Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

Colombia partida en dos: Cepeda promete la paz y Espriella exige orden

Tras unas controvertidas elecciones generales, Colombia vive días de tensión de cara a la segunda vuelta, donde se decidirá no solo un presidente, sino cuál será el rumbo de un país en el que han despertado "fantasmas" de tiempos en los que la paz y la democracia se vieron seriamente comprometidas. El periodista Mauricio Hdez. Cervantes ahonda en la 'fotografía' de un país partido, no solo entre Cepeda y Espriella, sino entre dos discursos irreconciliables.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 5 de junio de 2026
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Los candidatos Iván Cepeda (izquierda) y Abelardo de la Espriella (derecha) disputarán la segunda vuelta.
Los candidatos Iván Cepeda (izquierda) y Abelardo de la Espriella (derecha) disputarán la segunda vuelta.
Los cruentos años de la violencia del narco y de la guerrilla siguen indelebles en la memoria popular de los colombianos: heridas que aún marcan la manera en que se entiende la fuerza y el poder. En Colombia, el uso de la fuerza tiene otro significado, pues no se reduce a la autoridad legítima del Estado, sino que está atravesado por décadas de conflicto armado, represión y resistencia. Ahora, tras unas controvertidas elecciones generales, el país se asoma a una segunda vuelta que se parece más a un duelo que a una elección. Recuerda más a un relato de confrontación y bravuconería que a la narrativa de una democracia consolidada. El fin de semana pasado, las urnas se llenaron de sospechas e irregularidades denunciadas que macularon el conteo. Y en esa grieta, dos hombres encarnan dos futuros incompatibles: uno que habla de reconciliación, otro que invoca la fuerza.

"Cepeda habla de una Colombia que se construye con transparencia entre la sociedad y los despachos del Gobierno. Habla de territorios olvidados, de derechos humanos, de una democracia expansible"
Por una parte, está Iván Cepeda, heredero del Pacto Histórico (una coalición de izquierda y de centroizquierda), que insiste en la paz como horizonte, como la única vía para sostener las instituciones. Él habla de una Colombia que se construye con transparencia entre la sociedad y los despachos del Gobierno. Habla de territorios olvidados, de derechos humanos, de una democracia expansible hacia quienes nunca la tuvieron. Su discurso es de continuidad, pero también es una promesa: que la Colombia que sangró a finales del siglo pasado pueda, al fin, cicatrizar. Frente a él, Abelardo de la Espriella —con un tono que recuerda a Trump, a Milei, a Vox, a Orbán, a Bukele— levanta la voz del orden impuesto por el hierro, la de la disciplina militar. Él dice que el Ejército debe garantizar la voluntad popular "por la razón o por la fuerza". Su tono, en pocas palabras, es el de la ruptura; su apuesta, la mano dura.


Salvando las distancias, esta disputa política recuerda al ambiente de los años noventa, cuando el narcotráfico, la inseguridad y la corrupción sin límite eran una mancha que todo lo ensombrecía. Hoy, la sombra es otra. Es la desconfianza en las instituciones, la sospecha de fraudes y de elecciones manipuladas; es la idea de que la democracia se defiende, pero que difícilmente se sostiene. Gustavo Petro, siendo todavía presidente, ha dicho que no reconoce los resultados. No obstante, Espriella exige que se respeten de inmediato. El punto aquí no es solo quién llegue al Gobierno, sino si el país puede seguir creyendo en sus propias formas democráticas e instituciones.

"Se decidirá si el país apuesta (y reconoce) la paz prometida por Cepeda, o si se decanta por una versión propia del proyecto autoritario de Bukele"
Nunca es demasiado pronto para lanzar alarmas como la que esta controvertida elección ha generado, sobre todo cuando de la supervivencia de una democracia en una república americana se trata. El 21 de junio será la fecha en la que se resuelva esta maraña de acusaciones, de discursos incendiarios, de posiciones divididas. En pocas palabras, será con una segunda vuelta como se decidirá algo más que quién será el presidente de Colombia; se decidirá si el país apuesta (y reconoce) la paz prometida por Cepeda, o si se decanta por una versión propia del proyecto autoritario de Bukele. Ese día, en las urnas, se definirá si las papeletas electorales bastan para contener una fractura o si, como tantas veces en la historia de ese país, la política se convertirá en otro campo de batalla.

¿Quiénes son Cepeda y Espriella, y cómo llegan a la segunda vuelta?

Colombia, como lo estamos viendo en estos momentos, no es un territorio que haya quedado inmune a la asfixiante polarización que aqueja a tantos países. Allí también se enfrentan, con muy difíciles posibilidades de conciliación, por una parte, el discurso pacifista e integrador y, por la otra, la bravuconería y el rupturismo impuesto por la fuerza.

Iván Cepeda (1962, Bogotá) es el candidato del Pacto Histórico. Su propuesta se centra en lo que él ha llamado "una revolución ética y social" contra la corrupción, además de priorizar la justicia para las víctimas de la violencia y de proponer una reforma agraria. Aunque llega con un caudal de más de 9,6 millones de votos, enfrenta la dificultad de remontar la ventaja inicial de Abelardo de la Espriella.

Él lleva a cuestas una biografía que parece escrita para un libro crudo de no ficción. Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, un senador de la Unión Patriótica que fue asesinado en 1994, y de Yira Castro, una dirigente comunista fallecida años antes. Se exilió en Europa (entre 1998 y 2004), tras haber denunciado vínculos entre políticos y paramilitares. Después, regresó a su país y se convirtió en congresista y uno de los rostros más visibles de la izquierda colombiana. Su propuesta de gobierno, titulada El poder de la verdad, se articula en cuatro "revoluciones democráticas", como él mismo las llama. Primero, la ética, con un sistema nacional contra la ingente corrupción, que busca "no solo castigar al corrupto, sino recuperar lo saqueado y reparar a las comunidades víctimas". Segundo, la social, con una reforma agraria y justicia para las víctimas del conflicto armado. Tercero, la ambiental, con políticas de transición energética y justicia ecológica. Y, cuarto, la política, con la eliminación del Consejo Nacional Electoral, al que acusa de estar capturado por intereses partidistas. "Hemos venido a ejercer nuestro derecho a elegir un futuro y un destino distinto para Colombia, profundizar los cambios que hemos tenido en estos años de Gobierno", dijo al votar en Bogotá.

Pero, de cara a la segunda vuelta del 21 de junio, tiene el enorme reto de transformar a sus 9,6 millones de votos fieles (el 40,9%) en una mayoría capaz de derrotar a un contrincante político que, en esta primera instancia, lo superó por casi medio millón de votos. Cepeda necesita ganarse a los votantes moderados, al centro y, de ser posible, a la derecha moderada. También convencer a los indecisos, resistiendo a la bravuconería y al discurso ultrapragmático de su rival.

"De la Espriella propone la construcción de diez megacárceles administradas por empresas privadas. «Primero los derechos de la gente de bien y luego los bandidos«, es una de sus frases lapidarias"
En contraparte, está Abelardo de la Espriella (1978, Bogotá), abogado y empresario que se ha reinventado como candidato presidencial, poniendo como punta de lanza de su discurso el orden y la fuerza. Es, puesto así, otro eco de las posturas radicales de líderes como Trump, Milei o Bukele. Se autodenomina "el Tigre colombiano", y entre sus citas y ejemplos más recurrentes está el presidente salvadoreño. Su propuesta, siguiendo la línea del mandatario antes citado, es la construcción de diez megacárceles administradas por empresas privadas. "Primero los derechos de la gente de bien y luego los bandidos", es una de sus frases lapidarias.


También plantea reducir el tamaño del Estado (algo muy parecido a la praxis de Milei), confronta a organismos internacionales (lo mismo que Trump, Bukele o Milei) y ha sostenido que la democracia "se defiende por la razón o por la fuerza". Su estrategia política es un híbrido entre los discursos de los líderes antes mencionados, haciendo énfasis en sus políticas más radicales.

Ahora bien, en la primera vuelta, obtuvo más de 10,3 millones de votos (el 43,7%). Esta ventaja lo deja más cómodo que Cepeda de cara a la segunda vuelta del 21 de junio. No obstante, aún todo puede suceder. Para ganar, necesitaría consolidar el apoyo de la derecha y atraer a los votantes de centro. Sus posibilidades, según diversos analistas colombianos (como Felipe Melo, politólogo y asesor legislativo), son altas, debido a que se convirtió en un fenómeno político inesperado y a que encarna la narrativa del orden frente al caos. No obstante, su política confrontativa y contraria a la conciliación ha despertado cierto resquemor y miedo, sobre todo porque, como se mencionó al inicio de esta pieza, los fantasmas de los años más sangrientos de Colombia siguen presentes en el imaginario colectivo.

¿Cuál será el destino político de ese país tras la segunda vuelta? En estos momentos, es difícil hacer predicciones certeras. Lo único seguro es que cualquiera de las dos opciones tendrá muy difícil echar a andar su proyecto nacional, pues prácticamente hay otra Colombia que querrá todo lo contrario.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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