Martes, 28 de julio de 2026
MUNDO TRUMP

​La brutalización de la diplomacia está siendo televisada

El orden liberal internacional quedó sepultado ayer en el Despacho Oval, donde la bronca televisada de Trump a Zelenski marcó su acta de defunción. Así lo certifica Juan Luis Manfredi, catedrático de Periodismo y Estudios Internacionales en la Universidad de Castilla-La Mancha, quien advierte: "no son buenos tiempos". Las consecuencias son aún impredecibles.

Juan Luis Manfredi Juan Luis Manfredi 1 de marzo de 2025
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Lo que debería haber sido una muestra de unidad de cara al público se convirtió rápidamente en una acalorada discusión entre el presidente Trump y el presidente Zelenski. | Jim LoScalzo - Pool via CNP / Zuma Press / ContactoPhoto
Lo que debería haber sido una muestra de unidad de cara al público se convirtió rápidamente en una acalorada discusión entre el presidente Trump y el presidente Zelenski. | Jim LoScalzo - Pool via CNP / Zuma Press / ContactoPhoto
La bronca en el Despacho Oval certifica el final del orden liberal internacional, basado en normas, estados soberanos y respeto a las fronteras. Ni el Acta de Helsinki, de la que pronto se cumplen cincuenta años, ni el Memorando de Budapest (1994). Todo es Yalta: esferas de influencia, soberanía desmedida y hombres fuertes al frente del ejecutivo. Trump, aplaudido por Putin y Xi Jingping, enarbola una agenda revisionista de la política exterior estadounidense cuyos efectos son impredecibles. No se trata del cierre de USAID como instrumento preferente para ejercer influencia en el mundo o de las soflamas expansionistas (Groenlandia, Panamá, Gaza, Canadá o México), sino de brutalizar la diplomacia. La amonestación televisada avanza la narrativa America First. Endosar al presidente Zelenski una "falta de agradecimiento" busca la aprobación de los electores trumpistas. Es un mensaje de retirada, de aislacionismo y, en último término, una forma de ver el mundo.

"La bronca en el Despacho Oval certifica el final del orden liberal internacional, basado en normas, estados soberanos y respeto a las fronteras"
La intervención del vicepresidente Vance define la dinámica que viene y las ideas dominantes en Washington. La diplomacia es un instrumento menor de la acción exterior, porque todo pasa por la capacidad del presidente para impulsar una agenda, negociar los acuerdos e imponer las condiciones. Una diplomacia transaccional mide y cuantifica la relación: tantas tierras raras y minerales tienes, tanta paz mereces. No hay datos que avalen el enfoque económico de la paz y Bloomberg ha limitado la validez de las cifras que circulan las redes.

Este primer embate geoeconómico patina en la práctica, pero articula una narrativa de diplomacia al peso. En la escena televisada, el silencio del secretario de Estado, Marco Rubio, es elocuente. No hay espacio para sus propuestas en un show dominado por la pareja Trump-Vance. Los technobros corean al líder. Son hombres ricos y poderosos, que no tienen que seguir las reglas y, menos aún, las europeas. Antes, al contrario, esta filosofía de Silicon Valley que impregna la diplomacia estadounidense se basa en la capacidad para romper, fanfarronear y luego, ya si eso luego, comprobar los efectos de sus decisiones. Los nuevos wolf-warriors tecnológicos se ríen de los canales y los valores diplomáticos. No hay asertividad, discreción, confianza mutua. La nueva conversación gira sobre seguridad, defensa, coste económico y facturas. La estrategia del bully, a menudo, no es más que un signo de debilidad. Solo mediante la fuerza, Estados Unidos no podrá frenar la influencia china en el Indo Pacífico y en Iberoamérica. Rusia y China normalizan sus relaciones económicas y la cooperación militar. Una narrativa de victoria en Ucrania incentiva a otros actores a perseguir sus objetivos manu militari. La invasión y conquista de territorio es una vía legítima. Está por ver cómo reinterpretará Irán el nuevo unilateralismo.

"Una narrativa de victoria en Ucrania incentiva a otros actores a perseguir sus objetivos manu militari. La invasión y conquista de territorio es una vía legítima"
La brutalización de la diplomacia tiene efectos negativos en el tablero internacional. Dificulta la planificación estratégica, porque las decisiones se toman ante las cámaras de televisión o en la red social de turno. Ahí el presidente Trump ofrece un retrato ganador. No hay espacio para la conversación tranquila o el intercambio de documentos. En segundo término, la brutalización beneficia una relación bilateral y desamortiza las instituciones internacionales. Si los más fuertes no cumplen las normas e imponen su visión, ¿qué esperar de Egipto, Turquía, Marruecos, Argentina o India? El futuro del orden liberal hoy pasa por países con poco interés en las sociedades cosmopolitas, la economía de mercado o la calidad de la democracia.

En tercer lugar, la sucesión de ocurrencias ahoga el entendimiento de diplomáticos, periodistas o think-tankeros. Literalmente, no llegamos a explicar las incoherencias o el desastre de una paz sin garantías por parte del agresor.

Resta por conocer el resultado particular del envite. El presidente Zelenski se marchó de la Casa Blanca antes de tiempo y sin las garantías militares necesarias. La guerra estará perdida desde el momento en el que Estados Unidos limite su ayuda militar y financiera. Es el final de tres años de lucha, pero no parece que se reconozca el esfuerzo local. Sin embargo, no todo está perdido. El presidente ucraniano ha vuelto a legitimar su discurso y el reconocimiento internacional. Ucrania tiene, al menos, tanto derecho como Rusia a sentarse en la mesa de negociación. Los líderes europeos apoyarán este enfoque y pagarán la reconstrucción. Las relaciones trasatlánticas, en este momento, están rotas por falta de confianza mutua.

La nueva Administración estadounidense está decidida a acelerar una globalización impredecible. Esta nueva administración no se identifica con la defensa de los valores internacionalistas. Despidamos a los Estados Unidos wilsonianos. Demos la bienvenida al expansionismo de McKinley y la mirada populista de Andrew Jackson. Las políticas migratorias, la imposición de aranceles o la disolución de la cooperación no tienen encaje en una agenda internacional trasatlántica, sino en la política doméstica. Esta nueva era impredecible es también la era de la diplomacia de suma cero. No son buenos tiempos.
Juan Luis Manfredi
Juan Luis Manfredi
Catedrático de Estudios Internacionales en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Antiguo catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown University. Autor de 'Urban Diplomacy. A Cosmopolitan Outlook' (Brill, 2021) y de 'Diplomacia corporativa: la nueva inteligencia directiva' (UOC Editorial, 2018).
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