Martes, 28 de julio de 2026
ENERGÍA

De 'electroestado' a potencia de moléculas verdes: la segunda transición energética de España

España ya ha demostrado que puede liderar la transición eléctrica renovable. Bernardo Navazo, director de Geopolitical Insights, defiende ahora un segundo paso: convertir esa ventaja en poder industrial y geopolítico mediante combustibles renovables de origen no biológico, bioenergías y biometano. "La apuesta estratégica exige ir más allá y llegar a las moléculas verdes", sostiene.

Bernardo Navazo Bernardo Navazo 18 de junio de 2026
Añadir AgendaPública en Google
Navazo propone alternativas para que España continúe avanzando hacia ser una potencia energética. | Yang Qing / Xinhua News / Europa Press
Navazo propone alternativas para que España continúe avanzando hacia ser una potencia energética. | Yang Qing / Xinhua News / Europa Press
España tiene la oportunidad de dar un salto cualitativo en su posición energética: consolidarse como un electroestado (un país con un sistema eléctrico mayoritariamente renovable) y convertirse en un actor geopolítico clave en la producción de combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO, por sus siglas en inglés). La primera parte ya está en marcha, impulsada por la expansión renovable, la repotenciación eólica y el despliegue de almacenamiento. La segunda, sin embargo, exige superar barreras económicas, regulatorias y de mercado que hoy están frenando el desarrollo de esta nueva industria.

Esta oportunidad se apoya en una ventaja estructural difícilmente replicable en Europa: España cuenta con algunos de los costes más bajos de generación renovable (LCOE) y, por extensión, de producción de hidrógeno verde (LCOH). Sobre esta base, el país puede desarrollar una cadena de valor completa de combustibles renovables sintéticos (del hidrógeno al metanol y al eSAF) al tiempo que despliega biocombustibles avanzados a partir de recursos orgánicos propios (biomasa, biogás y biometano).

Ya se ha formulado con claridad en estas mismas páginas: el precio del electrón está redibujando el mapa industrial europeo y España ocupa hoy una posición privilegiada en esa nueva geografía. Tiene razón. Pero la ventaja española no se agota en el electrón: la apuesta estratégica exige ir más allá y llegar a las moléculas verdes. Este artículo es un alegato a favor de ese segundo paso.

Por qué no despegan las moléculas verdes en España

En el desarrollo de los combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO), el principal obstáculo en España es la economía política: a pesar del gran volumen de ayudas públicas (tanto europeas como nacionales) destinadas a impulsar hubs de hidrógeno, una parte significativa de los proyectos no ha alcanzado la decisión final de inversión (FID) o incluso ha renunciado a las subvenciones.

"El país puede desarrollar una cadena de valor completa de combustibles renovables sintéticos al tiempo que despliega biocombustibles avanzados"
Las razones son varias. El desarrollo de una planta de RFNBO exige coordinar permisos ambientales, acceso a red, disponibilidad de agua y un cumplimiento estricto de las condiciones de las ayudas. La convergencia de todos estos elementos en tiempo y forma, sin un tratamiento ad hoc desde la Administración, dificulta enormemente la ejecución. Por otro lado, los fundamentos económicos de los proyectos de RFNBO siguen siendo frágiles. La viabilidad depende de asegurar simultáneamente tres elementos: contratos de demanda a largo plazo, acceso a energía renovable que cumpla con los criterios obligatorios (correlación temporal, geográfica y adicionalidad) y una estructura de financiación que combine ayudas públicas con deuda bancaria.


Sin embargo, más allá de estas dificultades operativas y financieras, el problema de fondo es otro: no hay suficiente demanda visible. En la actualidad, el desarrollo del mercado del hidrógeno verde en España descansa sobre un número muy reducido de proyectos (Muskiz, Cartagena, Huelva) y una constelación de iniciativas menores impulsadas por productores independientes. La cartera de iniciativas maduras queda muy por debajo del potencial identificado en el PNIEC y no responde a la ambición que España podría tener como país con las mejores condiciones de producción de hidrógeno verde de Europa.

El propio secretario de Estado de Energía reconoció recientemente que no está encontrando offtakers suficientes y que la Administración se ve obligada a "salir a buscar la demanda". El diagnóstico es certero y merece reconocimiento: efectivamente, hoy esa demanda no existe. Pero estimo que la conclusión debería ser otra: la demanda de combustibles renovables no se encuentra en el mercado, sino que se crea desde la regulación.

"La demanda de combustibles renovables no se encuentra en el mercado, sino que se crea desde la regulación"
Alemania acaba de demostrarlo. Su transposición de la directiva RED III, aprobada en mayo de 2026, establece una cuota obligatoria de RFNBO en transporte que arranca en el 0,1% en 2026 y escala hasta el 10% en 2040, muy por encima de los mínimos europeos. Y lo acompaña de penalizaciones para los suministradores que no cumplan, lo que equivale a un suelo de precio efectivo de unos 14-15 € por kg de hidrógeno (contra los 5-8 € por kg de hidrógeno verde producido). Alemania no ha salido a buscar demanda: la ha creado por ley. En el sector se percibe cómo esta señal regulatoria ya está alterando decisiones de inversión de empresas europeas a lo largo de toda la cadena de valor, desde productores de electrolizadores hasta desarrolladores de proyectos y futuros consumidores industriales: han trasladado su atención desde España (por sus bajos costes de producción) hacia Alemania (pues, aunque con costes altos, la demanda se ha generado a través de la regulación).


Es cierto que los combustibles renovables duplicaban hasta hace poco el coste de los fósiles. Pero esta objeción, repetida con frecuencia en el debate sectorial, merece ser contextualizada. Diferencias de coste de este orden (el doble) son habituales en tecnologías emergentes y tienden a reducirse rápidamente con escala y aprendizaje, como ya ocurrió con la energía solar fotovoltaica o las baterías, cuyos costes cayeron más de un 90% en una década. Además, la comparación ignora las externalidades de los combustibles fósiles: desde el impacto climático hasta la vulnerabilidad geopolítica derivada de la dependencia de suministros externos. No es solo una promesa futura: la crisis de Irán, que seguirá sin resolverse durante muchos años, ya ha igualado en Asia el precio del metanol gris con el del verde. Opino que ese diferencial de coste actual, de existir, no es un sobrecoste, sino una inversión en autonomía estratégica.

"Desde productores de electrolizadores hasta desarrolladores de proyectos y futuros consumidores industriales: han trasladado su atención desde España hacia Alemania"
España tiene la palanca en sus manos: no solo somos capaces de abastecer nuestro propio mercado, sino que está a nuestro alcance convertirnos en el proveedor natural de la demanda que Alemania y otros Estados miembros están creando y que necesitarán cubrir con importaciones. Pero para que eso ocurra, España necesita crear su propio mercado interno con la misma determinación que Berlín. Elevar los objetivos de consumo de combustibles renovables en la transposición de la directiva RED III (con cuotas vinculantes, trayectoria a largo plazo y mecanismos de penalización creíbles) podría parecer un ejercicio regulatorio menor. Y, sin embargo, es el acto fundacional de una nueva industria. Y, con ella, de verdadero poder geopolítico: España como polo europeo de moléculas verdes.

Bioenergías: el segundo pilar de las moléculas verdes

Por otro lado, el desarrollo de los combustibles renovables sintéticos no puede entenderse de forma aislada. Existe un segundo vector, menos visible pero igualmente estratégico, que puede actuar como catalizador del primero: las bioenergías. La biomasa, el biogás y el biometano son una fuente renovable gestionable y además aportan elementos clave (como el CO₂ biogénico) imprescindibles para el desarrollo de los RFNBO. Integrar ambos vectores es condición necesaria para construir un sistema energético de combustibles verdes completo y competitivo.

"Está a nuestro alcance convertirnos en el proveedor natural de la demanda que Alemania y otros Estados miembros están creando y que necesitarán cubrir con importaciones"
El potencial de las bioenergías en España es significativo y, hasta ahora, infraexplotado. El aprovechamiento de biomasa, residuos agrícolas, ganaderos, forestales e industriales permite tanto generar energía renovable como avanzar en la gestión circular de los recursos y en una política activa de gestión forestal. Este vector combina tres dimensiones estratégicas: refuerza la autonomía energética, mejora la competitividad industrial y contribuye a la resiliencia territorial, especialmente en zonas rurales.


El caso del biometano es un gran ejemplo de esta oportunidad. Existe una brecha significativa entre la producción actual y el potencial real del país, lo que abre un espacio claro para inversión y desarrollo. España podría situarse como el tercer productor de biometano de Europa en 2030, solo por detrás de Francia y Alemania. Sin embargo, los objetivos actuales siguen siendo modestos: el PNIEC prevé alcanzar en torno a 20.000 GWh de producción de biogás en 2030, lo que representa apenas un 6% de la demanda energética. Esta diferencia entre potencial y ambición refleja un margen considerable para acelerar el despliegue.

La biomasa debe entenderse como la evolución natural de la cogeneración industrial: donde hoy el gas produce simultáneamente electricidad y calor, las plantas de biomasa pueden asumir ese mismo rol con base renovable. De hecho, ya hay proyectos en España sustituyendo gas por calor industrial a partir de biomasa.

En definitiva, las bioenergías (biomasa, biogás y biometano) son un pilar complementario e indispensable para trascender la condición de electroestado a través del desarrollo de los combustibles renovables: sin su despliegue suficiente, la escala de los RFNBO queda limitada.

Ambos vectores, bioenergía y combustibles sintéticos, lejos de competir, se refuerzan mutuamente y permiten construir un sistema energético más diversificado, descarbonizado y, sobre todo, geopolíticamente independiente de terceros países fuera de la UE para los que no somos una prioridad.

De oportunidad a poder geopolítico real: el futuro energético de España

Las capacidades geopolíticas de un país, como en el caso de la "independencia energética", no emergen por inercia, sino que se construyen deliberadamente: grupos de interés con diversidad de opiniones; una Administración equilibrando el interés general de hoy y las potenciales ganancias de futuro; debate sectorial intenso; y, finalmente, decisiones audaces que requieren liderazgo político y cuyos beneficios se materializan a lo largo de décadas.

"España podría situarse como el tercer productor de biometano de Europa en 2030, solo por detrás de Francia y Alemania. Sin embargo, los objetivos actuales siguen siendo modestos"
En un momento de redefinición del mapa energético europeo, con solo seguir el ejemplo de Berlín y aumentar los objetivos de consumo de RFNBO en la transposición de la directiva RED III, España tiene ante sí la oportunidad de consolidarse como proveedor estratégico de energía limpia, ya sean electrones o moléculas verdes. Para ello es necesario superar inercias, patrones cognitivos y trascender intereses particulares.


España ya ha demostrado que puede liderar la transición hacia un sistema eléctrico renovable. El siguiente paso es más ambicioso: convertirse en una potencia europea de moléculas verdes.
Bernardo Navazo
Bernardo Navazo
Director de Geopolitical Insights
Analista de riesgo geopolítico y director de Geopolitical Insights. Fue asesor en Presidencia del Gobierno de España (2018-2020) en tecnología y geopolítica.
Participación