

"El riesgo pasó de medirse en años a medirse en meses, no porque Rusia se hubiera fortalecido, sino porque la lógica política interna del país se había vuelto más peligrosa"El centro de estudios EK Strategic Communications Center, con sede en Madrid y especializado en Rusia, empezó a documentar este cambio al menos en abril. Un informe publicado el 25 de abril concluyó que el bloque de seguridad ruso no se limitaba a intensificar su retórica contra la OTAN, sino que estaba impulsando abiertamente una ampliación de la guerra más allá de Ucrania, combinando acusaciones de una inminente agresión europea con provocaciones concretas en la región báltica. El 7 de mayo, otro informe documentó la siguiente fase: la propaganda del Kremlin preparaba a la opinión pública rusa para una posible escalada más allá de Ucrania y atribuía de antemano a Occidente la responsabilidad.
"La economía de guerra que ha contribuido a sostener el empleo, la producción militar y los ingresos de determinados hogares empieza a convertirse en una trampa"Conseguir soldados para la guerra también resulta cada vez más caro. Los militares contratados requieren pagos regionales cada vez mayores, mientras el Estado amplía la infraestructura legal, digital y administrativa que podría sostener una nueva movilización. La evaluación de EK Stratcom de agosto detectó una reducción del flujo de reclutas por contrato, un aumento de los costes de reclutamiento y una aceleración de los preparativos legales para una posible movilización posterior a las elecciones, potencialmente encubierta, aunque subrayaba que no constaba ninguna decisión definitiva.
"Mientras continúe la guerra, el régimen conserva una explicación universal para casi todo lo que sale mal"El Kremlin, por tanto, ya no necesita ante todo ganar la guerra. Cada vez necesita más que la guerra no termine. Ucrania, mientras tanto, pierde eficacia como detonante de un nuevo rally-around-the-flag effect, también entre algunos sectores partidarios de la guerra. Los rusos muestran poca disposición a combatir personalmente, mientras los sondeos siguen reflejando una preferencia sostenida por las negociaciones.
"Putin no necesita creer que Rusia puede derrotar a la OTAN, puesto que le basta con creer que la OTAN dudará a la hora de responder de forma adecuada"El escenario más peligroso, por tanto, no es una ofensiva rusa hacia Varsovia o Berlín, donde Moscú se arriesgaría a recibir una poderosa respuesta militar. Es una escalada limitada que el Kremlin crea poder mantener por debajo del umbral que desencadenaría una respuesta plena de la Alianza. El objetivo sería poner a prueba la defensa colectiva, aumentar el miedo y la división dentro de Europa y recuperar en Rusia la psicología de asedio. El Kremlin se ha ido encerrando cada vez más en una posición en la que la guerra permanente empieza a convertirse en un factor para la supervivencia del régimen de Putin.
"Antes de que se produzca cualquier posible incidente, se está explicando a las audiencias por qué Rusia no debería ser considerada responsable de lo que ocurra después"Dicho de otro modo, antes de que se produzca cualquier posible incidente, se está explicando a las audiencias por qué Rusia no debería ser considerada responsable de lo que ocurra después. La guerra híbrida de Rusia contra Europa ya está en marcha mediante sabotajes, operaciones cibernéticas, FIMI, injerencia política y presión coercitiva. Las autoridades europeas han vinculado a Rusia con incursiones de drones, sabotajes, ciberataques y otras actividades hostiles en todo el continente. La cuestión no es tanto si el Kremlin tendría que iniciar un conflicto completamente nuevo con la OTAN como cuándo decidirá Moscú convertir en guerra abierta una parte limitada de la confrontación que ya existe.
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