Lunes, 27 de julio de 2026
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El coste de la vida se asienta en el imaginario colectivo disparando la inseguridad económica

La inflación en España se ha alineado con los deseos de Fráncfort, pero el "bálsamo de la moderación" no llega a las mesas. La periodista económica Belén Carreño disecciona por qué la estadística oficial es hoy un espejo roto que ignora el drama del alquiler y el "mordisco" fiscal a las rentas bajas. Entre el trauma persistente del aceite de oliva y unos servicios públicos saturados por el aumento poblacional, España se asoma a una crisis de bienestar integral. ¿Estamos ante un error de cálculo de Bruselas al imponer corsés regulatorios que impiden a los Estados ofrecer un respiro real a la cesta de la compra?

Belén Carreño Bravo Belén Carreño Bravo 2 de marzo de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el ministro de Economía y Comercio, Carlos Cuerpo (d), durante una sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el ministro de Economía y Comercio, Carlos Cuerpo (d), durante una sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra / Europa Press / ContactoPhoto
Con permiso de las guerras, el coste de la vida es el gran elemento post pandemia que hace mella a diario en el bienestar de los ciudadanos de muchos países desarrollados, alimentando simpatías populistas y erosionando la credibilidad en las instituciones. Pero, por segundo mes consecutivo, la inflación española se ha situado en un más que moderado 2,3%, alineado con las expectativas del Banco Central Europeo. ¿Cómo se explica esta sensación de permanente cuesta arriba que no aparece en las cifras?

En primer lugar, las estadísticas, que son indicadores muy útiles para medir tendencias, no sirven para hacer radiografías detalladas de una situación compleja. En el caso del IPC, hay un efecto escalón, esto es, la comparación se hace con el mismo mes del año anterior, que estaba especialmente elevado. Así que aunque los precios sigan creciendo, lo hacen a menor velocidad que un año antes. Además, son cálculos medios que esconden profundas desviaciones y que, en el caso del IPC, reflejan una cesta de la compra muy particular, en la que los alquileres no están incorporados y que tampoco es un espejo de muchas familias, especialmente las de menos recursos.

"La percepción de precios desbocados se ha anclado en los consumidores que no perciben ese bálsamo de la moderación de los precios"
En una renta baja, la cesta de la compra supone un gasto relativo muy superior a una renta alta, donde el incremento se queda muy amortiguado. Para una renta baja no es igual de importante el precio del marisco, como la subida del 30% del precio de los huevos. Donald Trump llegó en volandas a la Casa Blanca subido al precio de los huevos en Estados Unidos, un elemento central en su campaña. Y, ojo, que los huevos estadounidenses han desplomado su precio en el último año, por razones poco atribuibles a la Administración Trump (una mezcla de adaptación de las granjas al shock inicial de la gripe aviar y una caída de la demanda que ha suavizado la presión sobre los precios).


Alimentos muy comunes como el chocolate y el café también han alcanzado precios estratosféricos. Son dos elementos con mucha elasticidad, se puede reducir su consumo sin riesgo o comprar de menor calidad, pero el efecto es que el comprador sale escandalizado del supermercado. Y ese impacto se va cimentando sobre la subida de los huevos, sobre el trauma del aceite de oliva -que ha caído un 30% pero el shock persiste en la psique de los consumidores- y un largo etcétera.

"Las personas tienden a centrarse más en las subidas de precios que en las bajadas de igual magnitud, lo que puede provocar un sesgo al alza de la percepción de la inflación", dijo Christine Lagarde, presidenta del BCE, a los eurodiputados la semana pasada para explicar esta disparidad entre la inflación percibida y la que registran las estadísticas. 

Olga Cantó, directora del Máster de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alcalá, recuerda que la subida de la cesta de la compra en los años anteriores se ha comido los incrementos de participación laboral o las mejoras de los salarios. La percepción de precios desbocados se ha anclado en los consumidores que no perciben ese bálsamo de la moderación de los precios.

Esto es compatible, explica Cantó, con que haya una mejora en los umbrales de pobreza que muestran mejoras relativas de los ingresos respecto a las medias pero no una relación más holgada con el coste de la vida. La pobreza está más relacionada en los últimos años con carencia material. 

"Las rentas más bajas no tienen un colchón para afrontar situaciones de impacto"
"Cuando medimos renta no tenemos en cuenta que hay una pérdida de riqueza neta, las rentas más bajas no tienen un colchón para afrontar situaciones de impacto. Ven que ante un shock no tendrían cómo afrontarlo", recalca la economista, que cree que esta sensación de falta de plan B incrementa la incertidumbre.

 
Este concepto de inseguridad económica es muy difícil de medir, pero puede estar detrás de la percepción de malestar económico de los ciudadanos que no visten los datos. Aunque el riesgo de perder el empleo no se haya materializado, hay muchas personas con esa sensación de inseguridad. "La cantidad de personas que calificaríamos de inseguros son muchos en comparación a otros países europeos y sube la percepción de malestar", explica Cantó. 

Y esto en una coyuntura de desempleo en mínimos pre-gran recesión y en el caso de los jóvenes próximos al pleno empleo. Este colectivo —en un amplio concepto que puede llegar hasta los 35 años— de jóvenes urbanitas es el que más alza la voz del descontento porque sus sueldos no permiten un acceso a la vivienda. Pero el 70% de los españoles vive en una casa en propiedad, así que este grave problema de la vivienda, para el que no se atisba una solución cercana, no puede definir el malestar de la mayoría de los españoles. Lo que han sufrido los propietarios, es un mordisco en forma de recibido de gestión de los residuos municipal que también ha contribuido a la sensación de acoso en las facturas.

El economista jefe del 'think tank' de las Cajas de Ahorro, Funcas, Raymond Torres, señala otro elemento que ha erosionado las rentas en los últimos años de los españoles: la no-deflactación de la tarifa del IRPF ha hecho que rentas bajas hayan visto cómo han ido cediendo ingresos en favor de la fiscalidad

"La clase media es la que se siente más amenazada en su estilo de vida, y no le falta razón"
Las rentas que ingresan salarios mínimos han mejorado muy por encima de la inflación y, sin embargo, los salarios bajos han sufrido un importante desgaste. Se pagan más impuestos y, sin embargo, los servicios públicos básicos como la sanidad o el transporte han empeorado. La clase media es la que se siente más amenazada en su estilo de vida, y no le falta razón.


"La realidad es que con tres millones más de habitantes hay más saturación sobre todo donde hay menos interés público de apostar por la sanidad, y el transporte está muy resentido". El impacto cotidiano en el bienestar del ciudadano de la merma de lo público es un ingrediente muy importante en la coctelera de la insatisfacción

Por eso Torres cree que un pacto de rentas al uso, no sería suficiente para abordar el problema de la pérdida de bienestar actual que es integral. "Habría que intervenir sobre la fiscalidad, el gasto público, el mantenimiento de las infraestructuras…". 

"La subida de las rentas de capital en los últimos años ha sido acelerada desde 2022. Esto incluye, entre otros ingresos, los alquileres"
Con todo, una mejora en la distribución de las rentas sigue siendo necesaria. Cantó recuerda cómo "los salarios pierden pie respecto a las ganancias de capital" y Torres lo refrenda con que la subida de las rentas de capital en los últimos años ha sido acelerada desde 2022. Esto incluye, entre otros ingresos, los alquileres.


La más que segura subida de los precios de la energía por la recién inaugurada guerra contra Irán por parte de EEUU e Israel no hará más que empeorar esta situación. El Gobierno podrá volver a recurrir a algunas iniciativas ya testadas en 2022, como la rebaja del IVA en determinados productos de alimentación o incluso en la factura eléctrica. Pero algunas iniciativas más heterodoxas e imaginativas también deberían estar sobre la mesa, para garantizar un respiro en la cesta de la compra. La mayoría chocan contra los criterios de Ayudas de Estado o de Competencia de la UE, que durante años han sido el anatema del bloque, pero que han terminado por ser un corsé que ha debilitado la capacidad de maniobra de los Estados.
Belén Carreño Bravo
Belén Carreño Bravo
Periodista económica
Es autora de la 'newsletter' semanal 'Inteligencia Económica' en 'El País', analista en televisión, conferenciante y docente. Durante casi siete años fue corresponsal sénior de la agencia Reuters en España. Antes formó parte del equipo fundador de 'elDiario.es', donde ejerció como redactora jefa de Economía.
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