La banca española ante el riesgo geopolítico: ¿qué está pasando?
El sector bancario español afronta una creciente presión derivada de tensiones geopolíticas globales a pesar de los buenos resultados del 2024. En este escenario, analizamos junto a algunos expertos los riesgos de concentración bancaria y el impacto potencial de fusiones que podría amplificar el riesgo sistémico, la pérdida de autonomía estratégica y los temores de rescates gubernamentales.
Mario Draghi escribió en 'Agenda Pública' que a medida que se desvanece la era de estabilidad geopolítica, la inseguridad podría afectar a la seguridad y el crecimiento. | Unsplash / Greg Rosenske
El 2024 ha sido un gran año para la banca española, marcado por una combinación de resultados financieros históricos y un entorno global cada vez más incierto. La estabilidad de los mercados financieros ha sido puesta a prueba por múltiples factores, desde conflictos geopolíticos hasta cambios en las políticas económicas de las principales potencias mundiales. A pesar de estos desafíos, la temporada de resultados está batiendo récords, consolidando la posición de las entidades españolas en un sector cada vez más competitivo y regulado.
El Banco de España, en su último informe sobre estabilidad financiera, ha calificado "la escalada de las tensiones geopolíticas" como "el principal riesgo" para el sistema financiero global. Este análisis refleja las implicaciones de una serie de desarrollos globales recientes, desde los conflictos en Oriente Medio, donde, a pesar del alto al fuego entre Israel y Hamás, otros acontecimientos, como la intervención de Turquía tras la caída de Basar al-Asad, continúan poniendo la estabilidad de la región; hasta el recién comenzado segundo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, un evento que el regulador español considera clave para la economía global: "Las elecciones presidenciales de Estados Unidos implican incertidumbre sobre la orientación de las políticas de este país, cuyos efectos tienen un alcance global". Buena muestra de ello es la presión generalizada sobre el sistema económico derivado de la política comercial de la nueva Casa Blanca que se ha vivido esta semana.
"La exposición internacional de las principales entidades financieras españolas las convierte tanto en beneficiarias de la diversificación geográfica como en vulnerables a las disrupciones de mercados volátiles"
El impacto de la vuelta de Trump al poder ya ha empezado a generar inquietud en algunos sectores financieros. BBVA, en su folleto de emisión registrado ante la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos (SEC) días antes de la toma de posesión del republicano, alertó del riesgo que supondría para su negocio en México. La entidad española indicó que las políticas proteccionistas del presidente podrían dañar la economía mexicana, un mercado clave para el grupo. Entre las medidas que menciona se encuentran la imposición de aranceles a las importaciones mexicanas, mayores restricciones fronterizas y un endurecimiento de las condiciones para los inmigrantes en Estados Unidos —todas estas medidas han comenzado a ser aplicadas durante las primeras dos semanas del segundo mandato de Trump.
En este contexto de inseguridad geopolítica, el sector bancario español es un actor fundamental en la relación de la economía española con el sistema económico global. La exposición internacional de sus principales entidades financieras las convierte tanto en beneficiarias de la diversificación geográfica como en vulnerables a las disrupciones de mercados volátiles. Hugo Rodríguez Mendizábal, economista del Instituto de Análisis Económico del CSIC, señala: "Los grandes bancos pueden resistir perturbaciones en mercados específicos gracias a su diversificación geográfica, como se vio en América Latina durante la crisis financiera mundial. Sin embargo, una alta dependencia de mercados políticamente inestables expone a las instituciones a disrupciones económicas impredecibles".
Dos modelos de banca en España
En nuestro país, la concentración bancaria que se dio durante la década de 2010, llamada la era del dinero gratis, por sus tipos de interés prácticamente inexistentes, dio cabida a dos modelos de entidades. Por una parte, ciertos bancos eligieron centrarse en el mercado nacional con una diversificación menor en otros mercados europeos, considerados más estables. Mientras que, por otra parte, algunas entidades buscaron aumentar sus negocios mediante la exposición a mercados más volátiles, principalmente en América Latina.
En este primer modelo, encontramos al Banc Sabadell, que presenta un perfil más centrado en el mercado doméstico, obteniendo en 2023 el 82,2% de sus beneficios en España —además de un 15% en el Reino Unido y un 3% también en México—. Al igual que CaixaBank, que obtiene un 89,5% de sus resultados atribuidos del mercado español y un 10,5%, bajo la marca BPI, del portugués, también en el año 2023.
Este enfoque tiene como ventaja una mayor estabilidad frente a las turbulencias externas, en especial las de índole financiera o geopolítica, pero también limita su capacidad de capitalizar las oportunidades de crecimiento global. Aunque bien es cierto que juegan un rol más relevante en la economía española al especializar su oferta y, por ejemplo, el Sabadell atiende a una de cada dos pymes en nuestro país.
El modelo de exposición internacional está representado por bancos españoles globales como el BBVA y el Santander. En 2023, el 55% de los resultados atribuidos del BBVA provinieron de México, el 28,6% de España y el 15,9% restante de Turquía, Sudamérica y otros mercados.
Por su parte, el Banco Santander posee una estrategia de diversificación aún más amplia, con resultados atribuidos distribuidos entre España (18%), Sudamérica (24,8%), el Reino Unido (10,5%), el resto de Europa (17,1%), México (13,9%), EE. UU. (2,3%) y el negocio de banca digital en Europa (13,2%).
Este modelo diversificado le ha permitido aprovechar el crecimiento sostenido en México durante la Administración de Joe Biden. Sin embargo, el regreso de Donald Trump podría reconfigurar este panorama, introduciendo riesgos significativos mediante políticas proteccionistas y arancelarias.
Precisamente, el enfoque sólido en el mercado doméstico del Sabadell, junto a la exposición internacional del BBVA, habría sido uno de los alicientes que llevó a la entidad vasca a comenzar el proceso de OPA.
"Una entidad combinada BBVA-Sabadell dominaría el mercado español, aumentando la probabilidad de rescates gubernamentales y creando una institución 'demasiado grande para quebrar'"
Preguntado por el riesgo en la combinación de exposición a mercados externos, el investigador del CSIC observa la posibilidad de que una entidad combinada BBVA-Sabadell dominaría el mercado español, aumentando la probabilidad de rescates gubernamentales y creando una institución "demasiado grande para quebrar". Rodríguez advierte: "La exposición geográfica concentrada en España y México agravaría los riesgos, pudiendo crear un doom loop entre la deuda soberana y la solvencia bancaria".
El BCE describe el doom loop como un círculo vicioso entre el riesgo fiscal (capacidad de un Gobierno para sostener su deuda) y el riesgo financiero (estabilidad de los bancos). Este fenómeno ocurre cuando los bancos poseen grandes cantidades de bonos del Estado, y estos bonos pierden valor debido a la desconfianza en la solvencia del Gobierno. La caída en el valor de los bonos afecta a los balances de los bancos, debilitando el sistema financiero.
"Tener bancos grandes implica un potencial de pérdidas muy elevado. Pensemos en instituciones altamente apalancadas, con ratios de capital relativamente pequeños comparados con otros tipos de empresas en la economía. Movimientos relativamente pequeños en los valores del activo pueden llevarlos a la quiebra", indica Rodríguez Mendizabal.
En situaciones extremas, los bancos pueden necesitar un rescate por parte del Gobierno, aumentando aún más su deuda y empeorando su situación fiscal. Este ciclo puede desencadenar crisis económicas graves o pánicos financieros que escalen rápidamente. Cómo explica el investigador: "La fusión de estos bancos magnificaría exponencialmente el riesgo sistémico, amenazando la estabilidad económica nacional en un escenario de crisis". Creando así una situación del sistema bancario parecida a la que causó la crisis del 2008.
Desalineada con la reforma bancaria europea
La propuesta de fusión entre BBVA y Banco Sabadell también presenta riesgos a nivel europeo. Si bien el informe Draghi reclama una unión bancaria, su intención es la de conseguir que operadores de diversos ámbitos geográficos puedan pasar a prestar un servicio conjunto en la eurozona. Según Rodríguez Mendizábal, "la segmentación geográfica sigue siendo una barrera fundamental para una verdadera unión bancaria en Europa. En lugar de mitigar riesgos, fusiones como esta refuerzan la dependencia de mercados nacionales específicos, perpetuando el problema del doom loop".
La concentración bancaria en mercados locales tiene efectos contraproducentes. Rodríguez explica: "¿Qué ocurre si tienes un banco diversificado, aunque sea solo en la eurozona? Ante crisis locales, puede estar bien preparado, porque las pérdidas en un lado pueden compensarse con ganancias en otro. Pero los bancos grandes y localizados geográficamente tienen el riesgo de que uno caiga. Y cuando eso pasa, el contagio puede ser significativo, incluso si los bancos no tienen muchas conexiones entre sí".
Un caso reciente, apunta, es el del Silicon Valley Bank en EE. UU. "Era un banco relativamente grande, pero con pocas conexiones directas con otros bancos en el mercado americano. Su estructura de balance particular generó un riesgo de contagio, no por las conexiones habituales, sino porque los inversores temían que otros bancos con balances similares también estuvieran en riesgo", explica el economista del CSIC.
"La verdadera fortaleza bancaria no se mide por la magnitud de la institución, sino por su capacidad de adaptación y su servicio a la sociedad"
Aunque el Banco Central Europeo supervisa los bancos sistémicos, la Unión Bancaria Europea sigue incompleta. Rodríguez señala que "no hemos alcanzado acuerdos completos sobre la resolución de quiebras bancarias o sobre el seguro de depósitos. Sin estas herramientas, los rescates terminan recayendo en los ciudadanos, como ocurrió en 2017 con los bancos italianos". Además, la propia estructura de la eurozona limita las posibilidades de actuación en países individuales al contar con un Banco Central común.
"El problema no es solo el tamaño de los bancos", concluye Rodríguez, "sino cómo ese tamaño afecta a la economía. La verdadera fortaleza bancaria no se mide por la magnitud de la institución, sino por su capacidad de adaptación y su servicio a la sociedad".