Si bien muchas de las observaciones en torno a la bajada de resultados de PISA se centran en cuestiones estrictamente educativas, como el impacto de las tecnologías (y sus algoritmos) en la mente de nuestros adolescentes,
la educación no solo sucede en las escuelas e institutos. De las características presentes en PISA,
el índice socioeconómico y cultural de las familias es el que muestra una asociación más fuerte con el nivel de competencias educativas. En muchos de los países en los que las bajadas han sido más pronunciadas, se observa una caída mayor en las familias de nivel socioeconómico y cultural más alto. Quienes atribuyen toda la caída a
cuestiones como la IA tendrán que dar cuenta de por qué el descenso comenzó en 2018. En el gráfico 1, se muestra la situación para España (las líneas están sombreadas con el margen de error estadístico; cuando el punto de una recta entra en la sombra de otra, las diferencias no son estadísticamente significativas).
Gráfico 1. Evolución de la competencia científica del alumnado de 15 años, según el nivel de estudios de la madre o tutora (sombreado el nivel de confianza al 95%)
Es llamativa la poca atención que recibe el hecho de que
los adolescentes de 2025 han realizado toda su vida académica en un mundo posterior a la crisis de 2008, una crisis de la que todavía no se han recuperado las familias y cuyos recortes al sistema educativo, en muchos sitios, tampoco se han revertido.
¿Qué les ha pasado recientemente a las madres universitarias para que los resultados educativos de sus hijos hayan empeorado más pronunciadamente?
Que están más explotadas laboralmente. La economía familiar estándar se sustenta en el tiempo y los ingresos que los progenitores aportan al hogar. Cuando ambos progenitores participan en el mercado de trabajo, el menor tiempo disponible para criar a los hijos se compensa con más renta, para clases particulares, actividades extraescolares, etc. Tras la crisis de 2008,
los ingresos de las madres universitarias ya no compensan el tiempo. El
mercado de trabajo ha empeorado para ellas más que para otras mujeres. Para sostener esta hipótesis, en el gráfico 2 mostramos un indicador de la calidad de los empleos según nivel de estudios. Apreciamos que
las madres universitarias de 2025 desempeñan empleos de menor prestigio (una combinación entre los ingresos medios de la ocupación y el nivel de cualificación necesario para desempeñarla) que las de 2015. La diferencia quizá no sea muy grande, pero sí invita a indagar más en esta línea de análisis.
Gráfico 2. Prestigio de la ocupación de la madre o tutora en 2015 y 2025, por su nivel de estudios
La alternativa tradicionalista no es viable. Por un lado,
renunciar a los ingresos laborales supone renunciar a la libertad. Por otro lado, en las últimas décadas hemos pasado de que un hogar pudiera vivir con una sola renta salarial a que ahora sean necesarias dos.
El salario busca el equilibrio hacia lo que cuesta el nivel de vida de las familias, y ahora ese nivel ha quedado establecido en la necesidad de dos salarios.
"En las últimas décadas hemos pasado de que un hogar pudiera vivir con una sola renta salarial a que ahora sean necesarias dos"
El empeoramiento de las condiciones de trabajo posterior a la crisis de 2008 puede haber sido peor para las mujeres, pues varios estudios muestran la
penalización que reciben las mujeres en el mercado de trabajo tras su primer hijo. Podría estar sucediendo que
se fragmenten más las diferencias de condiciones de vida de las mujeres universitarias. Si bien las universitarias cuentan con más probabilidad de acceso a los mejores puestos de trabajo,
la maternidad trunca sus carreras en mayor medida que las del resto. Tras la crisis de 2008, esta penalización es tan grande que con dinero ya no se compensa la falta de tiempo. Por eso, para el título del artículo me inspiro en la canción de un grupo punk, Siniestro Total,
"Baño de sangre en Puerto Banús". No podemos entender que en tantos países al mismo tiempo bajen los resultados sin entender que
la crisis de 2008 ha supuesto una recomposición de las clases medias. Si en los sesenta se habla del aburguesamiento de la clase obrera, ahora estamos ante la proletarización de la clase media. Una proletarización mayor para las mujeres universitarias.
Los resultados educativos no solo son resultado de lo que sucede dentro de un aula, pues son resultado de lo que sucede en el conjunto de la sociedad.
Una sociedad más proletarizada, con peores salarios y menos tiempo disponible, es una sociedad que educa peor (y que tiene menos hijos). Mejorar la educación también pasa por
un mercado de trabajo que permita la conciliación, más estabilidad laboral y una vida digna. Centrar tanto el foco de atención en tecnologías, legislación o didáctica nos aparta de estudiar el efecto del empobrecimiento de las familias sobre la calidad de la educación.