Miércoles, 29 de julio de 2026
INFORME

Encuesta: ¿Qué piensan los europeos de Trump y los Estados Unidos?

'Agenda Pública' ofrece en exclusiva en español este informe del European Council on Foreign Relations (ECFR), que analiza la relación entre EE. UU. y Europa, así como la visión de los ciudadanos europeos sobre el futuro de la UE y su papel en el mundo.

Jana PuglierinArturo VarvelliPawel Zerka
Jana Puglierin, Arturo Varvelli, Pawel Zerka 18 de febrero de 2025
Añadir AgendaPública en Google
La imagen de este texto se creó con la ayuda de ChatGPT, una plataforma de inteligencia artificial. | ECFR
La imagen de este texto se creó con la ayuda de ChatGPT, una plataforma de inteligencia artificial. | ECFR
En la tarde del 3 de agosto de 1914, un amigo visitó al secretario de Asuntos Exteriores británico, Sir Edward Grey, en su despacho de Londres. Ambos contemplaron la calle al anochecer mientras los faroleros encendían las lámparas. "Las luces se están apagando en toda Europa", comentó Grey, según recordaría más tarde en sus memorias. "No volveremos a verlas encendidas en nuestra vida".

Trazar comparaciones entre aquel momento y el actual podría parecer un catastrofismo absurdo. Al fin y al cabo, Grey se refería al inminente estallido de la Primera Guerra Mundial. Y, sin embargo, esa imagen melancólica refleja algo de lo que ocurre hoy con la alianza transatlántica, mientras Donald Trump comienza un segundo mandato presidencial. Donde antes brillaba con intensidad, ahora se apaga. Las sombras se alargan. La penumbra se instala —por cuánto tiempo, aún no está claro—.

"Los europeos perciben a Estados Unidos menos como un aliado con intereses y valores compartidos y más como un socio necesario con el que deben cooperar estratégicamente"
Ese es, al menos, el estado de ánimo que recoge la ambiciosa encuesta del ECFR realizada en noviembre (después de las elecciones presidenciales estadounidenses) y diciembre de 2024. El estudio abarcó once Estados miembros de la UE, así como Suiza, el Reino Unido y Ucrania—además de otros diez países del mundo, dentro de un ejercicio más amplio ya analizado en otro informe del ECFR. En esos catorce Estados europeos, la encuesta revela una visión cada vez más pesimista y pragmática de la relación transatlántica.


Las sombras no se extienden de manera uniforme. En algunas partes del continente y de su panorama político—especialmente en la derecha populista, en el poder en países como Hungría —el afecto por Estados Unidos sigue encendido—. Incluso en otros lugares, a medida que la luz se apaga, líderes más moderados como Emmanuel Macron en Francia o Friedrich Merz, el probable próximo canciller alemán, luchan contra la extinción de la llama. Confían en su ingenio o carisma para mantener viva la relación transatlántica. Pero, al hacerlo, deberían prestar atención al crepúsculo que revela nuestra encuesta, caracterizado por cuatro hallazgos principales.

En primer lugar, los europeos perciben a Estados Unidos menos como un aliado con intereses y valores compartidos y más como un socio necesario con el que deben cooperar estratégicamente. En general, hay consenso en esto, pero la encuesta también muestra que los encuestados con distintas inclinaciones políticas tienen percepciones muy diferentes sobre Trump. Esto podría indicar divisiones sobre el tipo de relación transatlántica que desean en el futuro.

"Los europeos están mayoritariamente de acuerdo en que se avecinan negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania"
En segundo lugar, los europeos están mayoritariamente de acuerdo en que se avecinan negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, un cambio significativo respecto a la segunda mitad de 2024. Pero, una vez más, el patrón de luces y sombras es desigual. Las opiniones sobre el contenido de esas negociaciones y sobre la postura que Europa debería adoptar a largo plazo varían considerablemente, lo que los líderes europeos deben tener en cuenta si Trump aumenta la presión para entablar conversaciones.


En tercer lugar, una división similar ya es visible en la política hacia China. Las percepciones en Europa son muy diversas y no se alinean claramente con las opiniones sobre Estados Unidos o Trump. Esto deja margen a la administración estadounidense para explotar esas diferencias.

"Los europeos tienden a ver la UE con mayor pesimismo que la mayoría de sus homólogos en el resto del mundo"
Por último, los europeos tienden a ver la UE con mayor pesimismo que la mayoría de sus homólogos en el resto del mundo. Sin embargo, pocos creen que la oscuridad se haya instalado por completo. Entre los grupos más optimistas y más pesimistas sobre el futuro y el poder de la Unión, hay otros dos que reconocen los matices intermedios. A medida que la luz de la alianza transatlántica se desvanece, los líderes pueden recurrir a estos grupos en su intento de iluminar el camino propio de Europa.


El crepúsculo suele entenderse como el período posterior a la puesta de sol, cuando la luz se extingue. Técnicamente, sin embargo, también corresponde a cualquier momento del día en el que el sol está justo por debajo del horizonte. Así, también puede aludir al amanecer: el instante previo a un nuevo día. Esta ambigüedad describe bien el estado actual de las relaciones entre Europa y Estados Unidos. El viejo atlantismo está desapareciendo. Pero será necesario que nazca uno nuevo —ya sea pronto o tras una larga noche—.

Para los líderes favorables a los intereses y la cooperación europeos, esto representa una oportunidad para redefinir las relaciones transatlánticas. Es la ocasión de convertir a Europa en un socio más autónomo, flexible y, en última instancia, más seguro y con mayor confianza en sí mismo. Pero si los europeos permiten que Trump los paralice y divida, cederán la tarea de iluminar el camino a un nuevo proyecto transatlántico de corte nacionalista y estilo MAGA que ya emerge, con confianza, desde las sombras.

Un atlantismo sin sentimentalismos
 

La encuesta del ECFR muestra que los europeos están convergiendo en su percepción de Estados Unidos. La visión más común es que EE. UU. no es un "aliado", sino más bien un "socio necesario" con el que Europa debe cooperar estratégicamente. Esto es cierto incluso en bastiones atlantistas tradicionales —como Polonia y Dinamarca— que hace año y medio veían principalmente a EE. UU. como un aliado. Aunque nuestra encuesta no puede confirmar causalidad, sostenemos que el retorno político de Trump y su eventual victoria electoral pueden ser los principales factores que explican este cambio.





Una tendencia destacada dentro de este fenómeno es que los partidarios de la extrema derecha europea, tradicionalmente escépticos respecto a la alianza transatlántica, se desmarcan de la tendencia continental —pero no todos—. Los simpatizantes del partido Alternativa para Alemania (AfD) ahora tienen una visión más positiva de EE. UU., mientras que las actitudes entre los votantes de Agrupación Nacional (RN) en Francia se mantienen prácticamente sin cambios. Esto refleja la postura de sus líderes: Alice Weidel, candidata de AfD a la cancillería, celebró la reelección de Trump con entusiasmo, mientras que Marine Le Pen, del RN, reaccionó con más moderación.

El cambio más consistente se observa en la corriente política dominante en Europa. Los votantes de partidos como la CDU, el SPD y los Verdes en Alemania, el PSOE en España o Renacimiento de Macron en Francia han revisado a la baja su percepción de EE. UU. desde 2023.

"Más pruebas de que la elección de Trump forma parte de este cambio provienen de la escasa disposición de los encuestados a ver este acontecimiento de manera positiva"
Más pruebas de que la elección de Trump forma parte de este cambio provienen de la escasa disposición de los encuestados a ver este acontecimiento de manera positiva. En un reciente informe de encuestas globales del ECFR, los autores Timothy Garton Ash, Ivan Krastev y Mark Leonard señalaron que, entre los encuestados de todo el mundo, los europeos son los menos propensos a considerar la reelección de Trump como algo positivo para los ciudadanos estadounidenses. Junto con los surcoreanos, también son los menos inclinados a verla como algo bueno para sus países o para la paz mundial. Existen diferencias entre los países europeos e incluso dentro de ellos —especialmente entre los encuestados favorables en el sureste de Europa y los detractores en el norte y el oeste—, pero el ciudadano europeo medio es más pesimista que optimista ante el regreso de Trump, en los tres aspectos.



Esta inquietud podría sentar las bases para un enfoque europeo pragmático hacia EE. UU. en los próximos cuatro años —ni idealista ni completamente rupturista—, con amplio respaldo en la mayoría de las sociedades. No obstante, existe margen para una mayor divergencia entre los europeos con el tiempo si las diferencias políticas internas se agudizan.

Por el momento, nuestra encuesta muestra que los votantes de, por ejemplo, AfD y RN ven principalmente a EE. UU. como un socio de Europa, más que como un aliado cercano. Ese entusiasmo contenido por la alianza transatlántica puede deberse a la percepción tradicional de estos partidos de que se trata de un proyecto de élites —dominado por cumbres de la OTAN y mesas redondas en Davos— ajeno a los votantes europeos comunes. Sin embargo, una presidencia de Trump que acerque a la extrema derecha europea, tanto en lo personal como en lo ideológico, podría cambiar esa dinámica.

Después de todo, en Washington, el 20 de enero, durante la investidura, no estuvieron presentes muchas figuras convencionales de Europa, sino más bien líderes como Giorgia Meloni, Viktor Orbán y Tino Chrupalla, de Alternativa para Alemania (AfD). El discurso de Trump evocó los temas favoritos de esos políticos y sus aliados europeos: el rechazo al "wokismo", a las políticas verdes y a la inmigración. En otro ámbito, Elon Musk, por su parte, ha establecido relaciones con la primera ministra italiana y con Alice Weidel. En enero entrevistó a esta última en X, su plataforma de redes sociales, y más tarde intervino en el acto de lanzamiento de la campaña electoral de su partido para enfatizar una vez más que "solo la AfD puede salvar a Alemania".

Esta naciente reconfiguración dentro de Europa se refleja en la encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) en la distribución política del optimismo respecto a la reelección de Trump. Los más entusiastas son los votantes de partidos populistas de derecha: por ejemplo, menos de una quinta parte de los votantes de Ley y Justicia (PiS) y Confederación (Konfederacja) en Polonia, o de Hermanos de Italia (FdI) de Meloni, considera que su reelección sería "algo malo" para los votantes estadounidenses, sus propios países o la paz en el mundo. Los seguidores de la AfD y Agrupación Nacional (RN) están más divididos, con mayorías relativas que creen que la victoria de Trump sería negativa para sus países.

"Si Trump impone aranceles que perjudiquen a los votantes de clase trabajadora en Europa, o si su plan de paz para Ucrania resulta un desastre, podría perder parte del apoyo que actualmente parece tener entre la extrema derecha europea"
En general, nuestros hallazgos apuntan a la posibilidad de que, mientras se apagan algunas luces del tradicional compromiso europeo con la relación transatlántica, comienzan a encenderse otras en los márgenes políticos del continente. Si Trump impone aranceles que perjudiquen a los votantes de clase trabajadora en Europa, o si su plan de paz para Ucrania resulta un desastre, podría perder parte del apoyo que actualmente parece tener entre la extrema derecha europea. Pero, por ahora, la tendencia indica una cálida sintonía entre Trump y sus seguidores en Europa, que bien podría evolucionar hacia un nuevo atlantismo al estilo MAGA.




Unidos en las conversaciones sobre Ucrania, divididos sobre los próximos pasos
 

El tema transatlántico más urgente al inicio del nuevo mandato de Trump es, sin duda, su actuación ante la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania. El presidente ha indicado que presionará a ambas partes para negociar. Eso, sumado a las dificultades de Ucrania en el campo de batalla, podría explicar por qué la expectativa más extendida entre la opinión pública europea es un "acuerdo de compromiso" entre Kiev y Moscú. Esta fue la opinión mayoritaria en todos los países encuestados, incluidos algunos de los más beligerantes, como Estonia, Dinamarca, Polonia, el Reino Unido e incluso Ucrania, donde en encuestas anteriores se había registrado una mayor confianza en la victoria ucraniana. Esto podría favorecer la formación de posiciones europeas comunes en torno a esas negociaciones.



Sin embargo, el contexto —la incertidumbre transatlántica que se ha instalado desde la campaña electoral y el resultado en EE. UU.— matiza esa percepción. En general, los europeos son escépticos respecto a la capacidad de Trump para mediar en el conflicto. En la mitad de los países encuestados, mayorías absolutas de los encuestados (o, en el caso de Francia, el 49%) creen que alcanzar la paz en Ucrania será menos probable bajo Trump o seguirá siendo igual de improbable que antes.



Dicho esto, solo una minoría cree que Trump reducirá las posibilidades de paz en Ucrania: apenas un 26% en promedio entre los once países de la UE encuestados. Y en varios países europeos —no solo en Hungría, Rumanía y Bulgaria, donde Trump goza de mayor simpatía, sino también en Estonia, Italia e incluso Ucrania— una parte significativa de la población piensa que aumentará las posibilidades de un acuerdo.

Pero, en conjunto, el panorama es más sombrío. En varios países, muchos de los que consideran que las negociaciones son el desenlace "más probable" de la guerra no opinan que este sea el "mejor" resultado para sus propios países o para la paz mundial. Esta tendencia es especialmente fuerte en el norte de Europa, donde los encuestados suelen pensar que lo mejor sería una victoria de Ucrania y, en consecuencia, prefieren que Europa siga apoyando a Kiev para continuar la lucha en lugar de presionarlo para negociar.

"Dentro de Europa, la principal división se da entre los países que están decididos a seguir apoyando a Kiev en su resistencia (como Dinamarca, Estonia, Polonia y el Reino Unido) y aquellos que prefieren presionarlo para que negocie la paz"
En otras palabras, mayorías relativas (y, en algunos casos, absolutas) prevén que la guerra de Rusia en Ucrania terminará en negociaciones. Pero no necesariamente confían en que Trump facilitará ese proceso ni en que promoverá una paz global más amplia. En algunos casos, ni siquiera creen que las conversaciones sean deseables en este momento. Por lo tanto, hay un considerable riesgo de fracturas tanto transatlánticas como intraeuropeas, especialmente si las negociaciones fracasan por completo o derivan en un resultado muy desfavorable para Ucrania.


Dentro de Europa, la principal división se da entre los países que están decididos a seguir apoyando a Kiev en su resistencia (como Dinamarca, Estonia, Polonia y el Reino Unido) y aquellos que prefieren presionarlo para que negocie la paz. Entre estos últimos, además, hay diferencias: algunos (como España) preferirían primero invitar a Ucrania a la OTAN, mientras que otros (especialmente Bulgaria y Hungría) cuentan con amplios sectores que abogan por empujar a Kiev a negociar sin esa oferta previa.
 

Esas divisiones deberían preocupar a cualquiera que vea la necesidad de una posición europea común sobre Ucrania —especialmente ante la llegada de un socio menos predecible y afable a la Casa Blanca—. También deberían generar inquietud las fracturas que podrían cobrar relevancia en caso de que finalmente se alcance un acuerdo de paz entre Kiev y Moscú. En algunos países (notablemente, Bulgaria y de nuevo Hungría), los encuestados ya muestran una postura bastante favorable a Rusia y tienden a creer que Ucrania tiene parte, la mayor parte o incluso toda la culpa de la prolongación de la guerra hasta ahora. Esto apunta a la posibilidad de que, tras cualquier acuerdo de paz, los gobiernos de esos países busquen un reinicio de relaciones con Rusia que otros (como Polonia o Alemania) podrían considerar inaceptable.





Otra cuestión que podría surgir en ese escenario —si no como parte de las propias negociaciones— es la futura integración de Ucrania en la UE. También aquí el margen para la división es evidente, con una gran variedad de opiniones sobre si el país pertenece o no a Europa. Que incluso en dos grandes Estados occidentales, Francia e Italia, aproximadamente la mitad de los encuestados lo pongan en duda debería ser motivo de especial preocupación para los defensores del proceso de adhesión.



El dilema de China
 


Si la encuesta facilita imaginar cómo las divisiones europeas en torno a Ucrania podrían impedir la formulación de posturas comunes frente a la Washington de Trump, lo mismo podría ocurrir con China. En el momento en el que se escribe este texto, el presidente ha lanzado el primer disparo de una nueva guerra comercial con Pekín, imponiendo un arancel generalizado del 10% a las importaciones chinas. También amenaza con imponer aranceles a la UE. ¿Debe Europa, por pragmatismo, alinearse con el presidente en su postura hacia China para apaciguarlo? ¿O debe, en cambio, mirar hacia China como un nuevo referente a medida que se apaga el brillo transatlántico?

Nuestra encuesta sugiere que ninguna de estas opciones contaría con un respaldo rotundo entre los europeos. Es cierto que una pluralidad de encuestados está de acuerdo en que China es un "socio necesario" más que un aliado, un rival o un adversario. Sin embargo, las proporciones varían considerablemente: los europeos del sur tienen una visión más positiva de China (quizás por las ventajas económicas que perciben), mientras que los del norte son más escépticos (quizás por las lecciones de prudencia aprendidas sobre la interdependencia con China, especialmente en los casos de Alemania y Dinamarca).



Nuestra encuesta también detecta un leve giro negativo en las percepciones sobre China desde mayo de 2023 en países como Dinamarca, Francia, Alemania y Polonia. Esto parece reflejar la reevaluación en curso de la relación de Europa con el gigante asiático, incluida una creciente apuesta, en el ámbito de la UE, por la estrategia de "reducción de riesgos" o de-risking. En la cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, el 21 de enero, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, abogó por "una relación más equilibrada con China" que supere los "desequilibrios económicos".

Su discurso evocó una Europa capaz de tomar sus propias decisiones en la relación con China, en lugar de verse (implícitamente) presionada a seguir una línea dictada por Washington o Pekín.

"El discurso en Davos evocó una Europa capaz de tomar sus propias decisiones en la relación con China, en lugar de verse (implícitamente) presionada a seguir una línea dictada por Washington o Pekín"
Sin embargo, la encuesta también señala los desafíos que esto implica si, por ejemplo, Trump presiona a los europeos para que se unan a EE. UU. en una escalada de presión sobre Pekín. Algunos de los países más escépticos respecto a China son también algunos de los más reticentes ante Trump (aunque los alemanes están divididos internamente, reflejando los distintos intereses y perspectivas de sus sectores industriales). Mientras tanto, algunos de los Estados más abiertos a China, especialmente en el sur y el este de Europa, son los que muestran una actitud más favorable hacia Trump.


Por ello, encontrar un camino común en Europa será difícil. Incluso si esa vía intermedia consiste en un acuerdo transaccional—seguridad estadounidense continua para Europa a cambio de cierto respaldo europeo en la cuestión china—, esta postura tensará la opinión pública en gran parte del continente. La alternativa, por supuesto, es que Europa no logre articular una posición común y permita que otros, ya sea Washington, Pekín o ambos, marquen su rumbo. Evitarlo requerirá preparación, tanto en términos de estrategia como de pedagogía política para preparar a los votantes para la negociación y el compromiso.

Del pesimismo a los matices de gris
 

¿Podrán los europeos definir su propio camino en la era de Trump 2.0? La encuesta sugiere una profunda falta de confianza en sí mismos. La mayoría de los encuestados son escépticos sobre el poder de la UE o creen que la unión podría colapsar en los próximos veinte años, o ambas cosas.

"La mayoría de los encuestados son escépticos sobre el poder de la UE o creen que la unión podría colapsar en los próximos veinte años, o ambas cosas"
En consecuencia, ven a la UE con mayor pesimismo que los encuestados en la mayor parte del mundo, como muestra el reciente informe global del ECFR. Mayorías absolutas en Brasil, India, Arabia Saudí y Sudáfrica creen que la UE tendrá mucho más o algo más de influencia en el mundo en la próxima década. En contraste, esa expectativa solo la comparten el 29% de los europeos (según el promedio de los 11 países de la UE encuestados) y porcentajes aún menores en el Reino Unido y Suiza.




No obstante, existen diferencias dentro de Europa. Destaca que los encuestados en Estados situados en los márgenes geográficos de la UE y fuera del núcleo histórico del proyecto europeo—como Estonia, Portugal, Rumanía y España—perciben con más optimismo el poder de la UE en comparación con sus homólogos en Francia, Alemania e Italia.



Una posible interpretación de este hallazgo es que los países miembros más recientes y tradicionalmente periféricos tienden a ver en la UE un refuerzo de su voz en el mundo y un contrapeso a las limitaciones de sus propios gobiernos nacionales. Otra interpretación, más desalentadora, es que el viejo núcleo de Europa está más en contacto con las realidades de las limitaciones de la UE y con sus dificultades para conciliar las diferencias nacionales.



Para captar mejor este panorama complejo, resulta útil segmentar a los ciudadanos europeos en cuatro grupos según su visión sobre la resiliencia de la UE y su potencial como gran potencia.

El grupo más numeroso (29% en promedio en los catorce países europeos encuestados) lo integran quienes creen que la UE es una gran potencia y que su colapso es improbable. Este grupo es particularmente amplio en Dinamarca, Estonia, Portugal y España, y solo en un país, Francia, su tamaño cae por debajo del 20%. A estos ciudadanos los llamamos eurooptimistas. Domina en los votantes de Renacimiento de Macron, el gobernante PSOE en España y su principal oposición, el PP, así como en los Verdes alemanes. Sin embargo, por sí solo, el optimismo de este grupo no bastaría para definir el rumbo de la UE.

El segundo grupo más numeroso (22% en promedio) ve sombras que consumen la unión. Lo conforman quienes creen que la UE no es una potencia y está destinada a colapsar. Los llamamos europesimistas. Predominan entre los votantes de algunos de los partidos de extrema derecha más radicales o abiertamente euroescépticos, como AfD, RN, PiS, Confederación, así como Fidesz de Orbán y Vox en España. En cinco países de la UE incluidos en la muestra —Bulgaria, Francia, Alemania, Hungría y Polonia— representan al menos una cuarta parte de la población nacional.



Entre la visión brillante de los eurooptimistas y la desesperanza de los europesimistas, hay dos grupos que deben ser tomados en consideración y que reflejan diferentes combinaciones de luces y sombras.

Los miembros del tercer grupo, los eurorealistas, tienen quizá la perspectiva menos dramática. No creen que la UE esté destinada a colapsar, pero tampoco la ven como una gran potencia. En promedio, representan una sexta parte (17%) de la población en los países europeos encuestados y tienen una presencia destacada en Dinamarca, Alemania, Italia y Polonia. Este grupo rara vez es el mayoritario en el electorado de algún partido político, pero es un contingente significativo en varios de los partidos más poderosos de la UE, desde la CDU y el SPD en Alemania hasta Hermanos de Italia (FdI) de Meloni y la Coalición Cívica de Donald Tusk en Polonia.

A diferencia de los europesimistas, muchos eurorealistas creen que el poder de la UE crecerá en el futuro. Esto sugiere que, para ellos, la UE simplemente aún no es una gran potencia. Junto con los eurooptimistas, suelen opinar (especialmente en Alemania, Polonia y el Reino Unido, entre otros) que Europa debería apoyar a Ucrania en su lucha contra Rusia en lugar de presionarla para que entable negociaciones de paz.

El cuarto grupo, al que llamamos euromortalistas, es el reflejo inverso de los eurorealistas. Está compuesto por personas que creen que la UE es vulnerable al colapso, pero que al mismo tiempo la consideran una gran potencia comparable a EE. UU. o China. Es probable que coincidan con Macron cuando advirtió en la Sorbona en abril de 2024 que la UE es mortal y podría desaparecer porque su despertar geopolítico es demasiado lento y débil en medio del "rearme generalizado del mundo". Este grupo representa, en promedio, el 11% de la población europea encuestada, con cifras particularmente altas en Bulgaria, Portugal y Rumanía. Sin embargo, no domina en ningún país o partido.

"Dado que el ocaso se cierne sobre la relación transatlántica y ni el optimismo exaltado ni el fatalismo más oscuro ofrecen soluciones viables, los matices de los eurorealistas y euromortalistas pueden ayudar a iluminar el camino"
Identificar estos matices puede ayudar a los europeos a evitar un catastrofismo absoluto, como el de Grey en 1914 con su observación sobre las "luces que se apagan". Es decir, dado que el ocaso se cierne sobre la relación transatlántica y ni el optimismo exaltado ni el fatalismo más oscuro ofrecen soluciones viables, los matices de los eurorealistas y euromortalistas pueden ayudar a iluminar el camino. Si se logra reunirlos con los eurooptimistas más confiados en el futuro de Europa, los líderes pragmáticos pueden construir mayorías amplias a favor de una acción concertada.


Esperanzados pero realistas; conscientes de los límites del poder europeo, pero sin quedar prisioneros de ellos; atentos a la mortalidad de la UE, pero sin quedar paralizados por ella: estas son las claves. En un discurso ante los embajadores franceses el 6 de enero de 2025, Macron advirtió contra la tentación de sucumbir a un "espíritu de derrota". Esta es una necesidad tanto como su advertencia previa sobre la posible muerte de la UE. La respuesta está en reconciliar ambas posturas.



Destellos de un nuevo amanecer
 

Si la frase de Grey sobre las "luces que se apagan" resuena hoy, no es necesariamente porque el mundo esté al borde de la guerra, aunque la escalada de conflictos y la rivalidad entre grandes potencias sean un trasfondo sombrío. Más bien, capta la sensación de que se apagan las luces de un orden en declive, nacido en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y consagrado en el Tratado del Atlántico Norte de 1949. Durante décadas, los líderes a ambos lados del Atlántico han suscrito la forma y, en términos generales, el fondo de una asociación basada en valores entre aliados comprometidos con profundos intereses compartidos.

"Esperanzados pero realistas; conscientes de los límites del poder europeo, pero sin quedar prisioneros de ellos; atentos a la mortalidad de la UE, pero sin quedar paralizados por ella: estas son las claves"
Donald Trump, junto con el giro más amplio contra el liberalismo occidental establecido, está poniendo fin a todo eso. Ya en su primer mandato llamó a la UE "enemigo" y comparó a Bruselas con "un infierno". Desde entonces, su disposición a romper convenciones e instituciones no ha hecho más que crecer. Su política de "América primero" sobre Groenlandia, su exigencia de que los socios de la OTAN gasten el 5% de su PIB en defensa y sus movimientos hacia aranceles comerciales unilaterales (primero contra otros, aparentemente con la UE en la mira) lo confirman. La oscuridad parece extenderse por un período aún indeterminado.


Este informe ha planteado un argumento con dos facetas. Por un lado, ha señalado que la vieja luz transatlántica se apaga; que los intereses y valores en América y Europa están divergiendo y que las nociones románticas sobre la comunidad atlántica han llegado a su fin. También ha demostrado que los ciudadanos europeos lo reconocen, ya sea con pesar o, en el caso de la creciente derecha radical europea, como algo positivo.

"El futuro de Europa no es uniformemente oscuro, no está condenado a someterse a la voluntad de Trump y el continente tiene un grado razonable de agencia sobre lo que viene"
Por otro lado, hemos argumentado que es necesario ver los claroscuros. El futuro de Europa no es uniformemente oscuro, no está condenado a someterse a la voluntad de Trump y el continente tiene un grado razonable de agencia sobre lo que viene. Dado que el presidente de EE. UU. ve todo como negociable, los europeos deben estar preparados para negociar con firmeza en defensa de sus intereses —ya sea en relación con Rusia y Ucrania, la postura de Europa hacia China o su seguridad e incluso la prosperidad en general—.


Los lectores deben quedarse con un sentido sobrio de las profundas divisiones que expone esta encuesta y su vulnerabilidad a ser explotadas por una administración de Trump que desprecia la cooperación y la integración europea. Los riesgos de relaciones bilateralizadas, fragmentación e incluso parálisis son reales. Los líderes deben estar alerta ante ellos y no buscar ganancias a corto plazo rompiendo con las posiciones europeas comunes. Ningún país europeo tiene la fuerza suficiente para tratar en igualdad de condiciones con EE. UU. Y los intereses políticos y económicos europeos están tan interconectados que los problemas de un país inevitablemente se convertirán en problemas para otros.

Pero este informe concluye centrándose en las oportunidades, en esos puntos de luz en la oscuridad. La encuesta del ECFR muestra margen para la colaboración entre una amplia coalición de votantes que perciben el poder y la resiliencia de Europa (así como sus relaciones con EE. UU. y China) de maneras distintas, pero sin perder la esperanza. Al reunir a eurooptimistas, eurorealistas y euromortalistas, los líderes pueden convocar a los europeos que aún tienen alguna fe en el proyecto común.

Las semanas desde la segunda victoria electoral de Trump han traído destellos de líderes europeos, tanto en Bruselas como en las capitales nacionales, buscando esas coaliciones.

"Los lectores deben quedarse con un sentido sobrio de las profundas divisiones que expone esta encuesta y su vulnerabilidad a ser explotadas por una administración de Trump que desprecia la cooperación y la integración europea"
Los gobiernos de Francia, Alemania y Polonia —cuyas bases políticas están dominadas por eurooptimistas y eurorrealistas— han comenzado a explorar nuevos formatos diplomáticos basados en su "triángulo de Weimar", pero también incorporando a Italia y, en algunos casos, a España. Polonia, los países nórdicos y el Reino Unido trabajan en la formación de una coalición de fuerzas destinada a sostener la resistencia de Ucrania. Incluso Meloni se ha mostrado dispuesta a desempeñar un papel de enlace constructivo entre una Europa desmoralizada y un Trump beligerante en cuestiones como los aranceles.


Un nuevo énfasis en la acción colectiva, ambiciosa, pero pragmática, también marca las recientes intervenciones de los líderes de la UE y próximos desarrollos como el libro blanco de la Comisión Europea sobre defensa. En Davos, Von der Leyen anunció que la UE adoptaría una postura pragmática ante la administración de Trump, pero que "siempre defenderemos nuestros principios, protegeremos nuestros intereses y mantendremos nuestros valores". Antonio Costa, el nuevo presidente del Consejo Europeo, ha declarado ante los embajadores de la UE que, "pese a los desafíos geopolíticos, este no es un mundo para desesperarnos, sino un mundo con oportunidades para la Unión Europea".

Su papel, junto con el de Mark Rutte como secretario general de la OTAN, será clave para articular la respuesta europea junto con los líderes nacionales.

"El crepúsculo transatlántico es un momento de oportunidad y clarificación. Obliga a los líderes europeos a reaprender el arte del pragmatismo en política exterior"
El crepúsculo transatlántico es un momento de oportunidad y clarificación. Obliga a los líderes europeos a reaprender el arte del pragmatismo en política exterior. Les permite explicar a sus votantes lo que está en juego con los distintos tipos de paz posibles para Ucrania y con la excesiva dependencia de Europa respecto a Estados Unidos en materia de seguridad. Y puede ofrecer a los partidos proeuropeos la oportunidad de reforzar su vínculo con los votantes, diferenciándose de la extrema derecha trumpista. Todo ello, sin embargo, requerirá una combinación de pragmatismo y creatividad.


También brinda a los europeos la oportunidad de tomar la iniciativa en la construcción de una nueva relación transatlántica. Es posible que esta se base menos en ideales y valores que en cálculos de beneficios concretos. Probablemente, será una relación más distante, en la que Europa tendrá que defender con más frecuencia sus intereses frente a las decisiones de Washington. Y, sin duda, deberá ser una relación con mayor liderazgo, iniciativa y responsabilidad por parte de Europa sobre su propio destino. En este reajuste no hay solo riesgos, sino también oportunidades. El crepúsculo aún puede convertirse en un nuevo amanecer.

Este documento fue publicado por primera vez por el European Council on Foreign Relations (ECFR).
Jana Puglierin
Jana Puglierin
Head, ECFR Berlin. Senior Policy Fellow
Arturo Varvelli
Arturo Varvelli
Head, ECFR. Rome Senior Policy Fellow
Pawel Zerka
Pawel Zerka
Senior policy fellow
Participación