La maltrecha economía europea ha tenido que lidiar con nada menos que
tres shocks gigantescos en apenas seis años. La pandemia, la crisis energética de Ucrania y ahora
la del golfo Pérsico, que ya no se recibe con el mismo margen fiscal en las agotadas capitales. Se podría incluso alegar que hay una cuarta crisis, esta, inducida por Donald Trump y su debilitamiento de la OTAN, en tanto que ha obligado a muchos países de la UE a hacer
un gasto extraordinario en defensa similar en cuantía a cualquier paquete de ayudas de los desplegados frente al COVID-19.
La extenuación en las cuentas públicas se percibe en la falta de ambición en las respuestas, como la que se intentó dar la pasada semana en Chipre, en un Consejo informal para lidiar con la crisis de la energía. Del Consejo salieron algunas buenas noticias sobre la fortaleza de la UE, como
la aprobación del crédito a Ucrania bloqueado desde hace años por Hungría o la decisión de estudiar una cláusula de defensa común. Pero las decisiones en materia económica escasean.
"A la hora de enfrentar un plan común, la falta de margen presupuestario lleva a muchos países a ser más cuidadosos en su respuesta"
Algunas capitales, como Madrid, que tiene el privilegio de llegar a esta crisis creciendo por encima del 2%,
se han apresurado a aprobar paquetes de ayudas que otras muchas no pueden permitirse. A la hora de enfrentar un plan común, la falta de margen presupuestario lleva a muchos países a ser más cuidadosos en su respuesta, una buena noticia para la eficiencia de estas ayudas.
Francia tiene catorce puntos más de deuda que antes de lidiar con la pandemia, en un contexto generalizado de abultado endeudamiento público. Pero España y también Polonia lamentan la tímida respuesta europea. En las capitales temen
el efecto electoral que la inacción de la UE —o de sus gobernantes— tiene sobre sus bases.
En otra de
esas raras coincidencias programáticas que estamos viendo en las últimas semanas,
Giorgia Meloni y Pedro Sánchez pidieron al unísono que se levantaran las reglas fiscales para atender los efectos de la subida de los precios de la energía como consecuencia de la guerra de Irán, algo que se desestimó por parte del Consejo, que se ha limitado a impulsar medidas de ahorro.
"Entiendo y comparto el enfoque", dice
Judith Arnal, investigadora en Elcano y CEPS, sobre la decisión de no permitir estas cláusulas de escape para el actual
shock energético. "Aún no estamos seguros de la duración e intensidad de la crisis energética, pero me resulta poco coherente con lo que se ha hecho en defensa, donde
para un aumento estructural de la inversión sí se ha permitido la activación de las cláusulas de escape".
Arnal ya recogía en
este artículo del año pasado
la incoherencia de permitir las cláusulas de escape ante una situación estructural como es la necesidad de Europa de rearmarse y de invertir de forma sostenida en más gasto en defensa. El bloque recurrió a esta medida a la desesperada, y ahora que le llega otra crisis no solicitada ni esperada,
no está en disposición de seguir parcheando las reglas fiscales y permitir que la deuda y el déficit de los Estados sigan creciendo de forma descontrolada. El paso de una crisis energética a una fiscal está a un palmo de distancia.
"Un verano caliente con precios altos forzará a la Unión Europea a ampliar su abanico de respuestas"
El verano será decisivo para medir
el impacto real de la crisis en los ciudadanos en cuestiones tan básicas como el uso del aire acondicionado o los precios de los billetes de avión. Además, es la época de reaprovisionamiento en la que
las vacías reservas de los países europeos se deben llenar de cara al invierno. Un verano caliente con precios altos forzará a la UE a ampliar su abanico de respuestas.
Como una solución para compensar la falta de margen fiscal, Sánchez insistió en
la necesidad de un impuesto coordinado sobre los beneficios extraordinarios del sector energético para financiar las medidas propuestas por la Comisión para enfrentar la crisis energética. El Gobierno ya intentó de forma individual una medida similar en la crisis de 2022, que fracasó por la falta de apoyo parlamentario de PNV y Junts. Que sea Europa la que imponga el gravamen a las energéticas
daría manos libres al Gobierno para volver a aplicar esta medida.
La buena noticia es que
las limitaciones presupuestarias llevan a que los países no gasten de forma tan desordenada como lo hicieron durante la crisis de 2022, con subvenciones indiscriminadas. "Cada euro que se gasta en suprimir la señal de los precios es un euro que se gasta en prolongar la crisis", concluía Arnal en una reciente columna para
Euronews.
"Cuanto más avanza la guerra, menos posibilidades hay de que ese soñado gran presupuesto se acabe materializando"
Así que en otra cumbre descafeinada,
la UE solo ha entonado su compromiso con las políticas verdes como pieza angular de la soberanía energética y poco más. Las discusiones sobre el presupuesto comunitario, al que varios países —entre ellos España— quieren dotar de más fondos propios para que sea más sólido y tenga más capacidad de respuesta, se vieron contaminadas precisamente por
la estrechez fiscal de las arcas de las capitales. Cuanto más avanza la guerra, menos posibilidades hay de que
ese soñado gran presupuesto se acabe materializando. Francia, uno de los países con menos espacio presupuestario, instó pocas horas después del encuentro a seguir apostando por
la emisión de deuda conjunta como se hizo para financiar los planes pos-COVID.
Europa se enreda así en
una vuelta más de la espiral de reglas con excepciones, corsés de competencia y dudas, muchas dudas, de cómo avanzar y dar respuesta a los bloques que le hacen la pinza y achican su espacio, dejando al continente como un bonsái:
muy bonito, pero encapsulado.