

"Una economía y un mercado laboral regulados, pero también alimentados e irrigados desde la intervención pública, han demostrado que avanzan"El salario mínimo interprofesional ha recorrido un camino igualmente significativo. El SMI ha aumentado un 61% entre 2018 y 2025, una de las subidas más intensas de la UE. El SMI de 2026 se fijó en 1.221 euros brutos mensuales en catorce pagas, frente a los 735 euros de 2018. Son datos inapelables que superan cualquier sesgo ideológico y que impactan directamente en la vida concreta de millones de personas que trabajan. En todo caso, estos datos no son el resultado de un ciclo espontáneo. Son el producto de políticas públicas y decisiones económicas: reforma laboral, subidas del SMI, negociación colectiva reforzada, políticas activas de empleo, voluntad positiva de incorporar flujos migratorios a escala estatal. Una economía y un mercado laboral regulados, pero también alimentados e irrigados desde la intervención pública, han demostrado que avanzan, convirtiendo a España en una economía de referencia europea.
"Una base productiva excesivamente orientada hacia sectores de bajo valor añadido —turismo, hostelería, comercio— genera empleo en cantidad, pero no en calidad salarial"Sin embargo, el salario medio neto está en 22.000 euros anuales, frente a los 30.000 de Francia y los 32.500 de Alemania. La economía que lidera el crecimiento europeo es también una de las que peor remunera el trabajo entre las grandes economías del bloque. Una base productiva excesivamente orientada hacia sectores de bajo valor añadido —turismo, hostelería, comercio— genera empleo en cantidad, pero no en calidad salarial. El reto no es, por tanto, solo seguir creando empleo, sino crearlo de otra manera. Combinar una redistribución más efectiva de los beneficios empresariales —que en este ciclo han alcanzado máximos históricos— con una transformación gradual pero decidida del tejido productivo hacia sectores y actividades de mayor valor añadido.
"El debate sobre los buenos salarios también obliga a considerar instrumentos más ambiciosos de redistribución"Obviamente, el debate sobre los buenos salarios también obliga a considerar instrumentos más ambiciosos de redistribución, como la participación de las personas trabajadoras en los dividendos de las empresas, la respuesta a la demanda de tiempo de vida mediante la reducción de la jornada laboral, la necesidad de una fiscalidad reforzada sobre rentas y beneficios extraordinarios o un papel más activo del sector público en ámbitos estratégicos.

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