Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

El mundo ya no espera a Europa: cinco conclusiones de España en el Mundo 2026

Esta semana, más de cuarenta expertos nacionales e internacionales han debatido en el Palacio de la Magdalena sobre el lugar de España en un mundo cada vez más competitivo. Estas son las cinco grandes conclusiones del curso de verano España en el Mundo 2026, en el que 'Agenda Pública' ha estado presente: Europa necesita convertir sus recursos en poder efectivo y España debe definir qué papel quiere desempeñar en ese proceso.

Agenda Pública Agenda Pública 25 de julio de 2026
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El ministro Albares se encargó de la 'sesión de apertura' de España en el Mundo 2026. | Imagen cedida
El ministro Albares se encargó de la 'sesión de apertura' de España en el Mundo 2026. | Imagen cedida
Algunos de los mejores expertos nacionales e internacionales han dedicado esta semana a intentar entender dónde está el mundo, hacia dónde avanza y qué puede hacer España para que esa sea la mejor dirección posible. Durante cinco días, más de cuarenta analistas han pasado por el Palacio de la Magdalena, en Santander, para aportar su conocimiento desde áreas tan distintas como la geoeconomía, la cooperación internacional, la diplomacia, la investigación, la prospectiva, la historia, la geopolítica y un largo etcétera. Esta ha sido la cuarta edición del curso España en el Mundo, organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación junto a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Si se plasmara lo allí discutido en un libro, solamente con las transcripciones, este superaría las doscientas páginas. Su índice, sin embargo, podría reducirse a tres palabras. "Europa" —sumadas sus variantes en español e inglés— apareció mencionada más de quinientas veces. "País" y country se repitieron más de trescientas. "Mundo", "planeta" y derivados, más por encima de las doscientas.

Europa fue durante el curso sujeto, problema y posible respuesta para España. Del mismo modo, los Estados recuperaron el protagonismo que la globalización parecía haberles quitado y, finalmente, "el mundo" ha empezado a verse como un espacio de competencia concreto.

Asumámoslo: ya no tenemos a Europa en una posición cómoda

El orden de la posguerra fría ha terminado de forma definitiva. Aquella Europa que construyó su prosperidad descansando sobre una combinación excepcional de seguridad estadounidense, energía rusa barata y mercados chinos en expansión no puede regresar. ¿La razón? Que ninguna de esas condiciones está sobre la mesa y puede que nunca vuelvan (desde luego, no de la misma forma).

Pero no todo es negativo. El continente conserva uno de los mayores mercados del planeta, instituciones sólidas, capacidad regulatoria, riqueza y una red de alianzas difícil de igualar. A pesar de contar con esos y otros recursos poderosos, no parece que estos estén haciendo posible una mayor capacidad de acción europea.

La Unión Europea puede regular tecnologías digitales, pero buena parte de sus infraestructuras se concentra hoy fuera de sus fronteras. Asimismo, aspira a una defensa común mientras los Estados siguen comprando armamento de manera fragmentada. Otro ejemplo más: su autonomía depende todavía de proveedores extranjeros en ámbitos como la nube, los semiconductores, los minerales críticos o la inteligencia artificial.

"Europa podría disponer de unos cinco años para evitar que algunas de sus dependencias terminen convirtiéndose en pérdidas permanentes de capacidad"
Fabian Zuleeg, director ejecutivo del European Policy Centre (EPC), llamó "ilusión de progreso" a ese desfase: tenemos informes, estrategias e instrumentos que avanzan de forma lineal frente a toda una serie de desafíos que lo hacen de manera exponencial. Según su estimación, Europa podría disponer de unos cinco años para evitar que algunas de sus dependencias terminen convirtiéndose en pérdidas permanentes de capacidad. Está claro que excluir a un proveedor extranjero puede reducir una exposición concreta, pero si Europa no dispone de industrias y tecnologías capaces de sustituirlo, la dependencia permanece.
 

Jeremy Cliffe, 'firma top' de 'Agenda Pública', fue uno de los panelistas inaugurales. Foto: Imagen cedida

No se puede aspirar a imponer unas reglas sin tener poder

Economía, tecnología y seguridad son la línea frontal de la política contemporánea. Lo son casi todo: debemos pensar en las redes financieras, las conocidas cadenas de suministro, los polémicos centros de datos, satélites, etc. Gracias a todas estas herramientas, los países y las empresas alcanzan un nivel de conexión nunca visto en la historia, pero son estas mismas herramientas las que permiten vigilar, excluir o ejercer presión sobre quienes dependen de ellas.

"Algunas compañías privadas acumulan capacidades y una cuota de poder que hasta hace poco correspondían casi exclusivamente a los Estados"
Henry Farrell, profesor del SNF Agora Institute de la Universidad Johns Hopkins, inventó hace años el concepto de weaponized interdependence y lleva años estudiando sus implicaciones. En Santander, el politólogo irlandés se centró en quién controla las infraestructuras desde las que puede aplicarse esa coerción. Por ejemplo, Estados Unidos conserva una posición privilegiada en los sistemas financiero y digital. Y China domina segmentos esenciales de la industria y del procesamiento de materias primas. Al mismo tiempo, algunas compañías privadas acumulan capacidades y una cuota de poder que hasta hace poco correspondían casi exclusivamente a los Estados.

Uno de los ejemplos más fáciles de entender es el de las redes privadas de satélites. Una decisión empresarial como la de Elon Musk y Starlink en Ucrania puede modificar las comunicaciones de un ejército durante una guerra. Es esa misma dependencia la que se extiende a los servicios en la nube y a los modelos de inteligencia artificial utilizados por instituciones y administraciones europeas.

En mayor o menor medida, todos los analistas que abordaron la cuestión coincidieron a la hora de señalar que reducir las exposiciones europeas no equivale a sustituir los mercados por la autarquía. Federico Steinberg, catedrático de la Cátedra Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown e investigador principal del Real Instituto Elcano, recordó que la seguridad económica tiene costes. Acabarán asumiéndolos, en distintas proporciones, los consumidores, los contribuyentes, las empresas o la deuda pública.
 

Nacho Torreblanca, Kristina Spohr y Federico Torres Muro. Foto: Imagen cedida

Un orden cuestionado desde fuera y desde dentro

El desgaste del orden internacional está marcado por dinámicas distintas a las del ascenso de China o la agresividad de Rusia. Bruno Maçães, asesor sénior de Flint Global; Ilke Toygür, directora del Global Policy Center de IE University; Comfort Ero, presidenta del International Crisis Group; Matias Spektor, profesor de Política y Relaciones Internacionales en la Fundação Getulio Vargas, y Elizabeth Sidiropoulos, directora ejecutiva del South African Institute of International Affairs, vinieron a señalar, de distintas formas, que Occidente ha perdido peso material, pero que una de las razones está en la aplicación selectiva de sus propias reglas.

"El llamado sur global no constituye un bloque antioccidental. Expresa más bien una experiencia compartida de exclusión"
Las intervenciones militares, los dobles estándares y la atención desigual prestada a Ucrania, Gaza, Sudán, el Sahel o Tigray han debilitado la pretensión de universalidad del sistema. Para numerosos países, el llamado sur global —concepto criticado desde los países del propio sur global, como expresó Sidiropoulos— no constituye un bloque antioccidental. Expresa más bien una experiencia compartida de exclusión: escasa representación en las instituciones, costes financieros desproporcionados y normas elaboradas sin su participación.

No parece que un orden chino vaya a sustituir de inmediato al estadounidense. Frente a este diagnóstico, en las sesiones se apuntaba a un escenario menos estable, con potencias medias que evitan alinearse por completo, una serie de coaliciones variables y la incógnita por ver qué ocurriría con las instituciones supranacionales. Más que una multipolaridad consolidada, se está produciendo una multipolarización.

Dos expectativas dificultan la adaptación a ese escenario. Una confía en que el viejo orden pueda restaurarse sin cambios y la otra supone que su desaparición producirá automáticamente un sistema más justo. Ahora bien, no cabe duda de que reformar el multilateralismo implica redistribuir representación y financiación. Pero también es fundamental preservar unas reglas mínimas sobre soberanía, integridad territorial, derechos humanos y resolución pacífica de los conflictos.

Diego Martínez Belío, secretario de Estado de Asuntos Exteriores y Globales, lo planteó al comienzo del curso: es un error entregar a los supuestos realistas el monopolio de la inteligencia estratégica. Aplicados con coherencia, los valores también generan confianza, alianzas y capacidad de influencia.
 

Martínez Belío (derecha) durante su intervención. Foto: Imagen cedida

La democracia también se decide en la economía

La posición internacional de Europa depende también de lo que ocurre dentro de sus sociedades. El avance del populismo es uno de los síntomas que mayor preocupación han causado entre los ponentes. Este fenómeno, incompleto si solo se analiza desde la desinformación o la "batalla cultural", se alimenta de la falta de prosperidad: la congelación de los salarios, las dificultades para acceder a la vivienda o el crecimiento de la desigualdad componen una parte sustancial del caldo de cultivo de esta ideología fina.

Jeremy Cliffe, director editorial del European Council on Foreign Relations y autor en Agenda Pública, expuso que la derecha radical europea ya no defiende una salida de Europa, en parte gracias al trauma del Brexit. En este nuevo contexto, estos partidos tratan de transformar el club comunitario desde dentro, mediante el debilitamiento de sus tribunales y sus medios de comunicación, pero también con el ataque a los contrapesos institucionales y las normas comunes, mientras conservan, eso sí, las ventajas del mercado interior.

"El avance del populismo es uno de los síntomas que mayor preocupación han causado entre los ponentes"
Para eliminar "tentaciones", Cliffe explicó que imitar sus propuestas rara vez contiene su crecimiento. Por contra, esto suele generar un aumento en la legitimación del diagnóstico y los votantes acaban "comprando al original" sobre la copia.

En consecuencia, la política europea tendrá que ofrecer resultados materiales, no solo una comunicación más eficaz. La idea de la autonomía estratégica perderá apoyo si se presenta como una factura sin beneficios reconocibles. Del mismo modo, el gasto en defensa, la transición tecnológica y la política industrial también deberán traducirse en empleo, innovación, vivienda, energía asequible y cohesión territorial.

Y la disputa se extiende al ámbito tecnológico, como explica Nacho Torreblanca, investigador distinguido del ECFR. Las mismas herramientas que facilitan la movilización, amplían el acceso a servicios o aceleran la producción de conocimiento concentran poder en unas pocas compañías, aumentan la capacidad de vigilancia y convierten la polarización en una fuente de ingresos. La regulación es necesaria, pero necesita ir acompañada de educación, capacidades públicas y alternativas europeas.
 

La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Eva Granados, ha participado en la clausura de la cuarta edición. Foto: Imagen cedida

España tiene que ser más que un puente

España amplía su capacidad de actuación cuando la ejerce a través de Europa y aprovecha su posición para conectar espacios que cada vez mantienen menos canales de diálogo.

En este sentido, el país reúne una combinación poco común: pertenencia plena a la Unión Europea y la OTAN, proyección mediterránea y africana, vínculos históricos y lingüísticos con América Latina y una larga tradición de cooperación internacional. Marta Lagos, directora fundadora de la Corporación Latinobarómetro, recordó que España suele generar menos recelo que otros actores internacionales en la región.

"La función de puente adquiere contenido cuando las relaciones se convierten en proyectos"
No obstante, la función de puente adquiere contenido cuando las relaciones se convierten en proyectos. Algunos de ellos, como explicó el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quieren firmarse en la XXX Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar el próximo noviembre en Madrid.

Asimismo, junto al mayor "contenido", debe llegar una política exterior más activa. España puede defender el multilateralismo sin idealizarlo, apoyar a Ucrania sin desatender el Mediterráneo, reclamar el reconocimiento de un Estado palestino, reforzar la cooperación y participar en la construcción de capacidades europeas. Su margen de acción crecerá allí donde valores e intereses puedan reforzarse mutuamente.

En resumen, el futuro estará marcado por un entorno que será más competitivo, fragmentado y costoso. Y en ese contexto, Europa y España no podrán tener un rol como el que han tenido en el orden occidental, pero podrán decidir cuánto margen conservan para actuar dentro de él. Ese margen dependerá de las capacidades que estén dispuestas a financiar, las dependencias que no logren eliminar y los intereses que puedan defender sin vaciar de contenido los valores que proclaman.
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