Cuando paró de llover, me acerqué al barranco de Poyo junto a algunos agentes de la policía local. Lo que normalmente es una cicatriz del paisaje —ignorada, pedregosa y seca— se había transmutado en una masa viscosa de agua marrón que avanzaba en bloque a una velocidad aterradora.
Las linternas no alcanzaban a alumbrar la otra orilla, que, como sabríamos después, se había alejado cuarenta metros. Las olas rompían con furia en lo que quedaba del puente, llenando el aire del rugido ancestral de la fuerza de la naturaleza. Me quedé en suspenso, atrapado por la escena y
con la certeza de que volvería a pasar.
"La naturaleza nos recuerda que somos más sus huéspedes que sus dueños, y tendríamos como sociedad que haber obrado en consecuencia"
Estamos en el Mediterráneo y el patrón son cauces que no transportan agua, excepto en episodios de tormentas cuando multiplican exponencialmente su caudal. Desde la fundación de València en época romana hay referencias a inundaciones en la llanura de la capital, y de forma más sistemática se conservan datos desde el s. XIV en los
Llibres del Consell, que registran decisiones del Gobierno de la ciudad. Esta fuente registra un total de veinticinco avenidas entre 1321 y la
gran riuà de 1957, con una frecuencia de entre tres y cinco por siglo.
La AEMET y los expertos afirman que las temperaturas anormalmente altas del mar, causadas por la acción humana, aumentan la frecuencia y capacidad destructiva de las DANA. De hecho, según Climate Central, ahora son entre 50 y 300 veces más probables.
Por tanto, la historia muestra que las gotas frías son una constante y los expertos añaden que irán a más. La naturaleza nos recuerda que somos más sus huéspedes que sus dueños, y tendríamos como sociedad que haber obrado en consecuencia. El porqué de una afección tan catastrófica está relacionado directamente con la ocupación del territorio y las infraestructuras hidráulicas existentes.
Puente destruido tras la riada del 29 de octubre a la altura de Cheste. Foto: Imágen cortesía del Ayuntamiento de Cheste
El enorme crecimiento urbanístico en un sistema fluvial dormido
Naturalmente, las administraciones, con el apoyo de la mayoría de la población y los medios de comunicación, han buscado el progreso. Entre la toma de decisiones, el desarrollo y las consecuencias catastróficas pasa demasiado tiempo y la causalidad es difusa. El incremento de la superficie urbanizada en la Comunitat Valenciana ha sido vertiginoso y está a la cabeza en España. Según SIOSE, entre 1987 y 2000 aumentó un 52%, y entre 2000 y 2005, un 37%. Sin embargo,
el plan de prevención de riesgos de inundación autonómico (PATRICOVA) es de 2003, por lo que llegó tarde al mayor crecimiento urbanístico registrado en la historia de la Comunitat Valenciana. A mayor abundamiento, gran parte del crecimiento se ha dado en áreas donde hoy no estaría permitido. No obstante, las lluvias han superado los registros y podrían desvirtuar los límites de PATRICOVA, por lo que un primer paso sería revisar las zonas de riesgo y el retorno.
Ejecutar las infraestructuras de prevención de inundaciones
Desurbanizar es a todas luces inasumible, así que, la alternativa más plausible, además de asegurar el cumplimiento de un PATRICOVA actualizado, es desarrollar las infraestructuras de prevención de inundaciones contenidas en el Plan Hidrológico Nacional aprobado en 2005 y con las obras más relevantes pendientes.
"Desurbanizar es inasumible, la alternativa más plausible, además de asegurar el cumplimiento de un PATRICOVA actualizado, es desarrollar las infraestructuras de prevención de inundaciones contenidas en el Plan Hidrológico Nacional aprobado en 2005"
Hasta aquí algunos antecedentes. A continuación, recorreré la gestión de la propia emergencia.
Aquella tarde, la última vez que consulté el pluviómetro desde el móvil antes de perder el servicio, ya había caído tanta agua como en todo un año. En ese momento, la lluvia torrencial estaba dejando su huella destructiva y
se llevó de un plumazo la luz, la telefonía, la fibra óptica y el gas. Las
vías de acceso por carretera y ferrocarril
quedaron inutilizadas con el derrumbamiento de varios puentes y socavones. Aparecieron torrentes en las calles y numerosos edificios se inundaron. A pesar de la descripción, comparada con otras localidades, la afección ha sido menor dentro de la severidad.
Mientras esto sucedía, a nivel municipal, ya llevábamos horas en plena gestión de la emergencia y las conclusiones sobre el sistema serán similares en cualquier población afectada. Creo que el sistema debe revisarse integralmente y hemos obtenido unas lecciones claras relacionadas con las restricciones de movilidad, la respuesta tardía o las carencias tecnológicas, entre otras.
La restricción de la movilidad: clave para evitar daños personales
A las diez de la mañana del 29 de octubre ya teníamos un colegio con goteras y el patio inundado. A las doce de la mañana recibimos un correo electrónico anunciando la alerta roja por lluvias de 150 litros —aunque acabaron siendo casi 400—. Como en algunas localidades, en Cheste cerramos los colegios y las familias pudieron recoger a sus hijos. Sin embargo, la capacidad para restringir la movilidad a nivel municipal no va más lejos. En nuestro caso afecta a las familias de 1.200 alumnos, pero deja fuera, por ejemplo, a las 3.000 personas que trabajan en los polígonos industriales e introduce un problema porque los colegios están cerrados, pero los padres siguen trabajando. Así pues, son la Generalitat Valenciana y el Gobierno Central quienes cuentan con visión de conjunto y con profesionales especializados y no los Ayuntamientos; por tanto, deberían ser quienes tomaran decisiones en este ámbito que minimiza radicalmente los riesgos.
Voluntarios de la Sociedad de Cazadores, en colaboración con el Ayuntamiento, construyen pasos por el barranco para romper el aislamiento del pueblo. Foto: Cortesía del Ayuntamiento de Cheste
Avisos a la población profesionalizados
Cuando en torno a las 20:00 llegó el mensaje de ES-Alert al móvil, teníamos, desde las 17:30, unas veinte personas rescatadas acogidas en el salón de plenos.
La policía y particulares habían rescatado a cincuenta personas más y los propios policías tuvieron que ser recatados a su vez, perdiendo dos vehículos.
La alerta de emergencias de la Generalitat había llegado cuando quedaba poco para que terminara de llover en la Hoya y se inundaba L'Horta Sud. Para dar más garantías, los técnicos especialistas deberían asumir más relevancia en el envío de alertas a la población.
Repensar los sistemas de emergencia
A la mañana siguiente llegaron operarios de carreteras de Diputación y Generalitat para señalizar las vías afectadas. Las fuerzas de seguridad nos pidieron ayuda para despejar la A3 con maquinaria pesada (sic.). Helicópteros de la UME y del 112 autonómico sobrevolaban el cauce del Poyo, evaluando daños, pero nada más. Aislados y sin medios específicos, pero con decenas de voluntarios y trabajadores municipales, desde el Ayuntamiento se hizo lo posible por mantener el pueblo en funcionamiento: restablecimiento de las vías de comunicación y suministros básicos, generadores para el centro de salud y supermercados, comida y agua a urbanizaciones, canalización de donaciones para los damnificados, etc.
"No se trata de centralizar las emergencias en el Estado o las CC. AA., sino de crear un sistema de piezas que se activen cuando sea necesario pivotando en manos de profesionales"
Cuarenta y ocho horas después llegaron a Cheste efectivos de las fuerzas de seguridad, siendo la UME, la que ha mantenido una presencia más constante. Son las CC. AA. y el Estado quienes disponen de medios humanos y materiales para afrontar tragedias como esta, y el papel de los Ayuntamientos debería ser colaborar y ejecutar una parte de los planes de protección civil previamente diseñados para asegurar su capilaridad: identificar zonas seguras, mantener recursos clave como generadores o alarmas sonoras. No se trata de centralizar las emergencias en el Estado o las CC. AA., sino de crear un sistema de piezas que se activen cuando sea necesario pivotando en manos de profesionales.
Resulta inexplicable la exclusión total de los Ayuntamientos del centro de coordinación de emergencias (CECOPI), corregida casi tres meses después de la DANA. Al menos se podría mantenido el encargo inicial a Diputación de gestionar la relación con los Ayuntamientos, que pronto se sustituyó por listados de evaluaciones de daños o reuniones informativas para procedimientos concretos, por ejemplo, la retirada de vehículos. Podríamos haber estado aportando nuestro conocimiento del terreno para agilizar actuaciones.
En cambio, con las comunicaciones renqueantes, hasta seis organismos diferentes pedían las mismas valoraciones con matices entre sí. El 2 de noviembre he contabilizado más de 150 llamadas al teléfono y esto no es una muestra de mucho trabajo, es muestra de voluntad, pero también de desorganización inicial.
Operarios trabajan sobre uno de los puentes destruidos en Cheste. Foto: Cortesía del Ayuntamiento de Cheste
Gestionar un desastre en el s. XX con herramientas del s. XIX
Cabe detenerse en la dependencia de la electricidad o las telecomunicaciones, porque pocas tecnologías se mantuvieron en pie. Me resultó difícil encajar, como persona, peticiones de ayuda de varias familias para cargar respiradores de oxígeno. Lo resolvimos al recordar que Mercadona disponía de un generador, pero sentí una vulnerabilidad que se reproducía en otros ámbitos. Por tanto,
es obligatorio prever tecnologías alternativas unificadas para mantener los servicios básicos, comunicar con emergencias y avisar a la población de las alarmas.
La peor versión de un bulo, los que se producen en una catástrofe
Otro ejemplo de la necesidad de contar con alternativas fiables: la incomunicación de aquellos días nos hacía pensar que la lluvia solo nos afectaba a nosotros, y
los bulos comenzaron a propagarse. La información fiable es clave en una emergencia para evitar sufrimiento innecesario y ofrecer datos útiles. En Cheste surgieron dos bulos: que el agua potable estaba contaminada, cuando fue lo único que resistió intacto, y que una presa iba a derrumbarse inminentemente, cuando el Poyo no tiene presas. Para combatir la desinformación recurrimos a bandos en papel en paneles informativos.
Sumar cultura de emergencia
Otro papel de los entes locales puede ser colaborar en el fomento de la cultura de emergencia mediante planes de formación a la ciudadanía y responsables. ¿Cuántos recordaban que si se moja el sistema eléctrico de un coche, las puertas no se abren? Ahora todos, pero
existe tendencia al olvido y, en esta línea, también son necesarios simulacros con modelos eficaces como los de Japón o Estados Unidos.
El voluntariado y la legitimidad del sistema
Otro aspecto negativo de la DANA fue el hueco que dejó la sensación de desorganización inicial. Este vacío se llenó espontáneamente con un abrumador fenómeno de ayuda de voluntarios, administraciones, ONG y empresas de toda España y más allá. Las ganas de apoyar a los valencianos fueron emocionantes, pero la ayuda llegó toda a la vez, sin logística prevista, lo que generó el riesgo de no llegar donde era más necesaria.
El pueblo salvó al pueblo con su inspiradora solidaridad y también con sus impuestos, que se traducen en carreteras, sanitarios o la muy competente UME. Sin duda, el lema de marras fue una explosión de indignación que debemos tomar en serio, porque si cala la sensación de que no hay administraciones que protejan, con recursos y planes claros, se quiebra el pacto implícito de legitimidad del sistema.
Dos ejemplos positivos de coordinación
Con la finalización de la primera fase de emergencia existe la oportunidad de ahondar la coordinación y existen ejemplos positivos. En el caso de las infraestructuras de comunicación, de forma ejemplar se ha repartido las actuaciones entre la Generalitat, el Estado y la Diputación y ya están en marcha o finalizadas. Y otro ejemplo de Cheste, donde todos los concejales tanto de Gobierno como de oposición junto a los trabajadores municipales trabajamos como uno solo.
Tanto es así que el jefe de la oposición es a quien encargué autorizar gastos —recordemos que no teníamos ordenadores en funcionamiento—.
Los trabajos de los voluntarios y el ayuntamiento continuaron hasta la noche. Foto: Cortesía del Ayuntamiento de Cheste
El incierto camino de la reconstrucción
Cien días después ya podemos pensar en clave reconstrucción, cuando no refundación, porque la catástrofe ha impactado en el
corazón económico de València, que es la tercera provincia en población del país y uno de sus motores, una provincia que ahora tiene tocada a un tercio de su población, PIB y empleo. Temo que se esté gestando un espejismo, ya que el impacto negativo en el PIB será matizado por el aumento puntual de la inyección económica de los 16.000 millones del Estado y los 800 de la Generalitat. Es decir, hay empresas aún cerradas, pero otras, como las constructoras, tienen más actividad.
Sin embargo, a medio plazo, se evidenciará la destrucción del tejido productivo, especialmente de pymes, que son el ADN empresarial tradicional en la Comunitat. Es una catástrofe de tal complejidad y escala que no se puede responder como en las catástrofes de Lorca o La Palma, que, dentro del drama humano y económico, se concentraron en un espacio más reducido.
"La reconstrucción debe basarse en un análisis conjunto entre instituciones para reparar y relanzar el tejido económico y social valenciano"
Hay que dar un paso más allá y, por ejemplo, la Confederación Valenciana de Empresarios propone un
plan Marshall. Sea cual sea la plasmación final, la reconstrucción debe basarse en un análisis conjunto entre instituciones para reparar y relanzar el tejido económico y social valenciano, repartiendo funciones y evitando solapamientos que concentren esfuerzos.
Las administraciones deben reconstruir infraestructuras, pero también facilitar viviendas, vehículos y enseres a las familias, así como el capital físico de las empresas, ya que todos enfrentan una destrucción que no es su responsabilidad.
Además, son decisivos los estímulos adicionales, pues inevitablemente algunas empresas no reabrirán. Una senda podría ser que la Generalitat refuerce la estrategia de captación de inversiones que ha mantenido y había iniciado el Botànic la pasada legislatura. La oficina de atracción de inversiones podría ofrecer incentivos a empresas para instalarse en València, con bonificaciones por contratar a quienes perdieron su empleo debido a la DANA.
Aquella noche, a las tres de la mañana, había una oscuridad espesa, solo rota por las luces de los intermitentes de los coches que se habían quedado parados en mitad de las calles, y se veían espasmódicamente contenedores fuera de sitio, ladrillos, ramas, barro. Como en Macondo, después de la lluvia, "Las casas, las calles y los árboles parecían perdidos, como si el tiempo mismo hubiera quedado atrapado en la telaraña del agua". Tenemos que intentar no volver a caer en esa telaraña. Esa es la lección central del 29 de octubre:
la necesidad de interiorizar la fragilidad del espacio que ocupamos en el Mediterráneo y respetar los límites de la naturaleza para cuando vuelva a suceder. Tenemos esa certeza, mientras tanto,
hay que invertir más en obras de prevención, repensar el sistema de emergencias y mejorar la coordinación institucional para minimizar impactos devastadores y, por último, poner toda la inteligencia colectiva en una recuperación que se contará en años.