Tras la celebración de
las elecciones en Andalucía, que han cerrado
un ciclo de cuatro elecciones consecutivas, dos anticipadas y dos dentro del calendario, se ha empezado a especular sobre si el 23 de mayo del próximo año, junto a las municipales en más de 9.000 municipios y autonómicas en Asturias, Cantabria, La Rioja, Navarra, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, Islas Canarias, Región de Murcia, Ceuta y Melilla, también se colocarían dos urnas más:
una para el Congreso y otra para el Senado.
El análisis de los resultados de las elecciones recientemente celebradas en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía debe ser un incentivo para Pedro Sánchez para no convocar, bajo ningún concepto, un
superdomingo.
Veamos los motivos. En Extremadura, en las atípicas generales de julio de 2023,
Sánchez venció por un estrecho margen de algo más de un punto y, dos años después, en las autonómicas, su candidato fue derrotado por
la friolera de diecisiete puntos.
En Aragón,
la distancia entre el PP y el PSOE entre generales y autonómicas se dobló, pasando de cinco puntos de ventaja para el PP en julio de 2023 a diez en las autonómicas de este 2026.
En Andalucía, los datos son aún peores para los socialistas, dado que, si en verano de 2023 fueron derrotados por tres pírricos puntos, ahora
la distancia entre el PP y el PSOE se ha multiplicado por seis hasta alcanzar los diecinueve puntos. Solo en Castilla y León, el PSOE ha reducido su diferencia con el PP, pasando de perder por ocho puntos a ser derrotado por cinco.
En consecuencia, Sánchez no tiene incentivo alguno para ponerse a examen al lado de sus candidatos a alcalde y a presidente autonómico, pero menos motivación debe tener aún si aplica su propia lógica de que no importa quién gane,
lo realmente fundamental es el resultado global de los bloques. A un lado, las derechas del PP y Vox y, al otro, el PSOE, Sumar y los partidos independentistas o nacionalistas. Ahí Sánchez sale aún peor parado.
"Con estos datos, es un suicidio político que Pedro Sánchez convoque elecciones en mayo del próximo año"
En Andalucía, en las generales de 2023,
la distancia entre PP y Vox con PSOE y Sumar fue de siete puntos a favor de la derecha; en las autonómicas, la brecha creció hasta doblarse y llegar a los catorce puntos. En Aragón pasó de ocho puntos a favor de la derecha a catorce. En Extremadura, de cinco a, nuevamente, catorce, y en Castilla y León, de catorce a veintidós. Con estos datos en la mano, es un suicidio político que Pedro Sánchez convoque elecciones en mayo del próximo año. Es evidente que primero llevará al matadero a sus candidatos locales y autonómicos y dilatará la convocatoria de sus elecciones cuanto más tiempo le sea posible.
Ferraz puede consolarse con que el PP no ha logrado la mayoría absoluta en ninguna de las cuatro comunidades que han ido a las urnas en los últimos meses, pero esa circunstancia, que también
causa desazón en Génova, no evita una realidad difícil de obviar:
el PSOE, en todas las comunidades, excepto en Castilla y León —gracias al efecto Soria, la provincia menos poblada de España y, por lo tanto, la menos relevante en términos de escaños—, retrocede. Y lo hace de forma especialmente alarmante en el sur, donde durante décadas tuvo un feudo inexpugnable.
En 2023, Sánchez logró la victoria porque
repitió la jugada de Felipe González en 1993, cuando agitó el fantasma del pasado y de la derecha. En las elecciones de 2027, el presidente del Gobierno no puede repetir la misma jugada. Cuatro años más tarde,
el PP y Vox han gobernado en infinidad de capitales de provincia,
han firmado pactos y ninguna de las plagas anunciadas por Sánchez se ha materializado.
El ciclo electoral se cierra con
un bloque de la derecha al alza porque el PP resiste o sube y Vox sube, mientras que, en la izquierda, el PSOE se hunde, Sumar e IU también, y solo avanzan aquellos partidos de izquierdas que se alejan del sanchismo, como Adelante Andalucía, la Chunta o UPL, que son precisamente las formaciones que más incomodan a Sánchez.
"Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, con sus trece millones de habitantes, son mucho más que una encuesta para Sánchez y sus socios periféricos"
Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, con sus trece millones de habitantes, son mucho más que una encuesta para Sánchez y
sus socios periféricos. Por su parte, para Feijóo y para Abascal, son la constatación de que
en 2027 solo un milagro puede retener a Sánchez en la Moncloa y, a la vez, de que el cambio solo llegará si el PP y Vox pactan.
En Italia, dicho pacto ya ha sucedido.
Nosotros, los españoles, no somos tan distintos.