Jueves, 30 de julio de 2026
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Trump 2.0 y la crisis de la ultraderecha europea

La política abiertamente hostil hacia Europa que anuncia la nueva Administración Trump puede complicar la alianza entre el movimiento MAGA y la derecha radical del continente. 'Agenda Pública' analiza junto a Natahlie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali, y Giovanni Capoccia, politólogo de la universidad de Oxford, las nuevas dinámicas de este espacio político.

Agenda Pública Agenda Pública 26 de abril de 2025
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La radicalidad de los primeros cien días de mandato de Trump han desestabilizado su alianza con la derecha radical europea. | Samuel Corum - Pool via CNP / Zuma Press / ContactoPhoto
La radicalidad de los primeros cien días de mandato de Trump han desestabilizado su alianza con la derecha radical europea. | Samuel Corum - Pool via CNP / Zuma Press / ContactoPhoto
Cuando Donald Trump recuperó la Casa Blanca en noviembre de 2024, los líderes de la extrema derecha europea no disimularon su euforia. La victoria electoral del republicano parecía confirmar una tendencia global: el populismo nacionalista había regresado con toda su fuerza tras un breve paréntesis. Marine Le Pen en Francia, Georgia Meloni en Italia y Alternativa por Alemania (AfD) competían por reclamar la mayor cercanía ideológica con el presidente estadounidense. Su cálculo político prometía transformar esta asociación transatlántica en un potente combustible electoral.

"La victoria de Trump ha sido simultáneamente una bendición y una maldición para la extrema derecha en Europa"
Giovanni Capoccia - Politólogo de la Universidad de Oxford
Apenas transcurridos tres meses de su segundo mandato, la operación se revela profundamente desacertada. La Administración Trump ha desplegado una política exterior que, lejos de fortalecer a sus supuestos aliados ideológicos europeos, los ha colocado en una disyuntiva existencial. Incluso si se encuentran en pausa, los aranceles punitivos (o recíprocos en la nomenclatura trumpista) sobre todo tipo de productos europeos han desenmascarado la contradicción en el núcleo del ultranacionalismo contemporáneo: la imposibilidad de, al mismo tiempo, defender los intereses nacionales y procesar lealtad a un líder extranjero cuyo programa económico colisiona frontalmente con esos mismos intereses.

La doctrina America First como espejo deformante
 

"La victoria de Trump ha sido simultáneamente una bendición y una maldición para la extrema derecha en Europa", explica Giovanni Capoccia, politólogo de la Universidad de Oxford especializado en política europea. "Por un lado, han adquirido un gran aliado simbólico. Pero este aliado parece estar volviéndose activamente contra Europa, dejándolos en una contradicción ideológica profunda".

La doctrina America First del trumpismo no constituye una mera expresión retórica, sino una reformulación completa de la política exterior estadounidense que prioriza unos supuestos beneficios económicos inmediatos por encima de alianzas históricas. La Casa Blanca ha adoptado una narrativa que retrata a Europa como un continente de "aprovechados" que se benefician de la protección militar americana sin reciprocidad comercial. Esta visión, aunque económicamente cuestionable, ha cristalizado en una política arancelaria agresiva que amenaza sectores clave de las economías europeas.

"Si continúa con esta política tan abiertamente hostil, no solo contra la UE como institución sino contra países europeos específicos descritos como parásitos de la seguridad estadounidense", argumenta Capoccia, "la extrema derecha se enfrentará a un dilema irresoluble: tendrían que mantener en sus plataformas dos ideas fundamentalmente contradictorias —el nacionalismo económico y la subordinación a una potencia extranjera que daña directamente a su economía nacional".

La evolución de esta dinámica revela un fenómeno más profundo: el nacionalismo populista, que se presentaba como defensor de las soberanías locales frente a las élites globales, se ha convertido en rehén de sus propias alianzas internacionales. Aquello de la internacional ultraderechista se muestra cada vez más claramente como el oxímoron que es.

Italia: Meloni y la insostenible posición del equilibrista
 

El caso de Georgia Meloni representa el paradigma de esta contradicción. La primera ministra italiana, que ascendió al poder con un discurso que combinaba el nacionalismo económico con políticas socialmente muy conservadoras, invirtió considerable capital político tras la victoria de Trump en presentarse como la interlocutora europea natural de Trump. Su estrategia parecía impecable: Italia obtendría un trato preferencial a través de esta "relación especial", mientras Meloni consolidaba su perfil como líder global de la derecha radical.

Sin embargo, esta relación no ha impedido que productos emblemáticos de la economía italiana, desde el prosecco hasta los textiles de lujo, figuren en la lista de bienes sujetos a aranceles del 20%, presentados el Día de la liberación de Trump. 

"El daño potencial de los aranceles a regiones económicamente vitales como el Véneto, Emilia-Romaña y la Toscana podría traducirse en un coste electoral para Meloni"
Nathalie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali, identifica la contradicción fundamental: "Georgia Meloni se encuentra en una disyuntiva irresoluble porque es una de las figuras europeas más alineadas ideológicamente con Trump, pero resulta imposible defender públicamente a quien está a punto de imponer gravámenes que dañarán severamente tu economía nacional". Tocci continúa explicando: ·Este posicionamiento contradice frontalmente su autoconstruida imagen de patriotismo, revelando la incoherencia central de estos líderes supuestamente soberanistas. Al final, su nacionalismo resulta extraordinariamente selectivo".

La posición de la primera ministra italiana se agrava por la gran dependencia de las exportaciones de productos de alta gama y alimentos procesados —precisamente los sectores en el punto de mira de los aranceles estadounidenses—. El daño potencial a regiones económicamente vitales como el Véneto, Emilia-Romaña y la Toscana podría traducirse en un coste electoral significativo para la coalición gobernante.

Francia: Le Pen y el silencio estratégico
 

Si la reacción de Meloni ha sido la ambigüedad calculada, Marine Le Pen ha optado por un silencio estratégico igualmente revelador. La líder de Agrupación Nacional (RN), que durante años cultivó públicamente su afinidad con Trump, ha evitado pronunciarse sobre las medidas proteccionistas americanas que amenazan particularmente a la industria vinícola francesa, sector económicamente crucial en regiones como Borgoña y Burdeos, donde su partido ha experimentado un crecimiento electoral considerable.

"Marine Le Pen ha intentado mantener una calculada distancia respecto a Trump porque comprende perfectamente que una asociación demasiado explícita podría resultarle electoralmente contraproducente", observa Capoccia. "Representa la estrategia inversa a la de Meloni, pero igualmente insostenible a largo plazo. El silencio puede interpretarse como complicidad cuando los intereses nacionales están directamente amenazados".

Esta dificultad se ha visto amplificada por su reciente condena judicial por malversación de fondos del Parlamento Europeo, que ha dado como resultado una prohibición temporal para ejercer cargos públicos, lo que podría impedirle presentarse a las elecciones presidenciales del 2027. Aunque sus partidarios han intentado establecer paralelismos con las tribulaciones legales de Trump, presentándolas como persecuciones políticas paralelas, la comparación resulta forzada: mientras que era candidato logró transformar sus procesos judiciales en combustible electoral, pero, en Francia, Le Pen se encuentra marginada en un momento crítico para su proyecto político.

El paradigma polaco: cuando la sumisión ideológica se convierte en lastre
 

El caso de Polonia ilustra con particular claridad la evolución de esta dinámica. El partido Ley y Justicia (PiS), que gobernó el país entre 2015 y 2023, construyó gran parte de su narrativa internacional alrededor de una supuesta relación privilegiada con Washington durante el primer mandato de Trump.

Esta narrativa alcanzó su paroxismo tras la elección de noviembre, cuando parlamentarios del PiS exhibieron simbología del Partido Republicano en el hemiciclo, presentando el retorno de Trump como una validación retrospectiva de sus políticas. Sin embargo, la realidad ha seguido un curso radicalmente diferente. La imposición de aranceles a productos polacos, combinada con declaraciones ambiguas sobre el compromiso estadounidense con la OTAN en Europa Oriental y señales de acercamiento a Rusia, ha dejado al PiS sin un argumentario coherente.

"La contradicción resulta particularmente aguda en Polonia, donde la amenaza rusa constituye una preocupación de seguridad primordial"
La contradicción resulta particularmente aguda en un país donde la amenaza rusa constituye una preocupación de seguridad primordial. El deterioro acelerado de las relaciones entre Washington y Kiev, evidenciado por el tenso encuentro entre Trump y Zelensky en febrero, ha colocado al PiS en una disyuntiva imposible: mantener su tradicional postura de apoyo inquebrantable a Ucrania o preservar su alineamiento con la nueva orientación estadounidense.

Esta incoherencia se ha traducido en un coste electoral directo. Las encuestas para las elecciones presidenciales del 18 de mayo muestran al candidato liberal Rafał Trzaskowski con una ventaja sustancial sobre Karol Nawrocki, el aspirante respaldado por el PiS. El electorado polaco está penalizando lo que percibe como subordinación de intereses nacionales vitales a una lealtad personal hacia Trump, que el magnate no recompensa.

El "efecto Canadá" y la posibilidad de una Europa más cohesionada
 

La relación ambivalente entre Donald Trump y los nacionalistas europeos revela menos una contradicción que una jerarquía de prioridades. Mientras que figuras como Santiago Abascal o Giorgia Meloni han elogiado abiertamente al presidente estadounidense, su trato preferencial se ha reservado a líderes con poder consolidado y margen para ejecutar acuerdos directos. El recibimiento oficial al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salmán en marzo —acompañado de compromisos armamentísticos a cambio de aumentos de producción petrolera— ilustra una inclinación sistemática: Trump valora la eficacia transaccional por encima de cualquier afinidad ideológica. La simpatía de los nacionalistas europeos le resulta, en el mejor de los casos, útil; pero no la considera estratégica.

"Trump valora la eficacia transaccional por encima de cualquier afinidad ideológica"
Este patrón se replica en su relación con Viktor Orbán. Aunque el primer ministro húngaro comparte ciertas premisas ideológicas con Trump, su utilidad reside en otra parte: la posibilidad de introducir obstrucciones internas en el bloque comunitario europeo. Esta estrategia buscaría debilitar la cohesión europea, haciendo que países individuales resulten más vulnerables a presiones bilaterales. En otras palabras, la afinidad ideológica es secundaria frente al valor operativo que puedan tener estos actores como piezas para desequilibrar un tablero que Trump percibe como excesivamente multilateral.

Esta visión de las relaciones internacionales responde a una lógica crudamente instrumental. La Administración Trump considera que los regímenes autoritarios —menos condicionados por contrapesos institucionales o dinámicas parlamentarias— pueden ofrecer beneficios tangibles de forma más eficiente que las democracias consolidadas. Su aproximación al poder se fundamenta menos en principios compartidos que en la capacidad de entrega inmediata. Por eso, sus verdaderos socios preferentes son líderes que controlan de forma vertical sus respectivos sistemas políticos y pueden comprometer recursos o favores sin dilaciones ni filtros normativos.

Paradójicamente, esta hostilidad latente —y patente por las filtraciones de cierto grupo de Signal— hacia Europa podría resultar contraproducente para los intereses trumpistas, fortaleciendo a aquellos actores europeos que pretende debilitar.

Nathalie Tocci identifica una posible inflexión de mayor calado. "Lo que Trump está implementando es tan radical, tan acelerado y tan abiertamente contrario a los intereses fundamentales de sus supuestos aliados que podría generar el efecto opuesto al pretendido", advierte. "Los partidos conservadores mainstream disponen potencialmente de un poderoso argumento electoral contra la extrema derecha", señala Giovanni Capoccia. "Sin embargo, poseer un arma retórica y emplearla efectivamente son cuestiones distintas. Su capacidad para capitalizar esta contradicción dependerá de su habilidad comunicativa y coherencia estratégica". Buena muestra de ello es la actitud del Partido Popular de Feijóo ante la respuesta a los aranceles impuestos por Trump.

Según Tocci, este "efecto Canadá" —denominado así por el aumento del apoyo al Partido Liberal tras los ataques de Trump al comercio canadiense— podría reproducirse a escala continental, convirtiendo la amenaza externa en catalizador de una mayor cohesión interna. La contradicción de fondo que afronta la ultraderecha europea —nacionalismo retórico y alineamiento externo— se vuelve cada vez más difícil de sostener en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes.

"Lo que Trump está implementando es tan radical, tan acelerado y tan abiertamente contrario a los intereses fundamentales de sus supuestos aliados que podría generar el efecto opuesto al pretendido"
Nathalie Tocci - Directora del Istituto Affari Internazionali
De hecho, esta dinámica comienza a cristalizar en iniciativas institucionales que hasta hace poco eran percibidas como excesos burocráticos o aspiraciones vagas. La Estrategia Europea de Defensa y el nuevo Marco Común de Seguridad Económica han ganado tracción política como instrumentos de autoprotección frente a una Administración estadounidense impredecible. Las declaraciones cada vez más críticas de Trump hacia la OTAN, a la que ha calificado de "obsoleta", han reactivado proyectos de autonomía estratégica europea que antes se consideraban marginales o irrealizables. En este escenario, Europa podría descubrir que el trumpismo no solo es un desafío a su estabilidad, sino también una oportunidad para redefinir sus fundamentos geoestratégicos.

Europa mientras dure Trump
 

Los próximos dos años serán cruciales para determinar si esta reconfiguración del panorama político europeo se consolida. Con elecciones nacionales programadas en España, Francia e Italia, tres de los pilares fundamentales de la construcción europea, el proyecto de integración podría experimentar una reformulación significativa frente a la amenaza común que representa la Administración Trump.

"El trumpismo ya no unifica al ultranacionalismo global, sino que lo desestabiliza"
El problema es que ya no se trata solo de estrategia, sino de incertidumbre. "No sabemos realmente qué hará. Es muy impredecible", advierte Giovanni Capoccia. Trump no solo imposibilita cualquier planificación a medio plazo; descoloca incluso a sus aliados. "Podríamos tener esta conversación el mes que viene y estar hablando de algo completamente distinto", añade. Su volatilidad desactiva cualquier narrativa coherente en la derecha radical. Y aunque los conservadores podrían aprovechar esa incoherencia como munición electoral, únicamente mientras dure. "Si mantiene esa línea, tendrán un arma potente", reconoce Capoccia, "pero no hay garantías de que lo haga".

Así, el trumpismo ya no unifica al ultranacionalismo global, sino que lo desestabiliza. Puede que el propio Trump sea quien acabe fracturando a la derecha radical europea. No por ideología, sino por imprevisibilidad.
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