Como en el resto de países de la UE, las elecciones del 9J reflejan antes la evolución política doméstica que las preferencias de los ciudadanos sobre Europa, aunque lo segundo también está contenido en lo primero.
La impresión general que producen los resultados es la que muchos podían intuir en las últimas semanas: su lectura estará más condicionada por las expectativas de hace meses que por la realidad de los números generados.
El principal desafío para todos los partidos, y quienes los analizan, es buscar claves de la legislatura nacional en unas elecciones europeas, cuyos parámetros suelen alejarse mucho de las elecciones generales.
Esto no significa que no se puedan leer en clave estatal, pero sí obliga a ser cauto con esas lecturas, y no extraer más implicaciones de las que los números permiten. Con esa precaución, hay al menos tres claves fundamentales para entender lo que las europeas nos pueden decir de la situación política interna.
1. El PP confirma su primacía electoral, pero su estrategia no rompe el equilibrio del 23J
El PP ha ganado la realidad electoral, pero ha sido derrotado por sus expectativas políticas. Confiado en el efecto punitivo que los partidos gobernantes suelen experimentar en las elecciones europeas, anticipó en los meses previos que el PSOE recibiría un castigo por la amnistía y los acuerdos con los partidos independentistas. Luego, continuó con la postura de deslegitimación de la amnistía, y acabó apostando a la fiscalización del entorno del jefe del Gobierno. Los resultados del 9J no respondieron a estas expectativas, a pesar del retroceso socialista.
Esto tiene que ver, en parte, con la incapacidad de recuperar espacio electoral. Los mejores números del partido en cualquier nivel electoral siguen siendo previos a 2014. Desde entonces, la competencia de Ciudadanos y luego de Vox ha impuesto un cierto techo de votos en torno a los ocho millones de votos, dos más de los que obtuvo el 9J y un umbral del que quedó a dos millones en estas europeas. Tras las municipales, autonómicas diversas, generales y ahora europeas, el PP ha reocupado una parte del espacio, a costa de movilizar también voto en contra entre la izquierda y a favor de Sánchez.
Con ello, el PP casi se asegura ser el primer partido en las elecciones de ámbito nacional. Pero su margen de mejora bajo el liderazgo de Núñez Feijóo podría estar agotándose. Al igual que sucedió en las generales de 2023, la suma de PP, Vox y la otra candidatura ultra en estas europeas ha alcanzado la misma cifra de votos que ya obtuviera José María Aznar en 1999. La preferencia por él como presidente del Gobierno está estancada desde hace meses.
Las elecciones del 9J podrían abocar a un escenario incómodo para el PP: con un líder desgastado, pero sin incentivos para cambiarlo a corto plazo por la ausencia de elecciones.
2. El PSOE resiste, pero pierde una cuarta parte de sus apoyos, y sus aliados, mucho más
Al PSOE le han salvado, precisamente, las expectativas generadas por el PP meses antes, la división de la derecha… y los excelentes resultados obtenidos en las elecciones de 2019. Gracias a ellos, la caída generada por el castigo que se ha llevado como partido de gobierno en estas europeas ha sido menos dramática. Según la serie de elecciones europeas se mantiene cerca de los parámetros pre-2011, habiendo obtenido solo medio millón de votos que entonces.
Pero el apoyo obtenido el 9J deja tres aspectos críticos.
Primero, la variación de las últimas tres elecciones europeas es mucho mayor que las que se habían dado antes de 2014. Ello insiste en la inestabilidad de los apoyos electorales y en la reducción del núcleo de voto leal, como también se vio en elecciones municipales y generales. Incluso se dan variaciones mayores entre elecciones de un mismo ciclo.
Segundo, crecen las diferencias territoriales entre los apoyos al PSOE (como al PP), algo que podría esperarse más atenuado en unas elecciones de circunscripción única. Desde esa perspectiva, Madrid y Cataluña aparecen como los dos polos de la asimetría territorial creciente que separa las zonas de electorales para cada partido. Mientras que el PSC le saca 400.000 votos al PP en Cataluña, este se queda cerca de hacer lo mismo en la Comunidad de Madrid.
Por último, la relativa cercanía entre PP y PSOE se disipa cuando tenemos en cuenta la lógica de bloques. Si cabe buscar algún muro entre izquierda y la derecha, es un muro entre desiguales. Es la primera elección europea en la que la izquierda estatal obtiene menos votos que la derecha estatal (1,8 millones menos).
Ese es el resultado de que el desgaste del PSOE no haya repercutido en ninguna forma en las candidaturas a su izquierda (Sumar y Podemos). Al contrario, tras la expansión que se produjo en las elecciones europeas 2014, ese espacio se ha quedado hoy en la mitad de apoyos, al nivel que tenía Izquierda Unida en 1999.
3. La ultraderecha sigue elevando su suelo electoral, aunque aparece el riesgo de la fragmentación
En contraste con las elecciones generales, donde Vox obtiene más apoyo, en las elecciones municipales y europeas sigue teniendo un suelo electoral por debajo de los 2 millones de votos.
Esa es la mala noticia que el PP no sabe desmontar todavía. No solo Vox resiste mejor de lo que indican sus entrenadores en la derecha, sino que además parece ir consolidando un grupo de votantes
field, definidos por diversas cuestiones antiliberales.
La aparición de una candidatura ultraderechista alternativa podría suponer un precedente para que ese electorado se fragmente. No obstante, el recorrido que puede tener esa candidatura en otras elecciones, con diferentes reglas electorales, parece limitado. En ese sentido, lo más relevante es la señal que lanza esta candidatura sobre los costes que podría tener para Vox institucionalizar su organización innova adaptarse a los nuevos formatos de manipulación en las redes.