El bloqueo del Partido Popular Europeo (PPE) a la evaluación y nombramiento de la nueva Comisión Europea tiene poco o nada que ver con la
tragedia histórica del 29-O en València y menos aún con el papel de
Teresa Ribera en la gestión de esa catástrofe, gestión que era y es principalmente
responsabilidad de la Generalitat Valenciana.
Las maniobras del PPE, orquestadas por su líder en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, contra la vicepresidenta española, responden a un juego de poder con el que los populares europeos buscan arrastrar a las fuerzas progresistas a un blanqueo de la extrema derecha, personificada en este caso por el futuro comisario italiano, Raffaele Fitto.
"Los populares europeos exigen a los socialistas que voten a favor de Raffaele Fitto a cambio de su voto favorable por Ribera y Pedro Sánchez se ha negado en redondo"
El PPE pretende cristalizar ese blanqueo de la ultraderecha en el voto sobre la evaluación de Fitto como futuro vicepresidente de la Comisión (a cargo de la política regional). Aunque el italiano no pertenece al PPE sino a ECR (Conservadores y Reformistas Europeos), los populares exigen a los socialistas que voten a favor del italiano a cambio de su voto favorable por Ribera. Una transacción forzada a tres bandas que Sánchez se ha negado en redondo a aceptar.
En esa pugna, el Partido Popular Europeo ha tomado como rehén el nombramiento de Teresa Ribera para intentar forzar el visto bueno de socialistas y verdes a su creciente colaboración con los partidos de ultraderecha y euroescépticos, en particular, con los encabezados por Giorgia Meloni (ECR) y por Viktor Orbán (Patriotas por Europa).
El choque entre Sánchez y Weber pone en peligro no solo el nombramiento de Ribera sino incluso la puesta en marcha de la nueva Comisión de Von der Leyen, que estaba prevista para el 1 de noviembre, se retrasó al 1 de diciembre y podría quedar aplazada sine die en caso de que el PPE mantenga su bloqueo.
La apuesta de Weber es muy arriesgada política e institucionalmente. El eurodiputado alemán quiere normalizar a toda costa sus acuerdos con los grupos situados a su derecha, para incorporarlos a la gobernabilidad de la Unión como unos actores más. La estrategia de Weber pasa por degradar a los socialistas desde su tradicional condición de motor imprescindible para la integración europea junto a la democracia cristiana al estatus de socio coyuntural a merced de las necesidades o intereses del PPE. Un golpe terrible a la posición de los socialistas que Sánchez no parece dispuesto a aceptar, máxime ahora que España puede convertirse en el último bastión fuerte de su grupo si los populares logran el Gobierno de Alemania en las elecciones previstas en ese país en febrero de 2025.
"Weber quiere normalizar a toda costa sus acuerdos con los grupos situados a su derecha, para incorporarlos a la gobernabilidad de la Unión como unos actores más"
El duelo entre Sánchez y Weber, en el que
Alberto Núñez Feijóo es un útil peón del alemán y la tremenda tragedia de València una siniestra excusa, se resolverá la semana que viene, cuando está previsto el veredicto del Parlamento tanto sobre Fitto como sobre Ribera. Los populares interpretan el nombramiento del italiano como la validación de su tesis, que considera inevitable la incorporación de los ultraconservadores con toda normalidad a la gobernanza europea. Una ruptura del cordón sanitario que los socialistas, con Pedro Sánchez al frente, no están dispuestos a refrendar con sus votos.
La negativa de los socialistas a votar a favor de Fitto, achacada por fuentes europeas a instrucciones de Madrid, no impediría el nombramiento del italiano, que saldría adelante con el respaldo de los populares y de la ultraderecha. Pero ese desenlace visualizaría que el PPE estrecha sus lazos con ultraconservadores y euroescépticos, mientras socialistas y verdes se mantienen firmes en el aislamiento a la extrema derecha.
Las elecciones europeas del pasado 9 de junio parecen corroborar las intenciones de Weber. El PPE se convirtió entonces en la primera y única gran fuerza del Parlamento Europeo, con más de 50 escaños sobre el segundo y menguante grupo socialista (188 eurodiputados populares frente a 136 socialistas). Además, los grupos de Orbán y Meloni suman más escaños que los socialistas (164 en total), incluso sin contar con los eurodiputados de una Marine Le Pen todavía condenada al ostracismo en Bruselas.
"Sánchez no parece dispuesto a aceptar que los socialistas voten a favor de Fitto, máxime ahora que España puede convertirse en el último bastión fuerte de su grupo si los populares logran el Gobierno de Alemania en las elecciones de febrero"
Las cuentas le salen al PPE para buscar a su antojo aliados a derecha o izquierda, según le convenga. Aun así, en Bruselas pesa mucho todavía la variable europeísta y los grupos reacios o contrarios a la integración siguen provocando rechazo más allá de su color ideológico.
Weber parece dispuesto a superar esa antigua reticencia y a dar la puntilla a la gran coalición de facto que han mantenido la democracia cristiana y la socialdemocracia durante décadas, con el apoyo adicional de liberales y verdes. Un cambio hacia una geometría variable que pasa por el blanqueo de la extrema derecha y de los euroescépticos, pero que puede terminar en un bloqueo institucional sin precedentes.
El eurodiputado liberal francés, Pascal Canfin, precisaba este jueves a la perfección el riesgo en ciernes después de que los eurodiputados de Weber, Meloni y Orbán unieran fuerzas por primera vez en una votación sobre un texto legislativo para aguar el proyecto de directiva sobre deforestación: "El PPE tiene que elegir. No puede gobernar la UE con la extrema derecha (…) y luego con nosotros para que apoyemos la Comisión de Von der Leyen. Llegamos al momento de la verdad, empezamos a ver señales claras de que si [el PPE] no cambia, habrá una crisis política en Europa, algo que no queremos y que no nos podemos permitir con Trump, China y Putin".