Resulta imposible resumir todas las formas en las que las redes sociales se han utilizado durante estos días para explotar el miedo, el dolor y la legítima indignación de la ciudadanía española. En menos de una semana, hemos asistido a una escalada atroz de casi todos tipos de desinformación que uno pueda tener en el radar: desde diferentes declinaciones del negacionismo climático —"¿cómo van a predecir el clima en 100 años si no saben anticipar una gota fría?", "la culpa de las inundaciones es la demolición de presas que defienden los ecologistas"— hasta las más aberrantes instrumentalizaciones del discurso del odio —incluyendo bulos acusando a personas migrantes de haber violado voluntarias en Paiporta, Alfafar o Massanassa.
Dicen que la maldad no conoce límites. Sin embargo, no hablamos de un fenómeno surgido de la personalidad mezquina de ciertos usuarios. Hablamos de operaciones políticas conducidas por redes bien asentadas. Operaciones que, hoy por hoy, salen impunes. Su objetivo es exacerbar el miedo y la indignación para después dirigirlo políticamente. ¿Pero cuáles son los medios?
Desinformación política desde dentro y fuera de España
Las principales amenazas digitales a las que se enfrenta nuestra democracia se apoyan en redes muy consolidadas y estrechamente vinculadas a la extrema derecha con representación institucional. En la crisis política derivada de la DANA, esto es observable en cómo este ecosistema de actores ha condicionado la conversación social y el flujo de información en todas las plataformas principales. Tanto en YouTube, donde canales especializados en la difusión de teorías de la conspiración han puesto en circulación todo tipo de especulaciones sobre las cifras reales de fallecidos y los orígenes de la propia DANA, como en X y Telegram, donde influencers políticos cuya celebridad emana de agitar discursos del odio han propagado todo tipo bulos y falsas alarmas. No solo contra la administración y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sino también contra grupos vulnerables como la comunidad migrante.
"En la crisis política derivada de la DANA, esto es observable en cómo este ecosistema de actores ha condicionado la conversación social y el flujo de información en todas las plataformas principales"
Falsos llamamientos al envío urgente de bolsas para cadáveres, engañosas informaciones sobre la presunta incautación de material para voluntarios, alarmas infundadas sobre la existencia de "bandas" de inmigrantes "armadas con machetes"; la lista de engaños y bulos puestos en circulación durante menos de una semana resulta inabarcable. Sin embargo, todos estos casos comparten dos factores: los estrechos vínculos entre destacados personajes de esta red y las formaciones de la extrema derecha, y la incapacidad —o la falta de voluntad— de las plataformas a la hora de frenar o mitigar su impacto en la discusión pública.
Gran parte de estos problemas también han venido desde el extranjero. De hecho, durante los últimos días, hemos asistido a un aumento sin precedentes en el alcance digital de los influencers políticos más explícitamente alineados con el Kremlin en España. Personajes que son recibidos con los brazos abiertos en foros internacionales auspiciados por el régimen de Putin, o que viajaron a la Ucrania ocupada a nutrir sus canales de YouTube con propaganda de guerra. Todos ellos han encontrado en esta crisis una forma de crecer en visitas y seguidores, explotando la mentira y el sensacionalismo al más puro estilo de la propaganda rusa.
Con más de 600.000 seguidores en YouTube, el más influyente de ellos se desplazó con las cámaras de Iker Jiménez hasta un parking inundado de Catarroja para esparcir el bulo del centro comercial Bonaire. Al día siguiente, vecinos difundieron un vídeo donde el youtuber se tiraba sobre un charco antes de entrar en directo para cubrirse más de barro. No está claro si era esto a lo que se refería el poeta Gabriel Celaya cuando hablaba de "tomar partido hasta mancharse", pero nada parece apuntar a que la influencia de este tipo de desinformadores se vaya a borrar a manguerazos, como el lodo, una vez la crisis haya pasado.
"Durante los últimos días, hemos asistido a un aumento sin precedentes en el alcance digital de los influencers políticos más explícitamente alineados con el Kremlin en España"
Tampoco parece que se vaya a esfumar el molesto ruido generado por cuentas automatizadas que actúan desde el extranjero; un fenómeno que recordamos siempre que hay elecciones americanas, pero que también hace mella en nuestra esfera digital. Desde antes del fin de semana, cuentas creadas en la India han estado publicando frenéticamente mensajes en español y catalán para difundir conspiraciones sobre las cifras de muertos o participar en el hostigamiento de cargos públicos.
¿De dónde vienen estas cuentas? Quienes hemos analizado otras campañas de tipo Comportamiento Inauténtico Coordinado (CIB, siglas en inglés), barajamos dos hipótesis principales. La primera, que se trate de un intento tosco de revolver más las aguas por la vía barata, pagando por usar bots sin cerciorarse de cuán creíble será la intervención de estas cuentas.
La segunda es que estemos ante cuentas monetizadas que intervienen en la conversación global automáticamente, replicando cualquier mensaje que vean funcionar para generar interacción, incluso cuando se trata de conspiraciones y amenazas. Más allá de lo inverosímil que resulta que miles de ciudadanos indios especulen sobre el número de muertes de la DANA en perfecto catalán, lo cierto es que todas ellas parecen utilizar inteligencia artificial para publicar sus respuestas. No cabe duda de que sean
bots. Sea cual sea la razón por la que han amplificado desinformación y violencia en esta crisis, su mera presencia constata cómo X se va volviendo poco a poco un espacio cada vez más adverso para la discusión en democracia.
Teorías de la conspiración, guerra, HAARP y negacionismo climático
En lo que a teorías de la conspiración se refiere, las redes negacionistas que más influencia tienen en nuestro país insisten en convencernos de que la DANA no fue el producto del cambio climático, sino un "ataque meteorológico" urdido desde el extranjero. Unos culpan a Marruecos, a quien acusan de haber desplegado una avanzada operación de ingeniería climática contra el campo español. Otros acusan a Israel, achacando a Tel Aviv una supuesta venganza contra el Congreso español por cancelar "un enorme contrato de venta de armas". Mientras tanto, unos terceros, acusan a unas difusas "élites globalistas", mezclando en una marmita negacionismo climático y teorías conspiranoicas sobre chemtrails, la Agenda 2030 y las políticas del ecologismo.
"Si la DANA en València es el primer acontecimiento que nos enfrenta como país a la cruda realidad de la crisis climática, también es la primera vez que este negacionismo intenta reescribir nuestra historia"
Para promover estas teorías, algunos influencers negacionistas publican videos de TikTok de centrales térmicas flotantes, que presentan como los supuestos barcos que habrían lanzado el ataque frente a las costas de València. Mientras, otros se aprovechan de los falsos ecos de los radares meteorológicos para proyectar sombras chinescas. "¿Puede algún meteorólogo explicarme qué está pasando aquí y por qué lleva más de 48 horas con las mismas nubes estáticas y puntiagudas que aparecen y desaparecen?", dice uno de los desinformadores virales publicando capturas de Meteored. Cuando estas teorías comienzan a bullir en las profundidades de internet, acaban encontrando una vía para alcanzar la superficie. "¡Hay teorías que lo explican! […] Se ha dado la orden de que València desaparezca", alertaba el viernes un youtuber de videojuego a sus más de 350.000 seguidores hablando de "geoarmamento".
Una vez alcanzan esos espacios, ya no pueden considerarse simples discursos marginales.
Esto es lo más peligroso del impacto de la desinformación climática en esta crisis. Si la DANA en València es el primer acontecimiento que nos enfrenta como país a la cruda realidad de la crisis climática, también es la primera vez que este negacionismo intenta reescribir nuestra historia.
Lo hizo desde el minuto cero, cuando antes de conocer las primeras cifras de muertos influencers de extrema derecha se apresuraban a despertar mitologías franquistas sobre los planes hidrológicos de la dictadura. Sin embargo, esta distorsión interesada continuó en cada una de las fases de la crisis, donde los marcos de los desinformadores han hecho todo lo posible por apartar la crisis climática del centro de la discusión.
Llamando a las puertas de la Ley de Regeneración Democrática
En paralelo a la desinformación política, el negacionismo climático y las teorías de la conspiración, hemos visto desbordarse también un caudal de violencia digital tremendamente preocupante. Esta violencia no es en ningún modo casual, sino fruto de una estrategia política que explota el anonimato de las redes sociales para desplegar nuevas formas de acoso e intimidación contra activistas, profesionales de la información y representantes públicos. Fundamentalmente, con vocación de silenciarlos o amedrentarlos. Es decir, de estrechar los márgenes de la libertad expresión, haciendo cada vez más caro el precio de tomar la palabra, combatir la industria de la desinformación o abordar cualquier discusión democrática desde el respeto al diferente.
"La falta de anticuerpos contra la desinformación de la que adolece nuestra democracia, refuerza su poder y da pábulo a sus fantasías autoritarias"
"Siendo la basura que sois, lo raro es que solo os tiraran barro", le dice un afamado trol seguido por Abascal a una periodista que denuncia una agresión a sus compañeros. "Poco me parece", se reafirma un asesor del europarlamentario Jorge Buxadé ante los episodios de violencia contra Sánchez sucedidos en Paiporta. La agresividad de los propagandistas, acaba calando en figuras públicas —como
streamers e influencers— que acaban secundando estas ideas: "La realidad es que movilizarse y [hacer] manifestaciones al final no sirve de nada. La solución es la que es. Lo que hicieron nuestros vecinos franceses al final del siglo XIX, pero esta vez con los políticos […]. Hay que organizar algo. Yo mucho que perder no tengo y no me importa ser el cabecilla". Tiene más de 250.000 seguidores en X, y no acostumbra a hablar de política; pero eso no lo hace inmune a la lenta permeación de un discurso que ya copa su plataforma.
La impunidad que X confiere a los discursos violentos y discriminatorios en la propia plataforma es un factor clave para entender cómo hemos llegado hasta aquí. En la estrecha concepción de libertad, expresión que defiende Musk, la glorificación de la violencia y las amenazas, así como el discurso del odio, reciben más protección que la libertad a expresarse sin ser acosado, o intimidado por redes políticamente coordinadas que hacen del pistolerismo digital su principal acción política.
La crisis política derivada de la DANA ha vuelto a poner en evidencia que la desinformación y la propaganda del odio en España se difundeN siempre a través de las mismas redes; una estructura de cuentas consolidadas, monetizadas y explícitamente conectadas con la extrema derecha y fuerzas injerencias. La falta de anticuerpos contra la desinformación de la que adolece nuestra democracia, refuerza su poder y da pábulo a sus fantasías autoritarias. Si el problema, según el presidente Sánchez, era que "llevamos demasiado tiempo dejando que el fango colonice impunemente la vida política", hoy hay más razones que nunca para limpiar ese fango antes de que las promesas se estanquen.