

"Una vez se alcanza un umbral de ingresos que garantiza la cobertura de las necesidades básicas [...] cada euro adicional nos hace menos felices que el anterior"El debate sobre la conveniencia de ir "más allá del PIB" cuando se trata de medir el progreso de los países es viejo, pero la acumulación de crisis y el pesimismo creciente sobre la posibilidad de que las generaciones futuras tengan una buena vida hacen que, en los últimos años, se haya vuelto a reavivar. El propio Simon Kuznets, uno de los principales arquitectos de la contabilidad nacional moderna, advertía ya en los años treinta que el bienestar de una nación difícilmente podía inferirse de una métrica de renta nacional. Las limitaciones de los indicadores clásicos de crecimiento son conocidas: capturan la provisión de bienes y servicios a los que podemos ponerles un precio, con independencia de si tienen un impacto positivo —educación y sanidad públicas— o negativo —más gasto en combustibles por atascos, más gasto en seguridad por delincuencia— sobre las personas.
"Las tecnologías emergentes modificarán nuestra relación con el trabajo, mejorando las condiciones laborales y ofreciéndonos más tiempo libre, o convirtiéndose en una fuente adicional de desigualdad"La primera: entender bien qué dimensiones del bienestar pueden ganar relevancia en el futuro y diseñar las herramientas que nos permitan anticiparnos a esos cambios. Sabemos que la degradación de los ecosistemas naturales tendrá un efecto cada vez mayor sobre la salud; que el envejecimiento demográfico y la caída de la natalidad alterarán las redes de apoyo social —las familias serán cada vez más pequeñas—, y que las tecnologías emergentes modificarán nuestra relación con el trabajo, mejorando las condiciones laborales y ofreciéndonos más tiempo libre, o convirtiéndose en una fuente adicional de desigualdad y precariedad para algunos colectivos según cómo se implementen. Necesitamos conocer cómo la población va percibiendo estas transformaciones a medida que se materializan.
"La degradación de los ecosistemas naturales tendrá un efecto cada vez mayor sobre la salud; que el envejecimiento demográfico y la caída de la natalidad alterarán las redes de apoyo social"Y la cuarta, pero, en mi opinión, una de las más relevantes: transitar hacia unas "cuentas nacionales de bienestar", que guíen el diseño de las políticas públicas y —por qué no— también la discusión presupuestaria y complementen la información que ofrecen los indicadores tradicionales de renta y empleo. El Living Standards Framework Dashboard de Nueva Zelanda constituye una magnífica referencia para empezar a trabajar en este ámbito.
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