Martes, 28 de julio de 2026
LA BRÚJULA EUROPEA DE LÓPEZ PLANA

Las elecciones de 2027 en España todavía se decidirán en 2008

Las elecciones españolas de 2027 se leen como un duelo entre PSOE y PP. Pero la verdadera historia es otra: hasta qué punto España sigue viviendo bajo las reglas políticas que dejó la crisis financiera de 2008. En esta 'Brújula Europea', Marc López Plana, editor y director de 'Agenda Pública', analiza por qué la fragmentación, las coaliciones y el auge de nuevas fuerzas no son una anomalía española, sino la expresión de una transformación que recorre hoy a todas las democracias europeas.

Marc López Plana Marc López Plana 13 de julio de 2026
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Sánchez y Feijóo se enfrentan en el Congreso en pleno choque por la corrupción y la exigencia de elecciones. | Gustavo Valiente / Europa Press
Sánchez y Feijóo se enfrentan en el Congreso en pleno choque por la corrupción y la exigencia de elecciones. | Gustavo Valiente / Europa Press
Las crisis económicas no siempre derriban gobiernos, pero algunas cambian las reglas de la competencia por el poder. Eso ocurrió con la Gran Recesión de 2008. Cuando se celebren las elecciones generales de 2027, habrán pasado diecinueve años desde el colapso financiero que sacudió Europa. Muchas de sus consecuencias económicas habrán quedado atrás: las políticas de austeridad se relajaron, el empleo se recuperó y la pandemia llevó a revisar algunos de los principios que habían guiado la respuesta europea a la crisis. Sus efectos políticos, en cambio, siguen vigentes.

Los comicios de 2027 pondrán a prueba la continuidad del sistema político surgido de aquella crisis. El debate público se concentra en una posible alternancia entre PSOE y PP, pero la elección también se celebrará en un escenario marcado por la fragmentación parlamentaria, la negociación permanente, el debilitamiento del bipartidismo y las dificultades para construir mayorías estables.

Al principio interpretamos la irrupción de Podemos y Ciudadanos como una reacción coyuntural a la crisis económica. El paso del tiempo ha vuelto insuficiente esa lectura. La ciencia política ha documentado que los efectos políticos de las grandes crisis pueden sobrevivir a la recuperación económica. En Ruling the Void, Peter Mair explicó que la crisis aceleró el deterioro de la representación política y amplió la distancia entre los ciudadanos y los partidos. Hanspeter Kriesi, profesor del Instituto Universitario Europeo, ha defendido que la globalización y la crisis financiera consolidaron un nuevo eje de competencia capaz de reorganizar los sistemas de partidos europeos. Junto a estos autores, Jonathan Hopkin, profesor de la London School of Economics y autor de Anti-System Politics: The Crisis of Market Liberalism in Rich Democracies, sostiene que la Gran Recesión abrió una etapa de política "antisistema" cuyas consecuencias todavía condicionan la competición electoral en buena parte del continente.

"Los gobiernos de Pedro Sánchez solo se entienden dentro del sistema fragmentado que emergió de la crisis"
La trayectoria española presenta rasgos propios, aunque encaja en esa transformación europea. Los gobiernos de Pedro Sánchez solo se entienden dentro del sistema fragmentado que emergió de la crisis. Él no lo provocó, pero ha sido el primer presidente español plenamente adaptado a su lógica. Probablemente alcanzó su posición porque entendió antes que otros dirigentes las posibilidades de ese nuevo escenario.


Ningún jefe del Ejecutivo desde el restablecimiento de la democracia había gobernado durante tanto tiempo mediante acuerdos simultáneos con partidos situados a su izquierda, formaciones nacionalistas e independentistas y socios parlamentarios con prioridades muy distintas. Su principal aportación política rebasa una agenda legislativa concreta: ha demostrado que España también podía gobernarse con un sistema multipartidista, en el que la negociación deja de ser excepcional y pasa a formar parte del ejercicio ordinario del poder.

El PSOE tampoco siguió la trayectoria de buena parte de la socialdemocracia europea. Partidos históricos como el PASOK griego o el Partido Socialista francés quedaron reducidos a posiciones marginales o fueron sustituidos por nuevas fuerzas. Los socialistas españoles, en cambio, conservaron la centralidad del espacio progresista. No reconstruyeron el viejo bipartidismo, pero se mantuvieron como el eje alrededor del cual podía articularse una mayoría parlamentaria.

El centroderecha ha vivido una transformación paralela. El Partido Popular sigue siendo su principal fuerza, pero no ha recuperado las mayorías absolutas de las etapas de José María Aznar y Mariano Rajoy. Vox ha reordenado de forma duradera el espacio conservador y ha situado a España ante un debate que atraviesa casi toda Europa: qué relación deben mantener los partidos tradicionales de centroderecha con la derecha radical.

"Cambiará el color del Ejecutivo, pero difícilmente lo harán las reglas de la competencia de partidos"
Ese será probablemente uno de los principales interrogantes de las elecciones de 2027. Si Alberto Núñez Feijóo alcanza la presidencia del Gobierno, heredará el mismo sistema político que recibió Pedro Sánchez en 2018. Cambiará el color del Ejecutivo, pero difícilmente lo harán las reglas de la competencia. No bastará con saber si el PP dispone de una mayoría suficiente para gobernar. También habrá que determinar qué papel asume Vox: entrar en el Gobierno, facilitar una investidura desde fuera del Consejo de Ministros o conservar su autonomía parlamentaria para proteger su perfil político.


El dilema recorre Europa. Italia ha normalizado la presencia de la derecha radical al frente del Gobierno. En Francia, una segunda vuelta entre la izquierda y la derecha radical podría dar la victoria a Le Pen. En los Países Bajos, la formación de gobiernos depende desde hace tiempo de cómo se resuelva esa relación. La CDU alemana mantiene oficialmente el cordón sanitario frente a Alternativa para Alemania, pero el crecimiento de la extrema derecha obliga al principal partido conservador a revisar constantemente su estrategia.

España forma parte de ese mismo debate. El procés, la moción de censura y las repeticiones electorales se interpretaron a menudo como anomalías españolas. En realidad, ya eran consecuencias políticas de la Gran Recesión. España se parece hoy mucho más a otras democracias europeas que hace quince años: la fragmentación parlamentaria se ha normalizado, las mayorías absolutas son menos probables y gobernar exige negociar de manera permanente. Los partidos medianos y pequeños ganan así capacidad de veto, mientras la estabilidad depende menos de la fuerza del ganador que de su habilidad para construir acuerdos.

"La estabilidad depende menos de la fuerza del ganador que de su habilidad para construir acuerdos"
Por eso conviene releer los gobiernos de Pedro Sánchez desde una perspectiva menos coyuntural. Su estilo personal y sus decisiones tácticas importan, pero esos gobiernos representan, ante todo, la adaptación española a una transformación más profunda de las democracias europeas. Sánchez no inventó la política de coaliciones. Fue el primer presidente que aprendió a gobernar dentro de ella.


Feijóo, si llega a La Moncloa, probablemente deberá adaptarse a esa misma lógica. No podrá gobernar como Aznar y difícilmente podrá hacerlo como Rajoy. Tendrá que desenvolverse en un Parlamento fragmentado, negociar apoyos de manera continua y afrontar el problema que condiciona hoy a casi todos los partidos conservadores europeos: cómo relacionarse con una derecha radical que ya no puede tratarse como un fenómeno pasajero, porque se ha asentado en el sistema político.

Además de decidir quién ocupará La Moncloa, las elecciones de 2027 medirán qué candidato está mejor preparado para gobernar dentro del ciclo abierto por la Gran Recesión.

La recuperación del crecimiento y del empleo no puso fin a sus consecuencias políticas. Estas permanecen en las instituciones, en los partidos y en las expectativas de los ciudadanos. La Transición dio forma al sistema que dominó España durante más de tres décadas. La Gran Recesión rompió aquel equilibrio y abrió una etapa multipartidista.

"Las elecciones de 2027 decidirán el próximo Gobierno, pero también medirán si la fragmentación y la negociación permanente siguen definiendo la política española"
La generación de Felipe González gobernó el país surgido de 1978; Mariano Rajoy administró el agotamiento de ese modelo y Pedro Sánchez ha gobernado el sistema nacido de la crisis financiera. Si Alberto Núñez Feijóo alcanza la presidencia del Gobierno, tendrá que desenvolverse en ese mismo marco. Las elecciones de 2027 decidirán el próximo Gobierno, pero también medirán si la fragmentación y la negociación permanente siguen definiendo la política española o si empieza a configurarse un ciclo distinto.
Marc López Plana
Marc López Plana
Editor y director de 'Agenda Pública'
Participación