondeo también sugiere que el apoyo a la inversión en defensa varía según la edad y el nivel económico. Apenas el 46% de los jóvenes de entre 18 y 24 años respalda el aumento, mientras que el respaldo sube al 75% entre los mayores de 75 años. Estas diferencias reflejan perspectivas divergentes sobre el papel del gasto militar. Para muchos jóvenes, criados en una Europa en paz, las preocupaciones inmediatas —como el acceso a la vivienda o el empleo precario— pesan más que las amenazas geopolíticas. Los mayores, en cambio, recuerdan tiempos más inciertos y ven la inversión en defensa como un seguro frente a un mundo volátil.

 


La correlación con el nivel de ingresos resulta particularmente reveladora y plantea cuestiones sobre equidad y prioridades nacionales. Mientras el 83% de quienes ganan más de 5.000 euros mensuales apoya el incremento en defensa, este respaldo se reduce sistemáticamente según disminuye el nivel económico: 70% entre quienes ganan entre 3.000-5.000 euros, 59% en el rango de 2.000-3.000 euros, hasta llegar al 53% entre quienes perciben menos de 1.000 euros. Esta gradación sugiere que las consideraciones económicas juegan un papel crucial en la formación de opiniones sobre defensa. Para los sectores de menores ingresos, cada euro destinado a armamento puede percibirse como un recurso no invertido en servicios sociales o políticas redistributivas.

 


Albert Borràs, codirector de Cassini España, ofrece su perspectiva sobre las amenazas actuales: "Desde antes de la invasión de Ucrania, pero con una clara intensificación posterior, Europa ha sido objetivo de ataques cibernéticos y físicos por parte de actores prorrusos". Sin embargo, Borràs advierte contra el uso precipitado del término "guerra", explicando que "la decisión de entrar en guerra está vinculada al grado de hostilidad, al uso de la violencia armada y a la percepción social de que dicha violencia es lo suficientemente significativa como para justificar una guerra convencional".

 

"España alberga una de las mayores diásporas rusas de Europa, con cerca de 95.000 rusos"
Albert Borràs - Codirector de Cassini España
España, aunque aparentemente menos expuesta que otros estados europeos, no es inmune a estas amenazas. Según Borràs, el país alberga "una de las mayores diásporas rusas de Europa, con cerca de 95.000 rusos", y ha experimentado infiltraciones estratégicas. Un caso destacado fue "la conexión de la mafia rusa con el conflicto independentista catalán, donde Moscú intentó infiltrarse y radicalizar el movimiento". La reciente detención de cinco individuos prorrusos en Barcelona, acusados de preparar acciones terroristas, subraya que estas amenazas no son meramente teóricas.

Mónica Melle argumenta que esta realidad exige un cambio en la percepción pública española sobre la defensa: "No se trata de que sea la guerra. Se trata de tener elementos disuasorios que impidan que haya una guerra". Refutando posiciones pacifistas absolutas, sostiene que "nadie quiere la guerra y nadie efectivamente quiere ningún tipo de escalada belicista. Y precisamente la única manera de que esto no ocurra es teniendo elementos que persuadan a este tipo de invasiones absolutamente fuera de la realidad internacional".

La profesora también destaca beneficios menos evidentes del desarrollo de capacidades defensivas propias: "La industria de la defensa tiene este efecto dual de aplicaciones civiles que no somos muy conscientes". Desde aplicaciones médicas derivadas de investigación militar en láser hasta desarrollos en tecnologías de la información, el sector de defensa puede impulsar un ecosistema de innovación con beneficios económicos amplios. "Son empleos y sectores que tienen un alto valor añadido, por lo tanto, muy productivos. Hay un nicho de empleo muy cualificado que también tiene sus beneficios", apunta.

El debate español sobre defensa se inserta en un contexto europeo más amplio de redefinición estratégica. El Ministerio de Exteriores español ha manifestado su apoyo a "un proceso de reflexión que pueda conducir a un proceso de reforma del proceso de toma decisiones en el seno de la UE", con el objetivo explícito de "mejorar la capacidad de acción de la Unión, particularmente en el contexto actual de amenazas a la seguridad".

España aboga específicamente por extender el uso de la mayoría cualificada en el Consejo Europeo a "ámbitos como la política exterior, fiscalidad o políticas sociales", según confirma el ministerio. Este cambio permitiría superar los bloqueos que actualmente pueden ejercer países individuales en decisiones críticas de seguridad y defensa, agilizando la respuesta europea a crisis emergentes.

Para Melle, este proceso de integración defensiva europea podría tener efectos positivos que trascienden la seguridad inmediata: "Todo esto hasta puede venir bien para el proyecto europeo, porque nos está uniendo más. Nos permite consolidar el proyecto y avanzar en la unión política y también en la unión fiscal". La experta destaca que ya se está discutiendo "algún tipo de mecanismo de fondo europeo que permita financiar emitiendo deuda de forma solidaria", siguiendo modelos como los utilizados durante la pandemia para los fondos NextGenerationEU.

"Las afiliaciones políticas trazan quizás las líneas divisorias más pronunciadas en este debate nacional. La encuesta muestra que el 80% de los votantes de Vox y el 79% de los del Partido Popular apoyan el aumento del gasto militar"
Las afiliaciones políticas trazan quizás las líneas divisorias más pronunciadas en este debate nacional. La encuesta muestra que el 80% de los votantes de Vox y el 79% de los del Partido Popular apoyan el aumento del gasto militar, evidenciando un consenso casi monolítico en el espectro conservador. En contraste, solo el 14% de los votantes de Podemos, el 22% de Sumar y el 23% de Ahora Repúblicas respaldan esta medida, con aproximadamente tres cuartas partes expresando su rechazo. El PSOE ocupa una posición intermedia pero favorable, con un 54% de sus votantes apoyando el incremento.
 


En las diferentes comunidades autónomas españolas, las actitudes hacia la defensa presentan contrastes notables. Extremadura muestra el mayor apoyo (76%), mientras que Navarra registra el menor (39%, con un 50% en contra). Estas diferencias podrían explicarse no solo por la tradición política regional, sino también por factores como la presencia de instalaciones militares o la percepción de beneficios económicos derivados del sector defensivo.

El verdadero desafío para los líderes españoles consistirá en articular una política de defensa que pueda conciliar estas diferentes visiones y abordar simultáneamente múltiples objetivos: incrementar la seguridad nacional, contribuir a la autonomía estratégica europea, desarrollar capacidades tecnológicas propias, y hacerlo de manera que sea económicamente sostenible y socialmente aceptable.
 


Como señala Melle, "hay que hacerlo con mucho tino, hay que hacerlo con mucha cabeza, mirar en qué ámbito sí podemos emplear esos recursos y que no se malgasten". En un contexto donde el Ministerio de Exteriores reconoce que "la magnitud de problemas a los que se enfrenta la UE en este momento requiere de una capacidad de articular consensos políticos y ofrecer dirección política", España tiene la oportunidad de jugar un papel significativo en la definición del futuro defensivo europeo.

Guillem Colom, profesor asociado del Instituto Español de Estudios Estratégicos, señala que el problema va más allá del simple incremento presupuestario: "La inversión en defensa es una condición necesaria pero no suficiente. No se trata solo de comprar plataformas, sino de traducirlo en capacidades reales, entendidas como el conjunto de material, infraestructuras, recursos humanos, adiestramiento, doctrina y organización". Colom coincide en advertir que sin una adecuada coordinación y planificación estratégica, el aumento del gasto podría derivar en redundancias y fragmentación, sugiriendo que "el debate no debería centrarse en objetivos de gasto sino en capacidades operativas".

Para el experto, uno de los mayores obstáculos es la "inexistente cultura estratégica por parte de nuestras élites, incluyendo las europeas", lo que se traduce en falta de voluntad política y cohesión estratégica. "Esto explica por qué siempre se dice que España punch below our weight en estas materias y por qué nuestra inversión es tan baja, a pesar de enfrentar amenazas específicas no compartidas con otros socios", apunta Colom. En su visión, España debería priorizar áreas que puedan ofrecer capacidades diferenciales adaptadas a su situación geopolítica, como operaciones anfibias, vigilancia marítima y proyección en África Occidental, además de impulsar el desarrollo de tecnologías duales como drones, ciberdefensa e inteligencia artificial.

El debate sobre el gasto en defensa en España, con todas sus complejidades y divisiones, refleja en última instancia la búsqueda de un nuevo equilibrio entre valores tradicionales de paz y la necesidad de adaptarse a un panorama geopolítico cada vez más desafiante. La respuesta que encuentre el país ante este dilema podría tener implicaciones decisivas no solo para su propia seguridad, sino para el proyecto europeo en su conjunto.

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