Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Marta Lagos, fundadora de Latinobarómetro: "Cuando la población ya ha probado la derecha y la izquierda, se va al populismo"

América Latina sigue creyendo en la democracia, pero rechaza la forma en que sus élites la han practicado. A partir de esta idea, Marta Lagos, directora fundadora de la Corporación Latinobarómetro, analiza con Jorge de Diego Hurtado, redactor de 'Agenda Pública', el auge del populismo y la derecha radical, el intervencionismo de Estados Unidos, el avance de China y el papel que España puede y debe desempeñar en una región en transformación.

Jorge de Diego Hurtado Jorge de Diego Hurtado 28 de julio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
Marta Lagos durante su participación en la cuarta edición del curso España en el Mundo. | Imagen cedida
Marta Lagos durante su participación en la cuarta edición del curso España en el Mundo. | Imagen cedida
Parece que el "péndulo" latinoamericano, por el que se alternan olas de gobiernos de izquierdas con olas de gobiernos de derechas, ha alcanzado una nueva dimensión. En varios países, la población no ha sentido que se den respuestas a problemas que llevan décadas sobre la mesa: pobreza, inseguridad, corrupción y Estados incapaces de garantizar servicios básicos. Ahora que las opciones tradicionales han perdido buena parte de la confianza, afloran dirigentes de corte populista que prometen atajar de una vez todos estos problemas. Y lo quieren hacer a costa de las instituciones democráticas.

Marta Lagos lleva más de treinta años observando esa relación entre ciudadanía, instituciones y poder desde la Corporación Latinobarómetro, de la que es directora fundadora. Durante la cuarta edición del curso España en el Mundo 2026, pude conversar con ella sobre el auge de Bukele, Milei y otras figuras de la derecha radical; sobre unas élites que, a su juicio, han gobernado demasiado tiempo para sí mismas, y sobre la pugna entre Estados Unidos y China en una región donde España todavía tiene margen para desempeñar un papel propio.

Su punto de partida es que "la población latinoamericana mantiene una demanda de democracia", aunque rechace la forma en que esta funciona en buena parte de sus países. El problema es que hoy "los populistas y los dictadores llegan al poder a través de elecciones" y encuentran apoyo en sociedades cansadas de gobiernos incapaces de cumplir sus promesas. A partir de ahí, Lagos plantea que existe un dilema sobre cuánto están dispuestos a sacrificar los ciudadanos en términos institucionales cuando alguien les ofrece seguridad, prosperidad o resultados.

Usted tiene años de experiencia al frente del Latinobarómetro. ¿Cómo ha evolucionado América Latina en términos de confianza y participación democrática? Parece que hoy se observan avances en algunos aspectos y retrocesos en otros.

Creo que la transición democrática se produce en muchos países por una demanda no solo de libertades cívicas y políticas, sino también de prosperidad. Al inicio de las transiciones había una situación de pobreza y carencias muy fuertes. Las dictaduras habían llegado con la promesa de introducir mejoras que finalmente no se cumplieron.

El fracaso de las dictaduras militares abrió espacio a las democracias. Pero estas nacieron en poblaciones que, en muchos casos, nunca habían vivido en democracia. Habían sido socializadas bajo dictaduras, con excepciones como Colombia o Uruguay. Creo que la academia comete un gran error cuando presupone que, por arte de magia, esas poblaciones tenían que abrazar todos los aspectos de la democracia, como si esta hubiera caído del cielo, sin considerar que existe un proceso durante el cual se aceptan determinadas características y estas se van consolidando a medida que se concretan.

Cuando España transita hacia la democracia tras la muerte de Franco, cerca del 80% de la población española abraza la democracia. América Latina, en cambio, no ha tenido en ningún momento —ni al principio ni durante las transiciones ni después— ese nivel de apoyo. Por una razón muy simple: España conocía la democracia a través de Europa; América Latina no conocía la democracia.

Por eso, cuando se juzga la democracia y se dice que ha muerto porque hoy hay gobiernos de extrema derecha y dificultades en todos los países, se olvida que existe una demanda de democracia incumplida.

"Al final, no es que fracase la democracia: lo que fracasa es el 'delivery' de los gobiernos elegidos democráticamente"
Hoy se eligen gobiernos de extrema derecha o populistas porque durante treinta años se eligió a otros dirigentes, pertenecientes a partidos políticos que no cumplieron la promesa del vaso de leche. Al final, no es que fracase la democracia: lo que fracasa es el delivery de los gobiernos elegidos democráticamente.

Y hay que tener en cuenta que hoy los populistas y los dictadores llegan al poder a través de elecciones. Se ha terminado, en gran medida, la posibilidad de llegar al poder mediante las armas. Es la propia población la que los vota. ¿Por qué? Porque abraza el mecanismo democrático de la elección. Pero, como dice el refrán norteamericano, las cosas se pondrán mucho peor antes de ponerse mejor. Primero fracasaron los militares; ahora tienen que fracasar los populistas y los autócratas, y después vendrá otro periodo democrático.

¿En qué se traduce esta degradación democrática?

Las dificultades que tiene hoy la democracia en América Latina proceden de gobernantes que se arrogan el poder de pasar por encima de las leyes, como hace Bukele, que ya es un dictador; como hace Milei, que también está en el límite; o como podría hacer Keiko Fujimori en Perú. Desde 2019, los países latinoamericanos tienden a inclinarse hacia el bando contrario. Si gobierna la izquierda, se elige a la derecha; si gobierna la derecha, se elige a la izquierda. Hay alternancia en el poder.

Ese es el resultado de unas poblaciones que buscan soluciones: "No me gusta este; me voy al otro lado. No me gusta lo que ha hecho este lado; me voy al contrario". Y, cuando la población ya ha probado la derecha y la izquierda, se va al populismo. Si observas la línea temporal de algunos países, primero prueban la derecha, después la izquierda, vuelven de nuevo a la derecha y a la izquierda y, a la quinta vez, eligen a los populistas.

"Lo que no quiere es la democracia tal como funciona en sus países, porque son democracias terriblemente fallidas, imperfectas o deficientes"
¿Qué nos está diciendo eso? Que los gobiernos no han sido capaces de responder a las demandas. Los 150 millones de personas pobres que todavía quedan en América Latina son una evidencia concreta. Por supuesto, en medio están la pandemia y muchos otros factores. Pero yo rescato que la población latinoamericana mantiene una demanda de democracia. Lo que no quiere es la democracia tal como funciona en sus países, porque son democracias terriblemente fallidas, imperfectas o deficientes, con Estados débiles, estructuras incompletas y gobiernos que abusan del poder y en los que hay mucha corrupción. Si juntas todos esos elementos, no puedes echarle la culpa a la democracia.



Entonces, ¿quiénes son los responsables?

Las élites. El fracaso del proceso de democratización en América Latina, la falta de consolidación de las democracias y las crisis que ha habido se deben al fracaso de unas élites que, como dicen los pueblos latinoamericanos, han gobernado para sí mismas y no para las mayorías. La corrupción de las élites y de las estructuras de gobierno, con casos masivos en Argentina, México y Brasil —los tres países más grandes de la región—, y también en Colombia, muestra un patrón: el bien común y la solución de los problemas de la gente no ocupan el primer lugar.

"El fracaso del proceso de democratización en América Latina se debe al fracaso de unas élites que han gobernado para sí mismas y no para las mayorías"
Entonces, la población elige a los populistas. Elige a un señor llamado Bukele. Yo creo que Bukele es hoy un dictador, pero en el espacio de un año solucionó algo que los salvadoreños consideraban imposible. ¿Y qué hizo? Pasó por encima de todas las reglas. Ahí aparece el dilema: ¿qué es más importante, el resultado o el camino para alcanzar el resultado? Eso es lo que todavía está en juego en América Latina.

En Europa estamos viendo algo parecido, no necesariamente con el populismo, sino con la derecha radical, de la que se dice que al menos ofrece o pretende ofrecer una respuesta a las demandas de la población. Sin embargo, buena parte de la derecha radical europea empieza a darse cuenta de que Estados Unidos y Donald Trump no parecen unos aliados positivos para sus proyectos, aunque estos sean nacionalistas. En cambio, esta nueva ola electoral de la oposición en América Latina viene acompañada de una élite muy favorable a Trump: Keiko Fujimori, Abelardo de la Espriella, los Bolsonaro y, por supuesto, Javier Milei. ¿Cómo interpreta esta diferencia?

Creo que, efectivamente, Trump y Estados Unidos no tienen ningún interés especial en los países de la región ni tampoco en los países europeos. Lo que les interesa es utilizar a cualquiera que les sea afín para alcanzar sus propios fines, no para promover el bienestar de otros pueblos. Si los dirigentes de la extrema derecha mundial no se dan cuenta de eso, tienen un problema. Meloni ya se ha dado cuenta; Abascal, todavía no.

Trump está utilizando a la extrema derecha mundial en beneficio propio. No está tratando de solucionar los problemas de Venezuela ni los de Cuba. A él le interesa triunfar por encima de todo. Desde ese punto de vista, por ejemplo, Kast tiene un problema porque Trump no le gusta a toda la derecha chilena. En la medida en que se acerca a él, también aleja a una parte de su propio electorado.

"Trump está utilizando a la extrema derecha mundial en beneficio propio. No está tratando de solucionar los problemas de Venezuela ni los de Cuba"
Es una situación compleja porque, además, los países del Cono Sur tienen una mala experiencia histórica con Estados Unidos: intervencionismo y muchas otras cosas. Sus poblaciones no ven a Estados Unidos como un aliado positivo. El caso de Centroamérica es distinto, porque los centroamericanos sí tienen una buena opinión de Estados Unidos. Por tanto, depende de cada país. Bukele puede abrazarse a Trump sin que suceda nada porque los salvadoreños aman a Estados Unidos.

¿Y qué ocurre con China?

China es un poder económico indiscutible del que nadie puede prescindir. Cada país lidia con China de la mejor manera que puede. Además, los países latinoamericanos son débiles, pequeños, tienen poco poder y sufren importantes deficiencias económicas. Su dependencia económica es enorme. China les proporciona comercio y nunca van a decirle que no.

China tiene todas las posibilidades de penetrar en América Latina. Ahí está el puerto de Chancay, en Perú. La verdad es que los norteamericanos se quedaron dormidos. Ese puerto tardó diez años en construirse; no apareció de la noche a la mañana. Ahora está naciendo el corredor bioceánico, que va a transformar la región y puede representar una revolución.

"China es un poder económico indiscutible del que nadie puede prescindir. Cada país lidia con China de la mejor manera que puede"
Uno de los grandes problemas de América Latina es la movilidad territorial. Las carreteras y los trenes son prácticamente inexistentes. Tenemos una infraestructura física pésima. La principal forma de comunicarse es el avión, porque ni el mar ni el territorio están bien aprovechados. En la medida en que los chinos cambien esa situación, van a dominar. Creo que Estados Unidos ya perdió esa batalla y no va a llegar a tiempo. No tiene el dinero, la gente ni los planes necesarios para competir con lo que China está instalando en la región.

También es cierto que el modelo más reciente de Estados Unidos no pasa por las infraestructuras, sino por intervenciones políticas como la que ha llevado a cabo en Venezuela o la que planea sobre Cuba. ¿Cómo se vive eso?

Creo que esas son iniciativas de una persona, no del Estado estadounidense. Los chinos, en cambio, desarrollan iniciativas estatales, no personalistas. Esté o no Xi Jinping, el corredor bioceánico se va a construir igualmente. Sucede lo mismo con la Nueva Ruta de la Seda.

Tardaron veinte años en construir la ruta entre Shanghái y Róterdam. Tienen visiones de largo plazo que son inamovibles. Van a llevar sus trenes a Europa y tendrán algunos de los trenes más rápidos del mundo. Competirán con las líneas aéreas mediante el transporte terrestre y acabarán dominando Europa. Dentro de dos generaciones, Europa estará profundamente penetrada por la tecnología terrestre china.

"Los chinos desarrollan iniciativas estatales, no personalistas. Esté o no Xi Jinping, el corredor bioceánico se va a construir igualmente"
También dominarán América Latina mediante sus puertos y creo que están buscando otros enclaves. ¿Qué va a hacer mientras tanto Estados Unidos? ¿Una guerra con Irán? ¿Otra guerra con Cuba? No tiene cómo competir. Creo que está siguiendo el camino equivocado.

No soy partidaria de China, pero, cuando observo lo que está haciendo…
ARTÍCULOS RELACIONADOS
El profesor Torreblanca ofrece una presentación en el curso de verano España en el Mundo 2026.
El profesor Torreblanca ofrece una presentación en el curso de verano España en el Mundo 2026. | Agenda Pública
José Manuel Albares durante su intervención en España en el Mundo 2026.
José Manuel Albares durante su intervención en España en el Mundo 2026. | Imagen cedida
Estos días, en España en el Mundo, se ha hablado mucho del papel de España en la región. Creo que su visión es positiva, pero ¿qué podríamos hacer desde España que todavía no estemos haciendo para responder a esa demanda de prosperidad de la que hablaba?

Siempre recuerdo la frase de Juan Carlos I cuando le gritó a Chávez: "¿Por qué no te callas?". Creo que se necesitan voces fuertes, capaces de decir lo que todo el mundo está pensando. Vivimos en un mundo en el que pocos se atreven a hacerlo.

Sánchez ha asumido un liderazgo muy importante últimamente porque logró interpretar algo que todo el mundo estaba pensando y que nadie decía. Pero creo que se necesita mucho más en términos culturales, económicos y políticos.

Alguien tiene que criticar a la élite latinoamericana. Es una élite que se ha dejado llevar por la corrupción. Se pueden contar con los dedos de una mano los gobernantes latinoamericanos que han abandonado el poder sin estar acusados de corrupción. Nadie lo dice, pero no se puede seguir nombrando a ministros y exministros de gobiernos corruptos para altos cargos internacionales como si no hubiera sucedido nada.

"Sánchez ha asumido un liderazgo muy importante últimamente porque logró interpretar algo que todo el mundo estaba pensando y que nadie decía"
Hay mucho por hacer para poner los puntos sobre las íes respecto a lo que realmente está pasando. Los Estados son débiles y es importante fortalecer las estructuras institucionales. También hace falta regenerar las élites, formar dirigentes capaces de tomar el bastón de mando y combatir la corrupción. Con los actuales niveles de corrupción en América Latina es muy difícil avanzar.

Tengo una anécdota muy ilustrativa. Hace diez años estaba sentada en la institución creada por un presidente latinoamericano que acababa de dejar el poder. Es relativamente frecuente que algunos presidentes creen sus propios institutos después de abandonar la presidencia. Yo estaba en la cuarta fila y allí iba a hablar un invitado extranjero. Una señora se sentó a mi lado y le dije: "Qué fantástico. Qué buena tecnología. ¿Cómo consiguen tener todo esto? En Chile no tenemos nada parecido".

La señora me miró y me dijo: "Es que aquí nosotros sabemos ordeñar la vaca hasta donde se pueda". La persona que me dio esa respuesta era la ministra de Educación del país. Esa es la mentalidad.

El edificio era increíble y probablemente se había construido con fondos estatales, aunque no tengo ninguna constancia. Eso también es América Latina. Cuando se piensa que la situación es distinta, alguien tiene que mostrar lo que ocurre y denunciarlo como algo ilícito.

"Mientras la población siga diciendo: «Bueno, fulano hizo esto, pero mira lo que hizo el otro», los dirigentes competirán en ese terreno"
Mientras la población siga diciendo: "Bueno, fulano hizo esto, pero mira lo que hizo el otro", los dirigentes competirán en ese terreno. Estos cuarenta años han demostrado que existe una dificultad tremenda para decir la verdad sobre lo que sucede en la política.

También faltan liderazgos. Ha habido dirigentes como Ricardo Lagos o Pepe Mujica, pero ¿cuántos son? ¿A cuántos podemos nombrar que realmente hayan sido capaces de poner los puntos sobre las íes y dar un paso adelante?

Muchas gracias.
Jorge de Diego Hurtado
Jorge de Diego Hurtado
Redactor en 'Agenda Pública'
Politólogo y analista electoral. Cuenta con experiencia en consultoría en Bruselas y actualmente es redactor en 'Agenda Pública'. También es cofundador de 'El Tablero Político'.
Participación