Viernes, 31 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Iván Redondo: "Quienes tumben los Presupuestos estarán tan penalizados como el Gobierno"

Cinco años después de abandonar La Moncloa, Iván Redondo publica 'El Manual', un libro con el que revisita su trayectoria, reivindica el papel de los gabinetes presidenciales y expone su visión sobre el futuro político de España. Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública', conversa con quien fue el principal estratega de Pedro Sánchez en San Sebastián, la ciudad donde nació y donde pasa una parte de la semana, para hablar de poder, liderazgo, polarización y convivencia.

Marc López Plana Marc López Plana 31 de julio de 2026
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Marc López Plana e Iván Redondo en la playa de la Concha (San Sebastián). | Agenda Pública
Marc López Plana e Iván Redondo en la playa de la Concha (San Sebastián). | Agenda Pública
San Sebastián es una de esas ciudades que ayudan a entender la personalidad de quienes han vivido allí. Aquí nació Iván Redondo y aquí sigue encontrando, lejos del ruido permanente de Madrid, un lugar desde el que pensar y trabajar. Nos encontramos en una mañana tranquila, con la playa de la Concha como telón de fondo y con su libro El Manual como contexto. Se trata del libro en el que reconstruye su "primer acto vital": desde sus inicios como consultor político hasta los años en los que dirigió el Gabinete de la Presidencia del Gobierno junto a Pedro Sánchez.

Han pasado cinco años desde su salida de La Moncloa. El tiempo le ha permitido tomar distancia, ordenar recuerdos y convertir una experiencia excepcional en una reflexión sobre el liderazgo, la toma de decisiones y el ejercicio del poder. Pero también sobre España. Porque, aunque el libro mira al pasado, buena parte de nuestra conversación transcurre inevitablemente sobre el futuro: el nuevo ciclo político que, a su juicio, está comenzando, la necesidad de reconstruir la convivencia, la fragmentación del sistema de partidos, el papel de Catalunya, la transformación del liderazgo de Pedro Sánchez y los desafíos que afronta también Alberto Núñez Feijóo.

Pero aquel primer acto ya ha dado paso a otro. Cinco años después de abandonar La Moncloa, Redondo ha levantado un grupo empresarial que acaba de reforzarse con la compra de la mayoría de Grupo Norclamp, una operación que refleja hasta qué punto su actividad ha dejado de limitarse a la consultoría política para extenderse también a la estrategia empresarial y a sectores industriales considerados clave para la autonomía estratégica del país.

Redondo responde con la mezcla de análisis estratégico y convicción personal que le ha caracterizado siempre. Habla de presidencias, de campañas, de instituciones y de mayorías, pero también de determinación, de equipo y de política entendida como una forma de construir. Más que una conversación sobre el pasado, esta es una entrevista sobre cómo cree que se gobernará España durante la próxima década. De hecho, y aunque dice que su puesto actual está en el Grupo Redondo, les sugiero que retengan un eslogan: "España es un país para vivir". ¿Será el lema de campaña de Pedro Sánchez en las próximas generales?
 

¿Por qué decide escribir un libro?

Me lo habían planteado desde hacía muchísimos años. Dicen que tenemos tres actos en la vida. Este libro recoge mi primer acto y quería que Nahia, mi hija, que ya tiene tres años y medio, pudiera conocer el primer acto de sus aitas. Nada más.

Poder impactar a alguien más ya me parecería un triunfo. Sé que el libro está teniendo muchísima repercusión, pero el motivo era así de sencillo. Hace un tiempo que inicié mi segundo acto y he intentado recopilar experiencias, ideas, anécdotas y lecturas. No sé si pueden servir, la verdad. También he tratado de explicar lo que aprendí de todas aquellas personas con las que me encontré.

Cualquiera que haya leído el libro y llegue hasta el final se da cuenta de que es un homenaje a mucha gente y una forma de entender la vida, como la política, como un deporte de equipo.

¿Qué aprendió de Pedro Sánchez?

Como de todas las personas con las que he trabajado, un montón. Creo que en el libro, cuando llegamos a la etapa previa a La Moncloa, explico bien sus cualidades y algunas de las lecciones aprendidas.

Pero, si tuviera que elegir una, sería la determinación. Es algo que yo siempre había tenido de serie, pero con él lo vi en otra dimensión. Se habla mucho del Manual de resistencia. El manual es otra cosa: presidentes resistentes ha habido muchos, prácticamente todos en algún momento. Pero presidentes con la determinación de Pedro Sánchez, no. De los siete presidentes del Gobierno, es el número uno, bajo mi punto de vista, en esa categoría.

¿Qué significa ser director de gabinete de un presidente del Gobierno?

Ser jefe de Moncloa o asesor implica captar información para transformarla en conocimiento que sirva para la toma de decisiones de un primer ministro. A partir de ahí, te interesa cualquier tipo de información: todo aquello que se pueda medir y, en determinados momentos, también lo que no se pueda medir.

El objetivo es que el presidente cuente con el criterio del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Con independencia de que tengas veintidós ministros, solo tienes un jefe de Moncloa. El criterio presidencial se compone de lo que plantea el Consejo de Ministros y de lo que aporta el gabinete presidencial.

"Presidentes resistentes ha habido muchos, prácticamente todos en algún momento. Pero presidentes con la determinación de Pedro Sánchez, no"
Esa es la tarea del gabinete: hacer recomendaciones, ofrecer consejos y lanzar alertas, no tomar las decisiones. Los miembros del gabinete somos centrocampistas que buscan generar juego, instalados siempre en la sospecha permanente: buscamos la discrepancia, el matiz, ese detalle que puede darle unas décimas más al primer ministro.

Muchas veces estamos de acuerdo al 93% con lo que plantea un ministro, pero hay ocasiones en las que no. Es como el principio de Pareto, el 80-20: tratamos de encontrar el 20% de los asuntos que determinan el 80% del éxito del primer ministro.

Es una tarea diaria, sin descanso. Cualquier miembro del gabinete se dedica a eso. No tiene nada que ver con la labor de los políticos, aunque a veces se quiera equiparar. Los asesores entienden a la primera lo que estoy diciendo. Es una pasión. Te tiene que gustar.
 

¿Qué aprendió de los anteriores directores de gabinete?

Yo ya tenía experiencia porque había trabajado en el Gobierno de José Antonio Monago en Extremadura. Sabía lo que era la práctica pública y conocía perfectamente qué podía trasladar de la práctica privada. También conocía La Moncloa desde fuera y por haberla visitado anteriormente.

Tenía a los anteriores directores de gabinete como auténticos iconos. Algunos me conocían desde que era un mocoso, así que pudimos hablar con muchísima confianza. No se trató solo de lo que aprendí de ellos, sino de lo que me recomendaron hacer.

"Muchas veces estamos de acuerdo al 93% con lo que plantea un ministro, pero hay ocasiones en las que no"
El gabinete que constituimos habría sido imposible sin la aportación de los anteriores jefes de gabinete. Me explicaron las huellas, los asuntos que crees que nunca te van a ocurrir, las cicatrices y las grietas que existen en el edificio y que, tarde o temprano, vas a encontrarte. También me ayudaron a pensar cómo construir un gabinete a través del cual pudiera gobernar el presidente, si así lo quería, como sucedió durante aquella primera etapa de Pedro Sánchez.

Hubo muchos cambios relacionados con la seguridad nacional. Estamos hablando de 2018 y basta mirar ahora para entender su importancia. También los hubo en la Oficina Económica y en la Secretaría de Estado de Comunicación. Si vas a asumir las culpas de la comunicación, tienes que coordinarla. No puedes dejar esa función en manos de la Vicepresidencia o de la portavocía: debes incorporarla al gabinete.

También tecnificamos y digitalizamos el departamento de comunicación con los ciudadanos, siguiendo una huella que ya habían abierto los anteriores equipos. Es un puesto que nació de una forma humilde y fue creciendo con el paso del tiempo. Yo fui el décimo director de gabinete de la democracia.

"Si vas a asumir las culpas de la comunicación, tienes que coordinarla. No puedes dejar esa función en manos de la Vicepresidencia o de la portavocía"
No era funcionario ni militante del partido. Incluso había trabajado anteriormente para otro partido. Precisamente por lo improbable de mi nombramiento, tenía la oportunidad de hablar con todos. Cuando hablo de mis antecesores, hablo de personas del PP y del PSOE con las que pude conversar con absoluta naturalidad. Algunos regresaron después a la política, pero entonces estaban fuera o en otras posiciones.

Agradezco muchísimo haber podido implementar una estructura que yo intuía, pero contando con la opinión de quienes habían hecho aquel trabajo antes. En algunas cuestiones me dijeron: "Corrige esta parte". En otras: "Vas muy bien por aquí".

Uno de ellos llegó a decirme: "No olvides que tienes 37 años. Escribe algún día un libro". Te lo juro. Esto no aparece en El Manual, pero ahora me lo estás haciendo recordar. Yo pensé: "¡Qué pereza!". Pero uno de ellos me lo dijo.

¿Fue aquel el primer gabinete y tú el primer director de gabinete de una fase de hiperpresidencialización en España?

Hay varios puntos interesantes. El primero es que aquel era un momento de expectativas bajas y de un Gobierno sorpresa. Era la primera moción de censura victoriosa de la democracia. Se aplicaba con éxito el artículo 113 de la Constitución por primera vez. Era algo inédito en España.

Ahora, en el Grupo Redondo, continúo incorporando a personas de aquella etapa y de gabinetes anteriores. Por diferentes circunstancias y por las bajas expectativas iniciales, durante los meses siguientes se llegó a interpretar que aquel era el mejor gabinete de la historia. No digo que sea mi opinión ni que sea cierto, y mucho menos que todo el mundo tuviera que compartirlo. Pero esa percepción existió entre muchas personas del Madrid D. F. Tras el Gobierno de Mariano Rajoy Brey, se produjo la sensación de que había llegado algo completamente nuevo.

También le ocurrió al presidente, que es el principal responsable de decidir qué gabinete quiere tener. Ese sería el primer punto.

El segundo es que el gabinete rompió la cuarta pared que los anteriores habían tratado de atravesar. Había una continuidad estratégica. No todos pudieron llegar a ese punto, como me explicaron los anteriores directores de gabinete. Por eso me dieron buenos consejos. Eran conscientes de que existe un linaje profesional de jefes de gabinete y de Moncloa. Mi pregunta era cómo podía avanzar un poco más.

"Se llegó a interpretar que aquel era el mejor gabinete de la historia. No digo que sea mi opinión ni que sea cierto"
Para romper esa cuarta pared había que incorporar algunas de las funciones que he mencionado. Te pongo otro ejemplo en el que se produjo un cambio importante respecto al gabinete anterior: la Secretaría General que asumió José Manuel Albares. En el ámbito internacional ya se hablaba de seguridad global. Era un auténtico secretario general.

La estructura incorporaba las dimensiones de política interior y exterior como parte de una misma mirada. Un minuto después de mi toma de posesión, el presidente me dijo: "Vamos a rescatar el Aquarius". Sirve para entender la conexión con la idea de gabinete que quería. Cuando hablábamos de una visión total, queríamos decir global.

Era una conquista que los anteriores habían perseguido, pero a la que no habían podido llegar. Pedro Sánchez sí quería ese modelo.

El tercer punto es que ha habido diferentes etapas en la trayectoria del presidente. La que yo viví duró tres años y medio. La llamo la etapa de Pedro Sánchez Castejón, entre 2018 y 2021. Entre 2021 y 2023 llegó la etapa de Pedro Sánchez, cuando se produjo una especie de referéndum sobre su figura y una deshumanización brutal: sanchismo frente a antisanchismo.

No sé quién no se ha dado cuenta todavía de que esa etapa ya terminó. Ahora comienza otra diferente en la que Pedro Sánchez tiene que pasar a ser Pedro. Y ya está empezando a ocurrir.

Durante la etapa de Pedro Sánchez no había tanto presidencialismo. Éramos un Gobierno profundamente parlamentario. Teníamos 84 diputados, 84 valientes que debían sostener una mayoría muy difícil en el Congreso. Después llegó el primer Gobierno de coalición progresista en 90 años, desde la Segunda República. Estamos hablando, además, en el Hotel de Londres, donde se produjo uno de los pactos históricos de aquella época.

Todo era muy novedoso, pero entonces llegó la pandemia y después yo me marché. Para mí, el giro más presidencialista comienza en la segunda etapa, la del sanchismo y el antisanchismo. No creo que respondiera a una estrategia deliberada, sino al propio desarrollo de los acontecimientos.

"Éramos un Gobierno profundamente parlamentario. Teníamos 84 diputados, 84 valientes que debían sostener una mayoría muy difícil en el Congreso"
Creo que ahora vamos a regresar al principio. La mejor estrategia del Partido Socialista consiste en recuperar técnicamente algunos elementos de la primera etapa, pero transformándolos en algo nuevo: la humanización de la política, la recuperación de las instituciones, la devolución del país a sus ciudadanos y el restablecimiento de los elementos de la democracia en los que creemos.

Todavía no se percibe con claridad porque hay mucho ruido, combate político y polarización. Pero creo que vamos hacia allí. El reto del equipo actual es salir del plebiscito presidencialista. Si lo consigue, existe un camino claro hacia la reelección.
 

Usted estaba en el Gobierno cuando se plantearon los indultos. Uno de los elementos por los que Pedro Sánchez puede pasar a la historia es haber pasado de ser un hombre del artículo 155 a convertirse en el símbolo de una reconciliación y una mayor convivencia en Catalunya. ¿Cuándo y cómo se decide este cambio?

Esta es mi posición y mi forma de explicarlo. El presidente lo cuenta de otra manera. A mí me gusta hablar de una política de reencuentro total con tres fases: castigo, perdón y olvido.

El castigo, en aquel momento, fue el artículo 155. Nadie quería aprobarlo y fue algo muy difícil, pero cualquier vulneración de la legalidad tiene que recibir alguna forma de respuesta.

"El reto del equipo actual es salir del plebiscito presidencialista. Si lo consigue, existe un camino claro hacia la reelección"
Una política de reencuentro total tiene después una segunda fase obligatoria. En algún momento debía haber indultos y, en algún momento, una amnistía. Es decir, debía haber perdón y olvido. Quiero recuperar aquí a Santos Juliá, en paz descanse. Él solía decir, al hablar de la Transición, que se trataba de echar al olvido, como si existiera una maleta en la que pudieran depositarse las cosas.

Creo que el presidente siempre tuvo claro que su política y su agenda eran las del reencuentro total. Antes de los indultos ya reunimos a los dos gobiernos en Barcelona, en un momento muy difícil, a finales de 2018. ¿Qué salió de allí? La agenda del reencuentro.

Cada uno puede defender caminos y tiempos distintos. Yo tengo los míos. Pero lo maravilloso de trabajar para un primer ministro es que él decide los tiempos. A veces acertará y otras no, pero el destino siempre fue el mismo.

Creo que el presidente tenía muy claro que, antes o después, se producirían los indultos y la amnistía. Es mi opinión, aunque él no lo explique de esta forma. En aquel momento se celebró un encuentro con Quim Torra en el Palau de Pedralbes, con un montón de florituras curiosas, y también un Consejo de Ministros en Barcelona, en un contexto muy difícil. Allí estaba ya la agenda del reencuentro.

Siempre ha existido un origen y un destino. Después de ocho años como presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez pasará a la historia por esta política de reencuentro total, no solo por sus efectos beneficiosos en Catalunya, sino también en el resto del Estado.

Cada vez que hablas de Catalunya estás hablando de España. A veces se olvida y quiero reivindicarlo: hablar de Catalunya, que es hablar de España, siempre es una buena política. Hay que hacerlo sin miedo.

"Pedro Sánchez pasará a la historia por esta política de reencuentro total, no solo por sus efectos beneficiosos en Catalunya, sino también en el resto del Estado"
Detrás está, en mi opinión, la idea de una España en la que caben más Españas, frente a otra en la que solo cabe una única idea de España. Desde 1996, si no votaran Euskadi y Catalunya, siempre ganaría el bloque de la derecha. Pero la realidad es que, para mí, vascos y catalanes son españoles, y a mucha honra. Cuando votan, pueden empatar o desempatar en una dirección. Esto es lo que hay.

¿Por qué cree que una parte no menor de España no comparte esa visión?

Yo me rebelo contra esa idea porque soy un claro defensor, y el presidente lo sabe perfectamente, de que sí lo entienden. Esas categorías se han acabado. Llevo defendiendo esta posición durante todos estos años. Tengo 45 años y cualquiera que me conociera antes o después de La Moncloa sabe que pienso así.

Lo puedes ver en la Roja. Esa España a la que algunos llaman la España de las muchas Españas es la España plurinacional. Es plurinacional dentro de sus territorios, en el conjunto del Estado y, por supuesto, también gracias a todas aquellas personas que vienen a contribuir a nuestro país.

"Cada vez que hablas de Catalunya estás hablando de España. A veces se olvida y quiero reivindicarlo"
Eso ya está ahí y es imparable. No es una cuestión de izquierdas o de derechas. Hay que escribir y describir las categorías que ya existen en la sociedad. La gramática política con la que se discuten estos asuntos en el Madrid D. F. pertenece a 2023 y a los últimos años, pero no se corresponde con el lugar en el que está ahora la calle. Es uno de los elementos que debemos corregir. Hay que volver a ser audaces.

Creo que estamos en un momento muy parecido a 2018, cuando comenzó un ciclo político. Para mí, el ciclo que va de 2018 a 2023, con sus prórrogas de 2024, 2025 y 2026, se ha acabado. A partir de 2027 nace otro ciclo. La pregunta es dónde quieres estar.

Como ocurre siempre en España cuando nace un nuevo ciclo político, podemos hablar de muchos asuntos. Podemos hablar de economía, ahora que la tasa de paro está por debajo del 10%. Podemos hablar de política internacional, con un presidente reconocido en todo el mundo. Gustará más o menos, pero es muy difícil viajar a otro país, seas de izquierdas o de derechas, y no comprobar el reconocimiento que reciben las políticas de derechos humanos defendidas por Pedro Sánchez.

Pero la política interior, que es donde están los votos, donde se ganan las elecciones y donde se perfeccionan los proyectos, todavía está por construir. Y cada vez que comienza un ciclo político nuevo queremos volver a hablar de España. Somos así.

"El reencuentro total no significa que nada haya terminado. Empieza todo de nuevo. La pregunta es quién quieres que garantice la convivencia democrática en tu país"
El reencuentro total no significa que nada haya terminado. Empieza todo de nuevo. La pregunta es quién quieres que garantice la convivencia democrática en tu país.

Para mí, España es un país para vivir. En todos los sentidos. Por supuesto, un país para vivir necesita que puedas pagar una vivienda y todavía afronta muchos retos. Pero es un país reconocido en todo el mundo que debe renovar, durante este ciclo político, su proyecto para los españoles.

¿Se puede hacer desde el Gobierno? Sí. ¿Es habitual que sea una alternativa desde la oposición la que lo haga? También. Pero la alternativa actual tiene un problema: está atada a una idea uninacional de España que ya ni siquiera se corresponde con la visión de una parte importante de los electores de derechas. Si es que alguna vez se correspondió, algo que yo tampoco creo.

La Transición demuestra que, cuando la derecha se desplaza hacia una idea más plurinacional, encuentra apoyos. Esta es una de sus grandes asignaturas pendientes, pero Vox mantiene amarrado al Partido Popular.

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¿Qué piensa cuando todo el mundo habla de polarización en España?

Ganará La Moncloa quien sea capaz de unir generaciones, territorios e ideologías sin miedo.

¿Hay que proteger a la izquierda? Sí. Pero la mejor manera de protegerla y conseguir que haya más personas de izquierdas es permitir que otras personas quieran subirse a ella. También hay que entender que la causa de la izquierda es transversal y que puede desplazar el centro.

El centro no existe, pero sí existen personas que entienden que la causa que consideran mayoritaria puede estar unas veces en la izquierda y otras en la derecha. Ese es el elector.

La izquierda tiene ahora alrededor de 700.000 electores en el PP y Vox. ¿Quiere recuperarlos o no? No los recuperará exigiéndoles que sean de izquierdas. Los recuperará explicando bien que su idea de España puede ser mayoritaria, que tiene un proyecto y un programa, y que pueden confiar en ella durante cuatro años más.

Los votos no pertenecen a nadie. Si Pedro Sánchez no fuera el candidato del Partido Socialista, el PSOE estaría en el 20% o el 21%. Él es quien lo lleva a otra dimensión. Ahora está en el 27%, perfecto. Pero la expectativa es alcanzar el 30% o el 31%. ¿Lo conseguirá? De eso estamos hablando.

No puedo decir lo mismo de Alberto Núñez Feijóo. La gran duda es que Feijóo puede estar en el 31% o el 32%, prácticamente en empate técnico con Pedro Sánchez, pero no sabemos si otro dirigente podría mejorar su resultado. Lo que sí sabemos es que el PP tiene un suelo alto.

También existe otro reto importantísimo. Si identificas que la izquierda todavía representa la causa mayoritaria, debes entender los liderazgos colaborativos. El conjunto del Gobierno debe saber cómo fortalecer a sus socios.

El presidencialismo se puede entender en clave de partido, pero no en un Gobierno parlamentario, porque los socios quedan escuchimizados. Pondré un ejemplo sencillo: todos deben entender que la situación de Junts les interpela.

Junts no solo es un partido decisivo en el ámbito estatal. Lo es y seguirá siéndolo en el futuro si encuentra su camino. También hay que observar cuál puede ser la mayoría en el Parlament de Catalunya a partir de 2028. Técnicamente, las opciones pasan por PSC, Esquerra o Junts. No existe otra plataforma que pueda vertebrar esa mayoría.

Estamos en el segundo semestre de 2026. Cualquier persona que practique el pensamiento lateral sabe que, dentro de 24 meses, lo que estoy diciendo será de sentido común. Esto puede entenderse desde un punto de vista utilitarista, pero también desde la política de reencuentro total y el respeto a los proyectos de todo el mundo.

Para mí, Aliança Catalana se alimenta también de la expectativa que generan PP y Vox. Lo digo por si puede servir a Junts en sus debates. Esto no quiere decir que Junts no deba actuar con contundencia y con autonomía estratégica en su proyecto. Por supuesto que debe hacerlo. Pero le interesa que la otra mayoría encuentre un camino. De lo contrario, será muy complicado.

Tanto el presidente como el Gobierno deben entender que, después de cada acción, tienen que dejar espacio para que sus socios puedan dirigirse a sus propias audiencias. A veces les cuesta hacerlo y es un elemento trascendental.

La primera polarización que debe eliminarse es la que existe entre los socios, porque en este momento ellos son su peor oposición.

¿Quien entienda mejor la fragmentación será quien gane la batalla por La Moncloa?

Sin duda. La ganará un político libre, capaz de garantizar la convivencia en nuestro país y con un proyecto político a favor de España. No hay ningún problema en decir España. Los dirigentes tienen que mojarse.

Yo digo España plurinacional. No sé qué dicen los demás. ¿No te gusta? Habla de una España plural o de una España diversa, pero defínete. Yo digo plurinacional por todo lo que he explicado antes.

Hay que garantizar la convivencia democrática en el país. Es tan importante para España como para el proyecto europeo. Aquí es una condición sine qua non. Para mí, ese es el elemento decisivo para construir mayorías en un escenario fragmentado.

"La primera polarización que debe eliminarse es la que existe entre los socios, porque en este momento ellos son su peor oposición"
Voy a plantear una gran conversación, aunque ahora mismo nadie parezca estar pensando en ello. La mejor campaña que puede hacer para las elecciones municipales la mayoría que apoya al Gobierno, incluidos los miembros del propio Gobierno, es aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

De esa forma, sus candidatos a alcaldes y concejales dispondrán de proyectos futuros que explicar. Después será muy difícil presentarse a unas elecciones generales si esto no está resuelto. Pensemos únicamente en las municipales: es muy complicado pedir el voto durante otros cuatro años cuando los ciudadanos ven que una mayoría se autodestruye a las puertas de unas elecciones.

Los Presupuestos son el primer paso hacia esa gran conversación. El segundo tiene que ver con las reformas institucionales que España merece. Sé que pertenecen a la próxima legislatura. Dentro de 24 meses se cumplirán 50 años de la Constitución. Tranquilos: no voy a hablar todavía de la reforma constitucional, aunque la quiero. Llegará cuando tenga que llegar. Pero sí podemos empezar a plantear reformas.

¿Quiénes son los mejores para impulsarlas? Si tú hablas de reformas, otros tendrán que hablar de contrarreformas, algo que ya están haciendo. Se trata de avanzar paso a paso.

Los Presupuestos no pueden convertirse en una herramienta táctica. Hay que llevarlos al Parlamento como un ejercicio de construcción de relato.

Yo viví el 2019. No me lo tienen que contar. Después dirigí todas las campañas de aquel año, en el que más veces se ha votado en España: elecciones municipales, autonómicas, europeas y dos generales.

"La mejor campaña que puede hacer para las elecciones municipales la mayoría que apoya al Gobierno, incluidos los miembros del propio Gobierno, es aprobar los Presupuestos Generales del Estado"
En 2019 se presentaron unos Presupuestos sociales que fueron tumbados y que beneficiaban a todo el mundo. Lo que ocurrió entonces no volverá a suceder ocho años después. Quienes tumben ahora los Presupuestos estarán tan penalizados como el Gobierno. Han pasado ocho años y las expectativas ya no son las mismas. Aprueba los Presupuestos y vas a ver el rock and roll.
 

¿Cómo interpreta la relación entre política nacional e internacional? ¿Cómo deben entrar en este terreno los líderes que quieran tener un proyecto para España?

José Manuel Albares y Félix Bolaños se reirán cuando escuchen lo que voy a decir, porque lo repetía desde el principio en los comités de dirección: la política exterior no da votos, pero te los quita.

En España elegimos primeros ministros globales. Quien crea que no es así se está equivocando. Los españoles entienden lo que eligen y conocen sus necesidades. Saben que sus industrias exportan a 12 o 14 países. Saben que eligen primeros ministros europeos.

"Quienes tumben ahora los Presupuestos estarán tan penalizados como el Gobierno. Han pasado ocho años y las expectativas ya no son las mismas"
La reelección no te la proporcionará la política exterior. Eso también hay que entenderlo. Pero la fortaleza de Pedro Sánchez en este terreno es natural: fue asesor en Bruselas, estuvo en los Balcanes con Carlos Westendorp y tiene una formación y una experiencia directa en comercio y política internacional. Basta hablar con él para darse cuenta de que es, de largo, el mejor presidente del Gobierno que hemos tenido en esta materia.

¿Cómo no íbamos a explotar esa fortaleza desde el primer minuto? Es lo que los españoles demandaban y también se lo exigirán a quien quiera ganarle.

Ahora bien, la reelección depende de la política interior, no de la exterior. Sería un error basarse únicamente en la fortaleza internacional para tratar de conseguirla o para posicionar a Pedro Sánchez. Ellos lo saben.

Después de un periodo de deshumanización brutal, se trata de regresar al factor humano. Se trata de conocer a Pedro, sin complejos: al padre, al esposo, al hermano, a la persona. Lo conocemos muy pocos.

Hay que hacer algo que nadie ha hecho antes. Esto no es mercadotecnia política: es la vida. España es un país para vivir y ese es el camino. Lo demás son fortalezas que ya tienes en tu haber y que los españoles reconocen.

Los demás tendrán que ponerse las pilas. El voto mayoritario se pregunta: ¿es un político libre?, ¿es capaz de garantizar la convivencia?, ¿tiene un proyecto a favor de España?

Después de tantos presidentes y tantas campañas, la industria de la actualidad tiene tres componentes. El primero son las campañas de desinformación, que buscan polarizar, fragmentar y desestabilizar. No lo hacen necesariamente en una dirección concreta: les da igual quién gobierne. Su objetivo es desestabilizar los Estados.

El segundo componente son los medios legacy. Agenda Pública también lo es. Hacen su trabajo, cuentan con un método y los necesitamos para construir la democracia que queremos. Pero también pueden tragarse una subprime informativa.

"Después de un periodo de deshumanización brutal, se trata de regresar al factor humano. Se trata de conocer a Pedro, sin complejos"
El tercer componente es la lucha de los bots y de los algoritmos. Frente a esas tres fuerzas necesitamos recuperar el factor humano. Eso exige un esfuerzo que va mucho más allá de estar en TikTok o en las redes sociales, aunque también sean necesarias.

Es natural que exijamos a nuestros presidentes. Y, cuando un presidente lleva ocho años y pide otros cuatro, la exigencia debe ser todavía mayor.

A veces se olvida que el éxito tiene muchas curvas. La más difícil de todas es la del propio éxito. Después bajas, pero, para volver a subir, tienes que hacer el doble de lo que hiciste anteriormente.

Si Pedro Sánchez cumple con Pedro, si se autoexige llevar la Presidencia a un nivel completamente distinto y si ofrece ese registro, tendrá que hacer el doble de lo que hizo en 2018 y en 2023. Pero acertará.

En sentido contrario, Alberto Núñez Feijóo tiene que dejar de ser un jugador convencional. Primero debe hacer lo que hizo Pedro Sánchez en 2018: convertirse en un político libre. Es muy importante. Tiene que demostrar que es capaz de garantizar la convivencia y ofrecer un proyecto a favor de España.

La moción de censura que dio lugar a aquel Gobierno fue, ante todo, una moción sobre la convivencia democrática. El 90% de los diputados vascos y catalanes votaron a favor. Cuando hablo de vascos y catalanes podría hablar también de Extremadura, mi segunda tierra de adopción profesional. No discrimino a ningún territorio.

Me gusta hablar específicamente de vascos y catalanes porque durante mucho tiempo fueron denostados, también mediante campañas de desinformación. Forman parte del proyecto común, como todos los pueblos. Quien quiera gobernar debe tener una idea clara de España.

A partir de ahí, España está mucho más empatada de lo que parece y la izquierda puede ganar las próximas elecciones generales.

¿Volvería a la política?

Yo ya estoy en mi segundo acto. Después de todo lo que viví, hace cinco años me prometí que, cuando me hicieran esta clase de preguntas, no daría la típica respuesta escapista. Voy a ser sincero.

Cuando estas cosas ocurren, normalmente se hablan en casa. Si la propuesta es sincera, se agradece a quien la hace. Muchas veces ni siquiera se sabe si me lo han propuesto o no. Todo queda en una nebulosa y en la intimidad.

"Si alguien te pregunta si puedes volver a batear o volver a lanzar ese triple, es un honor"
Pero me tomo estas posibilidades en serio. Si alguien te pregunta si puedes volver a batear o volver a lanzar ese triple, es un honor. Ahora bien, hay muchos asuntos que, al menos durante mi segundo acto, deben permanecer en la intimidad.

Mi obligación en este momento es el Grupo Redondo. Por muchos motivos.

Muchas gracias.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación