"Uno cree que lo que lo enamora debería anhelarlo todo el mundo", escribió Javier Marías. Hace unos meses,
el CIS preguntó a los españoles qué es aquello que les enamora y, en general, cuál es su visión sobre el amor. Los resultados de la encuesta muestran algunos de los síntomas más comunes de nuestro tiempo, como
el auge del hiperindividualismo o las brechas cada vez más claras entre hombres y mujeres. Sin embargo, también reflejan un país que mantiene un cierto idealismo a pesar de vivir en un momento extremadamente agitado y confuso.
En este presente tan convulso, marcado de principio a fin por
la expansión de la inteligencia artificial (IA), las relaciones personales vuelven al centro de la atención. Y lo hacen rodeadas de una gran incertidumbre que no parece ir acompañada de
la importancia que merece este tema.
El amor como necesidad masculina y el problema de la IA
Aunque es un debate que no ha llegado a España con la misma intensidad que en países como Corea del Sur o Estados Unidos, merece la pena hablar del fenómeno
incel. Los célibes involuntarios, que son
hombres frustrados ante la imposibilidad de encontrar una pareja sentimental (generalmente, una mujer), han generado toda una discusión que toca aspectos como la demografía o
la oferta política de los países.
"En este presente tan convulso, marcado de principio a fin por la expansión de la inteligencia artificial, las relaciones personales vuelven al centro de la atención"
En resumen, hay
una comunidad de hombres jóvenes que expresa —en internet, así como en el plano físico— su descontento con el hecho de no poder desarrollar una relación amorosa. Desde este grupo surgen distintos argumentos misóginos, que han sido objeto de numerosos análisis y que muestran
un sentimiento de agravio compartido. El CIS, aunque no pregunta por nada parecido, sí que encuentra un dato interesante que puede ayudar a entender un poco más esta problemática:
los hombres dan mucha más importancia al amor que las mujeres. Preguntados por si consideran una relación amorosa como "importante para una vida satisfactoria",
ocho de cada diez hombres sostienen que sí, frente a seis de cada diez mujeres.
La diferencia se agranda especialmente entre los solteros:
el 60,2% de los hombres expresan interés o mucho interés en tener una relación. En las mujeres, el porcentaje decae hasta el 27,7%. Sin duda, es una brecha importante, que va muy en línea con el desequilibrio sentimental que los célibes involuntarios expresan: ¿por qué los hombres se imaginan una vida satisfactoria como algo mucho más ligado a la pareja que las mujeres? O dicho de otra manera,
¿por qué los hombres expresan una mayor dependencia? No sería disparatado pensar que las tan estudiadas diferencias ideológicas entre hombres y mujeres pueden tener relación con estas preguntas. En su respuesta podría encontrarse una primera aproximación a reducir la brecha.
Al mismo tiempo, este contexto de falta de equilibrio en todas las franjas de edad puede ser
el caldo de cultivo para una pérdida de las relaciones humanas. La idea no es, ni mucho menos, novedosa: hace trece años se estrenó la película
Her (2013), que tiene por protagonista a Theodore Twombly (Joaquin Phoenix), quien, tras el fracaso de su matrimonio, termina por desarrollar una relación romántica con una inteligencia artificial. Hoy, en 2026,
la IA está en un punto de madurez similar al que plantea la obra de ficción y la insatisfacción alrededor del amor no augura un buen futuro.
Esto es ya una realidad. En foros como Reddit, distintos usuarios relatan cómo han avanzado, de forma más o menos premeditada, hacia
una relación íntima con la IA. No tenemos números para España, pero
en EE. UU., el 28% de los adultos encuestados por una consultora aseguraron que habían tenido o mantenían al menos una relación "íntima o romántica" con un agente de IA.
En Irlanda, el dato es de uno de cada diez adultos (también en 2025), y escala hasta el 13% entre los hombres, mientras que
entre las mujeres es solo del 7%.
"En EE. UU., el 28% de los adultos aseguraron que habían tenido o mantenían al menos una relación «íntima o romántica» con un agente de IA"
El escritor Yuval Noah Harari ha puesto nombre al cambio de época en el que las empresas ya compiten:
"Estamos pasando de la búsqueda de la atención a la búsqueda de la intimidad", explicó el historiador hace unas semanas
en el pódcast de Ezra Klein. En esta nueva economía de la intimidad,
aquella IA que consiga dar las respuestas que más nos reconforten y que más profundicen en la relación parasocial con ella tendrá más éxito. Las compañías, explicaba Harari, lo saben perfectamente y ya se disputan su lugar en la intimidad de los usuarios. Pero
no todo es tan negativo en el campo del amor en el siglo XXI.
Mitos románticos
Aunque los hombres parecen estar más predispuestos a la vida en pareja, tanto ellos como ellas apuestan por
una visión idealizada del amor. El 64,2% de los españoles cree que
"el amor verdadero puede con todo" y el 60,7% piensa que este tipo de amor "es para toda la vida". Opciones como el poliamor o las relaciones abiertas siguen siendo minoritarias (34,1%), pero
encuentran más apoyo entre los jóvenes. Sobre si el amor lo puede con todo, el CIS ya preguntó en su serie de encuestas sobre relaciones en pandemia y tras ella. Lo cierto es que el resultado permanece más o menos similar, si bien en 2023 tocó techo, alcanzando el 70%.
En el plano general, que haya una mayoría con una visión ciertamente idealizada sobre el amor choca de lleno con lo que puede verse de
las relaciones sentimentales hoy día. Los propios encuestados (77,1%) señalan que "las prisas actuales son negativas para el amor".
A este respecto, es probable que
las aplicaciones de citas tengan algo que ver. El 25,2% de los españoles reconoce haberse creado un perfil en alguna de ellas, pero estas van acompañadas de una visión negativa. Por ejemplo, creemos que
la gente miente más en ellas (87,6%), que fomentan el trato de las personas como meros objetos (75,6%) y que, además, no facilitan encontrar el amor (solo un 18,9% piensa que sí).
Resulta muy interesante que, a pesar de tenerlo casi todo en contra (el modo de vida actual, las formas de relacionarnos, las brechas, etc.),
no se pierda la fe en el amor como un ente idealizado. Eso sí, las formas a través de las cuales idealizamos pueden ser muy distintas si miramos a la ideología.
A medida que la ideología se desplaza a la derecha,
se aceptan en mayor grado algunos ideales más tradicionales como el de la media naranja o el del amor para toda la vida. Por contra, algunos ideales más disruptivos, como el del poliamor,
ganan peso a medida que nos desplazamos hacia la izquierda.
¿Es el amor el gran reto de la década?
El amor no es un asunto trivial y no debe encajarse en el plano "cursi".
El cómo nos relacionamos, el porqué lo hacemos y bajo qué premisas lo hacemos son determinantes para comprender la evolución de las sociedades. Cuando Javier Marías escribía que pensamos que lo que nos enamora deberían anhelarlo los demás, lo hizo sabiendo que
el amor es el origen de los sentimientos más extremos de las personas.
No podemos olvidar que seguimos atravesando
una década marcada por la polarización, que muchas veces desemboca, al igual que el amor, en el odio. Si descubrimos qué es aquello que buscamos —como objetivo vital— y por qué no lo tenemos, todo puede ser más sencillo. Pero para ello se necesita un cierto grado de entendimiento.
Las brechas de género y las brechas de edad están ahí como lo han estado antes, y se deben resolver al igual que se ha hecho en el pasado: acercando las posturas y dialogando entre las partes.
"Corremos el riesgo de perder la cercanía al otro y encerrarnos en la autocomplacencia de las respuestas generadas por una IA"
Lo que ciertamente es un desafío novedoso es el factor de la IA. En el presente, corremos el riesgo de perder la cercanía al otro y encerrarnos en la autocomplacencia de las respuestas generadas por una IA diseñada para generar una dependencia íntima. Nos jugamos mucho:
el 95% de las personas asocian el amor a la felicidad, el compromiso o la igualdad. No se me ocurre otro asunto que genere mayor consenso y que ponga sentimientos tan importantes en el centro.