Lunes, 17 de agosto de 2026
ELECCIONES GENERALES

¿Y si Pedro Sánchez no se presenta?

Si Pedro Sánchez decidiera no presentarse a las próximas elecciones, el tablero político español mutaría, siempre que el PSOE encontrara candidatos que supusieran una renovación, considera Andrés Ortega, politólogo y exdirector del Departamento de Análisis y Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.

Andrés Ortega Andrés Ortega 2 de junio de 2026
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la presentación del Plan Nacional de Cultura el pasado 29 de mayo. | Guillermo Gutierrez Carrascal / Zuma Press / Europa Press
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la presentación del Plan Nacional de Cultura el pasado 29 de mayo. | Guillermo Gutierrez Carrascal / Zuma Press / Europa Press
Pedro Sánchez tiene una baza que podría cambiar el tablero y el juego: convocar elecciones y no presentarse. No va con el personaje, me dicen, pero ¿quién sabe? Sería útil si a la vez diera paso a algún candidato o candidata que representara un cambio de generación y de enfoque, para un PSOE más unido y con respuestas, en la medida de lo posible, a los complejos problemas de todo orden que vivimos.

"Los electores acaban cansándose de sus dirigentes, más aún cuando se acumulan los «casos»"
Incluso en el mejor de los casos, los electores acaban cansándose de sus dirigentes, más aún cuando se acumulan los "casos". Ocho años (o dos mandatos) empiezan a ser la norma en España. Y en este caso, los últimos acontecimientos juegan en contra del actual presidente. En cualquier caso, lo haga o no, el presidente tiene que decir hasta el último momento que se presentará. De no optar a un nuevo mandato, tendría que hacerlo con un efecto sorpresa, es decir, primero disolver y, entonces, anunciar que no concurre. Y poner en marcha el proceso para elegir un candidato y para armar un programa.

Para no dañar las posibilidades de los candidatos socialistas, más afectados por la "marca Sánchez" que por su propia valía —a la luz de lo ocurrido en otras elecciones recientes—, el presidente debería convocar para marzo o primeros de abril como tarde. En todo caso, antes de las municipales y autonómicas, previstas para el 23 de mayo del año próximo. Aunque también incidirá lo que pase con las elecciones al Congreso de Estados Unidos el próximo 3 de noviembre, un elemento que Sánchez tendrá en cuenta para el calendario español. A partir del otoño —y no parece que se puedan celebrar antes—, ya no se podrán considerar elecciones "anticipadas", pese a las insistentes llamadas a ello del PP desde el principio de la legislatura.

Cuando, según él mismo ha relatado, Felipe González, allá por 1993 o 1995, estaba barruntando si presentarse o no, Helmut Kohl le dijo que un político de talla, en nuestros sistemas europeos sin limitación de mandatos, debía salir del poder por haber perdido unas elecciones, no por echarse atrás. Y hay una tentación en muchos de pensar que pueden perder y luego, de alguna manera, volver. No ocurre (casi) nunca. Pero habría que preguntarse por qué en la España democrática todos los presidentes del Gobierno acaban mal (aunque con el tiempo su imagen se recupera). Y los reyes.

"Esta vez resultará más difícil a la izquierda agitar el espectro de que «viene el lobo», la derecha radical. Empieza a cundir cierta resignación"
Naturalmente, una pregunta que surge de inmediato ante el planteamiento que aquí se analiza es: ¿entonces quién? Correspondería al PSOE decidirlo, aunque no necesariamente tiene por qué ser un militante. Dos nombres que suelen barajarse son Nadia Calviño (57 años) y Carlos Cuerpo (45 años). Ambos, pese a haber servido en gobiernos de Sánchez, representarían un nuevo enfoque, con unas políticas económicas que en estos años han dado, globalmente, buenos resultados. Aunque en estos momentos en España no se trata de "la economía, estúpido", ni siquiera de la política exterior, en la que este Gobierno ha marcado terreno y ganado respetabilidad. Pero podrían atraer a votantes de centroizquierda, incluso de centroderecha que se han alejado de las papeletas socialistas. Otro, ya desde dentro del PSOE, podría ser Carlos Martínez, de 52 años, alcalde de Soria durante casi dos décadas y secretario general del PSOE de Castilla y León.

Cualquiera de ellos —y otros u otras— significaría un revulsivo. Ello no implicaría que pudieran ganar como para gobernar con aliados, aunque previsiblemente sí mejorarían la marca que pudiera lograr Sánchez. Todo ello cuando esta vez resultará más difícil a la izquierda agitar el espectro de que "viene el lobo", la derecha radical. Empieza a cundir cierta resignación. Y Vox está logrando introducir conceptos en el debate público, como el de la "prioridad nacional", sea o no viable, como refleja el último barómetro del CIS.

"La regeneración de la política no llegará mientras sean los aparatos de los partidos los que elijan"
No bastan las personas. Estamos ante una crisis de la política en democracia. El gran revulsivo, ya no para este u otro partido, sino para el sistema, sería, como poco, desbloquear las listas para que los electores tuvieran márgenes de preferencias. ¿Quién sabe quién, en unas generales, va en el puesto 10, 15 o 20 de una lista, en circunscripciones como Madrid y Barcelona? La regeneración de la política no llegará mientras sean los aparatos de los partidos los que elijan. Y cuidado, pues gana terreno la idea de designar algunos escaños por sorteo, por no hablar aquí de gobierno por IA.
Andrés Ortega
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.
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