

"Todas las sociedades miran hacia atrás para dar sentido a lo que viven. El problema aparece cuando esa mirada deja de ser reflexiva y se convierte en una herramienta política"La nostalgia, por supuesto, es un sentimiento natural. Todas las sociedades miran hacia atrás para dar sentido a lo que viven. El problema aparece cuando esa mirada deja de ser reflexiva y se convierte en una herramienta política. La investigación reciente distingue con claridad entre una nostalgia personal —ligada a la infancia, la familia o experiencias íntimas— y una nostalgia colectiva o grupal, que remite a "cómo era antes la sociedad" o "cómo era antes la gente". Lo políticamente relevante no es tanto la primera como la segunda. Es esta nostalgia colectiva la que activa comparaciones entre pasado y presente, alimenta la percepción de declive y hace más probable el apoyo a actores que prometen restaurar un orden perdido.
"Los jóvenes también pueden sentir nostalgia, no de un pasado vivido, sino de un pasado imaginado, heredado a través de relatos políticos, culturales y digitales"Quizá el dato más preocupante es el que afecta a los más jóvenes. Entre los menores de veinticinco años, el pensamiento nostálgico ronda el 40%. Esto rompe el tópico según el cual la nostalgia es sobre todo una emoción de personas mayores. Los jóvenes también pueden sentir nostalgia, no de un pasado vivido, sino de un pasado imaginado, heredado a través de relatos políticos, culturales y digitales que lo presentan como más estable, más auténtico y más habitable que el presente. El riesgo es evidente: si el presente se percibe como una versión fallida de un ayer ideal, crece la desafección, disminuye la confianza en la democracia y se vuelve más atractivo el discurso de la restauración.
Recibe nuestro análisis diario en tu correo
Recibe una alerta diaria en tu teléfono