Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

La furia conservadora: América Latina se entrega al orden radical

México, Brasil y Uruguay son prácticamente los únicos tres focos de resistencia ante la ola de 'trumpificación' que se expande en la región. "En América Latina, las urnas ya no son un espacio para ejercer la democracia, sino un foro para castigar a aquel que, hasta ahora, no ha cumplido lo que prometió. La gente vota desde la frustración, desde el hartazgo, no desde el convencimiento", opina el periodista Mauricio Hdez. Cervantes.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 7 de julio de 2026
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El presidente estadounidense, Donald Trump, en la cumbre del 'Escudo de las Américas', acompañado de algunos de los principales líderes derechistas de América Latina, como Javier Milei, Nayib Bukele o José Antonio Kast. | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente estadounidense, Donald Trump, en la cumbre del 'Escudo de las Américas', acompañado de algunos de los principales líderes derechistas de América Latina, como Javier Milei, Nayib Bukele o José Antonio Kast. | Casa Blanca / Daniel Torok
Finalmente, sucedió: América Latina se cansó de esperar, de soportar, de sobrevivir. Como un péndulo aletargado fue como la región se movió durante décadas: los gobiernos de izquierda prometieron justicia social y solo lograron polarización; los gobiernos de derecha prometieron estabilidad económica y dejaron crisis sin precedentes. ¿Qué ha cambiado ahora? La velocidad y la fuerza de ese péndulo. Y, por supuesto, el movimiento: todo indica que se ha trabado en un solo extremo: en la derecha, en su expresión más radical.

En menos de dos años, siete países han elegido a presidentes que hablan con la voz gruesa del extremismo más implacable. Ecos que repiten las fórmulas de Donald Trump como si fueran recetas mágicas: seguridad, libertad económica, orden. No es casualidad: es síntoma.

"En menos de dos años, siete países han elegido a presidentes que hablan con la voz gruesa del extremismo más implacable"
Y luego está la violencia. Como deja ver el artículo "The Dramatic Trumpification in Latin America" ("La dramática trumpificación de América Latina"), publicado en The Economist, la violencia aparece como un telón de fondo que todo lo ensombrece. América Latina concentra un tercio de los homicidios de todo el mundo. Y esa cifra se ha convertido en una suerte de mantra electoral que sirve para todo propósito: para justificar la militarización de cualquier región, destinar fondos a la creación de más cárceles (y menos escuelas), etc. Es la doctrina de la mano dura, del autoritarismo sin matices. ¿Los iconos? El modelo Bukele y sus megaprisiones, sus detenciones masivas transformadas en fetiche. En resumen, lo que en algún tiempo tuvo el nombre de totalitarismo ahora se diluye bajo la nobleza de la eficacia. Y los ciudadanos de localidades como Bogotá, Buenos Aires, Santiago o Quito, hartos de funerales, de extorsiones, de sangre corriendo en las calles y de impunidad instaurada en los despachos policiales, han aceptado el pacto: menos derechos a cambio de menos muertos. Y, a estas alturas, otros muchos repiten otro mantra: "cueste lo que cueste".


Es cierto que, si bien hablamos de un proceso de derechización o de trumpización en América Latina, no podemos hacerlo como si fuese un fenómeno lineal, cronológicamente hablando. Hay fechas clave: 2016 con el Brexit y la primera llegada de Donald Trump a la Casa Blanca; 2023, cuando Javier Milei rompió la larga tradición peronista en Argentina; y, definitivamente, 2025 con el retorno de Trump a la presidencia de Estados Unidos. Este último hecho fue el catalizador del fenómeno, del proceso antes mencionado. No porque dicte, como tal, la política latinoamericana, sino porque legitimó su estilo, su dogma: la soberanía justificada como un muro arancelario, la seguridad como espectáculo y la política como un ring de boxeo. Y muchos líderes, obnubilados por el poderío económico que representa Estados Unidos, han encontrado en él un espejo: un lenguaje que les permite sacar rédito al hartazgo social. Es decir, la trumpificación no es una copia servil: es una adaptación. Cada país ha traducido el guion MAGA a su propio dialecto.

Al respecto, hablamos, por ejemplo, de los discursos del Ecuador de Noboa o de la Argentina de Milei. Pero también de los de José Antonio Kast, Abelardo de la Espriella o Keiko Fujimori.

"Muchos líderes, obnubilados por el poderío económico que representa Estados Unidos, han encontrado en él un espejo que les permite sacar rédito al hartazgo social"
No se trata solo de votar a la derecha, o a las opciones más conservadoras, sino de un fenómeno que siempre lleva el aval de Donald Trump. Los nuevos líderes ultraderechistas representan esa radicalidad que sabe más a salida fácil que a convencimiento. Por lo pronto, Milei, con casos de corrupción en la cúpula de su gobierno y las promesas rotas que han fragmentado a su electorado, ya paga el precio político de su bravuconería. Noboa ya paga cara la soberbia con la que rompió las relaciones diplomáticas con México. ¿El resto? Aún tiene mucho por demostrar. En todo caso, las preguntas que corresponde hacerse en este momento son: ¿cómo fue que nació la trumpización en América Latina? ¿Y por qué el péndulo se ha estancado en la derecha radical?

Del Brexit y Trump a los ecos del populismo en América Latina

Todo comenzó en otro lugar. Era 2016. David Cameron, en un inútil ejercicio de mostrar a su pueblo las bondades de la democracia, logró todo lo contrario. Citó a las urnas y el pueblo británico votó contra sí mismo, contra Europa. Tres años después, el Reino Unido salía de la Unión Europea y mostraba lo que nadie estaba preparado para ver: que la democracia no es un sistema perfecto. Aquella fue la primera gran victoria del populismo en la actualidad.

Ese mismo año, pero meses más tarde, la democracia volvió a fallar: el pueblo estadounidense le dio su voto de confianza a Donald Trump. Si bien en su primera versión no fue tan radical, hoy, sin duda, y tras dos años de haber vuelto a la Casa Blanca, representa la idea de que la propia democracia —ese sistema que apuesta, ante todo, por la voluntad popular— ya corre peligro desde el país que es y ha sido capaz de todo, de absolutamente todo, en nombre de ella. Segunda victoria del populismo.

"Trump representa la idea de que la propia democracia —ese sistema que apuesta, ante todo, por la voluntad popular— ya corre peligro desde el país que es y ha sido capaz de todo"
Luego, vivimos diez años de una suerte de impasse en la que el balance de poder permitía advertir que la democracia, pese a sus tropiezos, seguía siendo un sistema ideal. Perfectible, sí, pero, sin duda, la mejor de las opciones políticas a nivel global. No obstante, como mencionamos antes, en 2025 Donald Trump regresó al gobierno estadounidense y todo cambió. Y, ahora sí, radicalmente. Por si a alguien le quedaba alguna duda, el populismo arrasa allí donde la democracia ha tropezado.


De acuerdo con la consultora GobernArte, el fenómeno de trumpización en América Latina no tiene un origen ideológico: el voto de castigo es la forma más clara de ejercer la política desde las calles y en las urnas. En pocas palabras, la gente (o, dicho de forma más exacta, un poco más de la mitad de la población) se cansó de promesas y proyectos incompletos, y se ha decantado por castigar a aquellos que fallaron. Durante dos décadas, la izquierda gobernó en Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Chile y Bolivia, pero, al margen de datos debatibles y de cifras cuestionables, la realidad es cruda: solo México, Brasil y Uruguay permanecen, hoy, como bastiones de gobiernos que no son de derecha ni ultraconservadores.

Porque, como sostienen también en la consultora antes nombrada, "la derecha no ha vuelto con un solo discurso, con un guion preestablecido desde Washington, sino que lo ha hecho adaptándose al malestar social de cada país". Ante la pregunta "¿por qué regresa la derecha en la región?", esa misma casa de encuestas y análisis ha identificado cuatro variables.

La primera es la inflación. Cuando las políticas de reajuste económico y de austeridad, como sucedió durante el gobierno de Alberto Fernández, en Argentina, entre 2019 y 2023, impactan con dureza en el bolsillo del ciudadano, las urnas, más que la sede de un ejercicio democrático, se convierten en una oportunidad para castigar a los responsables de que nunca se llegue a fin de mes. La política, cuando no se llega a fin de mes, es muy difícil de comprender con claridad.

La segunda, la inseguridad y el crimen. Si algo ha sabido explotar bien Bukele es el dato de que El Salvador, antes de él, era el país más peligroso del mundo y, bajo su mandato, se convirtió en el más seguro del continente. Es cierto, nadie puede negar las cifras que tiene el gobierno salvadoreño actual sobre los avances en seguridad. Sin embargo, creer que un modelo que funciona en un país de poco más de seis millones de habitantes también lo haría en uno como Colombia (que tiene 53 millones), o Argentina (que tiene 46), es absurdo. Eso, sin tomar en cuenta las diferencias abismales respecto a la construcción social y a las particularidades socioeconómicas de cada país. No es, en modo alguno, lo mismo gobernar una ciudad como San Salvador (de dos millones de habitantes, tomando en cuenta el área metropolitana) que un monstruo urbano como la Ciudad de México, que tiene 23 millones.

"Si algo ha sabido explotar bien Bukele es el dato de que El Salvador, antes de él, era el país más peligroso del mundo y, bajo su mandato, se convirtió en el más seguro del continente"
Después está el voto antipolítico, como lo definen en GobernArte. Es decir, que poblaciones como la colombiana o la argentina han premiado al outsider que promete cambios radicales. El hartazgo principal de muchas de las poblaciones en América Latina ha nacido de las promesas rotas e incumplidas de los gobernantes tradicionales. Y, por eso mismo, mucha gente ha preferido apostar por los pragmáticos ultras que prometen resultados inmediatos (aunque suenen a fantasías dignas de futuros idílicos).


Y la última variable es el factor Trump. Sobre eso ya hemos ahondado antes en esta pieza. Trump funciona, para muchas entidades políticas en la región, como un faro guía y, más que como un protector, como un aval. Sí, como un aval del discurso incendiario, de la bravuconería.

Finalmente, como sostienen en esa misma consultora, "el péndulo no es ideología. Es frustración". Es decir, la gente se cansó de ver a generaciones cada vez más empobrecidas, de perder la idea de un futuro próspero. Poblaciones como la argentina saben muy bien lo que son, literalmente, los éxodos hacia Europa: hace ya veinticinco años que el aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, ve todos los días a argentinos con las maletas llenas y un pasaporte europeo bajo el brazo para reinventarse en la tierra de sus abuelos.

"La gente se cansó de ver a generaciones cada vez más empobrecidas, de perder la idea de un futuro próspero"
En definitiva, el mapa geopolítico se ha recompuesto en América Latina. Aún quedan dos años de Donald Trump en la Casa Blanca y, teóricamente, todo puede suceder. Quedan las elecciones de medio mandato en noviembre, y eso podría, de alguna manera, limitar el furibundo expansionismo del líder republicano. No obstante, países como Chile, Colombia y Perú apenas entrarán en el fenómeno de derechización que está recorriendo el continente americano.


¿Cómo se recompondrá el mapa político continental? ¿México, Uruguay y Brasil seguirán resistiendo el embate de Trump y de sus aliados? Lo dicho, aún quedan dos años más de Trump en Washington, pero el mensaje está claro: en América Latina, mucha gente vota desde la frustración y el hartazgo, desde la indignación por los ríos de sangre que corren por las calles, desde el cansancio de las promesas falsas que terminan en crisis que se sienten en el bolsillo. En la región, las urnas ya no son un espacio para ejercer la democracia, sino un foro para castigar a aquel que, hasta ahora, no ha cumplido lo que prometió.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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