Miércoles, 12 de agosto de 2026
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Estados Unidos cumple 250 años: una carta desde Washington sobre los lazos que lo unen a España

Estados Unidos celebra 250 años de una idea que nunca ha coincidido del todo con su propia realidad. Desde los padres fundadores hasta las luchas por los derechos civiles, J. P. Carroll recorre las contradicciones de esa promesa y se pregunta qué significa el aniversario para España. Su respuesta desplaza el foco de gobiernos y diplomáticos hacia una relación construida también por ciudadanos, estudiantes, empresas, escritores y artistas.

J. P. Carroll J. P. Carroll 11 de agosto de 2026
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Bandera de Estados Unidos en el Consulado de Estados Unidos en Barcelona. | David Zorrakino / Europa Press
Bandera de Estados Unidos en el Consulado de Estados Unidos en Barcelona. | David Zorrakino / Europa Press
A mis queridos lectores:

Mi editor me pidió que escribiera una reflexión sobre los 250 años de la experiencia estadounidense y que, de alguna manera, la situara en el contexto de la relación entre Estados Unidos y España o, en términos más amplios, de la relación transatlántica. Todo ello en 800 —o 1.200— palabras. Una tarea ambiciosa en la que, sin duda, me quedaré corto de una forma u otra, pero, tras mucho pensar y menos escribir, ya llevo un mes de retraso, así que vamos a intentarlo.

Dejemos una cosa clara: los Estados Unidos de América son una idea que cobró vida gracias al coraje, la creatividad y las convicciones de nuestros padres fundadores. La prueba de que este país es una idea es precisamente lo que celebramos el 4 de julio. La Guerra de Independencia de Estados Unidos comenzó, en realidad, en 1775 con las batallas de Lexington y Concord. El conflicto militar propiamente dicho terminó en 1781 con la batalla de Yorktown, y la guerra concluyó oficialmente en 1783 con el Tratado de París.

"Nuestro documento fundacional se construyó más sobre la esperanza en el futuro que sobre la realidad del momento"
El Segundo Congreso Continental adoptó la Declaración de Independencia el 4 de julio de 1776. En última instancia, nuestro documento fundacional se construyó más sobre la esperanza en el futuro que sobre la realidad del momento. Esa es una de las características de este país: sus mayores visionarios siempre han sido soñadores que miraban hacia delante, decididos a construir un futuro que superara incluso sus propios sueños.

Este es el país de George Washington, Thomas Jefferson y Benjamin Franklin, entre otros padres fundadores. Pero también es el país de Crispus Attucks, antiguo esclavo y marinero de ascendencia indígena americana y africana, que fue el primer estadounidense en morir en la Masacre de Boston de 1770. El poeta John Boyle O'Reilly lo recordó como "el primero en desafiar, el primero en morir". Nuestra independencia también fue posible gracias a otras figuras valientes, como James Armistead Lafayette, un esclavo que ejerció como espía para el Ejército Continental de George Washington y que sirvió como voluntario bajo las órdenes del marqués de Lafayette. También están figuras como Abigail Adams, esposa del padre fundador John Adams, cuyas cartas a su marido mientras este formaba parte del Congreso Continental y ejercía como embajador en el extranjero tuvieron una enorme influencia en su pensamiento. Los consejos de Adams a su marido nos recuerdan que, cuando alguien sirve en una guerra, su familia también está haciendo un gran sacrificio.

Los fundadores fueron figuras complejas. Thomas Jefferson condenó la esclavitud en un primer borrador de la Declaración de Independencia, pero ese pasaje acabó siendo eliminado del texto definitivo. El propio Jefferson, como es bien sabido, fue propietario de esclavos. La esclavitud fue, sin duda, el pecado original de Estados Unidos.

Hizo falta un grupo de nuevos padres y madres fundadores para enfrentarse a esta cuestión a lo largo de los años, entre los que destacan el presidente Abraham Lincoln, el presidente Ulysses S. Grant y el célebre abolicionista y orador Frederick Douglass. A lo largo del tiempo, muchos estadounidenses han tenido que luchar por sus derechos civiles, ya fuera mediante protestas pacíficas o recurriendo a los tribunales y defendiendo sus reivindicaciones ante el Congreso.

Ya fuera en la Convención de Seneca Falls de 1848, en Nueva York; en el Domingo Sangriento del 7 de marzo de 1965, en Selma, Alabama; en la huelga de los recolectores de uva de Delano de 1965 o en las protestas estudiantiles del Este de Los Ángeles de 1968; en los disturbios de Stonewall del 28 de junio de 1969; o en la Larga Marcha de 1978, los estadounidenses llevan mucho tiempo organizándose y defendiendo sus derechos. El valor de las generaciones pasadas y la continua vigilancia de los estadounidenses de hoy han dado lugar a avances legislativos y judiciales fundamentales.

"El valor de las generaciones pasadas y la continua vigilancia de los estadounidenses de hoy han dado lugar a avances legislativos y judiciales fundamentales"
En esencia, la identidad de Estados Unidos se resume en ser un país en el que las personas tienen la capacidad de vivir la vida que desean y en el que sus libertades están protegidas por la ley. A Estados Unidos le ha llevado tiempo estar a la altura de su promesa fundacional, porque este país no es perfecto. Si ninguna persona es perfecta, ¿cómo puede serlo un país entero? No puede. Pero lo que sí es perfecto son los ideales fundacionales de este país, y lo que resulta inspirador es comprobar cómo tantas personas han luchado durante 250 años para garantizar que esos ideales, esos sueños y esos derechos sean para todos.

Más allá de la diplomacia

¿Qué significa el 250.º aniversario de Estados Unidos para España? A decir verdad, no estoy seguro. Pero sí sé que hemos compartido mucho a lo largo del tiempo. Otros han escrito hasta la saciedad sobre las aportaciones de Bernardo de Gálvez, que también han sido destacadas, entre otros, por la Embajada de España aquí en Washington D. C. a través de las redes sociales. Sus contribuciones fueron importantes, sí, pero también lo fueron las de muchas otras personas cuyos nombres desconocemos, incluidas las de estadounidenses y españoles de hoy.

Quizá lo más importante en este momento para la relación entre Estados Unidos y España sean los esfuerzos de los ciudadanos de ambos países por relacionarse entre sí. Es estupendo que haya funcionarios públicos y diplomáticos dedicados a fortalecer la relación entre los dos países, pero también es importante reconocer los esfuerzos de estudiantes, líderes empresariales, escritores y artistas que han contribuido a hacer de la relación bilateral lo que es hoy.

"Es importante reconocer los esfuerzos de estudiantes, líderes empresariales, escritores y artistas que han contribuido a hacer de la relación bilateral lo que es hoy"
Programas como Fulbright y NALCAP, en Estados Unidos y España, respectivamente, han contribuido enormemente a fomentar el entendimiento entre ambos países. La inversión extranjera directa y el comercio entre los dos países han ayudado a crear empleo y prosperidad para personas a ambos lados del Atlántico. Millones de personas de todo el mundo han encontrado inspiración leyendo las obras tanto de Miguel de Cervantes como de Ernest Hemingway. Y el rey Felipe VI es un orgulloso graduado de la Universidad de Georgetown.

Además, alrededor del 13 % de la población de Estados Unidos habla español y el dólar estadounidense se inspiró en el real de a ocho español. Y hace apenas un mes, aficionados al fútbol —tanto estadounidenses como españoles— se reunieron en restaurantes, cafeterías, bares y centros comunitarios de todo Estados Unidos para ver a España ganar la final del Mundial, que tuvo a Estados Unidos como uno de sus países anfitriones. En definitiva, las historias de Estados Unidos y España están intrínsecamente entrelazadas.

La mayor fortaleza de la relación entre Estados Unidos y España reside en sus ciudadanos. No es ningún secreto que las relaciones entre los gobiernos de ambos países atraviesan un momento complicado. Sin embargo, como alguien que vivió en España hasta el año pasado y que conoce a muchos españoles que viven aquí, en el área de Washington D. C., sigo confiando en que lo mejor aún está por llegar para las relaciones entre nuestros dos países.
J. P. Carroll
J. P. Carroll
Analista en Washington D. C. y columinsta de 'Agenda Pública'
MBA Internacional de IE Business School. Máster en Estudios Profesionales (MPS) en Relaciones Públicas y Comunicaciones Corporativas de la Universidad de Georgetown. Es el exdirector adjunto de Medios Hispanos del Comité Nacional Republicano (RNC). J.P. vive en el área de Washington, D. C.
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