Martes, 28 de julio de 2026
PRIMARIAS DEL PSOE EN MADRID

Lo que enseñan (otra vez) unas primarias: apuntes desde la ciudad de Madrid

Enma López dominó la conversación digital y superó a Reyes Maroto en la recogida de avales por internet, pero perdió la votación interna por algo más de doscientos votos. La distancia entre ambos escenarios resume una de las lecciones de estas primarias del PSOE: las redes amplifican entusiasmo, mientras que el aparato convierte vínculos, lealtades y organización en votos. Además, con un censo pequeño y envejecido, la diferencia ha sido crucial para el resultado final.

Agenda Pública Agenda Pública 21 de julio de 2026
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Las candidatas se vieron las caras en un debate organizado por el propio partido. | PSOE
Las candidatas se vieron las caras en un debate organizado por el propio partido. | PSOE
Reyes Maroto ganó las primarias socialistas en la ciudad de Madrid: la exministra obtuvo 1.045 votos, frente a los 841 de la concejala Enma López. Con un 55% frente a un 44%, repetirá como candidata del PSOE a la alcaldía de Madrid y volverá a enfrentarse al popular José Luis Martínez-Almeida. Ese es el resultado. Más revelador es lo que el proceso dice sobre la participación de la militancia, el peso del aparato y la distancia entre una campaña interna y unas elecciones municipales.

¿Quién no votó?

El primer dato es la participación. El PSOE de la ciudad de Madrid cuenta con unos 5.400 afiliados, pero solo se contabilizaron 1.886 votos: alrededor de un tercio del censo. Dos de cada tres militantes se quedaron en casa.

Ese censo no reúne al gran público ni al votante socialista ocasional. Lo forman personas que pagan una cuota y han decidido integrarse en un partido, es decir, su base más comprometida. Que dos tercios no acudieran a elegir a su candidata revela, antes que cualquier otra cosa, la debilidad de la participación interna.

"Que dos tercios no acudieran a elegir a su candidata revela, antes que cualquier otra cosa, la debilidad de la participación interna"
Una parte de la abstención se explica por las circunstancias. Se votó un domingo de julio y, además, el día de la final del Mundial en la que jugaba España. Las primarias se habían convocado apenas tres semanas antes y se celebraron en una fecha difícil, con la atención del país puesta en otra parte. Es razonable atribuir al calendario una parte relevante de la baja participación.

El verano, sin embargo, no agota la explicación. La escasa participación en los procesos internos no es una anomalía madrileña ni un accidente de este mes de julio. También responde a la situación de unos partidos cada vez más desactivados, con militancias envejecidas, menguantes y desmovilizadas incluso puertas adentro.

Unas primarias no son una primera vuelta de las municipales

Leer estas primarias como un ensayo general de 2027 sería un error. El electorado que las decide apenas se parece al que elegirá la alcaldía. El primero se cuenta por millares y está formado por militantes de mayor edad, integrados en la organización y familiarizados con sus corrientes internas. El segundo reúne a cientos de miles de votantes, es mucho más plural y permanece, en su mayoría, al margen de esas dinámicas.

A un afiliado pueden movilizarlo la lealtad, una trayectoria compartida, una deuda personal o la disciplina de corriente. Los incentivos de un votante indeciso en unas elecciones municipales son otros. Diseñar una campaña de primarias como si se dirigiera al electorado de la ciudad es, precisamente, uno de los errores que conviene evitar.

Sin un momento destituyente, es muy difícil derrotar al aparato

Enma López reunía varios elementos propios de una candidatura ajena al aparato. Se presentó por sorpresa y recibió acusaciones de deslealtad. Movilizó a una parte de la militancia con un discurso de renovación, reforzado incluso por la cartelería de campaña, y encarnó durante unas semanas las ganas de cambio de unas bases cansadas de que el PSOE sea la tercera fuerza en Madrid. En la recogida de avales por internet superó ampliamente a Maroto, lo que alimentó la expectativa de una victoria inesperada.

"Diseñar una campaña de primarias como si se dirigiera al electorado de la ciudad es, precisamente, uno de los errores que conviene evitar"
Pero perdió. Para que una candidatura sin el respaldo del aparato se imponga no suelen bastar la ilusión ni cierta popularidad. Hace falta un momento destituyente: que las élites del partido hayan perdido legitimidad y que una parte suficiente de las bases considere necesario romper con ellas. Eso no ocurrió.

Maroto contó con el respaldo visible del grupo municipal, salvo el del concejal Antonio Giraldo; reunió avales de sobra y recibió señales favorables de la estructura del partido. El aparato no es necesariamente una maquinaria siniestra. Es una red de lealtades y deudas que funciona especialmente bien en un cuerpo electoral pequeño, estable y fiel a la organización.

Las primarias no eligen al mejor candidato: facilitan la rotación

Otro malentendido consiste en suponer que las primarias sirven, ante todo, para elegir al mejor candidato. No es así, o al menos no principalmente. No ordenan a los aspirantes según sus aptitudes, sus habilidades o su rendimiento electoral esperado, sino según su capacidad para movilizar un censo reducido y su posición dentro de las corrientes internas. En este sentido, cuando solo participa un tercio de la militancia, el proceso no premia necesariamente a quien tendría más capacidad para convencer a la ciudad, sino a quien logra activar mejor a la organización.

"Hace falta un momento destituyente: que las élites del partido hayan perdido legitimidad y que una parte suficiente de las bases considere necesario romper con ellas"
La principal virtud de las primarias es otra: facilitan la rotación de los liderazgos y permiten renovar las élites del partido sin abrir una ruptura. Exigirles que, además, garanticen el perfil con más posibilidades de ganar unas elecciones supone atribuirles una función para la que no están diseñadas. El argumento no se limita a Madrid: puede aplicarse a buena parte de los procesos internos de este tipo.

El recordatorio de siempre: lo digital no es la realidad

Enma López, usuaria habitual de las redes sociales, desarrolló una campaña digital intensa. Ganó visibilidad en la conversación en línea y proyectó la sensación de que existía una corriente de cambio a su favor. En X e Instagram, y a juzgar por los avales recogidos por internet, parecía partir como favorita. Perdió por algo más de doscientos votos.

El desfase entre la conversación digital y el voto efectivo es habitual, pero en unas primarias puede ser todavía mayor. El censo que decide es reducido, militante, envejecido y está condicionado por lealtades y trayectorias internas. Su composición apenas coincide con la de quienes dominan y animan una línea de tiempo.

"Las redes conceden mayor visibilidad a quienes participan de forma constante y expresiva; una votación interna favorece a quien conserva vínculos estables con la organización"
La campaña de López tuvo más eco digital que rendimiento en las urnas. Las redes conceden mayor visibilidad a quienes participan de forma constante y expresiva; una votación interna favorece a quien conserva vínculos estables con la organización. Dentro de un partido, esa segunda capacidad sigue siendo decisiva.

El resultado no desmerece a ninguna de las dos candidatas. Con una diferencia relativamente ajustada, ambas salen reforzadas de un proceso que el socialismo madrileño necesitaba abrir a la militancia.

Más allá de sus nombres, las primarias vuelven a mostrar sus límites. No permiten medir el pulso de la calle ni anticipan por sí solas el resultado de unas elecciones municipales. Tampoco identifican necesariamente al candidato con mayor potencial electoral. Su función es más limitada, pero también útil: canalizan la competencia interna y permiten renovar liderazgos sin provocar una ruptura en el partido.
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