Martes, 28 de julio de 2026
GEOPOLÍTICA

Decálogo de emergencia para la Unión Europea

Bernardo Navazo López, analista de riesgo geopolítico, propone una hoja de ruta para que Europa supere su actual parálisis discursiva y afronte con determinación los desafíos globales: desde la redefinición de su relación con EE. UU. hasta el refuerzo de su autonomía estratégica.

Bernardo Navazo Bernardo Navazo 3 de marzo de 2025
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Navazo destaca la oportunidad que supone este momento para el proyecto europeo. | Unsplash / ALEXANDRE LALLEMAND
Navazo destaca la oportunidad que supone este momento para el proyecto europeo. | Unsplash / ALEXANDRE LALLEMAND
"Si me preguntan lo que hay que hacer… no lo sé, pero necesitamos hacer algo".

Estas recientes declaraciones de Mario Draghi muestran la parálisis discursiva en la que nuestra Unión se encuentra. Con el ánimo de arrojar luz sobre los pasos a seguir, se ofrece este Decálogo de Emergencia para la Unión Europea como hoja de ruta inmediata.

1. Hablemos de Inseguridad Transatlántica
 

Sin tapujos, Washington se ha convertido en fuente de enorme inseguridad para la UE. Aranceles, Ucrania, Groenlandia y la desinformación en Twitter son áreas en las que las preferencias políticas de la Administración Trump están en total colisión con la supervivencia de la Unión. Aprovechemos los últimos acontecimientos para generar consenso de que EE. UU. ha partido para no volver, que ya no es "familia" sino "fuente de inestabilidad". Esta cosmovisión compartida es útil: acelerará nuestra toma de inminentes decisiones, sea en aumento del gasto en Defensa, sea en la Brújula de Competitividad, sea en cualquier otra área de nuestra unidad de acción como europeos.

2. Nuevos países en Europa: Ucrania Occidental y Ucrania Oriental
 

Por doloroso que sea, el escenario más probable para Ucrania en el corto plazo es el de una partición de facto del país entre una zona oriental bajo influencia rusa y otra zona occidental que, previsiblemente, acercaremos hacia la Unión. La forma exacta de esa partición (alto el fuego temporal, acuerdo de paz) son detalles jurídicos no políticamente relevantes. Lo políticamente relevante es que dado nuestro absoluto interés en materia de seguridad y defensa de desacoplarnos de Rusia y contar con algún tipo de amortiguación entre ese país y nuestro Mercado Único, la UE tiene todo el interés en consolidar y cimentar la existencia y supervivencia de esa nueva Ucrania Occidental.

3. EE. UU. y Moscú no solo han hablado de Ucrania, sino también del Ártico
 

El secretario Rubio afirmó en Riad que "la paz en Ucrania" abría la puerta a "oportunidades increíbles para asociarse con los rusos". Por otro lado, la delegación rusa confirmó que "específicamente discutimos el Ártico". No es descabellado asumir que también hablaron de Groenlandia.  Rusia y EE. UU. no solo están negociando el fin del conflicto en Ucrania, sino también repartiendo áreas de influencia en otras geografías. ¿Hay algún otro actor que esté interesado en estos desarrollos, que aún no se haya dado por enterado y que nos pueda ayudar en nuestro objetivo de estar presentes en esa negociación?

4. Hagamos política internacional: avisemos urgentemente a China
 

Y es que ya no hay solo una gran potencia, sino dos. Notifiquemos a China de que, a sus espaldas, EE. UU. está negociando con Rusia repartirse el Ártico en una reedición del Congreso de Berlín de 1885, donde se dividió África. Como superpotencia en competición con EE. UU., China no puede dejar que un asunto tan estratégico como el Ártico se debata sin su participación. "Si se está hablando del Ártico y de otros temas globales, ¿no se debería involucrar también a Pekín?", es nuestra pregunta cándida.  Hagamos política internacional y movilicemos al gran actor que no está presente y cuyos intereses en esta materia (no dejar que se debata el Ártico sin su involucración) producen un resultado de nuestro interés (más voces, la nuestra incluida, en la mesa sobre Ucrania).

5. No caigamos en la nostalgia de la perfección
 

Las frases "Bruselas está ausente" y "los Estados Miembros están descoordinados" son exageraciones que surgen del desconcierto generado por la Inseguridad Transatlántica. En realidad, Bruselas sigue un enfoque apropiado en temas comerciales, buscando respuestas calculadas y transacciones para apaciguar a Washington. En Defensa, las diferencias de opinión son normales (ver punto 9) y, para contener a Rusia, no se necesitan las últimas tecnologías militares de EE. UU. Con más coordinación, presupuesto y un buen despliegue de fuerzas, se puede lograr el objetivo de estabilizar Ucrania Occidental y proteger el Mercado Único. Aunque desafiante, no es imposible. Así, no permitamos que decaiga el estado de ánimo ni subestimemos nuestras capacidades cuando la contienda política no acaba más que empezar. 

6. Proyectamos más poder del que pensamos que tenemos
 

La principal dificultad en relaciones internacionales es tener una correcta medida del balance de fuerzas: hay demasiadas variables (militar, económica, tecnológica, distancias entre zonas de operación) y en ocasiones resulta difícil medir dónde se ubica uno mismo en relación con el resto. Como en la UE todavía nos sentimos incómodos con el "lenguaje del poder" tampoco medimos bien nuestro poder.

Así, preguntémonos: ¿por qué EE. UU. sí ha singularizado los aranceles con Canadá, México, Colombia y Japón, pero no lo ha hecho con la UE, sino que ha utilizado "aranceles globales" (acero y aluminio, por ejemplo) o afirmaciones genéricas de "reciprocidad" (sin mencionar el IVA)? ¿O por qué Meta, Google y otras tecnológicas cercanas a la Administración estadounidense se quejaban en Múnich ante corresponsables de Bloomberg de las causas y multas pendientes por incumplimiento de la Digital Markets Act y de la Digital Services Act en la UE? 

Los medios europeos solo se centran en aranceles y en nuestra debilidad militar, otorgando un espacio de diálogo político en el que Washington se siente mucho más fuerte. Debemos escapar de esa trampa y ligar temas en una conversación más amplia, incluyendo los pain points que la Administración Trump tiene. Ucrania y defensa deben mencionarse junto a China y el acceso al mercado único de las tecnológicas estadounidenses.

7. Aceleremos nuestra hoja de ruta geopolítica
 

Como potencia media en medio de la competición entre Washington y Pekín, la hoja de ruta de Bruselas en los últimos años es la correcta: rearmarse internamente (reindustrializacion, desacoplamiento, independencia energética), balancear con otros actores internacionales (China, sur global) y mantener un discurso cauto y pragmático. No nos desviemos de esta senda y aprovechemos la energía política que se va a liberar por cualquiera de las crisis de la Inseguridad Transatlántica para acelerar esta hoja de ruta y escorar a las fuerzas antieuropeístas trumpistas.

8. Desacoplémonos completamente de Rusia
 

El ascenso de las renovables y el despliegue del hidrógeno verde nos permite en el medio plazo, con un poco de suerte y con un importantísimo esfuerzo financiero, dejar de ser dependientes energéticos. solo nos falta un "poco" de tiempo (cinco a quince años) y un "poco" de inversión (otro paquete NextGen). Retomar relaciones con Moscú y volver a comprar gas natural ni se alinea con los intereses de seguridad de los estados frontera con Rusia (repúblicas bálticas, Polonia, Suecia y Finlandia, directamente) ni con los intereses de países como el nuestro (con el crecimiento económico ligado a la provisión autónoma europea de energía renovable) ni con los de la UE en su conjunto (pues queremos, y tecnológicamente es posible, autoabastecernos en el medio plazo). El único escollo es la industria alemana y su declive por los altos precios de la energía que afronta. Pero esto es algo relativamente "sencillo" de solucionar "sin más que" subsidiar el sector y el desarrollo del H2 verde durante una década. Seamos conscientes de la dificultad financiera de ese reto, pero observemos el nuevo espacio para un acuerdo europeo: países que buscan gasto europeo en Defensa vía eurobonos y países que necesitan subsidiar sus sectores económicos durante la transición energética. 

9. Pequeños y consistentes pasos para la Unión de la Defensa
 

La creación de un Estado libre y soberano tiene por última etapa la Unión de Defensa, que "suele" ocurrir ante una amenaza existencial exterior. Es un proceso político de gran polarización que se tiende a mitificar y nos llega hoy distorsionado. Este es el caso de la UE hoy y la Presidencia Trump, si prosigue en las cuatro fuentes de inseguridad (Ucrania, Groenlandia, aranceles y amenazas a la democracia europea), generará un espacio de energía política que capitalizar.

Así, no es necesario cuadrar el círculo ya sobre la Unión de Defensa: planteemos pasos incrementales, acciones que benefician a todos (defensa como "bien público europeo"), financiemos juntos proyectos que fortalecen nuestras fronteras (tanto orientales como occidentales o nuestro ciberespacio), asegurémonos de estabilizar Ucrania Occidental y esperemos con cabeza fría acontecimientos, pues Trump nos dará una excusa y creará un sentimiento europeo que nos permitirá afrontar decisiones militares más complejas. 

10. Europa necesita su esfera de influencia
 

Por antitético que sea a nuestros principios fundacionales, toda potencia que se precie quiere asegurarse de que su vecindario sea tranquilo. La frontera con Rusia, los Balcanes, el arco suroriental mediterráneo y el Sahel son áreas en las que Bruselas y los Estados miembro deben sentir que cuentan con suficientes palancas de poder como para asegurar el normal funcionamiento del corazón de la UE, que es el Mercado Único. No debemos avergonzarnos, pues, por desear una esfera de influencia.

11. EXTRA: Existe espacio político para un Gran Acuerdo Europeo
 

Las repúblicas bálticas, Polonia, Finlandia, Suecia y Rumanía se preocupan por la amenaza militar rusa y piden inversión conjunta en Defensa. La frugal Dinamarca teme perder Groenlandia y podría negociar más solidaridad europea a cambio de un paquete de deuda común. Alemania busca reactivar su economía y podría permitir mayor gasto europeo a cambio de subvenciones al consumo energético de su sector industrial. Italia, con una primera ministra cercana a Trump, tiene como principal socio al resto del Mercado Único y pertenece a la zona euro. Los países del sur se enfrentan a desafíos de seguridad relacionados con la inmigración y la inestabilidad en el Sahel y Marruecos. Y la supervivencia económica de todos los Estados miembros depende de la supervivencia del Mercado Único. La Inseguridad Transatlántica genera un "choque simétrico" en lugar de uno "asimétrico", según terminología de la Crisis del Euro.

En un primer vistazo, este ovillo de intereses parece complejo. A vista de pájaro, es el caldo de cultivo perfecto para un Gran Acuerdo Europeo: financiar la defensa común, fortalecer nuestras fronteras y llevar a cabo la transición hacia la independencia energética de todo el bloque. 

Y es que, europeos, europeas, no hay crisis… sin oportunidad.


NOTA: El presente decálogo es una adaptación de un texto más extenso que puede encontrarse aquí.
Bernardo Navazo
Bernardo Navazo
Director de Geopolitical Insights
Analista de riesgo geopolítico y director de Geopolitical Insights. Fue asesor en Presidencia del Gobierno de España (2018-2020) en tecnología y geopolítica.
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